lunes, 18 de mayo de 2026

CAP.17º. LLAMANDO A TU PUERTA. TÚ DECIDES


 El “hombre” es el único ser que es dueño de sus decisiones

El “hombre”puede elegir y tomar sus decisiones personales porque dispone de los medios naturales necesarios y suficientes para ello.Leemos en el libro del Eclesiástico que Dios quiso dejar al “hombre en manos de su propia decisión” (Eclo 15,14), es decir, le dotó de liberta A veces, se verá coaccionado y hasta forzado a obrar en contra de su voluntad, aunque, en su interior permanezca firme la decisión adoptada, porque goza de inteligencia y de voluntad y en su corazón lleva impresa la Ley Natural que le indica lo que es bueno y lo que es malo.               ¿De dónde proviene esta percepción de la diferencia entre el bien y el mal? En realidad estamos programados por Dios con una ley moral interna. En todos los continentes y países, razas y pueblos, religiones y credos, han existido y existen personas buenas porque sus obras son buenas y personas malas porque sus obras son malas.                                                                      Hablando de árboles frutales, leemos en el evangelio de San Mateo que “por sus frutos los conoceréis; todo árbol bueno da frutos buenos y todo árbol malo da frutos malos” (Mt 7,16-17)       Trasladado esto a los “hombres”, diríamos que el fruto del ser humano son sus obras y tal como sean éstas, el “hombre” es bueno o malo. Es el fruto, dulce o amargo, de la libre condición humana.

El bien y el mal no son patrimonio de nadie; todos los seres humanos, en cualquier momento y  lugar, podemos ser autores de acciones que implican el bien o el mal, hacia nosotros mismos, hacia nuestros semejantes, hacia la Naturaleza o hacia Dios. Las obras buenas agradan a Dios y le desagradan las malas, y es indiferente que sus autores sean creyentes o no. Creyentes y no creyentes disponemos de la Ley Natural inscrita en nuestros corazones; por ella sabemos lo que está bien y lo que está mal y podemos elegir. Los creyentes, además de la Ley Natural, tenemos la Ley religiosa positiva, que ilumina, aclara y concreta a la natural. En este sentido somos unos privilegiados; no por nuestros méritos sino porque hemos recibido de Dios el don gratuito de la fe.

Dios es Padre de todos los “hombres” y a todos ofrece sus dones; pero, en uso de su libertad, el “hombre” ignora, rechaza o acepta el don de Dios. La libertad no es un valor absoluto del “hombre”; es un grave error usarla para hacer el mal. Toda elección tendrá sus propias consecuencias.

 El “hombre” tiene derecho a la libertad religiosa: En virtud de este derecho, fundado en la dignidad de la persona humana, “nadie puede ser coaccionado en materia religiosa por personas particulares, grupos sociales o poderes públicos; a nadie se le puede obligar a obrar en contra de su conciencia, ni impedir que actúe conforme a ella, en privado y en público” (88)

 El “hombre” tiene la obligación moral de buscar la verdad: Conforme a su dignidad de persona dotada de inteligencia y voluntad libre, tiene la obligación moral de buscar la verdad en general y, en particular, la verdad religiosa, adherirse a la verdad conocida y ordenar su vida según las exigencias de la verdad.”Por tanto, cada cual tiene la obligación, y por consiguiente tambiénm el derecho, de buscar la verdad en materia religiosa, a fin de que, utilizando los medios adecuados, llegue a formarse rectos y verdaderos juicios de conciencia.      La búsqueda de la verdad debe hacerse… mediante la libre investigación, sirviéndose del magisterio o de la educación, de la comunicación y del diálogo, mediante los cuales unos exponen a otros la verdad que han encontrado o creen haber encontrado para así ayudarse mutuamente en la investigación de la verdad, y una vez conocida ésta, hay que adherirse a ella firmemente son asentimiento personal” (89)

El “hombre” decide su camino respecto a Dios: Tiene tres alternativas: ignorarlo, rechazarlo o aceptarlo.

 IGNORAR A DIOS

La vida de muchas personas discurre ignorando a Dios. ¿Qué es ignorar a Dios? Es “pasar de Dios”, “no hacer caso de Dios”. Hay quien ignora a Dios no por una decisión propia, sino porque, habiéndose criado en un ambiente donde nunca oyó el nombre de Dios, le resulta desconocido.                                       Este punto de vista se desvacece al paso del tiempo; ya no vivimos en una sociedad pétrea y anquilosada, los medios de comunicación nos ponen al día de todos los acontecimientos,¡y también hablan de Dios!                                                                   Nadie puede ignorar a Dios y vivir como si Dios no existiese, excusándose en “eso de Dios, de la Iglesia, de la religión son cosa de los curas”. Ahora gozamos de muchos medios para aclarar y comprobar qué es eso del hecho religioso.                Otros alegan la escusa de no tener tiempo para esas cosas, entendiendo por esas cosas a Dios y todo lo que a Él se refiere. Viven a un ritmo tan vertiginoso que no les queda tiempo para dedicarlo a Dios; le ignoran, ocupados, en exclusiva, en sus propios negocios e intereses, en alcanzar el éxito y en que éste sea reconocido. Cerrados en sí mismos, ignoran totalmente a Dios y piensan que son ellos los artífices de su vida, que todo lo que logran se debe SOLO a su esfuerzo y tesón. No tienen tiempo ni para escuchar la voz de su conciencia, que es la voz de Dios, pero la tienen adormilada e insensible.                                Otros, maniatados y ciegos por buscar cómo saciar sus pasiones, carecen de tiempo para lo trascendente y su espíritu agoniza engullido por el fango movedizo de lo terrenal. No dominan sus pasiones y terminan siendo sus esclavos.                La forma más visible de ignorar a Dios es ignorar a los “hombres” que sufren necesidades,  porque quien ignora a los necesitados, ignora a Dios.                                                                 ¡Qué situación más lamentable ! Nacieron para ser dueños de sí mismos; pero, han ido bajando escalón tras escalón hasta convertirse en esclavos de sus vicios. Un pobre hombre me decía hace unos días: “Ya ves hasta dónde he llegado”.

Estos “hombres” ignoran a Dios; pero, Dios no los ignora a ellos. El ring, ring de Dios seguirá sonando… un día y otro, un mes y otro, un año y otro, porque el amor “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera y jamás decae” (1 C or 13,7)

RECHAZAR A DIOS

El “hombre” que rechaza el don de Dios queda reducido a sus fuerzas naturales porque, aunque Dios le ofrezca su ayuda, él la rechaza. La ayuda de Dios es como un manantial que está siempre manando, siempre a disposición del “hombre” para que pueda beber; pero, así como el sediento sólo calmará su sed cuando se acerque al manantial y beba, así también el “hombre” solamente dispondrá de la ayuda de Dios cuando se acerque a Él y se llene de Él.                                                         Cuando tengo sed, cojo un vaso, abro el grifo del agua fresca, lleno el vaso y bebo. ¿Qué pasaría si, a pesar de morirme de sed, no me acercase al grifo o pusiese el vaso boca abajo?  

Sencillamente, seguiría teniendo sed. Las potencias naturales del ser humano son limitadas y, además, están acosadas y disminuídas por las diversas pasiones que encierra el corazón del “hombre”. No es, por tanto nada extraño, ante la dificultad de obrar con rectitud y dignidad, que se deslice hacia el mal obrar y caiga en todo clase de maldad. La historia de la humanidad está tristemente llena de casos. La maldad humana causa la ruptura de todas las relaciones: separa de Dios y  produce la muerte espiritual; separa de sí mismo y produce la división interior con su dosis de culpa y vergüenza y separa de los demás y produce odios, rencores, asesinatos y guerras.  

¿Dios sabía todo esto antes de la creación del “hombre”? ¿Dios sabía que su plan sobre el hombre estaba condenado al fracaso?  Dios creó al “hombre” perfecto porque le amaba y quería ser amado por él; le dotó de libertad para que le pudiera amar libremente. El “hombre” pudo elegir amar a Dios o rechazarlo. Claro que Dios sabía que el “hombre” se rebelaría y haría toda clase de maldad; pero, no fue Dios quien fracasó sino el “hombre” al usar mal su libertad.                                                         El fracaso-rebelión del “hombre” hace que el plan de Dios sea tan asombroso que parece increíble. Si grande es la maldad humana, mucho más grande, infinitamente más grande, es el amor, la bondad y la misericordia de Dios. Ante la maldad de los “hombres”, Dios pudo, simplemente, perdonar sin exigir nada a cambio; pero, en su infinita sabiduría, quiso que brillasen por igual su amor por el “hombre” y su justicia divina.

