miércoles, 13 de mayo de 2026

149.- OCÚPATE Y DESPREOCÚPATE

  

Hay un texto en la Sagrada Escritura que da mucha luz sobre lo que debería ser el acontecer diario de cada persona. Lo he resumido en la frase que da título a este artículo, pero es algo más largo:

“No os preocupéis diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o con qué nos vestiremos? Pues la vida es más que la comida y el cuerpo más que el vestido. Mirad a los cuervos: no siembran ni siegan; no tienen despensa ni granero y sin embargo Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que esas aves! ¿Quién de vosotros podrá alargar una hora al tiempo de su vida a fuerza de agobiarse? Si no podéis hacer lo que es más simple, ¿cómo os preocupáis por otras cosas? Mirad a los lirios: cómo crecen. No hilan ni tejen y os digo que ni siquiera Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba que hoy florece y mañana se quema, ¡cuánto más hará por vosotros, hombres de poca fe! No os preocupéis buscando qué comeréis o qué beberéis; por todas estas cosas se preocupan los gentiles, pero vuestro Padre sabe lo que necesitáis; buscad, pues, su Reino y todo esto se os dará por añadidura» (Lc 12, 22-31)

“No os inquietéis por el mañana, porque el día de mañana tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán”(Mt 6,34)

Ciertamente, los cuervos no siembran ni siegan y los lirios no hilan ni tejen; pero, los hombres deben sembrar-segar e hilar-tejer si quieren comer y vestirse. Y han de hacerlo sin el agobio que les vuelve esclavos de la producción y del consumo.

Las preocupaciones

El hombre se siente agobiado, fundamentalmente, por dos preocupaciones: la comida, necesaria para la supervivencia, y el vestido, necesario para su presentación, su apariencia en la sociedad. La preocupación es un problema para el hombre que le agobia e intranquiliza y al que debe dar respuesta.

La vida humana transcurre en dos planos: El del agobio y la preocupación y el de la confianza en la Providencia divina. El hombre vislumbra su abanico de posibilidades y, al mismo tiempo, se siente agobiado ante la tarea de encontrar su puesto en la vida dentro de una sociedad egoísta que, con harta frecuencia, le cierra la puerta y le obstruye el camino. 

Pero, Dios ama al hombre y no le abandona en sus preocupaciones, no le deja solo en la lucha por los bienes limitados de la tierra, sino que se hace presente y le da la fuerza y la gracia para que pueda vivir bajo su cuidado y en paz construir el reino de Dios.

Es un hecho que muchas personas de buena voluntad viven atenazadas por sus preocupaciones, intranquilidades y miedos. El futuro les agobia y no les deja vivir y disfrutar del presente. La preocupación se ha instalado en su mente. Todo les preocupa.

Contra esto, apoyándome en el texto bíblico anterior, propongo: Ocúpate y despreocúpate.

OCÚPATE

Es la traducción práctica del “buscad evangélico”. 

El "ocúpate" incita a trabajar, a no permanecer mano sobre mano esperando que otros resuelvan nuestros problemas, a no rendirnos nunca ante las dificultades.

El “ocúpate” es un “buscad” activo, ilusionante, esperanzador. Todo el que trabaja con honradez, aún sin darse cuenta, esta buscando el reino de Dios.

El “ocúpate” es emprendedor, ajeno a todo conformismo y opuesto a todo fatalismo.El “ocúpate” está lleno de vida y dinamismo. No descansa hasta poder decir que ha hecho todo lo que está en sus manos.

El “ocúpate” es eminentemente positivo, la negatividad no está en su alforja.

El “ocúpate” es el presente, aunque sin despreciar el pasado ni el futuro. El pasado para aprender de la historia, incrementar las cosas buenas y no repetir los errores . El futuro, siempre actual en la mente, es la meta a conseguir.

Esto no es tan fácil hacerlo como decirlo; pero, en la cotidianidad es donde las personas muestran su carácter y personalidad, su valía o su desgana, su afán o su desinterés ante las dificultades de la vida.

Llegados a este punto, cuando alguien pueda decir, con toda verdad, que ha hecho lo humanamente posible (sin heroicidades) para solucionar un problema, es cuando debe plantearse una cuestión fundamental:

No tiene sentido vivir angustiado por algo que no depende de mí.

Si me he ocupado, ¿por qué tengo que vivir intranquilo? Lo que no dependa de ti, lo que no puedas solucionar, lo que esté fuera de tu alcance, no debe nunca perturbar tu vida, intranquilizar tu existencia e impedir tu felicidad.

Adoptar este principio como norma de vida saludable es un antídoto contra el estrés, la angustia, el miedo y tantas otras cosas que arruínan la salud y la vida de muchas personas.

Y DESPREOCÚPATE

Ocúpate y despreocúpate. Dos actitudes que parecen contradictorias y que, para los creyentes, deben ir siempre juntas.                                                                                                                     Las palabras del evangelio de San Lucas citadas al principio son todo un canto a la providencia de Dios, una certeza de que el Padre vela por nosotros, que valemos más que las aves del cielo o los lirios del campo.

 ¡Somos sus hijos!

La coherencia de la fe

Después de “ocuparme”, la coherencia de la fe exige al creyente trasladar a Dios sus preocupaciones. Por la fe puede decir: “En Tí confío. Tú eres mi Dios. En tus manos están mis destinos” (Salmo 31, 15-16)                                                                     Creo que el Padre se ocupa de mí, porque me ama (Juan 16, 27) y conoce mis necesidades, ”el Padre sabe que tenéis necesidades” (Lc 12,30).

Sé que Él es fiel y no me fallará. Los padres humanos, a pesar de nuesta buena voluntad, solemos fallar alguna vez.                     Creo que Jesús se ocupa de mí. Es el buen pastor que me ama, me conoce, me busca cuando estoy perdido y se alegra cuando me encuentra (parábola del buen pastor, Jn 10,11-16).

Le invocaré, cuando me encuentre en algún peligro. “Señor, sálvame, que perezco” (Mt 8, 25). 

