miércoles, 20 de mayo de 2026

161.3: LLAMANDO A TU PUERTA. ¿QUIÉN FUE JESÚS?

 

Hace dos mil años la personalidad de Jesús cautivó a todos los que oyeron sus palabras y vieron las obras que hacía ¿Qué tenía Jesús que le hacía tan especial? No escribió un libro, no lideró un ejército, no ocupó un cargo político, ni fue dueño de ninguna propiedad. Viajaba pobremente, atrayendo a unas multitudes    asombradas por las palabras provocadoras que oían y los hechos tan asombrosos que contemplaban. Jesús, cuando inició su predicación, era un desconocido al que llamaban “el hijo del carpintero”; no tenía curriculum vitae, pero, lo especial de Jesús brilló en sus palabras y obras.

¿Fue solo un gran hombre o ES algo más? Algunos creen que fue un gran maestro moral; otros creen que fue el líder de la mayor religión del mundo; otros muchos, todos los cristianos, creemos que Jesús es Dios que, hecho hombre, habitó entre nosotros. Para todos, Cristo es el centro de la historia.

1.- ¿Jesús fue un gran maestro moral?

Es un hecho reconocido por personas no solo cristianas sino de otras religiones.

 El lider hindú Mahatma Gandhi: Fue entrevistado por el periodista norteamericano Louis Fischer y éste, en su libro “Gandhi”  transcribe algunas de sus ideas sobre Jesús:  “Amaba a Jesús hasta tal punto que los fanáticos hindúes lo acusaban de ser un cristiano en secreto”. “El único adorno que tenía colgado en la pared de su cabaña era una estampa de Jesús con estas palabras: Él es nuestra paz”. “Si tuviera que enfrentar el Sermón de la Montaña y mi propia interpretación de él, yo no vacilaría en decir ‘Sí, soy cristiano’. 

Pero, en un sentido negativo, puedo decirles que gran parte de lo que sucede en el cristianismo es una negación del Sermón de la Montaña”. “El Sermón de la Montaña era el entero cristianismo para aquél que quería vivir una vida cristiana. Es ese Sermón de la Montaña el que ha hecho que yo  quiera a Jesús...

"Lo considero una persona histórica, uno de los más grandes maestros de la humanidad. He estudiado sus enseñanzas tan devotamente como pude, con la reverencia de un cristiano, con el fin de descubrir la verdad que subyace en ellas."

El sermón de la montaña de Jesús (Mt 5,1ss) ha sido llamado la enseñanza más excelente de ética humana jamás pronunciada por una persona. De hecho, gran parte de lo que conocemos hoy como “igualdad de derechos” en realidad es el resultado de las enseñanzas de Jesús. Gandhi aceptó a Jesús, pero rechazó al Cristianismo. Su testimonio es magnífico y da mucho material para reflexionar.

 Clive Staples Lewis (7): El ateo convertido describe así su lucha intelectual en su autobiografía: “Noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se alejaba por unos segundos de mi trabajo, el lento venir de Aquél a quien yo honestamente había tratado de no conocer. Y Aquél a quien yo había temido finalmente me alcanzó. En 1929 me entregué, y admití que Dios era Dios, me arrodillé y oré”.

 El erudito judío Joseph Klausner (8): Escribió, “Es universalmente aceptado… que Cristo enseñó las más puras y sublimes éticas…lo cual arroja a la sombra a los preceptos morales y las máximas de los hombres más sabios de la antigüedad”.

 El historiador no cristiano Will Duran (9): Dijo de Jesús que “Vivió y luchó incansablemente por la ‘igualdad de derechos’; en tiempos modernos él habría sido enviado a Siberia”. “El más importante entre vosotros sea vuestro servidor” (Mt 23,11) – ésta es la inversión de toda sabiduría política, de toda cordura”.

El Presidente Thomas Jefferson(10): Uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América, cortó y pegó un ejemplar del Nuevo Testamento, eliminando los versículos que él consideraba que se referían a la divinidad de Jesús, y conservando las enseñanzas éticas y morales de Jesús. Llevaba con él en todo momento su Nuevo Testamento venerando a Jesús como el mayor maestro moral de todos los tiempos.

El documento de la Declaración de la Independencia establece: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables…”

Pero una pregunta que Jefferson nunca contestó fue: ¿cómo podría Jesús ser un gran líder moral si afirmó ser Dios en falso?

 ¿Pero Jesús en realidad afirmó su divinidad? Antes de analizar qué sostuvo Jesús, debemos estudiar la posibilidad de que simplemente fue un gran líder religioso.

2.- ¿Jesús fue un gran líder religioso?

Sorprendentemente, Jesús nunca afirmó ser un líder religioso. Él nunca se metió en la política religiosa sino que ejerció su predicación, casi siempre, fuera del marco religioso establecido. Si comparamos a Jesús con los fundadores de otras grandes religiones, observamos una distinción fundamental: Todas las religiones proporcionan instrucciones sobre una manera de vivir. Pero solo Jesús, además, ofrece la liberación, el perdón de los pecados y la transformación. “Jesús no solo enseñaba o exponía su mensaje. Él era idéntico a su mensaje”.

Jesús dejó claro que solo Dios puede perdonar los pecados. Hay que subrayar que son muchas las veces que Jesús invita a su seguimiento; de alguna manera está afirmando que Él es el lider de todos los que le siguen, pero no es un lider común, Él es algo más muy especial: ES DIOS.

 1.- ¿Afirmó Jesús que Él era Dios?

Nunca Jesús dijo expresamente las palabras “Yo soy Dios”; pero, dijo frases que, indirectamente, señalan su divinidad: “Antes de que Abraham naciera, ¡yo soy! “ (Jn 8,58). “El que me ha visto a mi ha visto al Padre” (Jn 14,9). E hizo cosas que sólo Dios puede hacer: Después de ser acusado de blasfemia, Él dijo: “ El Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar los pecados” Mt 9,6). Resucitar a un muerto: ”Lázaro, sal fuera”(Jn 11,43) Curar a un paralítico “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Mt 9,8). Calmó la tempestad del mar (Mt 8,26) y multiplicó los panes y los peces (Mt 14,15 ss).

¿Cuál era el significado de las palabras y los hechos de Jesús?: Es posible que sólo fuera un profeta como Moisés o Elías? ¿Quién puede ser ese hombre que habla como si fuera Dios, que dice que él siempre ha existido y que perdona los pecados? Nada tiene de extraño que los amigos y enemigos de Jesús estuviesen desconcertados por lo que Jesús decía y hacía y se preguntasen “¿quién es éste?” (Mt 8,28) En los Evangelios se nombra varias veces a Jesús como “Hijo de Dios”.

En una ocasión “Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron:Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los profetas . Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 13-16).

Estando Jesús preso en casa del pontífice Caifás, éste le dijo: “Te conjuro por Dios vivo que me digas si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Díjole Jesús: Tú lo has dicho” (Mt 26, 63-64). A continuación, Jesús fue considerado blasfemo y condenado a muerte. En más de una ocasión, Jesús se refirió a sí mismo como el Hijo de Dios. Jesús hizo esas afirmaciones dentro del contexto de la fe judía en un único Dios, el Ser que está fuera del mundo y que lo ha creado. Ningún judío creyente creerá alguna vez en más de un Dios. Y Jesús rezaba a su Padre como, “el único Dios verdadero” (Jn 17,3).

Pero en esa misma oración, Jesús habló de haber existido siempre con su Padre. Y cuando Felipe le pidió a Jesús que les mostrase al Padre, Jesús dijo, “Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has llegado a conocerme, Felipe? Quien me ve a mí está viendo al Padre”(Jn 14,9) Entonces, la pregunta es: ¿Jesús estaba afirmando ser el Dios hebreo que creó el universo?

¿Jesús afirmó que Él era el Dios de Abraham y Moisés?: Jesús hizo afirmaciones audaces y desconcertantes para sus seguidores:“Abraham, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró”. Los Judíos le dijeron entonces : Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?” Jesús les respondió : En verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.” (Jn 8, 56-58). Al oír esto, los Judíos tomaron piedras para lapidar a Jesús porque Él se estaba declarando Dios. Como ellos no le aceptaban como Dios, le acusaron de blasfemar.