Este es el núcleo más asombroso que se pueda imaginar del designio de Dios para la salvación del “hombre”: El mismo Dios, en Jesucristo, se hace hombre, toma forma de hombre para rescatar al “hombre”.                                                                       El asombro crece más todavía al considerar que cualquier obra o acción de Jesús, por ser Dios y hombre, tenía un valor infinito y por tanto, suficiente para pagar la deuda contraída por el “hombre” y que exigía la justicia divina.

El designio de Dios muestra que Jesucristo, con su muerte clavado en la cruz, satisfizo plenamente a la justicia divina y, además, manifestó en sumo grado el amor de Dios al “hombre”, porque, como Él mismo dijo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13)

Volviendo a las consecuencias de rechazar el don de Dios, vienen a mi memoria las palabras del  obispo de Hipona, San Agustín: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Dios, para crear al “hombre”, no necesitó su consentimiento; pero, sí lo necesita para salvarle, porque, al crearle dotado de libertad, ha puesto en manos del “hombre” la última palabra.

Dios ama al “hombre” con amor infinito; pero, si el “hombre”, por obrar la maldad, rechaza el amor de Dios, él mismo se condena, de tal modo que podemos añadir a las palabras de San Agustín: Dios, que te creó sin tí, no te condenará sin tí.

A los que rechacen el amor de Dios, Jesucristo les dirá: “Apartaos de mí, obradores de iniquidad” (Mt 7,23). “Apartaos de mí, malditos...porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui peregrino y no me hospedasteis; estuve desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis….en verdad os digo que cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeñuelos, conmigo dejasteis de hacerlo” (Mt 25, 41-45)

En el libro de los Proverbios se pueden encontrar muchos sobre la dicha del justo y la desgracia del impío:                                        ”La ganancia del justo es para vida; la del impío, se le va en vicios” (Prov 11, 5).                                                                                    “En la boca del justo florece la sabiduría; en la del impío, la perversidad” (Prov 10, 31-32).

El apóstol San Juan emplea dos títulos muy fuertes para denominar a los “hombres”: Hijos de Dios e hijos del diablo.   “En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del dieblo. El que no practica la justicia no es de Dios y tampoco el que no ama a su hermano” (1Jn 3,10). “El que practica la justicia es justo” (1 Jn 3,7)

 ACEPTAR A DIOS

¿Cómo conciliar el “apartaos de mí, malditos” con la frase de San Pablo: “Dios quiere que todos los hombres se salven” (1 Tim 2, 4) Sencillamente, porque Dios no rechaza a nadie; lo que rechaza es la maldad hecha por el “hombre”, el empecinamiento en el mal y la falta de arrepentimiento. 

A semejanza de la parábola del hijo pródigo, todo “hombre” arrepentido de sus malas obras es acogido y abrazado por Dios.

Nunca es tarde para aceptar a Dios: El Señor siempre está dispuesto a cobijarnos como la gallina cobija a sus polluelos (Mt 23,37). En el libro del Apocalipsis se encuentra este texto precioso:                                                                                                            “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo. Al que venciere le haré sentarse en mi trono conmigo, así como yo también vencí y me siento con mi Padre en su trono” (Ap 3, 20-21) .

San Mateo, en su evangelio 20, 1-16, habla de los obreros enviados a trabajar a la viña en distintas horas del día y cómo cada uno recibe el salario correspondiente. Dios llama a la puerta de cada corazón humano de muy diversas maneras porque quiere hacer partícipes a los “hombres” de su propia felicidad. A unos los llama en la niñez y a otros en la adolescencia, en la edad adulta, en la vejez e, incluso, en el lecho de muerte.                                                                                              ¡Todos los momentos de la vida son buenos para aceptar al Señor! ¡Bendito el “hombre”que abre su corazón al don de Dios! ¡Bendito el “hombre” que contesta a las llamadas de Dios!

No tengas miedo de aceptar a Dios: Alguien puede decir: Me he pasado toda la vida sin acordarme de Dios, haciendo toda clase de maldades; pero, en este momento de mi existencia me doy cuenta de lo bajo que he caído; estoy asustado y, aunque no estoy muy seguro de que exista otra vida después de ésta, la realidad es que tengo mucho miedo por lo que me pueda pasar. A este “alguien” le voy a transcribir unas palabras de la Sagrada Escritura: “Esfuérzate y ten valor; nada te asuste porque Dios estará contigo dondequiera que vayas” (Josué 1,9) “Aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarán blancos como la nieve… si vosotros queréis y sois dóciles” (Isaías 1, 18-19). “Les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus pecados” (Jeremías 31,34).

Un fariseo llamado Simón invitó a Jesús a comer y estaba sorprendido porque Jesús había perdonado los pecados a una mujer pecadora. Jesús dijo a Simón: “Le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho” (Lc 7,47) “Ánimo, soy yo, no temáis” (Mc 6,50) dijo Jesús a sus discípulos en medio del mar de Galilea. “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, Yo os aliviaré… y hallaréis descanso” (Mt 11,28) En La parábola de la misericordia, la figura del padre expresa con claridad cómo es el amor de Dios.                                                    Estas citas de la Sagrada Escritura (podía haber puesto otras muchas) remiten a un Dios que ama al “hombre”, le acompaña, le perdona y olvida todas sus maldades, le quita todo temor, le protege y le invita a ir a Él. El Señor solo pone al “hombre” una condición: Que corresponda a su amor.

 Consecuencias de la aceptación del don de Dios: Dios quiere que lo amemos libremente, por ser quien es, no por una obligación. El “hombre” no está programado para amar ni para no amar, sino para elegir libremente lo uno o lo otro. Dios lo creó libre.                                                                                                       Aceptar el don de Dios implica: Poner a Dios como valor principal y fundamental de la escala personal de valores; tratar de llevar a la práctica el mandamiento del amor en sus dos vertientes, amor a Dios y amor al prójimo. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22,37) y “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39)                                                                                                             Se trata de un plan de vida muy exigente, que el “hombre” por si solo no puede acometer con sus fuerzas naturales, sino que necesita la ayuda de Dios, quien siempre da las fuerzas que el “hombre” necesita para corresponde a su amor.

 El cristiano es un “hombre“ de oración: Oración para alabar al Señor por ser quien es; oración para darle gracias por su amor y por todo lo que nos da; oración para pedirle perdón y rogarle que nos siga otorgando sus favores. Creer en Dios y aceptarle como compañero de viaje da a la mente humana una perpectiva distinta y mucho más amplia de la realidad del mundo, y, al mismo tiempo, transforma el corazón haciéndole más sensible y comprometido con los acontecimientos humanos, sean festivos o dolorosos.                                                                                                 La fe hace ver al prójimo no como competidor sino como  hermano. La fraternidad universal nace de la fe en Dios como Padre común. Por la fe somos hijos adoptivos de Dios y le llamamos Padre. San Pablo escribe: “...de manera que ya no somos siervos, sino hijos, y si hijos, también herederos”(Gál 4, 7) A los que hayan aceptado el don del amor de Dios, Jesucristo les dirá en el último día:“Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dísteis de comer; tuve sed y me dísteis de beber; peregriné y me acogísteis; estaba desnudo y me vestísteis; enfermo y me visitásteis; preso y vinísteis a verme….cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos menores, a mí me lo hicísteis” (Mt 25, 34-40)

¡TENGO SED DE TI! : Comentando las palabras de Cristo en la cruz, escribió la Madre Teresa de Calcuta estas preciosas líneas:

“Mira que estoy a la puerta y llamo”... Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aún cuando no estés escuchando, aún cuando dudes que pueda ser Yo, ahí estoy; esperando la más pequeña señal que me pernita entrar.     Quiero que sepas que, cada vez que me invitas, Yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos. Vengo con mi misericordia, con mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión.

“Venid a mi todos los que tenéis sed..” Yo te saciaré y te llenaré ¿Tienes sed de amor? Yo te amo más de lo que puedes imaginarte ... hasta el punto de morir en la cruz por ti.

“Tengo sed de ti” Ésa es la única manera en que puedo describir mi amor. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Ven a mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Te haré una nueva criatura y te daré la paz aún en tus pruebas.

“Tengo sed de ti”. Nunca dudes de mi misericordia, de mi deseo de perdonar, de mi anhelo por bendecirte y vivir mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho.                “Tengo sed de ti”. No importa si te sientes poca cosa a los ojos del mundo. No hay nada que me interese más en todo el mundo que tú. Ábrete a mí, ven a mí, ten sed de mí, dame tu vida. Confía en mí. Pídeme todos los días que entre y me encargue de tu vida y lo haré. Lo único que te pido es que te confíes plenamente a mí. Yo haré todo lo demás.                       Todo lo que has buscado fuera de mí te ha dejado más vacío; así que no te ates a las cosas de este mundo, pero, sobre todo, no te alejes de mí cuando caigas. No hay nada que yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma.

