EL TRIGO Y LA CIZAÑA
COSAS SOBRE MI IGLESIA CATOLICA
viernes, 1 de mayo de 2026
6 EL TRIGO Y LA CIZAÑA
7. YO TAMPOCO TE CONDENO
YO TAMPOCO TE CONDENO
Jesús estaba en el templo enseñando a la gente que le rodeaba. Y sucedió que
«los fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la Ley nos ordena Moisés apedrear a éstas; tú, ¿qué dices? Esto lo decían tentándole1, para tener de qué acusarle. Jesús, inclinándose, escribía en la tierra con el dedo. Como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, que le arroje la primera piedra. E inclinándose de nuevo seguía escribiendo. Ellos se fueron marchando uno a uno, comenzando por los más ancianos y quedó Jesús solo y la mujer en medio.
Incorporándose Jesús le dijo:
- Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?
- Nadie, Señor.
- Yo tampoco te condeno; vete y no peques más» (Jn 8, 3-11)
Comentario
Este es uno de los varios lazos con los que los fariseos intentaron hacer caer a Jesús en contradicción.
San Mateo recoge en su evangelio otros lazos de los fariseos a Jesús. He aquí dos:
1º «¿Es lícito pagar tributo al César o no? » (Mateo 22, 15-22).
2º La mujer que, por aplicación de la Ley del levirato estuvo casada con siete hermanos: «En la resurrección, ¿de cuál de los siete será la esposa, porque los siete la tuvieron como tal? Jesús les respondió: En la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como ángeles del cielo» (Mateo 22, 23-30)
ENSEÑANZAS
1ª enseñanza: La doble moral de los fariseos
«Jesús habló a la muchedumbre y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced y guardad lo que os digan, pero no les imitéis en sus obras porque ellos dicen y no hacen» (Mateo 23, 1-3)
Los fariseos aconsejaban en sus predicaciones cosas que ellos no hacían. Predicaban la verdad con sus palabras; pero, al no refrendarlas con sus obras, quedaban al descubierto porque las obras ponen de manifiesto lo que es cada persona.
Me pregunto si yo también soy un fariseo y practico la doble moral. ¿Hago lo que aconsejo? ¿Me exijo a mí mismo lo que exijo a los demás?
2ª enseñanza: «Yo tampoco te condeno».
Jesús se inclinó y escribió en el suelo. No sabemos lo que escribió; es posible que fuera algo referente a la vida de los acusadores, porque éstos, al leerlo, se fueron marchando, uno tras otro, abochornados al verse descubiertos.
Jesús dijo a la mujer: «¿Dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Nadie, Señor, contestó ella».
La mujer reconoce su pecado y con ello abre la puerta al perdón de Jesús que le dijo: «Yo tampoco te condeno».
Jesús no condena, sino que obra encoherencia con lo que había dicho en otra ocasión:«no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia» (Lucas 5,32).
Jesús ha venido al mundo a salvar al que acepte ser salvado. Jesús no condena a nadie; eso será al fin del mundo, cuando juzgará y dará a cada uno según sus obras. En la vida presente, Jesús llama constantemente a la puerta del corazón humano y espera pacientemente a que le abramos.
3ª enseñanza: «Vete y no peques más».
Han quedado solos Jesús y la mujer que había corrido el gran peligro de ser apedreada por los fariseos hasta su muerte .
Ella está arrepentida de su adulterio y temerosa ante lo que pueda hacer Jesús. Él no la condena sino que, viendo su arrepentimiento, la perdona y consuela, diciendo: «Vete y no peques más».
El Señor conoce las debilidades humanas. Son muchas nuestras flaquezas; a pesar de nuestros buenos propósitos, una y otra vez volvemos a caer.
¿Qué hizo después la mujer? Nada sabemos. Seguramente sería en adelante una pecadora arrepentida que amó mucho al Señor.
Ese es nuesro camino
8 CONFIA Y ESPERA
CONFIA Y ESPERA
miércoles, 29 de abril de 2026
9 LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO
“Un hombre tenía dos hijos, y dijo el más joven al padre: Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde. Les dividió la hacienda y, pasados pocos días, el más joven, reuniéndolo todo, partió a tierras lejanas y allí disipó toda su hacienda viviendo disolutamente.
10. O.A.M.D.G.
O.A.M.D.G.