A Marta le dijo: “Yo SOY la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera” (Jn 11,25) Asimismo, Jesús decía cosas como, “Yo SOY la luz del mundo” (Jn 8,12), “Yo SOY el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino es por mi” (Jn 14,6).

¿Qué significan las palabras “Yo SOY”?: En las Sagradas Escrituras, cuando Moisés preguntó a Dios su nombre en la zarza ardiente, Dios respondió, “Yo SOY”(Ex 3,14). Dios estaba revelando a Moisés que Él es el único Dios, que trasciende al tiempo y siempre ha existido. Increíblemente, Jesús usaba las mismas palabras para describirse a sí mismo.

La pregunta es ¿por qué? Desde el tiempo de Moisés, ningún judío practicante se referiría nunca a sí  mismo ni a ningún otro hombre como “Yo Soy”. Por ello, la afirmación de “Yo SOY” por Jesús enfureció tanto a los líderes judíos que trataban de matarlo: “Porque tú, siendo hombre, te haces pasar por Dios” (Jn 10,33).

Al afirmar “Yo soy”, mas allá de todo tiempo, Jesús reivindica la divinidad según las exigencias de los filósofos, es decir, la eternidad o el presente eterno. Dios no tiene ni principio ni fin. Es aquel cuyo ser y existir no depende de ninguna persona. El es, al mismo tiempo el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de los Israelitas y el Dios de la creación.

CITAS

7 Clive Staples. Lewis, (29 Noviembre 1898 - 22 Noviembre 1963). Lewis fue bautizado en la iglesia anglicana, pero en la adolescencia, abandonó la fe porque no podía ver la religión como una tarea y un deber, y se convirtió en un ateo interesado por la mitología y el ocultismo. Recuperó la fe a los 30 años por influencia de Tolkien y otros amigos. Su corversión tuvo gran influencia en todos sus trabajos posteriores. Apologista,crítico literario, novelista, académico, locutor de radio y ensayista. Autor de  , entre otras obras y amigo de John Ronald Reuel Tolkien (J.R.R.Tolkien), el autor de El Señor de los Anillos.

8 Joseph Klausner nació en Rusia el 14 de Agosto de 1897, y falleció en Jerusalénel 27 de Octubre de 1958. Historiador, escritos, profesor y filósofo.

Afincado en Palestina en 1920, fue un líder del movimiento cultural judío, candidato a la Presidencia de Israel en 1949.

9 William James Durant (5 de Noviembre de 1885 – 7 de Noviembre de 1981)

10 Thomas Jefferson, 3er. Presidente de los EE.UU. Nació el 13 de Abril de1743, falleció el 4 de Julio de 1826. fue político, latifundista, jurista,filósofo, inventor y arquitecto.

161.4: LLAMANDO A TU PUERTA. ¿QUIÉN ES JESUCRISTO PARA LOS CRISTIANOS?

 

1.- ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?

Es la pregunta que hizo Jesús a sus discípulos: “Ellos contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los profetas. Y Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 13-16)

Jesús es la segunda persona de la santísima Trinidad: La Trinidad es el gran misterio del cristianismo. Como tal, es imposible que la mente humana pueda penetrarlo; sabemos su existencia porque Cristo así nos lo ha revelado: un solo Dios en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Hay varios pasajes en la Biblia en los que aparecen las tres divinas personas:

En la Encarnación, el Padre es el Altísimo, representado por la voz del ángel que anunció a María: “Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús” ; “será llamado Hijo del Altísimo (Lc 1,31-32); “el Espíritu Santo vendrá sobre tí” ( Lc 1, 35); la segunda persona de la Santísima Trinidad tomó forma humana en las entrañas de una doncella, “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14).

En el Bautismo de Jesús: El Padre dice al Hijo: “Tú eres mi Hijo, el amado, en quien tengo mis complacencias” (Lc 1,11) mientras que el Espíritu, en forma de paloma, descendía sobre Él.

En la Transfiguración: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle (Mt 17,5); el Espíritu Santo estás representado por la nube.

En la Ascensión: Justo antes de subir al Cielo, Jesús dio este mandato a los apóstoles: “Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 19). San Pablo se despide de los corintios con estas palabras: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2Cor 13, 13).

Jesús es el rostro visible de Dios: “A Dios nadie le ha visto jamás...Dios unigénito, que mora en el seno del Padre, le ha dado a conocer” (Jn 1,18); el Unigénito del Padre, conoce al Padre y se ha hecho hombre para darnos a conocer al Padre y descubrirnos sus misterios. Dios, en las tres divinas personas, es espíritu invisible; pero, encarnándose en el seno de la Virgen María, tomó forma humana y se hizo visible. La esperanza milenaria del pueblo de Israel contemplaba la llegada de un Rey-Mesías que restablecería la antigua grandeza del Reino de David. El designio de Dios no sólo atañe a Israel sino a toda la humanidad, que necesita ser rescatada y salvada. El nacimiento de Jesús, al menos en su apariencia externa, fue todo lo contrario al de un rey. Jesús nació en una cuadra, rodeado de animales y María, su Madre lo acostó en un pesebre. Este Niño que nace tan pobre y desvalido es el Hijo de Dios. Va a tener una niñez y una adolescencia semejante a la de los demás niños de Nazaret, el pueblo donde vivirá con María y José.

 Jesús es el Salvador de la humanidad: “En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre se nos ha dado bajo el cielo, por el que podamos ser salvos”(Hch 4, 12) Cristo, Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre. El designio salvífico de Dios respecto a toda la humanidad se ha realizado en Jesús y en su comunidad eclesial, sacramento de salvación en la historia. Cristo es la única fuente de salvación y por Él adquiere valor cualquier otro atisbo de salvación fuera del cristianismo. Cristo no es uno de tantos mediadores salvíficos, que únicamente lo son en cuanto participan de la mediación de Jesús; Él es el único y definitivo mediador, la fuente de toda otra mediación participada.

 Jesús es, además:                                                                                        * Señor y Mesías. “Tenga por cierto toda la casa de Israel que Dios le ha hecho Señor y Mesías a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado” (Hch 2, 36) Jesús es el único Mediador entre Dios y los hombres. “Porque uno es Dios, uno también el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para la redención de todos”(ITim 2, 5-6)

*Jesús es el reconciliador universal. “Plugo al Padre que en Él habitase toda la plenitud y por Él reconciliar consigo todas las cosas en Él” (Col 1, 19)

*Jesús es un hombre que “pasó por el mundo haciendo el bien y curando a todos los oprimidos” (Hch 10,38). “El Espíritu del Señor está sobre mí; me ungió para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos las recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos” (Lc 4,18-19)

*Jesús es el que, “a pesar de tener la forma de Dios… se anonadó, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres … se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,8)

*Jesús es el Mesías de los pobres... En la parábola de los invitados descorteses que noaceptaron ir al banquete, Jesús, por boca del anfitrión, dijo al criado: “Sal aprisa a las plazas y calles y a los pobres, tullidos, ciegos y cojos, tráelos al banquete” (Lc 14,21)

* Jesús fue exaltado por el Padre, quien “le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla, en el cielo , en la tierra y en los abismos” (Flp 2,9-10)

Toda la existencia cristiana consiste en “consagrar la vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Hch 15, 26) y el gozo supremo es “ser dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús” (Hch 5,41) y “morir por el nombre del Señor Jesús” (Hch 21,13)

2.- La redención de la humanidad

Viendo Dios que el “hombre“ había abandonado la senda del bien y había incurrido en toda clase de maldad, tuvo misericordia, se apiadó y envió a su Hijo para que redimiese a la humanidad caída y le enseñase el camino de la salvación.

Jesús tenía unos treinta años cuando empezó su predicación del Reino de Dios. Predicará durante tres años, al cabo de los cuales será sentenciado a muerte y crucificado. Será sepultado y resucitará al tercer día. Se aparecerá a sus discípulos y fundará su Iglesia poniendo a Pedro, el apóstol que había dicho que no le conocía, como su representante y cabeza de su Iglesia.