No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida; hay algo que quiero que recuerdes siempre, y que nunca cambiará:

Tengo sed de ti, tal y como eres. No tienes que cambiar para creer en mi amor, tu confianza en ese amor te hará cambiar. Tú te olvidas de mí y, sin embargo, Yo te busco a cada momento del día y estoy llamando a las puertas de tu corazón. ¿Encuentras esto difícil de creer? Mira la Cruz, mira mi corazón traspasado por ti. ¿No has comprendido mi Cruz?

 Escucha de nuevo las palabras que dije en ella: “Tengo sed”. Sí, tengo sed de ti. Como el resto del salmo que dice de mí: “... esperé compasión inútilmente, esperé alguien que me consolara y no lo hallé”.

Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que me correspondas. Tú has probado muchas otras cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo?                               Cuando me abras las puertas de tu corazón y te acerques lo suficiente, me oirás decir, una y otra vez, no en meras palabras humanas sino en espíritu:  “No importa lo que hayas hecho; te amo por ti mismo.

Ven a mí con tus miserias y tus pecados, con tus problemas y tus necesidades, y con todo tu deseo de ser amado.                    Yo estoy a la puerta de tu corazón y llamo... ábreme, porque tengo sed de ti”.

Hasta aquí el precioso comentario de la Madre Teresa.. Son palabras que, en boca de Jesús, expresan la profunda fe que atesoraba el corazón de la Madre Teresa y que encierran la enorme confianza y simplicidad de trato que existía entre ambos, no menos que la intensidad repetitiva de la llamada de Jesús. 

CITAS

88 Concilio Vaticano II: Declaración sobre la libertad religiosa, 2

89 Idem, 3

CAP.18: LLAMANDO A TU PUERTA. UN PERSEGUIDOR Y UN RUSO ORTODOXO


 El persegidor: Saulo de Tarso

Saulo de Tarso (90): Nació en Tarso, Cilicia entre los años 5-10 d.C. y fue decapitado en Roma entre los años 58 a 67 D. C. El capítulo 9º lo he dedicado enteramente a la Vida y muerte de San Pablo. Saulo de Tarso, fue un fariseo judío que adquirió gran formación judaica y helenítica (91) en la escuela de Gamaliel, un célebre fariseo, doctor de la Ley y miembro del Sanedrín. En su juventud, asistió al martirio de San Esteban custodió los mantos de los que apedreaban a Esteban y aprobó su muerte (Hch 7,58.60)                                                                                                          La impetuosidad de su carácter llevó a Saulo a pedir “al sumo sacerdote cartas de recomendación para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si allí hallaba quienes siguiesen este camino {de seguidores de Jesús}, hombres o mujeres, los llevase atados a Jerusalén”. (Hch 9,2)

Conversión de Saulo: El celador de la Ley se dirige a Damasco para detener a los seguidores de Jesús. Montados a caballo, avanza la comitiva, pero...”al acercarse a Damasco, se vio de repente rodeado de una luz del cielo y, al caer en tierra, oyó una voz que decía: Saulo, Saulo,, ¿por qué me persigues? Él contestó: ¿Quién eres, Señor? Yo soy Jesús, a quien tú persigues” Hch 9, 3-5)                                                                          Este hecho motivó la conversión de Saulo, no solo en fiel seguidor de Jesús sino en el gran Apostol de los gentiles.

 EL RUSO ORTODOXO: LEÓN TOLSTOI

Leon Tolstoi (1828-1910) fue un conde y escritor ruso considerado uno de los más grandes de la escritura universal. Es poco conocido como pensador religioso y buscador incansable de la verdad. Sus obras más conocidas so Anna Karénina, Guerra y Paz.                                                                                               En la década de 1870, Tolstói entró en una profunda crisis espiritual y en una fuerte depresión que lo llevó al borde del suicidio. Buscó desesperadamente “el sentido de su vida”. Primero en la ciencia y en la filosofía, después en la Iglesia ortodoxa, pero quedó decepcionado.                                               Por último, dirigió su mirada hacia las Sagradas Escrituras, y aprendió hebreo y griego para poder leerlas en sus idiomas originales. Interpretó literalmente las enseñanzas éticas de Jesús, centradas en el Sermón de la Montaña, lo que le convirtió en un ferviente anarquista cristiano y pacifista. Sus ideas sobre la no-violencia activa, expresadas en su libro El reino de Dios está en vosotrostuvieron un profundo impacto en grandes personajes como Gandhi o Martin Luther King.

 Conclusiones de Tolstoi

Su profunda espiritualidad le llevó a decir: Que muchas doctrinas eclesiásticas nada tienen que ver con las enseñanzas de Cristo. Tolstói acusó a la Iglesia y al Estado del uso de la violencia, a lo largo de la historia, para conseguir sus fines, porque sus intereses han sido más terrenales que seguir las enseñanzas de Jesús; violencia y religión son incompatibles.                                                                                                                                      Que la vida de la mayor parte de los hombres es una contradicción, porque se hacen llamar cristianos pero se envía a los jóvenes a luchar en guerras que responden a intereses solo de algunos. Por eso el servicio militar no es cristiano ni natural y quienes siguen de verdad a Cristo deberían rebelarse pacíficamente contra toda esa maquinaria bélica.

Que habría que abolir el orden social de los Estados sectarios, no como pretenden los revolucionarios o los anarquistas, sino mediante la resistencia pasiva y un modo de vida basado en los principios cristianos, lo que finalmente conduciría al establecimiento del reino de Dios en la tierra.

Lo que más sobresale en él es su deseo ardiente de entender y vivir según el Evangelio de Jesús de Nazaret. Aunque reconoce que hacerlo al cien por cien no es posible, solo el esfuerzo constante en llevarlo a cabo es ya un gran logro.

90 Los Hechos de los Apóstoles ofrecen tres relatos de la conversión de Saulo: En el capítulo 9, contado por San Lucas como historiador; y el mismo Saulo (Pablo) lo hace ante el pueblo en 22,3-16 y en Cesárea ante el rey Agripa, en 26,9-18.

91 Vidal García (2007) Pablo. De Tarso a Roma p.35 “Su lengua materna era el griego”.

CAP. 19: LLAMANDO A TU PUERTA: TRES ATEOS


 TRES ATEOS

1. Frank Morrison: Es el seudónimo de Albert Henry Ross (I de Enero de 1881 – 14 de Septiembre de 1950). Fue un escritor inglés conocido por ser el autor del libro Who Moved the Stone? {¿Quén movió la piedra?} ), en el que analiza textos bíblicos sobre los hechos relacionados con la crucifixión y resurrección de Jesús de Nazaret.                                                                                       Morrison se mostró escéptico con respecto a la resurrección de Jesús y, como buen ateo, se propuso analizar las fuentes para demostrar que todo era un mito. Sin embargo, cuando completó sus notas, en lugar de una refutación de la resurrección de Jesús, escribió el libro ¿Quién movió la piedra?, en el que concluye la validez de las evidencias de la resurrección de Cristo. En la portada del libro se lee este comentario: “La cautivadora historia de un hombre que se dispuso a probar que la historia de la Resurrección de Cristo no era más que una superstición… y terminó como uno de los cristianos más convencidos”.

2. Clive Staples Lewis:

Nació en Belfast, Irlanda del Norte el 29 de Noviembre 1898. Su padre fue el abogado Albert James Lewis y su madre fue Florence Augusta Hamilton, hija de un sacerdote anglicano, murió cuando Lewis tenía nueve años. Fue académico, apologista, crítico literario, novelista, locutor de radio y ensayista; autor, entre otras muchas obras, de Las crónicas de Narnia, en siete volúmenes. Cultivó una estrecha amistad con John Ronald Reuel Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos. Lewis fue bautizado en la iglesia anglicana, pero en la adolescencia, abandonó la fe porque no podía ver la religión como una tarea y un deber, y se convirtió en un ateo interesado por la mitología y el ocultismo.

En 1917 comenzó sus estudios en la Universidad de Oxford, donde con el tiempo ejercería de profesor. Recuperó la fe a los 30 años por influencia de Tolkien y otros amigos; empezó a creer en la existencia de Dios, después de una gran lucha intelectual, tal como cuenta en su Autobiografía:                 “Noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se alejaba por unos segundos de mi trabajo, el lento venir de Aquel a quien yo honestamente había tratado de no conocer, Aquel a quien yo había temido, finalmente me alcanzó. En 1929 me entregué, y admití que Dios era Dios, y me arrodillé y oré”. Él mismo añade: “Entré al cristianismo pateando y gritando”.