Le invocaré con toda confianza porque quiere que acuda a Él cuando esté atribulado, “venid a mí todos los que estáis atribulados y yo os aliviaré” (Mt 8, 28). Ya no tendré miedo, porque me ha dicho: “Soy yo, no temas” (Mt 14,27)

Creo que la Virgen María, mi Madre espiritual, se ocupa de mí. Como todas las madres. Ella está en todo. Como en la boda de Caná sacó del apuro a los novios intercediendo ante Jesús: “no tienen vino” (Jn 2,3), así lo hará conmigo ante mis carencias y necesidades que son muchas y Ella las conoce. Al trasladar a Dios mis preocupaciones sigo la recomendación del apóstol San Pablo: “Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo presentad a Dios vuestras peticiones” (Filp 4,6)

Conclusión

Ocuparme sin escatimar esfuerzos y, hecho esto, despreocuparme y poner toda mi esperanza en mis valedores. No hay lugar para el miedo ni el desaliento porque, cuando yo hago todo lo que está en mi poder, el Padre celestial, Jesús y mi Madre espiritual se ocupan de mi y de mis asuntos. Así se llega al gozo de la paz interior y no se vive amargado ante las dificultades der la vida. Esta certeza me anima y fortalece.      

Ya lo decía Santa Teresa de Jesús:                                                           “Nada te turbe, nada te espante;                                                           quien a Dios tiene, nada le falta;                                                              solo Dios basta”.

148.- LA PAZ INTERIOR

 

¿Qué es la paz interior?                                                                              Es el sentimiento de bienestar y tranquilidad de ánimo que experimenta una persona cuando se siente bien consigo misma. Alguien la ha definido como “el silencio interno ll1eno del poder de la verdad, serenidad y ausencia de conflicto”.

Es superación del mal con el bien, de la falsedad con la verdad, del odio con el amor.
Lograr esto implica recorrer un largo y duro camino; pero, a caminar se empieza por un primer paso. ).
Soñamos utópicamente con la desaparición de todas las guerras, la desaparición de toda violencia; pero, nos olvidamos que la paz del mundo comienza por la paz en el interior de cada persona. Aquélla es una utopía, ésta será una realidad según los
pasos que demos cada uno.

 Requisitos para la paz interior
Se pueden reducir a tres: paz consigo mismo, paz con los demás y paz con Dios.
1. Paz con uno mismo: La paz con uno mismo empieza por conocerse a sí mismo. ¿Quién soy yo?
Alguien dijo: “En cada Cual hay varios Cuales: el que él cree ser, el que los demás creen que es, el que realmente es y solo Dios conoce, y el que él cree que los demás creen que es”.
Parece un trabalenguas; pero, es una invitación a reflexionar sobre la propia identidad, sobre ¿quién soy yo? (1)
El ser humano tiene múltiples deseos y tiene que elegir y renunciar a unos en favor de otros; no siempre acierta, pues, con frecuencia, hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría hacer, generando en su interior el desgarro, la división y la ausencia de paz interior.
El ser humano lleva consigo la historia de su pasado que le ha dejado su huella y que se hace presente, a lo largo de su vida, de forma consciente o inconsciente para darle alas o como pesada carga.
Cuando el pasado se muestra placentero, todo va bien, hay alegría y ganas de seguir el camino; pero, cuando el pasado ha sido tortuoso, con decisiones equivocadas, e incluso delictivas, se muestra en el presente como una carga insufrible e incompatible con la paz interior.
¿Por qué cosas el ser humano pierde la paz interior?: Por una pena que no sabe encajar; por el rencor, el odio, el deseo de venganza; por la angustia que causa no cumplir con una obligación; por los remordimientos de conciencia.
Entonces el que sufre se hace muchas preguntas: ¿Por qué hice aquello? ¿Por qué dejé de hacer lo otro? ¿Qué habría pasado si hubiese tomado una decisión diferente? Etc. etc.
¿Cómo hacer las paces con uno mismo? 
A) Acepta tu pasado, sea el que sea: Es fundamental reflexionar para llegar a aceptar la propia realidad. ¿Te equivocaste? ¿Hiciste algo que perjudicó a otra persona? Ya no puedes hacer nada para cambiarlo; pero, sí puedes y debes cambiar tú.
Es difícil perdonar a los demás; pero, es mucho más difícil perdonarse a sí mismo. Aprende a perdonarte. Asume tu pasado con honradez y sinceridad contigo mismo; a otros puedes engañar; a tí, no; tú conoces tu realidad.
B) Aceptar tus errores y arrepentirte de ellos, es la mejor actitud; por el contrario, los errores no asumidos seguirán golpeando tu mente, una y otra vez y reabriendo las heridas de tu corazón. Convierte tus errores en palancas para el éxito. Perdónate y haz la paz contigo  mismo.
Aprende de tus errores:  Con voluntad y decisión. El pasado, pasado está; acéptalo y empieza de cero una nueva forma de vivir de la que te sientas orgulloso. Vive el día de hoy, céntrate en lo que vas a hacer hoy, sin anticipar al mañana; echa fuera los fantasmas y miedos del pasado. Practica el bien y tu alma se llenará de paz; no permitas que tu pasado equivocado gobierne tu vida. Gobiérnala tú.
C) No te derrumbes: Ni por tu pasado, ni por las dificultades del presente. Vive de tal forma que te sientas pleno y satisfecho. Si caminas por la senda correcta saborearás la miel de la paz interior.
D) No te autocompadezcas: Tu vida depende de ti y de las acciones que emprendas. 
E) Tampoco te engrías ni sobrevalores: Todos solemos ser algo egocéntricos. El egocentrismo es un globo al que debes desinflar. No eres ni el más bueno, hay personas muchos mejores, ni el más sabio, hay especialistas en muchas materias mejores que tú y, además, los verdaderos sabios reconocen lo poco que saben y lo mucho que ignoran, al contrario del egocéntrico que se cree sabio y apabulla con su verborrea casi vacía. No te derrumbes ni te sobrevalores, te queda mucho por hacer y lo conseguirás si trabajas con humildad y sinceridad. Sólo así podrás estar en paz contigo mismo de forma plena. Decían los antiguos que "en el medio está la virtud".
Aprovecha el tiempo (carpe diem): Tu tiempo es valioso, disfruta de él y sácale todo el jugo. Pon orden en tu vida. Merece la pena que reflexiones. ¿Te has parado a pensar cuántas horas dedicas a actividades que no te aportan nada?
Si tu situación actual no te satisface, actúa para cambiarla, bien merece tu esfuerzo aquello que quieres. Mira lo que es realmente importante en tu vida, ponlo en primer lugar,haz tu escala de valores y desecha todo lo que te haga perder el tiempo. No aplaces tus decisiones, no dejes para un mañana incierto lo que puedas hacer en tu hoy.
F) No te compares con nadie: Nada te aporta que vivas en constante comparación con otra persona; cada cual vivirá su vida según sus circunstancias que, por supuesto, serán
diferentes.
No estés pendiente de la opinión de los demás sobre ti. Tu vida es tuya y debes vivirla como tú elijas hacerlo. Valórate tú, porque si tú no lo haces difícilmente lo van a hacer los demás.
G) Distingue lo que depende de tí y lo que no: Este es un principio básico para lograr la paz interior. 
¿Hay algo que te preocupa y te hace sufrir? Ocúpate en ello. Haz TODO lo que puedas para solucionarlo.
¿El problema trasciende tus posibilidades? Acepta la situación y deja de sufrir por algo que no está en tus manos. Actúa para controlar tu mente, no entres en el círculo vicioso de la preocupación constante.
Es una preciosa utopía querer arreglar el mundo; será una preciosa realidad si empiezas por cambiarte a tí mismo.
 