Para redimir al “hombre”, el Hijo de Dios pagó, muriendo en la cruz, la deuda que aquél tenía.

 El patíbulo de la cruz: Hasta la llegada del emperador Constantino que legalizó el Cristianismo el año 313, los antiguos romanos ejecutaban a los considerados enemigos del Imperio atándolos o clavándolos a una cruz de madera y dejándolos en la cruz hasta su muerte, que era lenta, horrible y pública (como elemento de disuasión). Al morir Jesús en la cruz, ésta dejó de ser para los cristianos un patíbulo ignominioso y pasó a ser instrumento de salvación.

 Dar a conocer el amor del Padre: Jesús es el Amor del Padre hecho persona humana. “Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3, 16)

Jesús no sólo predica el amor del Padre y da a conocer su designio de salvación de todos los “hombres” sino que Él mismo es el artífice del plan salvador del Padre.

 Enseñar a todas las gentes: Jesús es el Maestro por excelencia; la enseñanza es un aspecto esencial de su actividad: enseña en las sinagogas (Mt 4, 23; en el templo (Mt 21,23); con ocasión de las fiestas (Jn 8,20) y hasta diariamente (Mt 26,55).  Le llaman Rabbi (Maestro) (Jn 13,13). La gente, “atónita, se decía: ¿De dónde le viene a éste tal sabiduría” (Mt 13,54), porque enseñaba con una autoridad especial, porque su doctrina no es de Él, sino del que le ha enviado (Jn 7,16), “según me enseñó el Padre, así hablo” (Jn 8,28). Jesús quiere dar a conocer el mensaje auténtico de Dios e inducir a “los hombres” a aceptarlo. 

El Papa Pablo VI dijo que Jesús es:“El que está en el vértice de las aspiraciones humanas, Él es el término de nuestras esperanzas y oraciones, es un punto focal de los deseos de la historia y de la civilización; es decir, es el Mesías, el centro de la humanidad, el que da valor a las acciones humanas, que conforma la alegría y la plenitud de los deseos de todos los corazones, el verdadero hombre, el tipo de perfección, de belleza y de santidad puesto por Dios para personificar el verdadero modelo, el verdadero concepto de hombre, el hermano de todos, el amigo insustituible, el único digno de toda confianza y de todo amor, Él es el Cristo hombre. Y, al mismo tiempo, Jesús está en el centro de todo nuestra verdadera suerte, es la luz por la que la habitación del mundo toma proporciones, forma, belleza y sombra; es la palabra que todo lo define, todo lo explica, todo lo clarifica, todo lo redime; es el principio de nuestra vida espiritual y moral; dice lo que se debe hacer y da la fuerza, la gracia, para hacerlo; reverbera su imagen, más aún, su presencia, en cada alma que se hace espejo para acoger su rayo de verdad y de vida, de quien cree en Él y acoge su contacto sacramental; es el Cristo Dios; el Maestro, el Salvador”.(Alocución de Pablo VI)

El apóstol Pedro dijo ante el Sandrín: “Príncipes del pueblo y ancianos... sea manifiesto a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que, en nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros habéis crucificado, a quien Dios resucitó de entre los muertos, por Él, éste (11) se halla sano entre vosotros. Él es la piedra rechazada por vosotros los constructores, que ha venido a ser la piedra angular. En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido dado por el que podamos ser salvos” (Hch 4, 10-12)

3.- Jesús histórico - bíblico y Jesús eclesial.

El Jesús histórico presentado por el Nuevo Testamento y el Jesús presentado por la Iglesia en su  predicación, en la liturgia, en la catequesis y en todo el conjunto de la Tradición viva, ¿son el mismo? ¿Hay continuidad personal entre el Jesús histórico-bíblico y el Jesús eclesial? La predicación pascual de los Apóstoles se fundamenta y justifica en el Jesús histórico, cuyos puntos fundamentales son la encarnación, el nacimiento, la doctrina, la pasión, muerte y resurrección. Con honradez y rigor histórico no se puede poner en duda la identidad substancial entre el Jesús histórico-bíblico y el Jesús eclesial. Entre ambos hay una inalterable continuidad personal. Con razón, se habla del Cristo bíblico-eclesial.

4.- ¿Quién es Jesús para cada persona concreta?

Todo lo anterior encierra el designio amoroso de Dios para la salvación de todos los “hombres”. Dios espera la respuesta del “hombre”, y la respetará, sea la que sea.

11 Se trata del tullido que pedía limosna en la puerta del templo y que Pedro había curado, diciendo: “No tengo oro ni plata, lo que tengo, te doy: En nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda” (Hch 3, 6)

 

161.5: LLAMANDO A TU PUERTA. JESÚS Y LOS POBRES


1.- ¿Fue pobre Jesús?

Leemos en el evangelio de San Lucas que María dio a luz a su hijo “le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en el mesón” (Lc 2,7) La cuna donde fue acostado el Niño Jesús fue un pesebre de una cuadra (12)que es donde se pone el heno o la paja a los animales.                        Llama la atención la expresión: “porque no había sitio para ellos en el mesón”. Para ellos, no; para otros, sí. Para ellos, es decir, para María y José, no había sitio en el mesón porque eran gente sencilla y humilde que no tenían el dinero suficiente para pagar una estancia en el mesón. Si hubiesen llavado una bolsa con denarios, el mesonero les habría dado alojamiento, pero….¡Cada uno de nosotros es un mesonero que decide si, en su vida y en su corazón, hay lugar para Jesús!

“Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley de Moisés, llevaron el niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor. Ofrecieron también en sacrifi cio, como dice la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones” (Lc 2, 22-24). Ahora bien, esta ofrenda era la propia de las familias pobres, como sabemos por el Levítico 12, 6-8: “Mas si a ella no le alcanza para presentar una res menor, tome dos tórtolas o dos pichones...”.

San José era carpintero y ganaba lo suficiente para mantener la familia y poco más; era, por tanto, una familia de economía humilde. Aquí dejo el enlace a este artículo que escribí hace algunos años sobre el Nacimiento,

infancia y adolescencia de Jesús  VER

Jesús comenzó a predicar el Reino de Dios:  “A Dios nadie le vio jamás” (Jn 1,1) Jesús, por su condición de Dios-hombre, sí ha visto al Padre, nos lo ha dado a conocer. “Quien me ve a mí , ve al Padre” (Jn 14,9) El rostro de Dios que revela Jesús es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Tenía Jesús entre 27 y 30 años cuando empezó a predicar la llegada del Reino de Dios.                                                                                                         Abandonó su casa, su familia, su medio de vida y se convirtió en predicador itinerante, al que sigue la gente sencilla y algunas mujeres que proveen lo necesario para el sustento. El reino o reinado de Dios predicado por Jesús es la Buena Noticia, la salvación liberadora que ofrece a todos, pero que tiene a los pobres como destinatarios prioritarios. Jesús sabe que ha sido enviado a evangelizar a los pobres. Anunciarles la Buena Noticia será la parte central y esencial de su misión. Examinemos tres episodios evangélicos:

1º En la sinagoga de Nazaret, después de la lectura de Is 61, 1-2, Jesús declara cumplida en él mismo la profecía leída: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos, y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19)

2º Jesús declaró: “Bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de Dios” (6,20). Esta bienaventuranza no quiere decir: Pobres, aceptad vuestra pobreza que más tarde esa injusticia os será compensada en el reino de Dios. Cuando Jesús declara bienaventurados a los pobres es porque el reino de Dios ya ha comenzado, es decir, son bienaventurados porque la llegada del reino pondrá fin a su pobreza creando un mundo fraterno.

3º En el llamado juicio de las naciones (Mt 25, 31-46) se establece como criterio decisivo de salvación la relación solidaria con los más pobres. Sin duda, se está refiriendo a los pobres reales: los que tienen hambre o sed, los que están desnudos, los forasteros no acogidos... Y en ellos, a los crucificados de la historia, cualquiera que sea su situación subjetiva; en ellos se comprueba si el mensaje de Jesús se vive o no con coherencia.