Su conversión al anglicanismo tuvo gran influencia en todos sus trabajos posteriores, mostrando su profunda religiosidad. Está considerado como el autor cristiano más importante del siglo XX. Sus libros se siguen comprando especialmente por intelectuales que buscan respuestas a sus inquietudes religiosas. Lewis pasó del ateísmo de juventud a su profunda religiosidad de adulto.  Bien podríamos decir que pasó del ateísmo al anglicanismo a través de la lucha interior, que pasó del temor al amor de Dios y que, al final, el Amor inundó su corazón, su vida y su obra. Falleció en Oxford el 22 de Noviembre de 1963.

3. Antony Flew: Antony Garrad Newton Flew, fue hijo de un ministro metodista, nació en Londres el 11 de Febrero de 1923 y falleció en Reading el 8 de Abril de 2010: Recibió una educación cristiana, pero no manifestó un entusiasmo especial por los temas religiosos.

Ya en la universidad de Oxford, participó en el Socratis Club, un foro de debate entre ateos y cristianos presidido por C. Staples Lewis. Publicó Theologiy and falsificación, un ensayo que, según algunos, es la publicación filosófica más veces reimpresa del siglo XX. Fue Flew un esritor prolífico, profesor en siete universidades, conferenciante y polemista respetuoso y afable, reconocido, sobre todo, por sus escritos ateos; fue considerado como el ateo más influyente del mundo, ganó fama con su obra The Presumption of Atheism (1976) en la que argumenta que se debe presuponer que Dios no existe hasta que aparezca la evidencia de Dios.                                                                             También criticó el concepto de “vida ultraterrena”. 

El caso Flew: Salió a la palestra tras una entrevista que tuvo con el filósofo cristiano Gary Habermas, en 2004, en la que anunciaba su conversión del ateísmo al deísmo, (93)motivada por las nuevas evidencias que la ciencia iba descubriendo. La conversión de Flew provocó un debate bastante agrio tanto en los círculos cristianos como en los escépticos, particularmente en Inglaterray en Estados Unidos

La conversion de Flew: En 2007 publicó el libro  Dios existe: Cómo el ateo más influyente del mundo cambió de opinión(94).

En una entrevista que le hizo Benjamín Wilker en 2007, Flew habló de dos factores decisivos para su conversión: La empatía con los científicos, como Einstein que creían que, detrás de la complejidad integrada del universo, había una inteligencia. Su propia idea de esa complejidad integrada, teniendo en cuenta los hallazgos de la genética. 

 En la entrevista aclaraba que, tras su conversión, el Dios en quien creía no es el Dios de los monoteísmos judío, cristiano o islámico sino que se asemejaba a la Primera Causa de Aristóteles que hace posible la existencia del universo y de todo su contenido.                                                                                                 El Dios en el que cree Flew es un Dios creador con los atributos de inmaterial, omnipotente, omnisciente, etc. y tiene gran coherencia con los atributos del Dios de los cristianos. “Ahora creo que el universo fue traído a la existencia por una inteligencia infinita. Creo que las intrincadas leyes del universo manifiestan lo que los científicos llaman la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción tienen su origen en una fuente divina.

¿Por qué creo ahora esto, después de haber expuesto y defendido el ateísmo durante más de medio siglo? Porque tal es la imagen del mundo que, en mi opinión, ha emergido de la ciencia moderna”(95) 

Esto lo dice el pensador que más contribuyó en el siglo XX al desarrolló del ateísmo. El pensador que no ha sido fruto de una conversión religiosa, sino que se debió al poder de las evidencias, como consecuencia de seguir la exhortación de Sócrates que le sirvió de lema en su vida intelectual: “Sigue la argumentación hasta donde quiera que te lleve”.

La evidencia de la existencia de Dios no viene de la ciencia, sino de la reflexión filosófica sobre los datos que le ofrece la ciencia. La ciencia por sí sola no puede demostrar la existencia ni lainexistencia de Dios.

2. Primera indagación científica: las leyes de la naturaleza:

El argumento más popular e intuitivamente plausible a favor de la existencia de Dios es el llamado argumento del diseño, según el cual el diseño que es patente en la naturaleza sugiere la existencia de un Diseñador cósmico. Este argumento, si es perfectamente formulado, constituye una persuasiva prueba de la existencia de Dios. Este mismo argumento se ve apoyado por los avances de dos áreas del conocimiento como son la cuestión del origen de las leyes de la naturaleza y la cuestión del origen de la vida y de la reproducción.                                                          Respecto a la primera, hay que comenzar concretando qué se entiende por ley. Por ley se entenderá una regularidad o simetría en la naturaleza; pero una regularidad matemática precisa, universal y atada una con otra. Einstein se refirió a estas regularidades como «razón encarnada». Otros científicos se han preguntado por qué la naturaleza viene empaquetada de esta forma y la respuesta que han alcanzado es que se debe a la Mente de Dios.                                                                                         Esta concepción de las leyes de la naturaleza como Mente de Dios ha sido tomada en cuenta por científicos de nuestra época como Stephen Hawking, el cuál escribió (96) que si encontramos una respuesta a por qué existimos y por qué existe el universo, estaríamos ante el triunfo máximo de la razón humana, pues entonces podríamos conocer la mente de Dios. Parafraseando a Einstein (97) podemos decir que nosotros hoy también queremos saber cómo creó Dios este mundo; queremos conocer sus pensamientos y todo lo demás son minucias.                                                                                                           Y es que, al igual que él describe, estamos en la misma situación que un niño que entra en una biblioteca enorme llena de libros en muchos idiomas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe cómo. No entiende las lenguas en las que fueron escritos. El niño presiente oscuramente un orden misterioso en la disposición de los libros, pero no sabe cuál es. Tal es la actitud de hasta el más inteligente de los seres humanos frente a Dios. Vemos un universo maravillosamente ordenado y sujeto a ciertas leyes, aunque solo comprendamos oscuramente tales eyes. Nuestras mentes limitadas intuyen la fuerza misteriosa que mueve las constelaciones.

Dios (98)se manifiesta en las leyes del universo como un espíritu inmensamente superior al hombre; un espíritu frente al cual nosotros (los seres humanos), con nuestras modestas capacidades, debemos sentirnos humildes. Quien conoce la naturaleza conoce a Dios (panteísmo de Spinoza), pero no porque la naturaleza sea Dios (Einstein), sino porque la empresa científica de indagación de la naturaleza conduce a la religión. Abundando aún más en las leyes de la naturaleza apuntaremos que Paul Davies señaló que la ciencia sólo puede avanzar si el científico adopta una visión del mundo esencialmente teológica. Es decir, las leyes de la naturaleza quesubyacen a los fenómenos no son encontradas mediante la observación directa, sino más bien extraídas mediante experimentos y teorización matemática.                                         Las leyes están escritas en un código cósmico que los científicos deben descifrar para revelar ese mensaje que es el mensaje de la naturaleza, el mensaje de Dios, no nuestro mensaje. Davies, como otros, se hacía las siguientes preguntas: ¿de dónde proceden las leyes de la naturaleza? ¿por qué tenemos precisamente estas leyes y no otras? ¿por qué tenemos precisamente un conjunto de leyes que conduce a gases informes hasta la vida, la conciencia, la inteligencia?

Dirigiendo la cuestión sobre la procedencia de las leyes de la naturaleza hacia la filosofía, intentaremos extractar lo que al respecto dicen algunos autores:

1.- «Las regularidades de la naturaleza, cualquiera que sea la forma en que las describamos, encuentran su mejor explicación en una Mente divina. Si aceptamos el hecho de que hay  leyes,  entonces algo debe imponer esa regularidad al universo.» (99)

2.- «Siendo más fácil suponer que la uniformidad de las leyes de naturaleza surge de la acción de una sustancia que causa el comportamiento uniforme de todos los cuerpos, la mejor explicación para la existencia de aquellas leyes es un Dios personal dotado de los atributos que tradicionalmente le ha adjudicado la teología (100)

3.- «Los ateos afirman que las leyes (de la naturaleza) existen porque sí y que el universo es en último extremo absurdo. Como científico, me resulta difícil aceptar esto. Debe haber un fundamento racional inmutable en el cual encuentre su raíz la naturaleza lógica y ordenada del universo.» (101)

4.- «Las leyes de la naturaleza suponen un problema para los ateos porque son una voz de la racionalidad escuchada a través de los mecanismos de la materia.» (102)En suma, tanto por parte de los científicos como de los filósofos se nos ofrece una realidad que, aún nacida de reflexiones y afirmaciones provenientes de la ciencia moderna y la mente racional, se sobrepasa a sí misma hasta hacerla desembocar en la misma Mente de Dios.