2.- Paz con los demás
La paz interior implica reencontrarse con la armonía perdida en nuestro interior, es decir, es el camino que debe llevarnos a respetar, aceptar y tolerar a los demás. La conquista de la paz y la felicidad, está en el interior de cada persona y requiere apartarse del odio, la venganza, la ira y el deseo de dañar a los demás y sustituirlos por amor, tolerancia, bondad, comprensión y respeto. Por la paz interior se escuchan las razones del que suponemos nuestro ofensor y se reparan las posibles injusticias cometidas, mostrando tolerancia, comprensión y clemente
perdón.
Muchas veces, en las relaciones interpersonales nos falta buen trato, empatía, comprensión, diálogo, porque a veces no tenemos la paz con nosotros mismos y con Dios.
Las personas que viven con paz interior son capaces de perdonar, dialogar y encontrar las mejores soluciones.
Vivir en paz ayuda a aceptar nuestros errores y reflexionar sobre ellos. En la relación con los demás el perdón es una condición clave para lograr la paz interior.
 
3.- Paz con Dios
Este tercer requisito indica que para tener paz interior el ser humano, que cree en Dios, debe estar en paz con Él. Por tanto, solo me dirijo a los creyentes, aunque invito a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Dos personas: Dios y el hombre: 
    El camino de Dios: Dios creador, tan grande y santo, ¿puede abajarse hasta amar a una de sus criaturas, el hombre, tan pequeño y pecador? Y si lo hace, ¿cómo le corresponderá el hombre?Dios toma la iniciativa y ofrece al hombre un diálogo de amor mútuo y en nombre de este amor le induce y enseña a amar a los demás hombres.
Todo el Antiguo Testamento está plagado de hechos y acontecimientos que muestran el amor de Dios y su gran fidelidad. 

En el Nuevo Testamento, el apóstol San Juan ofrece la mejor 

definición de Dios, cuando dice:

  


“Dios es Amor” (1) Jn 4,8

El amor de Dios se expresa en un hecho único: La llegada de Jesús que, como Dios y como hombre, encarna el diálogo de amor entre Dios y el hombre. El Padre se da a conocer a los hombres y les manifiesta su amor a través de Jesús, su Unigénito, que es uno con Él y Dios como Él. “Tanto amó Dios al mundo que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que
crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).
El que responde de corazón al amor de Dios siempre está dispuesto a cumplir su voluntad, rezamos en el Padrenuestro:“hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10); “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, reza el salmista (Sal 40,8). 
No siempre será fácil, como no lo fue para Jesús, que oraba diciendo: “Padre mío, si es posible pase de mí este cáliz; pero, no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mt 26,39).
Jesús, en su predicación, al dirigirse a la muchedumbre, nombra a Dios como “vuestro Padre” (Mt 5,48; 6,1); y enseña a orar diciendo “Así habéis de orar: Padre nuestro…” (Mt 6,9). A cuantos creen en Él les da el poder de llegar a ser hijos de Dios. “Ved qué amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo somos” (1Jn 3,1);
“Los que son movidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios… han recibido el espíritu de adopción, por el que claman: ¡Abba! ¡Padre! " (Rom 8,14-15)
El amor de Jesús es definitivo, se extiende más allá de su existencia terrenal, Él estará con nosotros “hasta la consumación del mundo” (Mt 28,29); y es un amor llevado hasta el extremo, entregó su vida para dar vida a los hombres.
    El camino del hombre: Unas veces responde con amor al amor; otras, lo rechaza y otras lo olvida, acordándose de Dios sólo cuando le acosan las tribulaciones.
Leemos en el libro del profeta Jonás: “Cuando desfalleció mi ánima, me acordé de Dios” (Jon 1,8). En el Salmo 31, el atribulado suplica a Yavé “yo en ti confío, oh Yavé, ¡Tú eres mi Dios! En tus manos están mis destinos… haz resplandecer tu faz sobre tu siervo y sálvame en tu piedad” (1)(Sal 31, 15-17)
En la parábola del hijo pródigo, parábola de la misericordia, leemos cómo un hijo, tras pedir a su padre la parte de la hacienda que le correspondía, abandonó la casa paterna, gastó la fortuna viviendo disolutamente “y comenzó a sentir necesidad ”(Lc 15,14). Pero, recapacitó, volvió en sí y se dijo: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra tí; no soy digno de ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tu criados” (Lc 15,18-19).
El padre sale al encuentro del hijo: Es la única respuesta que cabe esperar de un padre que ama a sus hijo. El hijo pródigo se encaminó hacia la casa paterna y “cuando aún estaba lejos, viole el padre y, compadecido, corrió hacia él, se echó a su cuello y le cubrió de besos” (Lc 15,20). El padre se olvidó de la ofensa, abrazó y besó a su hijo y organizó una fiesta de bienvenida. ¡Amor de padre!¡Amor de Dios!
Dios ama a cada ser humano con un amor infinito a pesar de las ofensas que haya cometido. Por muchas que sean las ofensas, siempre serán finitas, limitadas, y no significan nada en comparación con la inmensidad de la misericordia y el amor que Dios le tiene.
El problema radica en que el ser humano debe abrirse al amor de Dios, y dejar que entre en su mente y en su corazón.
El amor del Padre es brisa que calma los sudores del hijo arrepentido; las palabras del Padre son melodía que remueven el corazón del hijo; el abrazo del Padre es perfume que envuelve; los besos del Padre son caricias de bienvenida.
La morada de Dios: En el Antiguo Testamento Dios estableció una alianza con su pueblo como prueba de su amor de padre. “Estableceré con ellos un pacto de paz que será eterno…pondré mi morada en medio de ellos y seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Ez 37,26-27).
La presencia de Dios en medio de su pueblo era considerada como el bien supremo de la paz.
En el Nuevo Testamento, Jesús dijo a sus discípulos:”Si alguno me ama, guardará mi palabra, mi Padre le amará, vendremos a él y en él haremos morada” (Jn 14, 23)
Jesús se ofrece para ser nuestro consuelo: “Venid a mí todos los que estáis atribulados y yo os aliviaré” (Mt 11,28). El Señor siempre acoge.
¿Puede existir mejor encuentro con Dios que ser su morada? ¿Puede existir mayor seguridad que saber que siempre somos acogidos por el Señor?
La paz es un don de Dios:Jesús, el príncipe de la paz, se aparece a sus discípulos cuando están angustiados y les saluda diciendo: “La paz sea con vosotros” (Jn 20,19) 
Un gesto que repetirá varias veces, A través de la oración, la meditación y el diálogo con Dios se llega a la reconciliación con Él, con uno mismo y con las personas que nos rodean. La oración dispone el corazón a recibir el don gratuito de la paz, a perdonar a los demás y a perdonarnos a nosotros mIsmos.
La paz interior como fruto: La paz interior es el fruto de abrir el corazón a la presencia del Señor. La comunión con Dios da la paz interior por ser manantial de serenidad, de alegría, de tranquilidad, es como entrar en un oasis de luz y de amor.
“Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14) y mora en el alma de los que le aman, (Jn 14,23).
“Cristo es quien vive en mí” (Gal 2,20); “No temas, yo estoy contigo” (Hch 18,9-10)
Podemos decir con San Pablo: "No me avergüenzo, porque sé a quién me he confiado" (2Tim 1,12).
“Mi paz os dejo, mi paz os doy; yo os la doy no como la da el mundo” (Jn 14,27).