Jesús se hizo pobre y compartió la vida de los pobres: En un mundo donde la pobreza y la marginación de muchos contrastaba con la riqueza y los privilegios de unos pocos, Jesús vivió el amor universal, sin excluir a nadie, pero mostró sus preferencias por los desheredados, se comprometió de forma decidida a favor de la causa de los pobres; les ofreció la salvación y se hizo pobre en solidaridad con ellos y por amor a ellos. Jesús no ama la pobreza injusta impuesta por el hombre, ama al pobre y comparte su vida para liberarle de susituación injusta.

 Las comidas de Jesús: Jesús se sentó a la mesa con publicanos y pecadores :”Estando Jesús sentado a la mesa en casa de Mateo, vivieron muchos publicanos y pecadores a sentarse con Jesús y sus discípulos ”(Mt 9,10) “Se acercaban a Él los publicanos y pecadores para oírle y los fariseos y escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y comE con ellos” (Lc 15,1) 

Jesús acoge a publicanos y pecadores, prostitutas y adulteros.  Jesús acoge, comprende y perdona, hasta defender a una mujer pública en contra de la opinión del fariseo Simón. En lugar de condenar, como implícitamente le pedían los judíos más puritanos, salva y rehabilita a la mujer adúltera. Pone también como modelo de oración la súplica contrita de un publicano. Y se aloja en casa de Zaqueo y come a su mesa; ese detalle puede parecer trivial a una mentalidad occidental, pero entre los  orientales era signo de la mayor amistad. Sentarse juntos en una mesa es participar igualitariamente del mismo banquete, integrar a los que estaban excluidos y marginados y poner en valor la acogida, la reciprocidad, el servicio, el compartir la vida, la fraternidad… Jesús derriba todas las barreras opuestas a compartir. 

El compromiso solidario con los pobres de este mundo hace posible el encuentro con Dios. Lo decisivo no está en saber que Jesús fue pobre y que su vida estuvo comprometida con los pobres y su causa. Lo decisivo es vivir en consecuencia con este saber, siguiéndole a Él, caminando tras sus huellas.

2.- ¿Quienes son los pobres?                                                                     Hay pobres-pobres y ricos-pobres. Me explico:  Los pobres-pobres son los hambrientos: Los desnudos, enfermos, emigrantes, perseguidos y marginados. Son personas a las que les falta algo, frecuentemente les falta mucho, incluso lo necesario; pero no les falta TODO, porque conservan la dignidad de hijos de Dios que nada ni nadie les puede quitar.               Como suele suceder en casi todas las épocas, la pobreza económica lleva aparejada la pobreza social; no sólo se carece de dinero, sino de amistades, de prestigio y de influencia. Ser pobre no es fruto del destino sino consecuencia de las malas decisiones tomadas en el pasado y del egoísmo cerrado de los que no quisieron  comprometerse. 

¡Cuántos pobres salieron de su pobreza porque, en el momento preciso, recibieron el apoyo y la ayuda compartida de los que vieron en ellos la imagen de Cristo pobre! 

Jesús se identifica con cada uno de ellos,  hasta el punto de decir: “lo que hagáis a estos mis hermanos, a mí me lo hacéis” (Mt 25,40) Jesús no sólo está de parte de los pobres-pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte; para Él no son números, sino hermanos y hermanas con los cuales comparte el sufrimiento y alivia su malestar y marginación, devolviéndoles la dignidad perdida y asegurándoles la necesaria inclusión social.   Se le acercó un leproso y de rodillas le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús, enternecido, extendió la mano, le tocó y dijo: Quiero, sé limpio.Y al instante desapareció la lepra” (Mc 1,40-42) Dijo a un paralítico: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Mc 2,11) Jesús no condenó a la mujer sorprendida en    adulterio. “Mujer, dónde están {los que te acusaban}? ¿Nadie te ha condenado? Nadie, Señor. Tampoco yo te condeno; vete y no peques más” (Jn 8, 10-11).

  Los ricos-pobres son los “ricos epulones”: Los que, para aumentar su propia riqueza material, contratan al “pobre lázaro” con contratos sucesivos de unos meses y con un sueldo miserable. Ricos-pobres son todos los ricos que, por amor al dinero, han endurecido su corazón hasta el punto de no querer ver y mucho menos remediar la miseria de los pobres-pobres.   Ricos-pobres son los, teniendo dinero, les falta TODO lo demás. Se marcharán de este mundo “con las manos vacías”, porque el dinero es un bien terrenal que no tiene pase de circulación a la eternidad.                                                                                                   Las riquezas materiales, en sí mismas consideradas, no son ni buenas ni malas. Todo depende del buen o mal uso que de ellas se haga; así, unos las usan para, por ejemplo, crear puestos de trabajo y dar de comer a muchas familias, y otros las emplean exclusivamente para aumentarlas más y más o para gastarlas en sus propios lujos y excentricidades, sin tener en consideración las necesidades de los demás.

Los pobres tienen mucho para compartir: Los pobres nos permiten redescubrir los rasgos más genuinos del rostro del Señor. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14) Jesús, Verbo encarnado, nos permite ver su rostro en cada pobre y en cada una de sus circunstancias. Es imperioso mirar a cada pobre con mirada trascendente que, ignorando las fronteras de lo natural, las traspase y detrás de la imagen visible de cada pobre, vislumbre la imagen de Cristo en esa misma   circunstancia de necesitado, enfermo, hambriento, etc.

¿Cómo te quedarías si vieses en la calle a Jesús sentado en el suelo y con el cartel PIDO PARA COMER? A Jesús no te lo vas a encontrar físicamente; pero, lo podrás contemplar si miras con los ojos de la fe al pobre sentado en la acera.

La pobreza de los “ricos” puede ser curada con la riqueza de los “pobres”.

La gran pobreza de los “ricos” es que no saben mirar con ojos de fe. Los pobres les ofrecen la oportunidad de curarse. Basta con que se encuentren y se conozcan.                                               ¿Quién es quién? ¿En qué es pobre o rico cada uno?¿Qué significa cada uno para el otro? Los pobres conocen mejor que nadie lo que es la miseria, el dolor, la intemperie, la soledad o la solidaridad. Son verdaderos cristos dolientes con un inmenso caudal de experiencias que, al compartirlas con los demás, pueden mejorarlos como personas.                                                   Los pobres enseñan la generosidad y el compartir; en las grandes catástrofes, son ellos los primeros que acuden para socorrer a los demás y los primeros que comparten lo poco   que tienen.

3.- Los pobres nos estimulan a cambiar                                               Los pobres gozan de la exclusiva de ser la cara visible de Cristo. Los creyentes estamos interpelados por Él para descubrirlo en los pobres y hacer con ellos lo que haríamos con Él. Jesús por boca de San Mateo nos dice: “Lo que hicísteis al más pequeño de estos mis hermanos, a Mí me lo hicísteis” (Mt 25,40) Podemos deducir que el Señor quiere que hagamos a nuestros hermanos pobres lo que haríamos con Él.                                          El Señor nos pide un cambio en nuestra relación con los pobres, un cambio que nos lleve a considerarlos y tratarlos como hermanos, a preocuparnos por su persona, sus carencias y necesidades; un cambio que nos lleve a interesarnos por sus sufrimientos, sus condiciones inhumanas en las que están obligados a vivir; un cambio que nos lleve a prestarles nuestra atención, acogida y ayuda; un cambio que nos lleve a empapanos de la sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.

Dar limosna y/o compartir: Es sabido que la obra de caridad presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad fraterna entre los dos.

Nuestros días están marcados por la pandemia del Covid-19 y sus secuelas de muerte, soledad, sufrimiento y ruína económica. Son muchas las familias afectadas en todos los países del mundo por estas secuelas. La fraternidad está pidiendo a todas las personas de buena voluntad, sean creyentes o no, un compromiso total con la opción por los pobres en todas y cada una de las diversas formas de pobreza.