3. Segunda indagación científica: surgimiento de la vida: ¿Cómo puede un universo hecho de materia no pensante producir seres dotados de fines intrínsecos, capacidad de autorreplicación y una química codificada? Considerando la naturaleza de la vida desde una perspectiva filosófica, la materia viva posee una intrínseca organización teleológica que no aparece por ningún lado en la materia que la precedió. Algo que está vivo será también teleológico. Aristóteles no sostuvo que la vida y la teleología fueran coextensivas simplemente por casualidad, sino que más bien definió la vida en términos teleológicos, afirmando que la teleología es un elemento esencial en los seres vivos (103) Por otro lado, respecto al origen de la autorreproducción no se han dado explicaciones suficientes.

Las teorías existentes la presuponen en fases tempranas y no se ha mostrado que pueda surgir por medios naturales a partir de una base material. Ello proporciona razones para dudar de que sea posible dar cuenta de la existencia de formas de vida en términos puramente materialistas y sin recursos a la idea de diseño (104).

Por último, el tercer aspecto de la cuestión sobre el origen de la vida está relacionado con la codificación y procesamiento de la información. El mensaje genético del ADN se autorreplica y, acontinuación, es copiado o transcrito por el ARN. Después se produce una traducción mediante la cual el mensaje del ARN es transmitido a los aminoácidos y, finalmente, los aminoácidos son ensamblados en forma de proteínas. ADN y ARN son coordinados por el Código Genético Universal.

Las reglas de codificación son conocidas; pero no proporcionan ninguna pista sobre por qué existe el código y por qué el mecanismo de traducción es el que es (105).

El origen de la vida consiste en algo más que en reacciones químicas complejas. La célula es también un sistema de almacenamiento, procesamiento y replicación de información. Necesitamos explicar el origen de esa información y la forma en que la maquinaria de procesamiento de la información pudo llegar a existir (106).

Ante preguntas sobre cómo algo puede ser intrínsecamente perseguidor de fines y cómo la materia puede ser dirigida por el procesamiento de símbolos se sigue mirando oscuramente, como en un espejo. No se sabe cómo empezó la vida en este planeta. No se sabe exactamente cuándo comenzó y no se sabe en qué circunstancias. Por otro lado, tras décadas de especulación, se sigue sin saber la respuesta a cómo evolucionó la primera maquinaria genética, cuándo y cómo evolucionó la propia reproducción sexual. La existencia de condiciones favorables a la vida no basta para explicar cómo se originó ésta. Quizá el desarrollo exacto del origen de la vida no sea nunca conocido. Entonces, ¿cómo explicar el origen de la vida? Podría creerse lo imposible, es decir, que la vida surgió  espontáneamente por azar. Sin embargo, la única explicación satisfactoria del origen de la vida -y una vida orientada hacia propósitos y autorreplicante- que vemos en la Tierra es una mente preexistente -matriz de la realidad física y constructora de un universo físico capaz de criar seres vivos-, una mente infinitamente inteligente, la Mente de Dios.

4. Tercera indagación científica: ¿Puede salir algo de la nada?

El argumento cosmológico en la filosofía atea toma como punto de partida la tesis de que existe un universo que, junto puede ser explicado por él mismo. Todos los sistemas incluyen algunos presupuestos fundamentales que no pueden ser explicados. Esto es una consecuencia que se sigue de la naturaleza esencial de las explicaciones; es decir, en cada nivel la explicación tiene que asumir que, simplemente, hay cosas que son así y punto.                                                                                                     Desde esta perspectiva, la filosofía teísta tomaría como realidad última la propia existencia y naturaleza de Dios. Sin embargo, la cosmología moderna ha presentado y ofrecido pruebas científicas de algo que el propio santo Tomás de Aquino reconoció que no podía demostrarsefilosóficamente: que el universo tuvo un comienzo.

Noticia esta que hace inquietar a los ateos. La teoría del Big Bang sugería que el universo había tenido un comienzo y que la frase del Génesis en la que se dice que en el principio, Dios creó el cielo y la tierra, estaba relacionada con un acontecimiento real. Para responder a la pregunta dequé había producido ese comienzo los ateos están obligados a contemplar la cosmología del Big Bang como algo que requiere una explicación física; sin embargo, los creyentes pueden acoger lateoría del Big Bang como algo que tiende a confirmar su creencia. Ante esta nueva situación, las corrientes ateas intentan salir al paso con las ideas del multiverso (107) y la noción de universo autocontenido (108).

Respecto a la primera salida, decir que no soluciona mucho el multiplicar el problema por tantos universos como existan. Algo más elaborada está la idea de universo autocontenido de Hawking. Él decía que mientras el universo tuvo un comienzo, podíamos suponer que tuvo un creador. Pero si el universo es realmente autocontenido, sin límites ni perímetro, no tendría un principio ni un final; simplemente sería y ya no quedaría lugar para un creador.                                                     Ahora bien, cualquier físico podría contestarle que si el Big Bang no fue un comienzo, al menos haría el apaño hasta que llegase un comienzo de verdad. Las corrientes ateas seguían topándose con algo que les hacía caer en su argumentación porque les venía demasiado grande, tal y como se lo hacía conocer Swinburne: «la existencia del universo a lo largo de un tiempo infinito es un hecho bruto inexplicable.             Habrá una explicación (en términos de leyes) de por qué, una vez existe, continúa existiendo. Pero lo que resultará inexplicable es su existencia misma, globalmente considerada, a través de un tiempo infinito. La existencia de un universo físico complejo a lo largo de un tiempo finito o infinito es algo demasiado grande para ser explicado por la ciencia.» (109)

Con el argumento cosmológico preparado para poder ser aplicado a la cosmologímoderna, se puede argüir que podemos explicar estados de cosas sólo en términos de otros estados de cosas. Necesitamos tanto estados de cosas como leyes para explicar las cosas y si no tenemos estados de cosas ni leyes para el comienzo del universo, porque no hay estados de cosas previos, entonces no podemos explicar el origen del universo. Si pudiera haber alguna ley que explicara el comienzo del universo, diría algo como que el espacio vacío da lugar necesariamente a la materia-energía. Aquí el espacio vacío no es la nada, sino más bien un ente identificable, un algo que ya está ahí. Ahora bien, este hacer nacer al universo del espacio vacío plantea la pregunta de por qué la materia- energía fue producida en el tiempo cero y no en algún otro momento. Desde la perspectiva de la filosofía de la ciencia se puede decir que ninguno de los modelos cosmológicos de hoy están en condiciones de excluir la posibilidad de un Creador, ya que si tuviéramos una ecuación capaz de determinar la probabilidad de que emerja algo del vacío, aún habría que preguntar por qué existe esa ecuación(110).

Finalmente, un argumento cosmológico (111) que proporciona una explicación prometedora es que es bastante probable que si hay un Dios, otorgue sentido a un universo como el nuestro, complejo y finito. Es muy improbable que un universo exista sin causa alguna, pero es bastante más probable que Dios exista sin causa alguna. Por tanto, el argumento que se remonta desde la existencia del universo a la existencia de Dios es un buen argumento cosmológico-inductivo.

(93) Deísmo: Del latín Deus que significa Dios. Doctrina que admite la existencia de Dios, pero no su intervención en los actos humanos ni la revelación, y que rechaza el culto externo. Teísmo es la doctrina teológico-filosófica, basada en el reconocimiento de la existencia de un Dios personal, como ser racional que creó el mundo y que tiene injerencia en la vida cotidiana de los hombres.

95 Flew, A., Dios existe, Trotta, Madrid, 2012. p 87

96 HAWKING, Stephen, Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros, Alianza, Madrid, 2011

97 EINSTEIN, Albert, Coming of Age in the Milky Way, Morrow, New York, 1988

98 Y aquí se hace necesario puntualizar que aunque Einstein negaba la existencia de un Dios personal (por ejemplo, como lo entendemos en la tradición judeocristiana), nunca negó la existencia de Dios.

99 FOSTER, John, The Divine Lawmaker: Lectures on Induction, Laws of Nature and the Existence of God,Clarendon, Oxford, 2004, p. 160.