La paz de Dios y la paz del mundo
La paz del mundo de la que nos habla Jesús se funda en diversas cosas (salud, dinero, poder, fama, reconocimiento social, etc.) que no son malas para el ser humano; pero, si no están ordenadas según el plan de Dios, con frecuencia se vuelven contra la misma paz humana.
Hay abundantes ejemplos de personas que han logrado los sueños que anhelaban, y luego la situación se ha vuelto en contra de la propia persona, hasta la destrucción de su familia, y lo que a veces parecía ser muy bueno resultó no serlo. Y por el contrario, otras cosas que en un primer momento eran dolorosas, cuando pidieron ayuda al Espíritu Santo para comprenderlas y vivirlas según el plan divino, se revirtió la situación y se produjo una paz que nunca habían imaginado.
A veces una enfermedad, que Dios no quiere pero permite en la vida de una persona, hace descubrir la paz de Dios.
La paz interior no es exclusiva de los creyentes, toda persona que busque y practique el bien la puede poseer, porque, sin saberlo o reconocerlo, está buscando a Dios, sumo Bieny suma Verdad. La única condición es que la búsqueda sea hecha con rectitud de corazón, para que “el Espíritu Santo los guíe hacia la Verdad completa” (Jn 16,13)
Si no obramos con rectitud de corazón, se nos puede aplicar lo dicho por el profeta Isaías: “Este pueblo se me acerca sólo de palabra, me honra sólo con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13)

 Una obligación:
Dar gratis lo que gratis hemos recibido.
Esta es la misión a la que somos llamados. Como nadie puede dar lo que no tiene, primero hay que llenarse, sentir en nuestro interior el amor y la paz y después, sólo después, podremos irradiar ese amor y esa paz.
La fuerza del amor:
En el siglo primero antes de Cristo, el gran escritor, político y orador romano Cicerón dijo: Nihil difficile amanti, (nada es difícil para el que ama).
San Pablo escribió: “Todo lo puedo en Aquél que me conforta” (Fil 4,13); “si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8,31) y “¿quién nos separará del amor de Cristo ? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? ….En todas estas cosas vencemos por Aquel que nos ama” (Rom 8,35-37).
El amor que Dios llena de paz nuestro corazón y nos impulsa a ser constructores de paz en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida.

La Historia demuestra lo contrario:
En 1844, Karl Marx escribió la famosa frase: La religión es el opio del pueblo.
Pero, la historia demuestra lo contrario: La religión por medio del amor, su componente principal, mueve a millones de personas a dar, de palabra y de obra, testimonio del amor de Cristo y se entregan a sí mismas para construir el Reino de Cristo.
El mundo no siempre reconoce esta labor, como tampoco reconoció la del Señor, “ ya que no me creéis a mí, creed a mis obras” (Jn 10,38).

Constructores de paz
Construyen la paz los que hacen leyes justas y los que las cumplen; los empresarios que buscan antes el bienestar de sus empleados y, en segundo lugar, aumentar el capital propio; los que trabajan no sólo para obtener un medio de vida sino para servir a la sociedad; los que emplean parte de su tiempo en ayudar, consolar y aliviar los dolores de las más necesitados, etc.etc.
¡Ojalá que este artículo sirva para que vivamos la paz interior y la reflejemos en nuestras obras!

(1) ¡Con qué exactitud refleja este salmo nuestra tribulación por la pandemia del Covid-19!

147.- ¡CON OTROS JOS!

Dicho lo dicho en los artículos anteriores, me he preguntado: ¿puedo seguir viendo el mundo y sus realidades con los mismos ojos, o ¿estoy abocado a una nueva visión, a una nueva concepción del mundo y sus gentes?

Efectivamente, si quiero ser consecuente y poner en práctica el cambio interior indicado, tengo que cambiar mi concepto del mundo y sus gentes, tengo que abandonar las tinieblas (el mal en todas sus formas) y caminar en la Luz del Amor, que es imitar, en mi vida cotidiana, al amor de Dios: «Tanto amó Dios al mundo, que le envió a su Hijo, para que todo el que crea en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3.16) y Cristo «nos amó hasta el fin» (Jn 13,1) hasta entregar su vida para darnos la oportunidad de, aceptándole, tener vida en nosotros.