Los pobres no son números abstractos que algunos Partidos políticos sólo recuerdan en tiempo de elecciones; son personas concretas con necesidades e ilusiones concretas que no pueden llevar a término por sus carencias económicas.                           Esta es una buena ocasión para reflexionar sobre “cuanto quisiéreis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos” (Mt 7,12)”.

Quiero terminar el capítulo con esta cita preciosa de san Juan Crisóstomo: “El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino solo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre solo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémoslo del hambre. […] El      hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los     náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia” (Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 5).

CITAS

(12) En las afueras de Belén, según la Tradición, había unas grutas que servían de cuadra para los animales.

161.6: ARRESTO, JUICIO, MUERTE Y SEPULTURA DE JESUS

1.- Arresto

Jesús lo había anunciado durante la última cena: “uno de vosotros me entregará” (Mt 26,21) Y así sucedió. Judas Iscariote se presentó a los sacerdotres y les dijo: “¿Qué me queréis dar y os lo entrego? Convinieron en treinta monedas de plata; desde entonces buscaba ocasión psara entregarlo” (Mt 26, 15-16) La ocasión llegó estando Jesús con los demás discipulos en el huerto de Getsemaní, “llegó Judas y con él una gran turba, armada de espadas y garrotes, enviada por los príncipes de los sacerdotes. Judas les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es; prendedle. Y, acercándose a Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó” (Mt 26, 47-49)  

  2.- Juicio

En casa del pontífice Caifás: Jesús fue arrestado y llevado a casa del pontífice Caifás, donde estaba reunido el Sanedrín: pontifice, escribas y ancianos. He aquí los tres pasos del interrogatorio:                                                                                              1º “Buscaban falsos testimonios contra Jesús para condenarle a muerte, pero no los hallaban” (Mt 26,59)                                       2º “Al final, se presentaron dos, que dijeron: Este ha dicho: Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días edificarlo” (Mt 26, 6o-61) . Jesús callaba.                                                                            3º “El pontífice le dijo: ¿Nada respondes? ¿Qué dices a lo que éstos testifican contra tí? Jesús callaba y el pontífice le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que me digas si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le dijo: Tú lo has dicho.. El pontífice rasgó sus vestiduras, diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oir la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron: Reo es de muerte” (Mt 26, 62-66)

 Ante Pilato: Al día siguiente, muy de mañana, se reunió de nuevo el Sanedrín para dar valor legal a lo actuado en la sesión de la noche. Y “atado Jesús, le llevaron y entregaron al gobernador Pilato” Mt 27, 2). He aquí la sucesión de los hechos:

Pilato les preguntó: “Qué acusación traéis contra este hombre? Dijeron: Si no fuera un malhechor, no te lo traeríamos. Díjoles Pilato: Tomadle y juzgadle según vuestra ley. Contestaron: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie” (Jn 18, 29-31) (13)

Pilato, llamando a Jesús, le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús: Tú lo has dicho” (Mt 27,11) Jesús no respondió a las acusaciones que le hacían los sacerdotes y ancianos.

Pilato estaba maravillado hasta tal punto que dijo a los judíos:”Yo no hallo en este hombre ningún delito”(Jn 18,38).

Intentó ponerle en libertad presentándole junto a un bandolero famoso llamado Barrabás, pero los judíos gritaron: “¡No, a ése no, sino a Barrabás!” (Jn 18, 40).

“Pilato mandó azotar a Jesús. Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura y, acercàndose a Él le decían: ¡Salve rey de los judíos! Y le daban bofetadas. Otra vez salió fuera Pilato y les dijo: Aquí os le traigo para que veáis que no hallo en él ningún   crimen….ellos gritaron: ¡Crucifícale, crucifícale! Pilato les dijo: Tomadlo vosotros y cricificadle, pues yo no hallo delito en Él. Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley y, según la ley, debe morir, porque se ha heccho Hijo de Dios” (Jn 19, 1-7).

“Pilato buscaba librarle; pero los judíos gritaron: Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César” (Jn 19,12).

“Pilato dijo los judíos: Ahí tenéis a vuestro rey. Pero ellos gritaron: ¡Quita, quita! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro rey he de crucificar? Contestaron: Nosotros no tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que le crucificasen” (Jn 19,14-16).  

Jesús fue atormentado cruelmente (¿por qué Pilato mandó azotar a Jesús sabiendo que era inocente?) y clavado en una cruz, en medio de dos bandidos. Los soldados romanos se   quedaron haciendo guardia.

Reflexión sobre el juicio contra Jesús: En el tiempo de la predicación de Jesús, los sacerdotes judíos le tendían trampas y buscaban la ocasión par matarle. Una vez apresado pasan a la acción y, habiéndole condenado previamente a muerte, montan un juicio lleno de irregulariddes; tanto es así que el mismo Pilato intentó, varias veces, ponerle en libertad, persuadido de su inocencia, que también proclamó varias veces. Al final, Jesús fue acusado de proclamarse el Mesías, rey de Israel, lo que desafiaba la autoridad romana y Pilato accedió para que no le acusasen a él de traicionar al César.

 ¡Algo inaudito! Escuchar a los representantes del pueblo judío: ¡No tenemos más rey que el César! La realidad es que estaban hartos del Imperio Romano y le combatían.

3.- Muerte

Pasaron unas seis horas, y a las tres de la tarde Jesús dijo: “Todo está consumado e inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19,30) La crucifixión, se cree que tuvo lugar el 7 de abril del año 30 la víspera de la Pascua judía, el día 14 del mes de Nisan. La Pascua de ese año 30 fue el 15 de Nisan, 8 de abril. Poncio Pilato fue prefecto - procurador de la Judea del año 26 al 36.                La Ley, en Deuteronomio 21,23, declara maldito el cadáver de los ajusticiados y debe quitarse del madero antes de ponerse el sol. Con mayor razón, esto debía hacerse si se trataba, como era el caso, de la víspera de la Pascua. Para acelerar la muerte de los ajusticiados, los judiós pidieron a Pilato que los rompiesen las piernas. Así lo hicieron los soldados con los dos ladrones; pero, “al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron     las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 33-34)

¿Estaba Jesús realmente muerto? Volvamos a las citas del capítulo 1º: Publio Cornelio Tácito: “Cristo, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato”.                                               La Guemara: “La vigilia de la fiesta de Pascua, Yeshu, el Nazareno, fue colgado”. Flavio Josefo: “Delatado por los principales de los judíos, Pilato lo condenó a la crucifixión”.     Incluso el escéptico John Dominic Crossan dice que Jesús vivió y murió. “Que Jesús fue crucificado es tan seguro como cualquier hecho histórico puede llegar a ser“.                                 No hay relatos históricos de cristianos, romanos, o judíos que discutan la muerte de Jesús o su sepultura. La fuerza de los HECHOS relatados conduce a la evidencia de que Jesús fue una persona real, que fue condenado, murió y fue sepultado.

4.- Sepultura

José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús, “lo envolvió en una sábana limpia, lo depositó en su propio sepulcro que había excavado en la roca y cerró la puerta con una piedra grande” (Mt 27, 59-60).                                                                                             Es un hombre rico (Mt 27,57), miembro del Sanedrín (Mc 15,43; Lc 23,50); discípulo de Jesús, pero, igual que Nicodemo, lo mantenía en secreto por temor a los judíos (Jn 19,38); esperaba el Reino de Dios y no había dado su consentimiento a la conna de Jesús (Lc 23,51).                                                                            Valiéndose de su cargo de miembro del Sanedrín, “se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús” (Lc 23,52); porque “era el día de la Parasceve y estaba el sábado para comenzar” (Lc 23,54). Pilato se maravilló de que ya hubiese muerto y llamó al centurión para cerciorarse y, una vez confirmado, entregó el cadáver de Jesús a Jose de Arimatea (Mc 15,44-45).                           Pero él solo no pudo bajar de la cruz el cuerpo de Jesús, ¿quién le ayudó? San Juan escribe: “Llegó Nicodemo, el que había venido a Él de noche al principio..... y tomaron el cuerpo de Jesús” (Jn 19,39-40). Entre los dos tomaron de la cruz el cuerpo de Jesús y lo pusieron “en un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido enterrado” (Jn 19, 41), San Mateo añade que José de Arimatea: “lo depositó en su propio sepulcro ... y corriendo    una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue” (Mt 27,60).