100 Cfr. Notas nn. 12 in fine y 20.

101 DAVIES, Paul, What happened before the Big Bang?, en Russell Stannard (ed. God for the 21st Century, Templeton Foundation Press, Philadelphia, 2000, p. 12.

102 FLEW, Antony, Dios existe, Trotta, Madrid, 2012, p. 101.

103 CAMERON, Richard, Aristotle and the Animate: Problems and Prospects, en Bios: Epistemological and Philosophical Foundation of Life

Sciences, Roma, 23-24 de febrero de 2006.

 104CONWAY, David, p. 125.

105 WOESE, Carl, Translation: in retrospect and prospect. RNA, pp. 1056, 1061 y 1064.

106 DAVIES, Paul,The Origen of Life II: How did it begin?

107 Numerosos universos generados por eternas fluctuaciones en el vacío.

108 Stephen Hawking.

109 SWINBURNE, Richard, p. 142.

110¿Qué es lo que insufla fuego en las ecuaciones y hace que haya un universo que puedan describir? Stephen Hawking

111 SWINBURNE, Richard, p. 152


EPÍLOGO

Se puede decir que Llamando a tu puerta ha sido un parto tras veinticuatro meses de gestación jalonados por dos sucesos de mi vida. Me explico:

El 30 de Diciembre de 2019 ingresé en Urgencias del Hospital Gregorio Marañón por una obstrucción biliar que derivó en una pancreatitis aguda. Quedé hospitalizado. Durante las largas horas de silencio, vino a mi mente la entonces peregrina idea de acometer la segunda parte del trabajo Siguiendo las huellas que ya tenía escrito.                                                            Recibí al Alta hospitalaria el 10 de Enero 2020 y, como la idea persistía en mi cabeza, a los pocos días me puse ante el ordenador y esbocé un proyecto de Indice. Por lo demás, seguí haciendo presentaciones y escribiendo otras cosas. De vez en cuando durante 2020, abría el proyecto de Índice y escribía o retocaba una o varias páginas y añadía nuevos epígrafes. Con la llegada del 2021 me tomé muy en serio la culminación del trabajo y le dediqué, casi en exclusiva, todo el tiempo disponible.

Así llegó de nuevo el día 30 de Diciembre de 2021 en el que, después de pasar una “noche de perros”, noté los síntomas de que el “bichito” se había colado como ocupa, me hice la prueba y, en efecto, ¡¡positivo!!                                                                        El contagio del Covid-19 (del Ómicron o del que sea), me ha llevado a una cuarentena que he aprovechado, minuto a minuto, para concluir lo que empecé como pequeño proyecto de Indice. Ha sido muy laborioso contrastar las diversas fuentes, buscar las múltiples citas y poner los hiperenlaces. Gracias a Dios y con alguna ayudita muy importante, ya he terminado. No sé si he cumplido con el objetivo que me marqué al principio: Dar a conocer a Jesús de Nazaret. Por lo menos le he intentado.

Mi parte está terminada; queda la correspondiente a los lectores (espero que los haya). Ha sido relativamente fácil escribir, lo difícil será que alguien lo lea y encuentre alguna utilidad en ello.

 ANEXO : Carta de Plinio a Trajano y respuesta (s. II)

1. Señor, considero que es una obligación exponerte todas mis dudas. En efecto, quién mejorque tú podrá disipar mis dudas y aclarar mi ignorancia. Yo no había jamás asistido a la instrucción o a un juicio contra los cristianos, por tanto no sé en qué consiste la información que se debe hacer en contra de ellos, ni sobre qué base condenarlos, como tampoco sé de las diversas penas a las cuales se les debe someter.

2. Mi indecisión parte de una serie de puntos que no sé cómo resolver. ¿Debo tener encuenta la diferencia de edades entre ellos o, sin distinguir entre jóvenes y viejos, los debo castigar a todos con la misma pena? ¿Debo conceder el perdón a aquellos que se arrepienten? Y, en aquellos que fueron cristianos, ¿subsiste el crimen una vez que dejaron de serlo? ¿Es el mismo nombre de cristianos, independiente de todo otro crimen, lo que debe ser castigado, o los crímenes relacionados con ese nombre? Te expongo la actitud que he tenido frente a los cristianos presentados ante mi tribunal.  

3. En el interrogatorio les he preguntado si son cristianos, luego durante el interrogatorio, a los que han dicho que sí, les he repetido la pregunta una segunda y tercera vez, y los he amenazado con el suplicio: si hay quienes persisten en su afirmación yo los hago matar. En mi criterio consideré necesario castigar a los que no abjuraron en forma obstinada.                           4. A los que entre estos eran ciudadanos romanos, los puse aparte para enviarlos frente al pretor de Roma. A medida que ha avanzado la investigación se han ido presentando casos diferentes.                                                                                                         5. Me llegó una acusación anónima que contenía una larga lista de personas acusadas de ser cristianos. Unas lo negaron diciendo que no lo eran no lo eran ni lo habían sido nunca. Por orden mía delante del tribunal ellos han invocado a los dioses, quemado los inciensos, ofrecido las libaciones delante de sus estatuas y delante de la tuya que yo había hecho traer, finalmente ellos han maldecido a Cristo, un verdadero cristiano jamás aceptaría hacer t estas cosas.                                                    6. Otros, después de haberse declarado cristianos, aceptaron retractarse diciendo que lo habían sido antes pero que habían dejado de serlo; algunos de éstos habían sido cristianos hasta hace tres años, otros lo habían dejado hace un período más largo, y otros hasta hace más de veinticinco años. Todos estos, igualmente, han adorado tu estatua y maldecido al Cristo.          7. Han declarado que todo su error o su falta ha consistido en reunirse algunos días fijos antes de la salida del sol para cantar en comunidad los himnos en honor a Cristo que ellos reverencian como a un Dios. Ellos se unen por un sacramento y no por acción criminal alguna, sino que al contrario para no cometer fraudes, adulterios, para no faltar jamás a su palabra. Luego de esta primera ceremonia ellos se separan y se vuelven a unir para un ágape en común, el cual, verdaderamente, nada tiene de malo. Los que ante mí pasaron han insistido que ellos han abandonado todas esas prácticas.                                         8.Luego de mi edicto que, según tus órdenes, prohibía las asambleas secretas, he creído necesario llevar adelante mis investigaciones y he hecho torturar a dos esclavas, que ellos llaman "siervas", para arrancarles la verdad. Lo único que he podido constatar es que tienen una superstición deprabada y miserable.                                                                                                         9. Así, suspendiendo todo interrogatorio, recurro a consultarte. La situación me ha parecido digna de un examen profundo, máxime teniendo en cuenta el número de los inculpados. Son una multitud de personas de todas las edades, de todos los sexos, de todas las condiciones. Esta superstición no ha infectado sólo las ciudades, sino que también los pueblos y los campos. Yo creo que será posible frenarla y reprimirla. Ya hay un hecho que es claro, y este es que la muchedumbre comienza a volver a nuestros templos que antes estaban casi desiertos; los sacrificios solemnes, por largo tiempo interrumpidos, han retomado su curso. Creo que dentro de poco será fácil enmendar a la multitud.

De Trajano a Plinio el Joven.

Querido Plinio, tú has actuado muy bien en los procesos contra los cristianos. A este respecto no será posible establecer normas fijas. Ellos no deberán ser perseguidos, pero deberán ser castigados en caso de ser denunciados. En cualquier caso, si el acusado declara que deja de ser cristiano y lo prueba por la vía de los hechos, esto es, consiente en adorar nuestros dioses, en ese caso debe ser perdonado. Por lo que respecta a las denuncias anónimas, estas no deben ser aceptadas por ningún motivo ya que ellas constituyen un detestable ejemplo: son cosas que no corresponden a nuestro siglo.

160.- DEL CALVARIO AL SAGRARIO

 

  1. El hombre, Jesús de Nazaret

Jesús, el Hijo de Dios, al nacer de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado. Con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre.                                   Jesús de Nazaret experimentó también, como cualquier hombre, los sentimientos humanos: la alegría, la tristeza, la indignación, la admiración, el amor.                                                        Lloró sobre Jerusalén: "Al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Si al menos en este día conocieras lo que hace a la paz tuya!" (Lc 9, 41-42).                                                                                Lloró en la muerte de su amigo Lázaro: "Viéndola llorar Jesús (a María), y que lloraban también los judíos que venían con ella, se conmovió hondamente y se turbó, y dijo ¿Dónde le habéis puesto? Dijéronle Señor, ven y ve. Lloró Jesús..." (Jn 11, 33-35).    Y lloró en Getsemaní, donde el sentimiento de tristeza alcanzó una intensidad particular: "Tomando consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, comenzó a sentir temor y angustia, y les decía: Triste está mi alma hasta la muerte" (Mc 14, 33-34)    "Lleno de angustia, oraba con más insistencia; y sudó como gruesas gotas de sangre, que corrían hasta la tierra" (Lc 22, 44)    El zenit de la tristeza y del abandono que Jesús experimentó en su vida terrena lo indican estas palabras que pronunció cuando pendía de la cruz: "Eloí, Eloí, lama sabachtani?... Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15, 34).                                Son palabras que Jesús tomó del Salmo 22, 2 y con ellas expresó el desgarro supremo de su alma y de su cuerpo, incluso la sensación misteriosa de un abandono por parte de Dios. ¡Este es el clavo más dramático, punzante y lacerante de toda la pasión!