1. Aceptar a Jesús

Dijo Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí"(Juan 14:6). El término del camino cristiano es Dios Padre. Jesús, en su persona, en sus obras y en sus palabras es EL CAMINO para ir al Padre; es LA VERDAD, porque en Él se cumplen las promesas divinas reflejadas en la Ley y los profetas; es LA VIDA, porque ésta se halla en Él y Él la comunica a los demás.

Trascribo a continuación un soneto anónimo que expresa, de forma magistral, lo que realmente mueve al amor de Cristo:

No me mueve, mi Dios, para quererte,                                                        el Cielo que me tienes prometido,                                                              ni me mueve el Infierno tan temido,                                                    para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor. Muéveme el verte                                        clavado en una cruz y escarnecido,                                                   muéveme el ver tu cuerpo tan herido,                                           muévenme tus afrentas, y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,                                          que, aunque no hubiera Cielo, yo te amara,                                              y, aunque no hubiera Infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,                                                pues, aunque lo que espero no esperara,                                                       lo mismo que te quiero te quisiera.

Al reflexionar y meditar sobre cada línea de este soneto se descubre laprofundidad del amor de Cristo.

¡El Señor me amó tanto que dio su vida por mí!

Me amó y me sigue amando, porque Dios no cambia. A la luz de Cristo crucificado, mi vida monótona y sin color, queda tocada por el amor de Dios, y se transforma en una página llena de color, de luz y de amor.

El Crucifijo es la imagen más elocuente del amor de Dios. A primera vista, parece una imagen muda y silenciosa; pero, es un libro abierto para el que sabe «leer» el silencio. ¡Cuántas ideas y cuántos sentimientos afloran en la mente!

2. Reflejar a Jesús

Dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero para que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo» (Mt 5, 14-16)

La Luz de Cristo (su persona, sus obras y su mensaje) está encendida en el corazón de los creyentes en Él. Por el bautismo estamos revestidos de Cristo (Gal 3,27) y nuestras obras deben descubrir nuestra fe. El apóstol Santiago (el Menor) escribe en su carta: «Por mis obras te mostraré mi fe» (2,18) La vida de los creyentes, plasmada en sus palabras y obras deben dar testimonio de la fe que profesan. «Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7,16)

Nuestras obras, nuestra manera de comportarnos en todas las circunstancias deberían ser como “lucecitas” con las que, por haberlasencendido en la Luz de Cristo, Luz de Amor, tratamos de iluminar las tinieblas del mundo que no conoce el amor del Señor Jesús. ¡Ojalá que la Luz del Amor de Cristo brille en todos los corazones.

3. Otra visión del mundo. El trigo y la cizaña

Como creyente en Jesús de Nazaret no puedo ver el mundo y susrealidades como si no creyera. Los creyentes vemos y observamos todo con los ojos de la fe o, al menos, lo intentamos, dada nuestra fragilidad humana. Los ojos de la fe en Cristo nos dan el verdadero ángulo de visión, desde él se ven las cosas de otra manera, a la manera de Dios.                                     En esta etapa terrenal del reino de Dios conviven la luz y las tinieblas, es decir, el Amor y el mal en todas sus formas. Así lo pone de relieve la parábola de la cizaña: Un labrador sembró en su campo buen trigo;… pero junto al trigo creció la cizaña.            «Acercándose los criados al amo, le dijeron: Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿De dónde viene la cizaña? ¿Quieres que la arranquemos? Él les contestó: No, no sea que, al querer arrancar lacizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad que ambos crezcan hasta la siega y entonces diré a los segadores: Tomad primero la cizaña y atadla en haces para quemarla y recoged el trigo y llevadlo al granero» (Mt 13,27-30)

Esta parábola nos da una gran lección: En esta etapa terrena del Reino de Dios convivirán el Amor en unas personas y el egoísmo (como centro del mal) en otras. Como dijo el Señor en otra ocasión: «El que de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra» (1) Jn 8,7)

)Ninguno de nosotros hemos sido siempre trigo, ninguno estamos siempre limpios de pecado, ninguno de nosotros nos podemos pronunciar como si fuésemos jueces de la conducta de los demás. Solo Dios será juez de todos al final de los tiempos. Mientras tanto, a los creyentes nos toca convivir con el mal sin hacerlo nosotros; al contrario, debemos iluminar con nuestras obras y palabras a los obradores del mal. Con la ayuda del Señor, tal vez, muchos acepten la Luz.

4. Otra visión de la vida humana

En la historia de la Humanidad es notorio el desprecio de la vida. Como queda descrito en los capítulos anteriores, se ejerció el infanticidio; se multiplicaron las guerras provocadas por el afán de conquista de los grandes imperios, que llevaron a la muerte a millones de personas; se practicaron los ludi gladiatorum que terminaban con la vida del vencido, etc.               Se impone otra visión de la vida humana. La vida es el principal valor y el derecho más importante de todo ser humano.                                      ¿Cuál es el fundamento de la dignidad humana?

La sociedad necesita encontrar un fundamento sólido de la dignidadhumana, para evitar los riesgos que seguirían de no reconocer esa dignidad.                                                                              Una vez reconocida y aceptada la existencia de la dignidad humana, su fundamento puede ser interno o externo.El fundamento interno es defendido por los que dicen que la dignidad de las personas se basa en sus capacidades o habilidades.  Esto obliga a sacar estas dos deducciones:

1ª deducción: Si las capacidades o habilidades humanas son distintas en unas personas y en otras, también será distinto el grado de dignidad en unas personas y en otras. Ahora bien, aceptar este razonamiento lleva a enfrentarnos con situaciones incomprensibles:                                                                                     ¿Por qué es más digno el que es muy inteligente que el que no lo es?                                                                                                          ¿Por qué es más digno el que sabe hacer una cosa que el que no sabe?                                                                                                                ¿Por qué es más digno un catedrático que un analfabeto?              ¿Por qué es más digno el hombre maduro poseedor de muchas habilidades que el recién nacido que no posee ninguna o el que está “en coma” que las ha perdido?                                                        Esto nos lleva a concluir que poner la dignidad humana en las capacidades o habilidades humanas es aceptar que los que están en lacategoría de «inútiles e improductivos”, como serían los no nacidos, los enfermos mentales, los que por su incapacidad, no pueden llevar una vida normal, etc., etc., tienen disminuida también su dignidad humana y podemos arrogarnos el derecho a tratarlos como queramos e, incluso, a deshacernos de ellos.