 Testigos presenciales de la sepultura de Jesús: Hay testigos presenciales de la sepultura de Jesús:                                                   Las mujeres: “María Magdalena y María la de José estaban sentadas frente al sepulcro (Mt 27,61) y “miraban dónde le ponían” (Mc 15,47).                                                                                   Los guardias del sepulcro: Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos pidieron a Pilato que pusiera guardia al sepulcro, Pilato accedió y “ellos fueron y pusieron guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra” (Mt 27,66) (14) “Los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen. Vinieron los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; pero llegando a Jesus, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con su lanza” (Jn 19, 31-34)        La lanza fue hundida en el costado de Jesús por el soldado romano para que el centurión pudiese certificar ante Pilato por qué no le habían roto las piernas como a los dos ladrones. Este testimonio de los guardias es de suma importancia pues los guardias del sepulcro de Jesús eran soldados romanos.           San Juan: Aunque oculta su nombre, San Juan escribió en el versículo siguiente de su evangelio: “El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis” (Jn 19,35)

5.- Estado anímico de los apóstoles y discípulos                                  Jesús había anunciado a los apóstoles lo que iba a suceder: “Os echarán de la sinagoga; pues llega la hora en la que el que os quite la vida pensará que presta un servicio a Dios” (Jn 16,2) “Llegada la hora, os dispersaréis cada uno por su lado y me dejaréis solo” (Jn 16,32).                                                                       Después de la última cena, mientras caminaban hacia el Monte de los Olivos, “Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” (Mt 26,31). Yasí sucedió: Después del arresto de Jesús “todos los discípulos le abandonaron y huyeron” (M26,56)                                                                       Sabemos que Pedro se mezcló con la gente, pero fue reconocido y negó, por tres veces, conocer a Jesús (Mt 26,69ss). También sabemos que Juan estuvo al pie de la cruz mientras agonizaba Jesús (Jn 19, 26-27) De los demás apóstoles y discípulos no tenemos noticias, es de suponer que, ocultos entre la gente, siguieron los acontecimientos.                             Para los apóstoles de Jesús es el momento de mayor amargura, dolor y desilusión. Ya han perdido la confianza en que Jesús había sido enviado por Dios. 

¡Todo ha terminado!

“Ellos esperaban que Jesús rescataría a Israel” (Lc 24, 21)15, y ya han pasado tres días desde que Jesús murió y fue sepultado. Los dirigentes judíos han logrado su objetivo. La muerte del Maestro ha hecho perder la esperanza a los discípulos. Además, los príncipes de los sacerdotes y los escribas les acusan de haber robado el cuerpo de Jesús. Desilusionados, cabizbajos y perdida toda esperanza, se reúnen, “cerradas las puertas por    miedo a los judíos” (Jn 20,19). Algunos, vuelven a su aldea (Lc 24,21); otros, reanudan su faena de pescadores (Jn 21,1ss)

CITAS

13 Roma había reservado a su representante el derecho de imponer la pena de muerte. Sin su aprobación el fallo del Sanedrín judío no tendría valor jurídico.

14 El sepulcro de Jesús no era una hoya, sino una cámara excavada en la roca con unos poyos en el interior sobre los que se depositó el cadaver fajado. La puerta se cerraba y abría con una losa gruesa que se hacía rodar a un lado.

161.7.- LLAMANDO A TU PUEETA. EL SUCESO MÁS IMPORTANTE DE LA HISTORIA


LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (16)

 1.- Los hechos según los Evangeliosen 9 puntos  

1.- “ALGO” sucedió y “los guardias temblaron de miedo y quedaron como muertos ((Mt 28,4). Después, algunos de los guardias comunicaron a los príncipes de los sacerdotes lo sucedido, éstos les dieron bastante dinero y les dijeron: “Decid que vinieron los discípulos de noche y robaron el cuerpo mientras dormíamos” (Mt 28,13).

2.- Las mujeres(17), al salir el sol en el primer día de la semana (ahora diríamos Domingo de Pascua), fueron al sepulcro de Jesús y se encontraron con “un joven” que los dijo: Jesús no está aquí. Y añadió: “HA RESUCITADO”. Id y decid a sus discípulos que Jesús ha resucitado de entre los muertos y que os precederá a Galilea, allí le veréis” (Mt 28, 6-7)

3.- Las mujeres “partieron, llenas de temor y de gran gozo, corriendo a comunicarlo a los discípulos”(Mt 28,8)

4.- Jesús les salió al encuentro, les saludó y les dijo: No temáis; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán (Mt 28,8-10)

5.- Las mujeres “se lo dijeron a los apóstoles, pero a ellos les parecieron desatinos y no las creyeron” (Lc 24,11)

6.- No obstante, Pedro y el otro discípulo fueron al sepulcro y vieron las fajas y el sudario y creyeron; después, se volvieron a casa (Jn 20, 2-10), “admirados de lo ocurrido” (Lc 24,12)

7.- Tienen lugar las cuatro primeras apariciones de Jesús Resucitado.

8.- “Los once discípulos se fueron a Galilea” (Mt 28,16)

9.- Suceden las últimas apariciones de Jesús Resucitado.

2.-Evidencias de la resurrección de Jesús

La resurrección de Jesús, ¿podría haber sido simplemente un mito que creció con el tiempo o se basa en evidencias sólidas?  Si es cierto que Jesús resucitó de entre los muertos, el hecho certifica la veracidad de su persona, de su mensaje y de su propio destino después de la muerte. Si es mentira que Jesús resucitó de entre los muertos, entonces, como dice San Pablo, vana es nuestra fe y el cristianismo se basa en un engaño. 

Las evidencias circunstanciales reseñadas en los evangelios están basadas en la veracidad de los testigos y en la credibilidad de sus relatos.

El comportamiento de los guardias que custodiaban el sepulcro:

“ALGO” sucedió y “los guardias temblaron de miedo y quedaron como muertos” (Mt 28,4). Cuando los guardias que custodiaban el sepulcro volvieron en sí y vieron la tumba vacía“fueron algunos a la ciudad y comunicaron todo lo sucedido a los príncipes de los sacerdotes” (Mt 28,11).                                           Los dirigentes judíos se sorprendieron con el relato de los guardias y. en vez de aceptar la realidad, inventaron una mentira, fruto de su incredulidasd y corrupción.

“Reunido el Sanedrín, tomó bastante dinero y se lo dio a los soldados, diciéndoles: Decid que, mientras dormíamos, vinieron los discípulos de noche y robaron el cuerpo” (Mt 28,12-13)       Nos podemos preguntar:

A).- ¿Qué sucedió para que los guardias romanos que eran unos profesionales de la guerra, temblasen de miedo hasta perder el sentido? Sin duda, fue algo que no pudieron entender por caer fuera de su capacidad de comprensión.

B).- ¿Por qué los miembros del Sanedrín actuaron de esa forma? Se dejaron llevar por su mala fe, su aturdimiento y su precipitación, cayendo en la mentira y la corrupción.                    La tumba estaba vacía, era evidente que el cuerpo de Jesús había desaparecido. Según los dirigentes judíos eran los discípulos de Jesús los que habían robado su cuerpo. Esta  hipótesis fue reforzada con el hecho palpable de que los discípulos de Jesús se habían escondido. Nadie se puede creer que los guardias, no uno sino todos, se habían dormido y facilitado la ocasión para que alguien robara el cuerpo de Jesús. 

Además, si hubiesen estado dormidos, ¿cómo habrían visto que los discípulos robaban el cuerpo de Jesús? Los guardias eran profesionales y respondían con su vida ante sus superiores. Ejemplo de esto lo tenemos en el año 44 d.C. cuando el rey Herodes Agripa, enfurecido porque el apóstol Pedro había desaparecido de la cárcel, “sometió a juicio a los guardias y los mandó ejecutar” (Hch 12, 19).