2. Los dolores de Jesús

Jesús de Nazaret, como cualquier hombre, experimentó el cansancio, el hambre y la sed. Su cuerpo era vulnerable, sensible al dolor.                                                                                                     Jesús fue flagelado: «Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado». (Mc 15,15) Jesús recibió 40 azotes(1), que era el máximo consentido por la ley mosaica (Deuteronomio 25,3) La flagelación, reservada a las clases más humildes y a los esclavos, formaba parte de la crucifixión romana, con la finalidad de debilitar al condenado y acelerar la muerte en la cruz, era la antesala de la crucifixión.  Jesús fue azotado (2) con el flagelo de cuero con bolas de hierro y huesecillos intercalados que era el usado por los romanos. Esto, según las explicaciones médicas, daría lugar a temblores e incluso desmayos, y un cuadro de hemorragias intensas, daño  en el hígado y el bazo y acumulación de sangre y líquidos en los pulmones.                            Con este mismo instrumento fue golpeado, varias veces, durante el camino desde el Pretorio de Pilato hasta en monte Calvario.                                                                                                            Jesús fue coronado con una corona de espinas: «Los soldados llevaron [a Jesús] al Pretorio, y reuniendo en torno de Él a toda la cohorte (3), le despojaron de sus vestiduras y le echaron encima una clámide de púrpura y, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y en la mano una caña y, doblando ante Él la rodilla, se burlaban diciendo: ¡Salve, rey de los judíos!. Y escupiéndole, le golpeaban con la caña en la cabeza» (Mt 27, 27-30).

La corona de espinas tenía una doble función: humillar a Jesús como Rey de los judíos, y provocarle dolor. Los soldados romanos sabían que se había proclamado rey delante de Pilatos, por lo que, en una imitación burlesca le pusieron la corona de espinas, la caña y el manto púrpura como remedo de la corona, del cetro y de la capa imperial.

Jesús fue cargado con la cruz en el camino al Calvario: «[Los soldados] tomaron a Jesús, quien, llevando su cruz, salió hacia el sitio llamado Calvario» (Jn 19,16)                                                     Jesús caminaba tan desfallecido que los soldados «echaron mano de Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús»(Lc 23,26)         Los soldados obligaron a Simón de Cirene a llevar la cruz no por compasión hacia Jesús sino porque temían que Jesús no llegase vivo al monte Gólgota, dado su extrema debilidad. Jesús, con toda probabilidad, levantó los ojos hacia Simón y le mostró su agradecimiento.                                                                                    En los evangelios no se menciona que Jesús cayera en tierra bajo el peso de la cruz o que una mujer llamada Verónica le limpiara el rostro con un paño: tales hechos son tradiciones   posteriores.

¿Cómo era la cruz en la que los soldados romanos crucificaron a Jesús? En la Roma clásica la "crux" era un instrumento de madera para ejecuciones, «un madero, árbol o armazón en el que se empalaba, fijaba o ahorcaba a los delincuentes».         

Con el tiempo la crux llegó a tener diversas formas:                        1ª forma de la crux: Crux simplex era un simple madero (sin travesaño) al cual se fijaba o empalaba (4) al reo para dejarle morir. Si el ajusticiado era empalado, moría en pocos segundos; si era atado al madero con los brazos extendidos directamente sobre la cabeza, moría asfixiado en pocos minutos; pero, si podía apoyar los pies, tardaba más tiempo en morir porque podía incorporarse y respirar.

¿Cómo crucificaban los romanos? Consta que ya en el año 71 a.C., cuando Marco Licinio Craso acabó con la rebelión de los esclavos liderados por Espartaco, unos 6.000 prisioneros fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia, desde Roma a Capua.                                                                                                        También, el rey y sumo sacerdote judío Alejandro Janneo (103-76 a.C.) crucificó a 800 fariseos.                                                            En el año 4 a.C. Publio Quintilio Varo crucificó a 2.000 judíos que se habían rebelado tras la muerte de Herodes I el Grande. Lo más probable, por ser tan elevado el número de reos, es que estas crucifixiones se hiciesen con un simple madero fijado en la tierra y cada reo con los brazos atados al madero por encima de la cabeza, soportando el peso del cuerpo, hasta que morían por asfixia.                                                                                                                Precisamente, los romanos añadieron un travesaño horizontal, que pesaba unos 20 kilogramos al que ataban al reo por los brazos, para que tardase más tiempo en morir y prolongar su sufrimiento (¡¡qué crueldad!!) y, sobre todo, cumplir la labor disuasoria, ya que el impacto en el público se consideraba lo más importante.

2ª forma de la crux: Crux compacta nació cuando añadieron el travesaño horizontal al vertical. La crux compacta tenía dos maderos y podía tener dos formas: en forma de T y en forma de †. El poste vertical normalmente estaba fijado al suelo de antemano en el lugar elegido para la ejecución. Al reo se le ataban los brazos al larguero transversal y se le obligaba a cargarlo y llevarlo hasta el lugar de ejecución. Una vez allí, el reo era atado o clavado al madero transversal el cual era izado y encajado en el madero central. La crux usada para ajusticiar a Jesús, con toda certeza, tenía DOS MADEROS. En cuanto a la forma, la más probable es la †.

Es una opiniuón unánime entre los investigadores que lo clavos fueron clavados en las muñecas, no en las palmas; debido a la complexión ósea, las manos "se rasgarían" con el peso del cuerpo. Ya suspendido en la cruz, los pies de Jesús también fueron fijados con clavos, uno al lado del otro, y no superpuestos como es costumbre representarlo. Estas perforaciones, por llegar a nervios importantes, provocan un dolor inmenso y continuo.                                                                       La representación más antigua conocida de Jesús llevando la cruz data del 420-430. La imagen es una placa de marfil custodiada en el Museo Británico, y muestra a Cristo cargando una cruz muy pequeña, con forma de †. 

La imaginería cristiana, a lo largo de los siglos, ha representado a Cristo crucificado con diversos materiales y formas. Tenemos en España una talla de tres maderos; se trata del crucifijo gótico de Puente la Reina (Navarra). En este pueblo se unen los dos grandes Caminos de Santiago, el de Roncesvalles y el de Somport; a muy pocos metros de la unión está la iglesia  románica del Crucifijo, en la que se venera una preciosa imagen de Cristo crucificado. Este crucifijo, llama la atención por la forma insólita de la cruz, formada por tres maderos: un vástago central derecho y dos laterales, que salen de la mitad del central y forman entre sí un ángulo casi recto. Tanto el vástago central como los laterales imitan un árbol sin labrar ni descortezar, hasta el punto de verse perfectamente los cortes de las otras ramas. El escultor que lo hizo no resistió la tentación de plasmar en su escultura la fuerza sobrehumana del rostro de Cristo agonizante por el dolor inaudito de su cuerpo destrozado.                                                                                                       En la liturgia del Viernes Santo, se canta esta vieja antífona que procede de la liturgia de la Iglesia primitiva (5), y que hace mención al árbol de la cruz:  «Mirad el árbol de la cruz, en que estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo».      Cristo crucificado es el centro de las miradas, el objeto de los afectos y el destinatario del amor agradecido del pueblo cristiano.                                                                                                       La inscripción: La presencia de la inscripción con la condena en la cima del madero vertical constituye, según los exégetas bíblicos,  uno de los datos más sólidos del carácter histórico de la pasión. La inscripción indica la causa de la condena.                En el latín de la Vulgata de San Jerónimo la inscripción es «IESUS NAZARENUS REX IUDAEORUM» (Jesús Nazareno, Rey de los judíos). De ahí viene la sigla INRI.