2ª deducción:  Si las capacidades y habilidades se adquieren, aumentan, corrigen y pierden, también sucede lo mismo con la dignidad humana.Se trata de la mujer sorprendida en adulterio y que los escribas y fariseos querían apedrear hasta la muerte en presencia de Jesús.Es tan enorme la gravedad de estas dos deducciones, que toda mente humana, no distorsionada, tendrá que reconocer que el fundamento interno propuesto carece de solidez.                                                                                          Entonces, si el fundamento no puede ser interno, tendrá que ser externo.                                                                                                  ¿Cuál es el fundamento externo de la dignidad humana?              El que ha sido dado a la persona por alguien distinto de ella.      ¿Quién es ese alguien?                                                                                La dignidad humana proviene del acto creador de Dios que nos creó a su imagen y semejanza. La dignidad humana no depende de lo que hacen las personas, sino de lo que son. En el ser somos iguales todos los seres humanos, ya seamos jóvenes o ancianos, nacidos a no nacidos, con o sin discapacidad, inteligentes o torpes, y, al mismo tiempo, todos los seres humanos somos diferentes del resto de los animales.                      El ser humano tiene la misma dignidad inviolable en todas las épocas de la historia, ya sea de la historia individual de cada persona o de la historia de la humanidad.                                            Esto fuerza a concluir que la vida de toda persona tiene un gran valor y nadie tiene derecho a quitársela, en ninguna de las etapas vitales de la persona.                                                                      Algunos, no creen en Dios ni reconocen su paternidad. Los creyentes en Jesús de Nazaret vemos a todos los seres humanos como hermanos y como tales queremos tratarles. El mundo del mal está lleno de malhechores: asesinos, violentos, ladrones, violadores, etc., etc.

 ¡Qué difícil es considerarlos y tratarlos como hermanos!

Tenemos un modelo a quien imitar: Jesús, poco antes de morir en la cruz, oró por los que le crucificaron. «Padre, perdónalos. Porque no saben lo que hacen» (Jn 23,34)

Es lo que debemos hacer los creyentes ante los malhechores del mundo: rezar por ellos, para que el Señor ilumine sus mentes y las abra a la Verdad de su Amor. Porque ¡todos valemos mucho para Dios!

5. Otra visión de la mujer

La mujer en cuanto persona tiene la misma dignidad que el hombre y,además, tiene el plus de la maternidad. Dios eligió a María para que fuese la madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre; con la elevación de María a tan alta dignidad, todas las mujeres fueron elevadas. Por el mero hecho de ser mujer y poder ser madre, toda mujer tiene derecho a su dignidad y a ser respetada por todos. Todos tenemos una madre, muchos tienen hermanas e hijas; todas queridas y respetadas.                                                                                                 No siempre fue ni es así! No lo fue en la historia,  ni lo es en la actualidad. La mujer fue considerada como una persona de segunda categoría, sin derechos y útil solo si daba hijos al hombre o le servía de esclava sexual.                                                      En pleno siglo XXI, al menos en los países que consideramos civilizados, la mujer, con su lucha y esfuerzo, ha logrado el reconocimiento legal de sus derechos. Digo legal, porque todavía queda mucho recorrido hasta el reconocimiento práctico.                                                                                                      Todavía muchos consideran a la mujer como “esclava sexual del hombre”: Como tal, su opinión no cuenta y, por tanto, no se respeta. El «no es no» no cuenta para el violador, que, ¡desgraciado!, solo ve a la mujer como objeto de deseo. Todavía existen muchos proxenetas que se enriquecen vendiendo a usuarios desaprensivos los servicios sexuales de las mujeres esclavas de sus prostíbulos.                                                        Todavía muchos consideran a la mujer como un “objeto de su propiedad”, sobre el que creen tener todos los derechos, incluso el de matarlas. Es indignante que, todos los años, mueran cientos de mujeres a manos de sus maridos, parejas o exparejas. Las leyes de los diversos países no protegen suficientemente a las mujeres.                                                        Todavía muchos consideran a la mujer como un “objeto decorativo”. Las empresas, las TVs, la publicidad, la moda, etc., usan a la mujer en este sentido, sobre todo si es joven. Muchas lo consideran una forma más de ganar dinero, y lo es; pero, también es cierto que, con frecuencia, no se respeta la dignidad de la mujer, al presentarla como un objeto decorativo y atrayente.                                                                                                       No soy quien para dar consejos; me limito, por tanto, a recordar el famoso dicho de los romanos: «La mujer del César no sólo debe ser digna sino parecerlo».                                             La mujer tiene derecho a ser mirada con otros ojos: Ojos limpios de pasiones dominantes, economicistas y lujuriosas. La mujer es el ser que, con sus grandes cualidades, si las injerta en el Amor de Dios, puede irradiar su luz y sacar de las tinieblas del egoísmo a tantos que viven en ellas.

6. Otra visión de los negocios

La gran mayoría de las personas seguramente piensan que los negocios se emprenden para «ganar dinero», y es verdad, pero no es «toda la verdad».                                                                                Los negocios, sea cual sea su tipo, nacen para dos cosas, que no se excluyen sino que se complementan: Ganar dinero y servir a la sociedad. El «quid» de la cuestión es el «cómo».

Todo vale ante el dios “dinero”pero no todo vale ante el Dios Amor. 

Si queremos que reine el Amor en lugar del Egoísmo, la sociedad, enconcreto los empresarios, deben tener otra visión de los negocios.

¿Cómo ganar dinero y, al mismo tiempo, prestar un servicio a la sociedad? Hay negocios clandestinos y negocios legales.                Los clandestinos sólo buscan la ganancia económica y nada les importa el servicio a la sociedad. Algunos, como la trata de personas  o el narcotráfico, son el paradigma del mal. ¡Cuántas muertes y cuanto sufrimiento hay detrás de estos negocios clandestinos!                                                                                                  Los legales, llamados así porque están fundados y amparados por la ley, funcionan dentro de los márgenes autorizados. Pero, no siempre lo hacen y se exceden en sus ganancias en detrimento del servicio a la sociedad.                                                    Un ejemplo: La empresa, grande o pequeña, nacional o  multinacional, que, para aumentar sus beneficios, paga salarios de miseria a sus empleados, les contrata a un tipo de jornada y les obliga a otra distinta sin abonarles las horas extras, camufla los beneficios para rebajar los pagos a la Hacienda Pública, etc.

