martes, 30 de septiembre de 2014

116.- LA BÚSQUEDA DE LA LUZ

La existencia de múltiples y diversas religiones en la tierra manifiesta que el hombre tiene necesidad de Dios. El ser humano busca alguien que sea la respuesta a sus interrogantes íntimos a los que la ciencia no sabe contestar.

La búsqueda de Dios es una honda experiencia de la humanidad sobre la que es preciso reflexionar para acogerla y valorarla.
Se oye con frecuencia: Para dar sentido a mi vida no necesito a Dios. Esta es la salida de los irresponsables, de los que no reflexionan nunca sobre las grandes cuestiones que afectan al ser humano y, también, la de aquellos que, henchidos de sí mismos, se creen en posesión de la verdad y rechazan todo lo que les contradice o, simplemente, todo lo que no entienden
Detrás de esta expresión se descubre el “querer ser como Dios, prescindiendo de Dios”. La soberbia humana sigue causando grandes estragos, obnubilando las mentes y endureciendo los corazones.
La búsqueda de la luz como vía para llegar a Dios concluye en la experiencia de fe, que afecta al sentido profundo de la vida personal.

¿Razonamientos teóricos o experiencias vivas?
A Dios no se le encuentra en los razonamientos teóricos. La respuesta al que busca la luz o busca a Dios es la experiencia de la fe. Ya lo dijo Pablo VI: “En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el evangelio que no sea comunicar a otro la propia experiencia de fe?” (EN 46)
La Biblia no es un tratado sobre Dios, sino una profunda experiencia de fe. No invita sólo a hablar de Dios, sino a escucharle, proclamar su gloria y acoger su acción. Tener fe es creer que Dios interviene en la historia humana.
En la Biblia hay una experiencia central: “Dios habla de muchas maneras”. En cualquier situación humana personal, social o eclesial, podemos reconocer la voz de Dios, Dios habla, Dios actúa.
La experiencia de Dios se construye con la experiencia de Cristo: Con vosotros está. Él es la piedra angular, (Sal 118, 22). “Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo” (I Cor 3, 11). “Sólo Cristo es la clave definitiva del misterio humano”, (Vat II, GS 22)

La experiencia de la evangelización de Jesús
¿Cómo  evangelizó Jesús?
Anunció la cercanía de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (Mc 1, 15)
Sembró la palabra de Dios: “Salió un sembrador a sembrar...” (Mt 13, 3)

La experiencia de la evangelización de la Iglesia          

La Iglesia continúa la misión de Jesús, anunciando una palabra viva y eficaz (Heb 4, 12), no de hombre, sino de Dios que permanece operante en medio de nosotros. La experiencia de fe es la experiencia de la Palabra de Dios en los acontecimientos humanos, que ilumina y convierte en camino de Dios. 

La experiencia de fe madura poco a poco, por fases o etapas. Es como la semilla que se siembra, que prende, que crece y que da fruto.

La fe inicial es fruto de la acción evangelizadora de la comunidad cristiana (evangelización primera). La fe madura es fruto de la acción catequética que desarrolla y perfecciona la fe inicial (proceso catecumenal).
En nuestro contexto social y religioso son muchos los bautizados y pocos los evangelizados. Decía Pablo VI en EN 44 y lo repite Juan Pablo II en CT 44: “Las condiciones actuales hacen cada día más urgente la enseñanza catequética bajo la modalidad de catecumenado para un gran número de jóvenes y adultos que, tocados por la gracia, descubren poco a poco la figura de Jesús y sienten la necesidad de entregarse a Él”.
En un asunto tan vital como es la fe, la experiencia personal es insustituíble. “Examinaos a vosotros mismos a ver si estáis en la fe. Probaos a vosotros mismos, ¿reconocéis que Jesucristo está en vosotros? (II Cor 13, 5)
Cada uno tome conciencia: De su búsqueda de Dios; de su nivel religioso; de su planteamiento de la fe como experiencia y de su grado de comunicación de la propia experiencia de fe.



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