miércoles, 29 de abril de 2026

9 LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO

     “Un hombre tenía dos hijos, y dijo el más joven al padre: Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde. Les dividió la hacienda y, pasados pocos días, el más joven, reuniéndolo todo, partió a tierras lejanas y allí disipó toda su hacienda viviendo disolutamente.    

    Después de haberlo gastado todo, sobrevino una gran hambre en aquella tierra y comenzó a sentir necesidad. Se puso a servir a un ciudadano que le mandó a cuidar puercos. Deseaba llenar su estómago con las algarrobas que comían los puercos, y no le era permitido.
    Volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo aquí me muero de hambre! Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros. Y levantándose se vino a su padre.
   Cuando aún estaba lejos, viole el padre y, compadecido, corrió hacia él, y se arrojó a su cuello y le cubrió de besos.
    Díjole el hijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.
    Pero el padre dijo a sus criados: Pronto, traed la túnica más rica y vestídsela, poned un anillo en su mano y unas sandalias en sus pies, y traed un becerro bien cebado y matadle, y comamos y alegrémonos, porque este mi hijo, que había muerto, ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado. Y se pusieron a celebrar la fiesta.
    El hijo mayor se hallaba en el campo y cuando, de vuelta, se acercaba a la casa, oyó la música y los coros, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Ha vuelto tu hermano y tu padre ha mandado matar un becerro cebado, porque le ha recobrado sano.
    Él se enojó y no quería entrar; pero su padre salió y le llamo. Él respondió y dijo a su padre: Hace ya tantos años que te sirvo sin jamás haber traspasado tus mandatos, y nunca me diste un cabrito para hacer fiesta con mis amigos, y al venir este hijo tuyo, que ha consumido su fortuna con rameras, le matas un becerro cebado. 
    Él le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todos mis bienes tuyos son; mas era preciso hacer fiesta, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado” (Lc 15, 11-32)

    Asistimos, en esta parábola, a un drama en dos actos:
    Acto primero: Acumula en dos personajes toda la miseria de que es capaz el ser humano, el comportamiento de uno y otro hijo representa la mezquindad humana en sus diversas vertientes.
    Acto segundo: Canta la misericordia del padre, que perdona al hijo menor y comprende al mayor.

Personajes de la parábola
    El hijo menor: Hace a su padre una petición insólita y en total contradicción con la tradición de la época: “Dame la parte de herencia que me corresponde”
    La petición está fuera de lugar, porque el hijo no tiene derecho alguno sobre la herencia hasta la muerte del padre.
    La petición encierra una grave ofensa al padre, un rechazo del hogar en el que ha nacido y ha sido alimentado, es un corte drástico con la forma de vivir, de pensar y de actuar, una ruptura con las raíces de la familia transmitidas de generación en generación, como un legado sagrado, y que tanto satisfacen al padre, y dan a la familia todo su valor: la generosidad, la gratuidad y la unidad de sus miembros. 
    Además de ofender gravemente a su padre, la petición del hijo menor es una traición a los valores de su familia.
    “Partió a tierras lejanas”: Es un hijo rebelde, insatisfecho, que se marcha dcasa para buscar lejos su felicidad. Es un inconsciente, un engreído, que se cree autosuficiente, como tantos jóvenes de nuestra sociedad que se marchan de sus hogares en busca de nuevas experiencias, alejándose de la seguridad amorosa de los padres, para caer en peligros y situaciones que ni siquiera sospechan. Es una situación que, por repetida, no deja de ser siempre nueva, desconcertante dolorosa para todos, en especial para los padres.
    El hijo menor toca fondo cuando se ve acuciado por el hambre y no le es permitido satisfacerla con las algarrobas de los cerdos. 
    Razona con lucidez, vuelve en sí y actúa: Me levantaré e iré a mi padre.
    ¡Ojalá que la sensatez vuelva a las mentes de tantos jóvenes que se lanzan en pos de aventuras peligrosas, sin darse cuenta de ello hasta sentir el vacío del hogar paterno!