7. Otra visión de la Naturaleza

La Naturaleza es la casa común de las personas, del resto de los animales y de las plantas. Sólo el hombre la deteriora y destruye con sus egoístas intervenciones. Los ecosistemas se van deteriorando hasta el punto de producir el cambio climático que, aunque algunos se empeñan en negar, es evidente que ya estamos padeciendo sus consecuencias.

¡Ojalá que todos los países, especialmente los grandes, asuman su responsabilidad y contribuyan a limpiar y no volver a ensuciar nuestro planeta!                                                                    ¿Qué queremos dejar a las generaciones futuras? ¿Un basurero inhabitable, un desierto inhóspito?

No sé si, con la publicación de estos  artículos, se cumplirá mi sueño. He hecho, creo, todo lo posible para intentar dar a conocer a Jesús y su mensaje. El resto no depende de mí; es el lector el que tiene la última palabra  pará decidir según su criterio.

Un último consejo, amable lector: Elije lo mejor...

¡Que el Señor nos bendiga y nos conceda la paz!                       ¡Que el Señor sea nuestro camino para ir al Padre!                  ¡Que nuestra Madre celestial sea nuestro camino para ir al encuentro con su Hijo!

 (1) Se trata de la mujer sorprendida en adulterio y que los escribas y fariseos querían apedrear hasta la muerte en presencia de Jesús.

(2) Es el movimiento ilegal de seres humanos con propósitos de esclavitud laboral, mental, reproductiva, explotación sexual, trabajos forzados, extracción de órganos, o cualquier forma moderna de esclavitud contra la voluntad y el bienestar del ser humano.

miércoles, 29 de abril de 2026

190. O.A.M.D.G.

 O.A.M.D.G.  

¿Qué significa esta sigla? En este último artículo del grupo Un manojo de reflexiones  quiero descubrir lo que significan para mí estas letras.  
Veamos: Hay tres verbos muy importantes en la vida de cada persona. Son estos:  pensar, aceptar y ofrecer.  

Primer verbo: PENSAR  
    Pensar es reflexionar, contemplar la realidad, al menos en estos tres aspectos fundamentales:  
personal, social y religiosa.  
    Las personas, por nuestra capacidad de elección, podemos ser artífices de nuestra realidad o  situación. Aquí radica la importancia de las decisiones que tomamos; nuestra situación futura depende, en gran medida, de las decisiones que hemos tomado anteriormente; digo en gran medida, porque la realidad de cada uno también depende de las decisiones de los demás.  
    Lo importante es reflexionar sobre la propia realidad en los tres aspectos citados para poner todos los medios y mejorarla.  

    a) ¿Cuál es mi situación física? No puedo elegir estar sano o estar enfermo. Aunque deseo  la salud, sé que cualquier enfermedad se me puede colar y, por tanto, tengo que prevenir y, si llega  el caso, enfrentarlo con serenidad.  

    b) ¿Cuál es la situación social que me ha tocado vivir? Es un mundo en el que un graN porcentaje de personas, está dominado por el egoísmo, el afán de poder y de subyugar a los demás,  e imponer su punto de vista, incluso por la fuerza si lo creen necesario.  
    Como consecuencia directa de este egoísmo abundan las guerras, los ataques terroristas, las  mafias, el narcotrafico, los asesinatos, etc., etc. toda unas gama de males.  
    Se constata una pérdida de los valores básicos, tanto a nivel de personas como social.  
Predomina el egoísmo…..el sálvese quien pueda…. el «y tú más».  
    Una parte de la sociedad está perdiendo el norte. Toda sociedad sin valores humanos, personales, cívicos y religiosos se convierte en una selva donde predomina el más fuerte. No me  extraña que el mal pulule en sus mil caras diferentes y cada día con más fuerza.  
    Por suerte, no todas las personas viven la realidad tan negra. No me gusta la realidad malvada del mundo. Pero, no está a mi alcance cambiarla; lo que sí puedo y debo hacer es procurar  que mi conducta personal en todos los ámbitos sea coherente con mi deseo de un mundo mejor. El  único camino que tengo para mejorar la realidad es mejorar mi propia conducta. Están bien los  buenos deseos y las buenas palabras, pero es mucho mejor si les acompaña una conducta coherente.  
    Hay muchas personas con una profunda vida interior, que viven felices y, a pesar de las  dificultades, grandes o pequeñas, que se les presentan cada día, no decaen en su empeño y emplean su tiempo y sus energías haciendo sus trabajos y profesiones lo mejor que saben y pueden.  
    Hay muchos grupos de personas que, viviendo en este mundo cruel e inhumano, no participan de su maldad sino que tratan de hacer todo el bien que pueden a sus semejantes; sin ninguna distinción, les dan el respeto que merecen como personas y dedican gran parte de su tiempo  a prestarles ayuda en sus necesidades. Pero estas conductas ejemplares se conocen muy poco porque los protagonistas viven su realidad social con sencillez, como algo normal, como un servicio, «sin hacer ruido»1, sin salir en los medios de comunicación.  

    Dos preguntas que cada uno debe hacerse: Yo, ¿a qué grupo pertenezco? ¿Qué importancia tiene en mi vida el tema religioso?  
    Son preguntas aptas para todos, pues todas las personas deben enfrentarse con el tema religioso y elegir el camino que crean conveniente.  
    La respuesta a la pregunta sobre el tema religioso debe ir acompañada de estas tres cualidades: Respeto, coherencia y amor.  

    1ª Respeto a la decisión de los demás. La religión no debe imponerse; por muy convencido que esté de la verdad de mi fe, no la puedo imponer a los demás, como ha sucedido en tiempos pasados. La religión, cualquiera que sea, se predica de palabra y, sobre todo, de obra y se ofrece. Es  el otro quien debe elegir.  

    2ªCoherencia entre las palabras y las obras. Coherencia interior para no engañarme a mí mismo, y simular que creo. Aquí no caben las medias tintas: o creo o no creo. Si creo de verdad, con  un corazón sincero, reflejaré mi fe en todas mis obras, en toda mi manera de actuar.  
    No es aceptable hacer una serie de «actos externos» de cara a la galería, cuando la realidad  interior es que no se tiene fe.  

