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viernes, 1 de mayo de 2026

8 CONFIA Y ESPERA

 CONFIA Y ESPERA

    El Adviento es una palabra típica del cristianismo que hace alusión a las cuatro semanas anteriores al 25 de diciembre, día en que se celebra el Nacimiento de Jesús.
    ¿De dónde procede la palabra «adviento»? Procede del verbo latino advenire, que significa llegar. La palabra «adviento» significa «llegada».
    En una llegada podemos contemplar: Al o a los que llegan; al o los que esperan y el lugar de llegada. 
    Un ejemplo muy cotidiano
    Una mujer encinta está sintiendo los síntomas de la cercanía del parto, avisa a su esposo y ambos van al hospital donde dará a luz a su bebé.
    Aplicando a la fiesta de Navidad el ejemplo, surgen varios encuentros.

a) Encuentro con María
    Una mujer a punto de dar a luz, que espera la llegada de su hijo. ¿Quién es María? Es una joven virgen de Nazaret que está desposada, es decirprometida en esponsales a José. María ha sido saludada por el ángel Gabriel con estas palabras:
    «Salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al         oír estas palabras y discurría qué podían significar. El ángel        le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante       de Dios, concebirás y darás a luz un hijo, a quien pondrás por       nombre Jesús» (Lc 1, 28-31).
    "Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra y, por esto, el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios" (V.34-35). "Dijo María: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra" ( v.38)
        María confió porque tenía la firme convicción de que Dios siempre cumple su palabra, no puede mentir. María esperó y conservó todos los acontecimientos en su corazón, sin importarle no tener la completa comprensión de los mismos.
        María, por su participación en los sufrimientos de Jesús, es su cooperadora en la obra de nuestra redención.

b) Encuentro con José, el esposo que le acompaña.
¿Quién es José? Es un descendiente del rey David, aunque separados por 28
generaciones. José está desposado con María y «antes de que conviviesen1, se halló haber concebido María del Espíritu Santo.        José su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto. Mientras reflexionaba sobre esto, se la apareció un ángel del Señor y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir (en tu casa) a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo»2 (Mt 1,18-20).
        José hizo como le había mandado el ángel del Señor, recibió (en su casa) a su esposa, la cual, sin que él la conociese 3, dio a luz un hijo y le puso por nombre Jesús» (Mt 1, 24-25).

    José es un hombre justo, sabe cómo es su esposa, está seguro de su dignidad, por eso no entiende que pueda estar encinta; pero el embarazo es evidente, y él no quiere denunciarla; entonces, «resolvió repudiarla en secreto».
        ¡Vaya papeleta! ¡Cuánto tuvo que sufrir el justo José!
Pero, el anuncio del ángel le tranquilizó y cambió de opinión. 
     No hubo repudio. José confió en las palabras de Dios y aceptó la nueva situación: Él no es el padre fisiológico de Jesús, pero sí va a ser legalmente el padre adoptivo. Su misión en la vida será cuidar y atender a María y a Jesús.

c) Encuentro de José y María
    Seguidamente, José habló con su esposa, celebraron el rito del matrimonio y José recibió a María en su casa. ¡Con qué amor, con qué respeto trataría el justo José a su esposa María durante el resto del embarazo, siempre a la espera del nuevo acontecimiento!

d) Encuentro en Belén con José y María
    Han viajado de Nazaret a Belén para empadronarse allí porque Belén era la casa madre de cuantos se consideraban descendientes de David, aunque tuvieran la residencia en otro lugar, como era el caso de José.
    San Lucas dice en su evangelio: «Estando allí {en Belén}, se cumplieron los días de su parto y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre4, por no haber sitio para ellos en el mesón» (Lc 2, 6-7)
    El lugar para dar a luz, normalmente hubiese sido el mesón, si en él se hubiesen alojado; pero hace pensar el detalle que añade San Lucas: «No había sitio para ellos en el mesón». 
    ¿No había sitio para ellos o estaba el mesón lleno y no
había sitio para nadie? 
    Fuere lo que fuere, la realidad fue que se refugiaron en una cuadra de animales, en la que María dio a luz y acostó al bebé en el pesebre.
María y José siguieron confiando en Dios y esperando.

    ¿Por qué el Padre celestial quiso que su Hijo se hiciese hombre mortal, igual en todo a los hombres, menos en el pecado? Por amor.
        Dios ama tanto al hombre que envió a su propio Hijo para que redimiese a todos
los hombres y pagase con su propia vida la deuda que ellos habían contraído con sus maldades, y así el hombre pudiese ser salvado. Digo «pudiese» porque, como escribió San Agustín: «Dios que te creó sin tí, no te salvará si tí»5

Dos planes: el de Dios y el del mundo
    El hombre es dueño de su libertad, tiene la facultad de elegir su propio plan de vida, que puede ser: El plan de Dios o el del mundo.
    ¿Cual es el plan de Dios?
    Dios es Amor, Dios ama al hombre y quiere ser amado por el hombre. «¡Ved qué amor nos ha mostrado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo seamos! (1 Juan 3,1).
«Él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido en sacrificio por el perdón de nuestros pecados» (1 Juan 4,10).
«Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigo (Juan 15, 13)
¿Puede una madre olvidarse y no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ella te olvidara, yo no te olvidaría» (Isaías 49,14-15)
«¡Cuán precioso, oh Dios, es tu amor! Los hijos de los hombres se acogen a la sombra de tus alas» (Salmo 36,8)

     El amor de Dios está dentro de nosotros, «ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo» (Romanos 5,5).
    Somos sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada. Dios quiere compartir su felicidad con nosotros, nos convierte en su morada y se une a nosotros. El amor de Dios provoca en nosotros el amor a Dios como reconocimiento y el amor a los hombres como su manifestación, porque Dios se sirve de los hombres para mostrar su amor a los demás hombres.
    El amor así entendido hace participar de la felicidad de Dios. Una felicidad que se asienta en lo profundo del ser humano y empuja a ser pregonero del amor de Dios porque solo en este amor encontrará el hombre la felicidad; nada, lejos de él, puede hacerle feliz. Repetimos el dicho de San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Tí y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en »6

NOTAS
«Antes de que conviviesen», es decir, habían celebrado los esponsales, pero todavía no habían celebrado el matrimonio.

«Cubrirá con su sombra». Es el anuncio de una concepción milagrosa: El Espíritu Santo aquí no se refiere a la tercera persona de la Santísima Trinidad, sino que es la fuerza, la virtud del Altísimo quien la cubrirá con su sombra.

«Sin que él la conociese». El sentido bíblico de conocer es tener relaciones sexuales.

La ley judía castigaba el adulterio con la lapidación de los adúlteros hasta morir. (Deuteronomio 22,23)

San Agustín, Sermón 169, 11, 13