    El hijo mayor: Es un hijo trabajador, un hijo fiel y obediente para con su padre; pero es un hijo egoísta. Está demasiado lleno de sí mismo para comprender que el amor es más importante que los bienes materiales, y que él necesita el amor de su padre.
    En la familia, el valor primordial es el amor entre sus miembros; de nada sirven las riquezas materiales si no van acompañadas por el amor familiar.
    El amor es algo consustancial al ser humano; nadie puede vivir sin él. Es el valor fundamental de la vida humana, imprescindible, desde la más tierna infancia, para el desarrollo integral del ser.
    Los padres tenemos la enorme responsabilidad de educar a nuestros hijos en el amor y para el amor. En el amor, porque es lo más valioso para los hijos. Denada valen los valiosos regalos o las generosas pagas que les demos, si echan de menos nuestro cariño, nuestra compañía y nuestro amor. Con él, crecerán contentos y felices, aunque tengan menos de otras cosas; sin él, crecerán raquíticos física y psíquicamente, vivirán amargados e inseguros.

    El padre: Primero obra según la costumbre y da al hijo menor la parte de la hacienda que le corresponde. 
    Consumado por el hijo el abandono del hogar, el padre espera contra toda esperanza; nunca se rinde; todos los días sale al altozano para otear el horizonte por si ve volver a su hijo.
    Un día le ve de lejos y corre hacia él, se arroja a su cuello y le cubre de besos. Llegados a casa, celebra el retorno con una gran fiesta. Perdona al hijo menor y corrige al mayor invitándole participar en la fiesta del amor familiar.
Significado de la parábola
    Con toda propiedad se ha dicho que esta parábola es un documento notarial en el que Cristo da fe de dos identidades: la de Dios-Padre y la del ser humano.
Identidad de Dios-Padre:
    Es el Padre que no discrimina a sus hijos, que siempre perdona y espera eretorno del hijo extraviado. El rostro afligido del padre y su encuentro amoroso con el hijo pródigo constituyen el retrato más expresivo y fiel del amor, de la compasión y de la misericordia de Dios. 
    El oficio de Dios es amar. Solo Él puede amar de esta manera, porque sólo Él se ha definido como Amor(I Jn 4,8).
    En esta parábola, el personaje del padre toca el corazón de todo hombre, haciendo brotar los latidos de ternura, y pasar del egoísmo a la entrega, del corazón cerrado al corazón abierto. 
    Es un clavo de ternura hundido en el corazón del hombre pecador, de todos los hombres pecadores. Todo ser humano, por muy pecador que sea, podrá resistirse a la verdad y a la belleza, pero se rendirá ante la ternura y el amor
    El amor todo lo puede, todo lo vence, todo lo olvida, todo lo
perdona. Así es Dios con el hombre y así deberíamos ser los hombres y mujeres, unos con otros. 

10. O.A.M.D.G.

 O.A.M.D.G.  

¿Qué significa esta sigla? En este último artículo del grupo Un manojo de reflexiones  quiero descubrir lo que significan para mí estas letras.  
Veamos: Hay tres verbos muy importantes en la vida de cada persona. Son estos:  pensar, aceptar y ofrecer.  

