martes, 26 de mayo de 2026

163.- O.A.M.D.G.

    

¿Qué significa esta sigla? En este último artículo quiero descubrir lo que significan para mí estas letras.  
Veamos: Hay cuatro verbos muy importantes en la vida de cada persona. Son estos:  pensar, aceptar,  ofrecer y agradecer.  

Primer verbo: PENSAR  
    Pensar es reflexionar, contemplar la realidad, al menos en estos tres aspectos fundamentales:  
personal, social y religiosa.  
    Las personas, por nuestra capacidad de elección, podemos ser artífices de nuestra realidad o  situación. Aquí radica la importancia de las decisiones que tomamos; nuestra situación futura depende, en gran medida, de las decisiones que hemos tomado anteriormente; digo en gran medida, porque la realidad de cada uno también depende de las decisiones de los demás.  
    Lo importante es reflexionar sobre la propia realidad en los tres aspectos citados para poner todos los medios y mejorarla.  

    a) ¿Cuál es mi situación física? No puedo elegir estar sano o estar enfermo. Aunque deseo  la salud, sé que cualquier enfermedad se me puede colar y, por tanto, tengo que prevenir y, si llega  el caso, enfrentarlo con serenidad.  

    b) ¿Cuál es la situación social que me ha tocado vivir? Es un mundo en el que un graN porcentaje de personas, está dominado por el egoísmo, el afán de poder y de subyugar a los demás,  e imponer su punto de vista, incluso por la fuerza si lo creen necesario.  
    Como consecuencia directa de este egoísmo abundan las guerras, los ataques terroristas, las  mafias, el narcotrafico, los asesinatos, etc., etc. toda unas gama de males.  
    Se constata una pérdida de los valores básicos, tanto a nivel de personas como social.  
Predomina el egoísmo…..el sálvese quien pueda…. el «y tú más».  
    Una parte de la sociedad está perdiendo el norte. Toda sociedad sin valores humanos, personales, cívicos y religiosos se convierte en una selva donde predomina el más fuerte. No me  extraña que el mal pulule en sus mil caras diferentes y cada día con más fuerza.  
    Por suerte, no todas las personas viven la realidad tan negra. No me gusta la realidad malvada del mundo. Pero, no está a mi alcance cambiarla; lo que sí puedo y debo hacer es procurar  que mi conducta personal en todos los ámbitos sea coherente con mi deseo de un mundo mejor. El  único camino que tengo para mejorar la realidad es mejorar mi propia conducta. Están bien los  buenos deseos y las buenas palabras, pero es mucho mejor si les acompaña una conducta coherente.  
    Hay muchas personas con una profunda vida interior, que viven felices y, a pesar de las  dificultades, grandes o pequeñas, que se les presentan cada día, no decaen en su empeño y emplean su tiempo y sus energías haciendo sus trabajos y profesiones lo mejor que saben y pueden.  
    Hay muchos grupos de personas que, viviendo en este mundo cruel e inhumano, no participan de su maldad sino que tratan de hacer todo el bien que pueden a sus semejantes; sin ninguna distinción, les dan el respeto que merecen como personas y dedican gran parte de su tiempo  a prestarles ayuda en sus necesidades. Pero estas conductas ejemplares se conocen muy poco porque los protagonistas viven su realidad social con sencillez, como algo normal, como un servicio, «sin hacer ruido»1, sin salir en los medios de comunicación.  

    Dos preguntas que cada uno debe hacerse: Yo, ¿a qué grupo pertenezco? ¿Qué importancia tiene en mi vida el tema religioso?  
    Son preguntas aptas para todos, pues todas las personas deben enfrentarse con el tema religioso y elegir el camino que crean conveniente.  
    La respuesta a la pregunta sobre el tema religioso debe ir acompañada de estas tres cualidades: Respeto, coherencia y amor.  

    1ª Respeto a la decisión de los demás. La religión no debe imponerse; por muy convencido que esté de la verdad de mi fe, no la puedo imponer a los demás, como ha sucedido en tiempos pasados. La religión, cualquiera que sea, se predica de palabra y, sobre todo, de obra y se ofrece. Es  el otro quien debe elegir.  

    2ªCoherencia entre las palabras y las obras. Coherencia interior para no engañarme a mí mismo, y simular que creo. Aquí no caben las medias tintas: o creo o no creo. Si creo de verdad, con  un corazón sincero, reflejaré mi fe en todas mis obras, en toda mi manera de actuar.  
    No es aceptable hacer una serie de «actos externos» de cara a la galería, cuando la realidad  interior es que no se tiene fe.  

    3ª Amor: Es lo más importante y en lo que más solemos fallar. La realidad del mundo sería muy diferente si todos practicásemos más el amor y menos el egoísmo, el odio y el rencor.  

El amor no se interpreta, el amor se vive y practica.  