    3ª Amor: Es lo más importante y en lo que más solemos fallar. La realidad del mundo sería muy diferente si todos practicásemos más el amor y menos el egoísmo, el odio y el rencor.  

El amor no se interpreta, el amor se vive y practica.  

Segundo verbo: ACEPTAR  
    La realidad de cada persona es el reflejo de la realidad social; unas veces hay nubarrones y fuertes tormentas que zarandean nuestro interior, con dolores y sufrimientos del cuerpo y del espíritu; otras veces la vida nos sonríe y todo lo vemos color de rosa. Son momentos diferentes y realidades distintas. De todas hemos de aprender, todas deben servir para nuestro crecimiento interior: las agradables, para disfrutarlas y compartirlas, y las otras, las que nos hacen sufrir, para superarlas e integrarlas como experiencias de la vida que tienen un por qué y un para qué.  
    El dolor y el sufrimiento son connaturales al ser humano, a nadie le agradan, todos procuramos evitarlos; pero, si aprendemos a manejarlos pueden sernos muy útiles.  
Veamos:  

  ¿Por qué sufrimos? Porque somos humanos e irremediablemente el dolor, de una forma u  otra, será nuestro compañero de viaje en muchos momentos de nuestra vida.  

    ¿Para qué sufrimos? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? Cuando el dolor, en cualquiera de sus múltiples formas, llega a nuestra vida, podemos enfrentarlo, asumirlo y aceptarlo con amargura  (vía negativa) o con esperanza (vía positiva).  
    1ª Vía negativa: Soportar el sufrimiento con amargura. Es anclarse en el dolor, es sufrir  por sufrir, sin perspectiva de futuro. La interpretación negativa del dolor solo conduce a su incremento.  
    La resignación, aunque muchos no lo crean, no es una virtud cristiana; puede que sea una virtud estoica; pero no una virtud cristina porque está cerrada en sí misma, carece de esperanza, no  ofrece ninguna salida al mal que aflige.  
    2ª Vía positiva: Aceptar el sufrimiento con esperanza. Buscar y descubrir el significado de ese sufrimiento e integrarlo en la experiencia de vida.  

Solo sufre el que no sabe «para qué sufre».  

    La esperanza da alas para remontar los obstáculos, para salir de los atollederos, para aceptar el sufrimiento y salir de él robustecidos y encauzar la vida con mayores fuerzas. La esperanza es una bocanada de aire limpio que impide que nos ahoguemos en nuestra amargura interior.  
 La esperanza es una virtud humana de la que todos podemos y debemos gozar ante las dificultades de la vida; y es, al mismo tiempo, una virtud propia de los creyentes en la existencia de otra vida, la verdadera, la eterna. La vida terrenal es un tiempo de preparación para la eterna.  

Tercer verbo: OFRECER  
    Tendido en una cama de hospital, sobre una silla de ruedas o dentro de un campo de exterminio nazi, por poner algunos ejemplos, el ser humano puede vivir con esperanza, disfrutar de las cosas que, en esas circunstancias, le ofrece la vida y, al mismo tiempo, hacer mucho bien a los demás. 
 
    ¿Cómo es posible, se preguntarán algunos, que se pueda sacar un bien de algo que consideramos malo? Seas creyente o no, si tienes esperanza, no te resignarás, no te mostrarás pasivo ante el dolor, la enfermedad o cualquier otro mal que llegue a tu vida personal o social; al contrario, harás todo lo que esté en tu mano para superarlo y, además, aprovecharás la ocasión para convertir ese mal en fuente de bien.  
    En teoría, esto es muy sencillo; en la práctica, es algo más complicado.  
    Veamos unos ejemplos: Todos conocemos a personas que, por un accidente, han perdido la vista, un brazo o una pierna y, pasados los primeros días o meses de shock, han recuperado la serenidad, han asumido su nueva realidad y, aferrándose a la vida, han puesto todo su empeño en seguir adelante.  
   Y así tenemos: ciegos que han hecho sus carreras, medias o universitarias, mediante la lectura braille y han logrado un puesto de trabajo; deportistas que practican su deporte favorito sobre una silla de ruedas o con una pierna especial.  
    Estas personas son un ejemplo para la sociedad que les admira y agradece su ejemplo de entrega, esfuerzo y tesón para superar la dificultad.  
    Los creyentes, además, tenemos el ejemplo del Señor, quien en medio de los sufrimientos de su agonía en Getsemaní, oró al Padre, diciendo: «Padre mío, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero, no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42)  
    Cristo con sus sufrimientos y muerte en la cruz redimió a la Humanidad, conquistó para todos los seres humanos la posibilidad de ser hijos adoptivos de Dios y gozar con Él en la vida eterna.  
    Como creyente, puedo aceptar y ofrecer a Dios no solo los sufrimientos que llegan a mi vida, sino también todas mis acciones, cualesquiera que sean, si son honestas, son agradables a Dios  y se las puedo ofrecer para su mayor gloria.  
    Ofrecer a Dios todo lo que hago cada día lleva consigo la exigencia de hacerlo bien, lo mejor que pueda. Sería de muy mal gusto y de falta de fe ofrecer a Dios algo mal hecho o hecho de mala gana. La dignidad de Dios y mi propia coherencia me exigen poner todo mi empeño en hacer  las cosas lo mejor que pueda.  
    Ofrecer a Dios todas mis obras es contribuir al bien de los demás. Todos somos miembros de la familia humana. De nuevo San Pablo nos instruye cuando escribe: «De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con él y si un miembro es honrado, todos los otros se gozan a una» (1 Corintios 12, 26)  
    Las obras buenas son el mejor ejemplo, la mejor predicación y el mejor apostolado para que los demás, según dijo Jesús «viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos» (Mateo 5,16).  

Para finalizar vuelvo al principio.  
    ¿Qué significa la sigla O.A.M.D.G.? 
San Pablo escribe a los corintios esta frase de tan largo alcance: «Ya comáis, ya bebáis o hagáis otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1Corintios 10,31).  

De este texto de San Pablo, en latín, está tomada la sigla:  

Omnia Ad Maiorem Dei Gloriam.  
(Todo a la mayor gloria de Dios).