Primer verbo: PENSAR  
    Pensar es reflexionar, contemplar la realidad, al menos en estos tres aspectos fundamentales:  
personal, social y religiosa.  
    Las personas, por nuestra capacidad de elección, podemos ser artífices de nuestra realidad o  situación. Aquí radica la importancia de las decisiones que tomamos; nuestra situación futura depende, en gran medida, de las decisiones que hemos tomado anteriormente; digo en gran medida, porque la realidad de cada uno también depende de las decisiones de los demás.  
    Lo importante es reflexionar sobre la propia realidad en los tres aspectos citados para poner todos los medios y mejorarla.  
    a) ¿Cuál es mi situación física? No puedo elegir estar sano o estar enfermo. Aunque deseo  la salud, sé que cualquier enfermedad se me puede colar y, por tanto, tengo que prevenir y, si llega  el caso, enfrentarlo con serenidad.  
    b) ¿Cuál es la situación social que me ha tocado vivir? Es un mundo en el que un graN porcentaje de personas, está dominado por el egoísmo, el afán de poder y de subyugar a los demás,  e imponer su punto de vista, incluso por la fuerza si lo creen necesario.  
    Como consecuencia directa de este egoísmo abundan las guerras, los ataques terroristas, las  mafias, el narcotrafico, los asesinatos, etc., etc. toda unas gama de males.  
    Se constata una pérdida de los valores básicos, tanto a nivel de personas como social.  
Predomina el egoísmo…..el sálvese quien pueda…. el «y tú más».  
    Una parte de la sociedad está perdiendo el norte. Toda sociedad sin valores humanos, personales, cívicos y religiosos se convierte en una selva donde predomina el más fuerte. No me  extraña que el mal pulule en sus mil caras diferentes y cada día con más fuerza.  
    Por suerte, no todas las personas viven la realidad tan negra. No me gusta la realidad malvada del mundo. Pero, no está a mi alcance cambiarla; lo que sí puedo y debo hacer es procurar  que mi conducta personal en todos los ámbitos sea coherente con mi deseo de un mundo mejor. El  único camino que tengo para mejorar la realidad es mejorar mi propia conducta. Están bien los  buenos deseos y las buenas palabras, pero es mucho mejor si les acompaña una conducta coherente.  
    Hay muchas personas con una profunda vida interior, que viven felices y, a pesar de las  dificultades, grandes o pequeñas, que se les presentan cada día, no decaen en su empeño y emplean su tiempo y sus energías haciendo sus trabajos y profesiones lo mejor que saben y pueden.  
    Hay muchos grupos de personas que, viviendo en este mundo cruel e inhumano, no participan de su maldad sino que tratan de hacer todo el bien que pueden a sus semejantes; sin ninguna distinción, les dan el respeto que merecen como personas y dedican gran parte de su tiempo  a prestarles ayuda en sus necesidades. Pero estas conductas ejemplares se conocen muy poco porque los protagonistas viven su realidad social con sencillez, como algo normal, como un servicio, «sin hacer ruido»1, sin salir en los medios de comunicación.  
    Dos preguntas que cada uno debe hacerse: Yo, ¿a qué grupo pertenezco? ¿Qué importancia tiene en mi vida el tema religioso?  
    Son preguntas aptas para todos, pues todas las personas deben enfrentarse con el tema religioso y elegir el camino que crean conveniente.  
    La respuesta a la pregunta sobre el tema religioso debe ir acompañada de estas tres cualidades: Respeto, coherencia y amor.  
    1ª Respeto a la decisión de los demás. La religión no debe imponerse; por muy convencido que esté de la verdad de mi fe, no la puedo imponer a los demás, como ha sucedido en tiempos pasados. La religión, cualquiera que sea, se predica de palabra y, sobre todo, de obra y se ofrece. Es  el otro quien debe elegir.  
    2ªCoherencia entre las palabras y las obras. Coherencia interior para no engañarme a mí mismo, y simular que creo. Aquí no caben las medias tintas: o creo o no creo. Si creo de verdad, con  un corazón sincero, reflejaré mi fe en todas mis obras, en toda mi manera de actuar.  
    No es aceptable hacer una serie de «actos externos» de cara a la galería, cuando la realidad  interior es que no se tiene fe.  
    3ª Amor: Es lo más importante y en lo que más solemos fallar. La realidad del mundo sería muy diferente si todos practicásemos más el amor y menos el egoísmo, el odio y el rencor.  

El amor no se interpreta, el amor se vive y practica.  

Segundo verbo: ACEPTAR  
    La realidad de cada persona es el reflejo de la realidad social; unas veces hay nubarrones y fuertes tormentas que zarandean nuestro interior, con dolores y sufrimientos del cuerpo y del espíritu; otras veces la vida nos sonríe y todo lo vemos color de rosa. Son momentos diferentes y realidades distintas. De todas hemos de aprender, todas deben servir para nuestro crecimiento interior: las agradables, para disfrutarlas y compartirlas, y las otras, las que nos hacen sufrir, para superarlas e integrarlas como experiencias de la vida que tienen un por qué y un para qué.  
    El dolor y el sufrimiento son connaturales al ser humano, a nadie le agradan, todos procuramos evitarlos; pero, si aprendemos a manejarlos pueden sernos muy útiles.  
Veamos:  
  ¿Por qué sufrimos? Porque somos humanos e irremediablemente el dolor, de una forma u  otra, será nuestro compañero de viaje en muchos momentos de nuestra vida.  
    ¿Para qué sufrimos? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? Cuando el dolor, en cualquiera de sus múltiples formas, llega a nuestra vida, podemos enfrentarlo, asumirlo y aceptarlo con amargura  (vía negativa) o con esperanza (vía positiva).  
    1ª Vía negativa: Soportar el sufrimiento con amargura. Es anclarse en el dolor, es sufrir  por sufrir, sin perspectiva de futuro. La interpretación negativa del dolor solo conduce a su incremento.  
    La resignación, aunque muchos no lo crean, no es una virtud cristiana; puede que sea una virtud estoica; pero no una virtud cristina porque está cerrada en sí misma, carece de esperanza, no  ofrece ninguna salida al mal que aflige.  
    2ª Vía positiva: Aceptar el sufrimiento con esperanza. Buscar y descubrir el significado de ese sufrimiento e integrarlo en la experiencia de vida.  