Jesús fue clavado en la cruz: «Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, le crucificaron y a dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda» (Lc 23,33)                                                              Era una práctica común que los grupos de ejecución del ejército romano estuvieran compuestos por cuatro soldados y un centurión, y que estos pudieran reclamar los bienes de la víctima como parte de su salario (expoliatio). En efecto, la Biblia narra que, tras crucificarlo, los soldados se repartieron sus vestiduras. (Jn 19, 23-24)

¿Quienes presenciaron la crucifixión de Jesús? «Estaban junto a la cruz de Jesús: su Madre, el apóstol Juan, María la de Cleofás y María Magdalena» (Jn 19, 25-26). Aunque no lo dice la Sagrada Escritura, es de suponer que el apóstol Pedro,  después de haber negado tres veces a Jesús, al ver que era condenado a muerte, le siguiese hasta el monte Calvario, mezclado entre la multitud y viese desde lejos la crucifixión del Maestro.              Los dolores de Jesús en la crucifixión: Nadie puede hacerse idea de lo que debió sentir Jesús cuando los clavos taladraban sus muñecas y pies. Penetraban uno tras otro, hendiéndose en la carne, rompiendo los huesos y clavándose, finalmente, en los maderos.                                                                                           Jesús llegó a la cima del dolor físico. Tenía el cuerpo lacerado por los azotes, los hombros magullados por llevar el madero transversal (6), la cabeza ensangrentada por la corona de espinas y las manos y los pies perforados por los clavos.

¿Qué sintió María, la Madre de Jesús? Difícil es expresar con palabras lo que siente una madre cuando está viendo a su hijo sufrir y agonizar de esa forma. Cuando Jesús cumplió 8 años y fue presentado en el templo, el anciano Simeón dijo a María: «una espada atravesará tu alma» (Lc 2, 35), refiriéndose al sufrimiento tan intenso que tendría al ver crucificar a su Hijo. Con cada golpe de martillo, los clavos producían en Jesús un fuerte dolor físico y taladraban el alma de su Madre.                       Todavía María no tenía plena comprensión del misterio encerrado en la persona de su Hijo; pasados los días, cuando recibió el Espíritu Santo, todo lo entendió .

¿Qué sintieron los discípulos y las mujeres? Un enorme sufrimiento ante tanto dolor de su Maestro y una gran tristeza porque pensaban que ¡todo había terminado! Se equivocaban, y más tarde lo comprobarían.

¿Qué siento yo, cuando contemplo a Jesús Crucificado? Con la luz del Espíritu Santo que recibí el día de mi bautismo, ahora mi más profundo sentimiento es:

¡Que soy un ser privilegiado!

¡El Señor me amó tanto que dio su vida por mí!

Me amó y me sigue amando, porque Dios no cambia. A la luz de Cristo crucificado, mi vida monótona y sin color, queda tocada por el amor de Dios, y se transforma en una página llena de color, de luz y de amor.

El Crucifijo es la imagen más elocuente del amor de Dios.

La agonía y muerte de Jesús en la cruz son la manifestación más profunda de su amor, "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Jn 13, 1). "Nadie tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).

Al morir Jesús en la cruz, lo que antes era un patíbulo ignominioso, símbolo de reprobación y de muerte, pasó a ser instrumento de salvación y signo de gloria y de vida.

3. Jesús se quedó con nosotros                                                              Al instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús perpetuó su entrega. La Palabra, la Sabiduría de Dios, que se hizo hombre en las entrañas de la virgen María, se convierte en verdadera comida en la Eucaristía (7), es una unión perfecta entre Dios y el ser humano. No es posible concebir mayor abajamiento de Dios. La distancia entre Dios y el hombre es infinita; pero, por amor y para rescatar al hombre, la Sabiduría de Dios se abajó y se hizo hombre entre los hombres. Al mismo tiempo se produjo la mayor elevación del ser  humano: nada menos que su adopción como hijo de Dios.                                                                                      La Sabiduría de Dios encarnada tomó el nombre de Jesús. «No temas, María...concebirás en tu seno y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús» (Lc 2,30-31) No acabó aquí el abajamiento de Dios, sino que descendió un peldaño más y se convirtió, bajo las especies del pan y el vino, en «comida y bebida» de los que elige para ser sus amigos.

Jesús está presente, aunque escondido, en la Eucaristía.

¿Por qué Jesús se ha quedado en la Eucaristía?: Esta es la única respuesta: POR AMOR.                                                                         «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando: que os améis unos a otros. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os llamo amigos porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn15, 14 ss).

Una leyenda cuenta que un hombre se cayó en un pozo y pedía a gritos ayuda. Buda le oyó y, desde el brocal del pozo, le dijo: “Si hubieras cumplido mis enseñanzas, no te habrías caído dentro del pozo”. También le oyó  Confucio, y le dijo: “Cuando salgas, vente conmigo y te enseñaré lo  que tienes que hacer para no volver a caer más en el pozo”. También   Jesús oyó los       gritos del hombre desesperado; se acercó, vio su desesperación y bajó al pozo para ayudarlo a salir. 

Algo parecido ha hecho Jesús: «El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por todos» (Mc 10,45). Su crucifixión no es sino la  culminación de esa entrega. «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1).

El amor de Jesús no terminó cuando se acabó su vida terrena; tras su ascensión junto al Padre, sigue amando a todos los que le aceptan y se cuentan entre sus amigos; y sigue llamando insistentemente al corazón de todos, a la espera de que le abran.

¿Para qué Jesús se ha quedado en la Eucaristía? Para no separarse de sus amigos. Jesús, por amor, se convierte en nuestro mejor amigo. Su amor es entrega, regalo, compañía, generoso ofrecimiento de sí mismo a todos. El amor busca la compañía del ser amado, al que se ofrece y entrega (si es aceptado), estableciéndose entre ambos una profunda corriente de afecto y amistad.                                                         Jesús no ha querido separarse de sus amigos; está en el Sagrario, escondido misteriosamente, bajo las especies sacramentales del pan y el vino, esperando que sus amigos vayan a visitarle, le abran sus corazones, le den gracias por sus favores, le canten y festejen, le cuenten sus alegrías y sus penas, sus éxitos y sus fracasos, todo.                                                               Él nos invita y nos dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)                                Jesús es el amigo que nunca falla; con Él siempre se puede contar. Por eso… 

                    Si quieres curar tus heridas, él es médico.                                             Si estás ardiendo de fiebre, él es manantial.                                         Si estás oprimido por la iniquidad, él es justicia.                                 Si tienes necesidad de ayuda, él es fuerza.                                           Si temes la muerte, él es la Vida.                                                                Si deseas el cielo, él es el camino.                                                              Si buscas refugio contra las tinieblas, él es luz.           Si buscas manjar, él es alimento».

  CITAS

1 Seguramente fueron 39, uno menos de los 40; tal era la costumbre para no pasarse de los 40 que indicaba la Ley.

2 En la Sábana Santa conservada en Turín se aprecian 250 golpes y 150 latigazos con un flagellum.

3 La cohorte era una unidad táctica del ejército romano.

4 En el Antiguo Testamento hay testimonios de esta práctica por los persas: «Se arrancará de su casa una viga, que se alzará para colgarle en ella» (Esdras 6,1). «Los dos eunucos fueron colgados de una horca» (Ester 2,23) «Y fue colgado Amán de la horca que él había preparado para Mardoqueo» (Ester 7,10)                                                En Rumanía, el emperador Vlad III (1431-1476) fue apodado «El Empalador».               Se estima que entre 1456 y 1462 ordenó 60.000 empalamientos. 

(5)Seguramente influenciada por la antigua costumbre romana de crucificar sobre un árbol

(6) El médico forense estadounidense Frederick Thomas Zugibe (1928-2013), profesor de la Universidad de Columbia y expatólogo jefe del Instituto Médico Legal, realizó una serie de experimentos con voluntarios para controlar los efectos que tendría una crucifixión en el cuerpo del ser humano. Los resultados fueron publicados en el libro The Crucifixion of Jesus: A Forensic Inquiry (La crucifixión de Jesús: una investigación forense, en español). Para sus estudios, se utilizaron cruces de madera: el madero vertical de 2,34 metros de altura y de 60 kg. de peso y el horizontal de 2 metros y 20 kg. de peso. Los individuos, todos adultos jóvenes de 30 años, fueron suspendidos brevemente en ellas y sus reacciones fueron monitoreadas electrónicamente, con electrocardiogramas, midiendo el pulso y la presión arterial. Resultado: Todos acusaron fuertes calambres provocados por la incomodidad de la postura, además de un constante hormigueo en las pantorrillas y muslos. 

7 La palabra ágape conserva actualmente el significado de “comida”, tomado de las reuniones que hacían los primeros cristianos.