Además, los guardias custodiaban un sepulcro “que estaba sellado” (Mt 27,66). ¿Quién pudo rompre el sello en presencia de los guardias y exponiéndose a la pena capital?

Es más, en el supuesto de que los discípulos de Jesús hubiesen robado el cuerpo, en algún sitio lo habrían ocultado. Los poderosos miembros del Sanedrín tenían los medios necesarios para encontrarlo, ¿por qué no lo hicieron? Al no hacerlo, desaprovecharon la ocasión más propicia para desenmascarar definitivamente a Jesús; les habría bastado con encontrar su cadáver y presentarlo en público para echar por tierra la resurrección y todos, ante la evidencia del cadáver, les habrían creído. 

Prefirieron inventar una mentira antes que rendirse a la evidencia. Los miembros del Sanedrín cayeron en corrupción, porque compraron con dinero el silencio de los soldados. Con dinero pretendieron tapar el HECHO que más temían.

2.- La tumba estaba vacía

Además de los guardias hay otros testigos que vieron la tumba vacía. Como veremos más abajo, la vieron María Magdalena, María de Santiago y Salomé; también Pedro y Juan vieron que la tumba estaba vacía (Jn 20,3-8). Tenemos, por tanto, testimonios de los guardias, de las mujeres, de Pedro y de Juan sobre estos dos HECHOS:                                                                         1) que la piedra de la puerta estaba corrida,                                         2) que la tumba estaba vacía.

3.- Las apariciones de Jesús                                                                       Si una persona ha fallecido, su cadáver ha sido sepultado y después aparece viva, es evidente que ha resucitado.

Apariciones en Judea: Los Evangelios indican hasta cinco apariciones en Judea de Jesús Resucitado.                                     1ª.- “El primer día de la semana, en cuanto salió el sol María Magdalena, María de Santiago y Salomé fueron al sepulcro de Jesús. Se decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada?. Y mirando, vieron que la piedra estaba removida” (Mc 16, 2-4). Jesús se hizo el encontradizo con las mujeres cuando éstas volvían del sepulcro. San Mateo dice: “Jesús les salió al encuentro, les saludó y les dijo: No temáis; id y decid a mis  hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán” (Mt 28,8-10). San Marcos cita esta aparición en 16, 9-11. San Lucas no la nombra y San Juan en 20, 11-18, pone a María Magdalena como protagonista de esta aparición, lo que no descarta que fuera acompañada.

2ª.- Las mujeres “contaron a los apóstoles lo sucedido, pero a ellos les parecieron desatinos y no los creyeron. Pero Pedro se levantó y corrió al momumento” (Lc 24,10-12) Es el momento en el que Jesús se aparece a Pedro, según contaron los demás apóstales a los discípulos de Emaús: “El Señor en verdad ha resucitado y se ha aparecido a Simón”(Lc 24,34). San Pablo corrobora esta aparición: “Jesús resucitó al tercer día y se aparició a Cefas, luego a los doce (1 Cor 15,5)

3ª.- Día de Pascua por la tarde. Jesús se apareció a dos discípulos que iban camino de Emaús. (Lc 24, 13-35)

4ª.- Día de Pascua por la tarde. Es la primera aparición a diez apóstoles mientras estaban sentados a la mesa. San Mateo no cita esta aparición. San Marcos dice que Jesús “les reprendió su incredulidad y dureza de corazón. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16, 14-15). San Lucas en 24,36ss añade dos detalles, les enseñó sus manos y sus pies (con las llagas de los clavos) y comió con ellos. San Juan en 20,19-25, dice que Jesús les mostró las manos y el costado y les envió a predicar. Es el único evangelista que refiere el detalle de que Tomás no estaba presente y, cuando se lo contaron, no los creyó.

5ª.- Tiene lugar ocho días más tarde. Esta vez está Tomás y Jesús le dijo: “Alarga acá tu dedo y mira mis manos, tiende tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo sino fiel. Respondió Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 26-28). Después de esto, “los once discípulos se fueron a Galilea” (Mt 28.16)

Aparición en Galilea: Citada por San Mateo (28,16-17), “Viéndole, se postraron, aunque algunos vacilaron”. San Juan da todos los detalles de esta importantísima aparición: Sucedió “junto al mar de Tiberiades” (Jn 21,1), mientras los discípulos estaban pescando. “Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos” (Jn 21,1,14)

Nueva aparición en Jerusalén: Es la aparición de la Ascensión. San Mateo y San Juan no la citan. San Marcos dice: “El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fue elevado a los cielos ” (Mc 16,19) San Lucas la describe en su evangelio: “Los llevó cerca de Betania, los bendijo y, mientras los bendecía, fue elevado al cielo” (Lc 24,50-51). Y la vuelve a describir en los Hechos de los Apóstoles: “Comiendo con ellos, les mandó no apartarse de Jerusalén...ellos le preguntaron: Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel? Él les dijo: No os toca a vosotros conocer el tiempo y el momento fijado por el Padre; recibiréis el Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el extremo de la tierra. Diciendo esto, fue arrebatado de su vista y una nube del cielo le sustrajo a sus ojos” (Hch 1,4-9) Después se volvieron a Jerusalén y “todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús” (Hch 1,14)

Otras apariciones: Comentando San Pablo la resurrección de Jesús, dice: “Os he transmitido lo que yo mismo he recibido que Cristo murió...que fue sepultado, que resucitó al tercer día, que se apareció a Cefas y a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos, de los cuales muchos viven todavía... y después de todos se me apareció también a mí” (ICor 15,3-8)

4.- El comportamiento posterior de los Apóstoles

En el capítulo 4º hemos visto el estado anímico de los Apóstoles y discípulos tras la muerte y sepultura de Jesús. Creían que Jesús iba a restaurar el reino de Israel; pero con Jesús muerto y sepultado

¡¡TODO HABÍA TERMINADO!!

Se puede decir que, en ese momento de la historia, el movimiento creado por Jesús ha muerto con Él en la cruz y sus seguidores están en desbandada temiendo por sus vidas. La muerte y sepultura de Jesús han quedado atrás; ya han pasado cincuenta días, pero los apóstoles siguen con miedo, confundidos e inseguros, a pesar de las múltiples apariciones de Jesús, y se han reunido en un lugar buscando la propia seguridad en la oración y mutua compañía. Con los apóstoles están María, la Madre de Jesús y algunass mujeres.

1.- El día de Pentecostés

Pentecostés era una fiesta judía que se celebraba siete semanas después de la Pascua. En esta ocasión sucedió que “estando todos los apóstoles juntos... aparecieron unas lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les otorgaba expresarse. Residían en Jerusalén judíos varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo y, habiéndose corrido la voz, se juntó una muchedumbre, que se quedó confusa al oirles hablar cada uno en su propia lengua” (Hch 2, 1-6) Todos los reunidos fueron bautizados por el Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diversas lenguas. Desapareció el miedo y empezaron a predicar la Buena Noticia.

 ¿Qué significó para los Apóstoles la recepción del Espíritu Santo?: Los Apóstoles “sabían” muchas cosas sobre Jesús, su persona y sus enseñanzas, no en vano habían convivido con Él durante tres años: pero, en sus mentes, todo era como un puzle en el que no encajan las piezas.

Los dos discípulos que caminan hacia el pueblo de Emaús lo dicen con tada claridad: “Nosotros esperábamos que sería Él quien rescataría a Israel” (Lc 24,21) No les encajaban las piezas, porque esperaban un rey temporal que devolviera a Israel su antiguo esplendor; pero Jesús no puede ser ese rey porque está muerto. Han sido testigos de la resurrección de Jesús, le han reconocido, le han visto varias veces, hasta han comido con Él. Sí, ahora saben que Jesús está vivo, pero… las piezas siguen sin encajar. Los Apóstoles ahora “saben” más cosas de Jesús, pero todavía “caminan en tinieblas y no saben por dónde van” (Jn 12,35), por eso, “todos perseveran unánimes en la oración, con María, la Madre de Jesús” (Hch 1,14)

El desconcierto de los Apóstoles me recuerda una escena familiar: Está toda la familia cenando, el salón está bien iluminado, todo está en orden, niños, jóvenes y mayores disfrutan del menú y de la conversación,  pero….en un momento dado, se va la luz y todo queda a obscuras. ¡Qué fácilmente el nerviosismo se apodera de todos! Unos se levantan para buscar una vela y tropiezan con todo, otros en la mesa, buscan las cosas a tientas, y derraman los vasos. En fin, un desastre. Todo termina cuando vuelve la luz eléctrica. Esta escena familiar ayuda a entender la conducta de los Apóstoles que “caminaban en tinieblas y no sabían por dónde iban” porque les faltaba la Luz que iluminase sus mentes; sin esa Luz no podían encajar las piezas.                                                 Pidieron la Luz reunidos en oración, y recibieron la Luz, en Pentecostés.