Solo sufre el que no sabe «para qué sufre».  

    La esperanza da alas para remontar los obstáculos, para salir de los atollederos, para aceptar el sufrimiento y salir de él robustecidos y encauzar la vida con mayores fuerzas. La esperanza es una bocanada de aire limpio que impide que nos ahoguemos en nuestra amargura interior.  
 La esperanza es una virtud humana de la que todos podemos y debemos gozar ante las dificultades de la vida; y es, al mismo tiempo, una virtud propia de los creyentes en la existencia de otra vida, la verdadera, la eterna. La vida terrenal es un tiempo de preparación para la eterna.  

Tercer verbo: OFRECER  
    Tendido en una cama de hospital, sobre una silla de ruedas o dentro de un campo de exterminio nazi, por poner algunos ejemplos, el ser humano puede vivir con esperanza, disfrutar de las cosas que, en esas circunstancias, le ofrece la vida y, al mismo tiempo, hacer mucho bien a los demás.  
    ¿Cómo es posible, se preguntarán algunos, que se pueda sacar un bien de algo que consideramos malo? Seas creyente o no, si tienes esperanza, no te resignarás, no te mostrarás pasivo ante el dolor, la enfermedad o cualquier otro mal que llegue a tu vida personal o social; al contrario, harás todo lo que esté en tu mano para superarlo y, además, aprovecharás la ocasión para convertir ese mal en fuente de bien.  
    En teoría, esto es muy sencillo; en la práctica, es algo más complicado.  
    Veamos unos ejemplos: Todos conocemos a personas que, por un accidente, han perdido la vista, un brazo o una pierna y, pasados los primeros días o meses de shock, han recuperado la serenidad, han asumido su nueva realidad y, aferrándose a la vida, han puesto todo su empeño en seguir adelante.  
   Y así tenemos: ciegos que han hecho sus carreras, medias o universitarias, mediante la lectura braille y han logrado un puesto de trabajo; deportistas que practican su deporte favorito sobre una silla de ruedas o con una pierna especial.  
    Estas personas son un ejemplo para la sociedad que les admira y agradece su ejemplo de entrega, esfuerzo y tesón para superar la dificultad.  
    Los creyentes, además, tenemos el ejemplo del Señor, quien en medio de los sufrimientos de su agonía en Getsemaní, oró al Padre, diciendo: «Padre mío, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero, no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42)  
    Cristo con sus sufrimientos y muerte en la cruz redimió a la Humanidad, conquistó para todos los seres humanos la posibilidad de ser hijos adoptivos de Dios y gozar con Él en la vida eterna.  
    Como creyente, puedo aceptar y ofrecer a Dios no solo los sufrimientos que llegan a mi vida, sino también todas mis acciones, cualesquiera que sean, si son honestas, son agradables a Dios  y se las puedo ofrecer para su mayor gloria.  
    Ofrecer a Dios todo lo que hago cada día lleva consigo la exigencia de hacerlo bien, lo mejor que pueda. Sería de muy mal gusto y de falta de fe ofrecer a Dios algo mal hecho o hecho de mala gana. La dignidad de Dios y mi propia coherencia me exigen poner todo mi empeño en hacer  las cosas lo mejor que pueda.  
    Ofrecer a Dios todas mis obras es contribuir al bien de los demás. Todos somos miembros de la familia humana. De nuevo San Pablo nos instruye cuando escribe: «De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con él y si un miembro es honrado, todos los otros se gozan a una» (1 Corintios 12, 26)  
    Las obras buenas son el mejor ejemplo, la mejor predicación y el mejor apostolado para que los demás, según dijo Jesús «viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos» (Mateo 5,16).  
Para finalizar vuelvo al principio.  
    ¿Qué significa la sigla O.A.M.D.G.? 
San Pablo escribe a los corintios esta frase de tan largo alcance: «Ya comáis, ya bebáis o hagáis otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1Corintios 10,31).  

De este texto de San Pablo, en latín, está tomada la sigla:  

Omnia Ad Maiorem Dei Gloriam.  
(Todo a la mayor gloria de Dios).  

jueves, 18 de septiembre de 2025

08.- ANTICONCEPCION Y NATALIDAD

09;INFERTIIDAD, FECUNDACIÓN ARTIFICIAL Y ADOPCIÓN

sábado, 15 de marzo de 2025

168.- YO TAMBIÉN TENGO UN SUEÑO

167.- LA FAMILIA Y SUS CIRCUNSTANCIAS

166.- VALORES Y CREENCIS

165.- SIGUIENDO LAS HUELLAS

164.- LLAMANDO A TU PUERTA

163.- DEL CALVARIO AL SAGRARIO

162.- EL DOLOR Y EL SURIMIENTO

161.- SEXUALIDAD Y SACERDOCIO

160.- UCRANIA Y RUSIA

159.- ORIENTE MEDIO, ANTES Y AHORA

158.- LOS CUATRO EVANGELISTAS

157.- MARÍA, LA MADRE DEL SEÑOR

156.- SAN DAMIÁN DE MOLOKAI

155.- SANTA TERESA DE CALCUTA55

154.- SAN MAXIMILIANO KOLBE

153.- MARTIN LUTHER KING

152.- DON PEDRO CASALDÁLIGA, OBISPO

151.- GANGHI, SU VIDA E IDEAS

150.- DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

149.- OCÚPATE Y DESPREOCÚPATE

148.- LA PAZ INTERIOR

147.- CON OTROS OJOS

martes, 4 de junio de 2019

146.- SAN PABLO VI Y SAN ÓSCAR ROMERO

El 14 DE Octubre de 2018, han sido canonizados por el Papa Francisco siete nuevos santos. Estos son sus nombres:
Pablo VI, Papa.
Óscar Romero, arzobispo y mártir.
Nazaria Ignacia March Mesa, religiosa.
Vicente Romano, sacerdote.
Francisco Spinelli, sacerdote.
Nunzio Sulpricio, laico.
María Catalina Kasper, religiosa.

jueves, 23 de mayo de 2019

145.- DE ADÁN A JESUCRISTO. CAPÍTULO 18: EPÍLOGO AL DESIGNIO DE DIOS


La historia humana no es el resultado de un destino ciego, sino de la voluntad de Dios desde su inicio a su término. La voluntad divina se concreta en el “Designio de salvación de todos los seres humanos”.
Este designio dota de unidad e inteligibilidad al conjunto de la Sagrada Escritura, a la que recorre transversalmente en todos sus libros. Estuvo oculto durante largos siglos, fue esbozado en el Antiguo Testamento y manifestado plenamente en el Nuevo Testamento.

144.- DE ADÁN A JESUCRISTO. CAPÍTULO 17: LA NUEVA ALIANZA


El Mesías
Mesías viene de la palabra hebrea “masiah” que significa “ungido”; en griego ungido se dice “khristos”.

143.- DE ADÁN A JESUCRISTO. CAPíÍTULO 16: ALIANZA DE YAVÉ CON ABRAHAM

Dios quiere llevar a los hombres a una vida de comunión con Él. Esta es la idea fundamental de la Alianza, que dirige todo el pensamiento religioso del Antiguo Testamento y que, en el Nuevo, alcanzará su plenitud.

142.- DE ADÁN A JESUCRISTO. CAPÍTULO 15: IMPERIOS REINANTES EN JUDEA


Desde su retorno a Judea, los judíos tuvieron que soportar una serie de reyes pertenecientes a diversos imperios: Persa-Aqueménida, Griego- Macedonio, Seléucida y Romano.