Con la llegada del Espíritu Santo, sus mentes se abrieron y entendieron, sus corazones palpitaron, el puzle encajó en todas sus piezas y, como fruto de la apertura, desapareció el miedo a los judíos, desapareció la ignorancia, y empezaron a “hablar en lenguas extrañas, según el Espiritu les otorgaba expresarse” (Hch 2,4). Los Apóstoles empezaron a predicar y “Pedro con los Once, en alta voz, les habló: Judíos y todos los habitantes de   Jerusalén, apercibíos y prestad oídos a mis palabras” (Hch 2, 14) «A Jesús de Nazaret lo ha resucitado Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.                                                                   ¡Qué importante es abrir la mente y el corazón al Espíritu Santo!

2.- ¿Cómo se puede explicar un cambio tan repentino y profundo?                                                                                                      Si descartamos los tres hechos referidos - resurreccion, apariciones y bautismo en el Espíritu Santo - no hay explicación posible. Nadie ha podido explicarlo, ¿por qué once apóstoles, acobardados, miedosos y desesperanzados, estarían dispuestos a sufrir torturas y la misma muerte por una mentira que ellos mismos habrían inventado?                                                                  Los hombres están dispuestos a morir por lo que creen que es verdad, aunque en realidad sea falso; pero jamás están dispuestos a morir por una mentira inventada por ellos.    Forzoso es concluir que el cambio se debió a los tres acontecimientos citados.                                                                         La veracidad del testimonio de los Apóstoles de la resurrección de Jesús adquiere una enorme fuerza al contemplar sus vidas y sus muertes. Todos los Apóstoles dedicaron su vida a la predicación de las enseñanzas de Jesús y, con la excepción de San Juan que murió de muerte natural, todos los demás, incluído San Pablo, sufrieron el martirio al ser crucificados o decapitados. Entregaron sus vidas como testimonio de la verdad que predicaban. 

¡Nadie da la vida por una mentira inventada por él!

5.- ¿Cómo murieron los Apóstoles?

PEDRO: Crucificado boca abajo en una cruz invertida.

ANDRÉS : Crucificado en una cruz en forma de aspa.

JUAN: De muerte natural.

SANTIGO EL MAYOR: Decapitado.

MATEO: Apuñalado y decapitado.

BARTOLOMÉ: Decapitado.

SANTIAGO EL MENOR: Lapidado o crucificado.

FELIPE: Hay dudas entre ahorcado o crucificado.

SIMÓN CANANEO: Aserrado vivo. 

JUDAS TADEO: Decapitado

TOMÁS: Martirio, sin especificar.

(Más detalles en el capítulo sigiente).

6.- ¿Cómo se puede explicar la difusión del Cristianismo?

En una de sus apariciones Jesús dijo a sus discípulos: “Id, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obsevar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 19-20). Este encargo del Señor ha sido practicado en todos los tiempos desde los primeros momentos de la Iglesia; Él está siempe presente en su Iglesia, animándola con la luz del Espíritu Santo. Esta es la razón fundamental de la expansión del Cristianismo.

1.- Otras razones que podemos denominar coyunturales:

1ª.- Durante los primeros siglos del Cristianismo fueron muy numerosos los creyentes en Jesús que dieron su vida en testimonio de su fe; sin odio ni rencor, sino perdonando a sus verdugos. Su testimonio hizo que la semilla de la fe creciese y abundase, tanto entre los judíos como entre los gentiles. El teólogo y Padre de la Iglesia, Tertuliano (c.160 - c.220 d.C.) lo expresó, con suma claridad, cuando dijo: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

2ª.- La diáspora de los judíos favoreció la expansión del Cristianismo; los Apóstoles, en sus viajes, predicaban siempre en las sinagogas y muchos se convertían.

3ª.- La llegada al poder del emperador Constantino (306-337) allanó el camino para un rápido crecimiento. El año 313 promulgó el Edicto de Milán por el que se establecía, en todo el Imperio romano, la libertad de religión y se ponía fin a las persecuciones, que habían sido tan numerosas con los emperadores precedentes. La aplicación del Edicto multiplicó los lugares de reunión y de culto. 

El Edicto de Milán tuvo un antecedente en el Edicto de Tolerancia de Nicomedia, promulgado el año 311 por el emperador Galerio (305-311), para las provincias del Danubio y los Balcanes. Este fue el primer reconocimiento histórico-legal del Cristianismo que pasó a ser una religión permitida.

3.- El pensamiento de tres ateos

Frank Morrison, ateo y escritor del siglo XX, investigó cada detalle bíblico sobre la muerte y resurrección de Jesús y llegó a esta conclusión: “Estoy convencido de que ningún grupo de hombres o de mujeres podían predicar en Jerusalén con regularidad una doctrina que involucraba a la tumba vacía si realmente no estaba vacía. Los hechos eran recientes… y no podrían haber conseguido el silencio ni la impresionante unanimidad sobre la resurrección. Solo la verdad misma, en toda su simplicidad podría lograr esto” (18)

Beltrand Russell escribió. «Creo que cuando muera me pudriré, y nada de mi propio ego sobrevivirá«. (19) Russell obviamente no creía en las palabras de Jesús.

R. C. Sproul lo expresa así: “El reclamo de la resurrección es vital para el cristianismo. Si Cristo ha sido resucitado de entre los muertos por Dios, entonces Él tiene las credenciales y la certificación que ningún otro líder religioso posee. Buda está muerto, Mohamed está muerto. Moisés está muerto, Confucio está muerto. Pero, según el cristianismo, Cristo está vivo” (20).

COMENTARIO: Hasta aquí he seguido el relato que hacen los cuatro evangelistas, a los que se les debe dar, por lo menos, la misma credibilidad que se otorga a cualquier autor no creyente de su época.

El Judaísmo y el Islam aceptan la existencia de la resurrección. Para el Cristianismo, la Resurrección de Jesús es el pilar de su fe, como escribe San Pablo: «Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación, vacía es también nuestra fe» (1 Cor 15, 14)

El “ALGO” que dejé en suspense al principio del capítulo es exactamente

¡¡LA RESURRECCIÓN DE JESÚS!!


CITAS

16 Resurrección, [del sustantivo latino resurrectĭo,; derivado del verbo resurgo (resurrexi, resurrectum): levantarse, alzarse, resurgir, renacer] hace referencia a la acción de resucitar, de dar nuevo ser o nueva vida. Es la creencia que sostiene que una persona puede recobrar la vida después de la muerte.

(17) No coinciden los evangelistas en la enumeración de las mujeres que fueron al sepulcro; los cuatro citan a María Magdalena. San Mateo dice “María Magdalena con la otra María”; San Marcos: María Magdalena y María la de Santiago y Salomé; San Lucas: María Magdalena, Juana y María de Santiago y las demás que estaban con ellas; San Juan sólo menciona a María Magdalena. Lo lógico es pensar que fueron un grupo de mujeres y que cada evangelista destaca a una o a varias.        

18 Frank Morrison, Who Moved the Stone. Zondervan Publ. 2002, p. 176

19 Paul Edwards, “Great Minds: Bertrand Russell,” Free Inquiry, December 2004/January 2005, 46.

20 R. C. Sproul, Reason to Believe (Grand Rapids, MI: Lamplighter, 1982), 44.