Segundo verbo: ACEPTAR  
    La realidad de cada persona es el reflejo de la realidad social; unas veces hay nubarrones y fuertes tormentas que zarandean nuestro interior, con dolores y sufrimientos del cuerpo y del espíritu; otras veces la vida nos sonríe y todo lo vemos color de rosa. Son momentos diferentes y realidades distintas. De todas hemos de aprender, todas deben servir para nuestro crecimiento interior: las agradables, para disfrutarlas y compartirlas, y las otras, las que nos hacen sufrir, para superarlas e integrarlas como experiencias de la vida que tienen un por qué y un para qué.  
    El dolor y el sufrimiento son connaturales al ser humano, a nadie le agradan, todos procuramos evitarlos; pero, si aprendemos a manejarlos pueden sernos muy útiles.  
Veamos:  

  ¿Por qué sufrimos? Porque somos humanos e irremediablemente el dolor, de una forma u  otra, será nuestro compañero de viaje en muchos momentos de nuestra vida.  

    ¿Para qué sufrimos? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? Cuando el dolor, en cualquiera de sus múltiples formas, llega a nuestra vida, podemos enfrentarlo, asumirlo y aceptarlo con amargura  (vía negativa) o con esperanza (vía positiva).  
    1ª Vía negativa: Soportar el sufrimiento con amargura. Es anclarse en el dolor, es sufrir  por sufrir, sin perspectiva de futuro. La interpretación negativa del dolor solo conduce a su incremento.  
    La resignación, aunque muchos no lo crean, no es una virtud cristiana; puede que sea una virtud estoica; pero no una virtud cristina porque está cerrada en sí misma, carece de esperanza, no  ofrece ninguna salida al mal que aflige.  
    2ª Vía positiva: Aceptar el sufrimiento con esperanza. Buscar y descubrir el significado de ese sufrimiento e integrarlo en la experiencia de vida.  

Solo sufre el que no sabe «para qué sufre».  

    La esperanza da alas para remontar los obstáculos, para salir de los atollederos, para aceptar el sufrimiento y salir de él robustecidos y encauzar la vida con mayores fuerzas. La esperanza es una bocanada de aire limpio que impide que nos ahoguemos en nuestra amargura interior.  
 La esperanza es una virtud humana de la que todos podemos y debemos gozar ante las dificultades de la vida; y es, al mismo tiempo, una virtud propia de los creyentes en la existencia de otra vida, la verdadera, la eterna. La vida terrenal es un tiempo de preparación para la eterna.  

Tercer verbo: OFRECER  
    Tendido en una cama de hospital, sobre una silla de ruedas o dentro de un campo de exterminio nazi, por poner algunos ejemplos, el ser humano puede vivir con esperanza, disfrutar de las cosas que, en esas circunstancias, le ofrece la vida y, al mismo tiempo, hacer mucho bien a los demás. 
 
    ¿Cómo es posible, se preguntarán algunos, que se pueda sacar un bien de algo que consideramos malo? Seas creyente o no, si tienes esperanza, no te resignarás, no te mostrarás pasivo ante el dolor, la enfermedad o cualquier otro mal que llegue a tu vida personal o social; al contrario, harás todo lo que esté en tu mano para superarlo y, además, aprovecharás la ocasión para convertir ese mal en fuente de bien.  
    En teoría, esto es muy sencillo; en la práctica, es algo más complicado.  
    Veamos unos ejemplos: Todos conocemos a personas que, por un accidente, han perdido la vista, un brazo o una pierna y, pasados los primeros días o meses de shock, han recuperado la serenidad, han asumido su nueva realidad y, aferrándose a la vida, han puesto todo su empeño en seguir adelante.  
   Y así tenemos: ciegos que han hecho sus carreras, medias o universitarias, mediante la lectura braille y han logrado un puesto de trabajo; deportistas que practican su deporte favorito sobre una silla de ruedas o con una pierna especial.  
    Estas personas son un ejemplo para la sociedad que les admira y agradece su ejemplo de entrega, esfuerzo y tesón para superar la dificultad.  
    Los creyentes, además, tenemos el ejemplo del Señor, quien en medio de los sufrimientos de su agonía en Getsemaní, oró al Padre, diciendo: «Padre mío, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero, no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42)  
    Cristo con sus sufrimientos y muerte en la cruz redimió a la Humanidad, conquistó para todos los seres humanos la posibilidad de ser hijos adoptivos de Dios y gozar con Él en la vida eterna.  
    Como creyente, puedo aceptar y ofrecer a Dios no solo los sufrimientos que llegan a mi vida, sino también todas mis acciones, cualesquiera que sean, si son honestas, son agradables a Dios  y se las puedo ofrecer para su mayor gloria.  
    Ofrecer a Dios todo lo que hago cada día lleva consigo la exigencia de hacerlo bien, lo mejor que pueda. Sería de muy mal gusto y de falta de fe ofrecer a Dios algo mal hecho o hecho de mala gana. La dignidad de Dios y mi propia coherencia me exigen poner todo mi empeño en hacer  las cosas lo mejor que pueda.  
    Ofrecer a Dios todas mis obras es contribuir al bien de los demás. Todos somos miembros de la familia humana. De nuevo San Pablo nos instruye cuando escribe: «De esta suerte, si padece un miembro, todos los miembros padecen con él y si un miembro es honrado, todos los otros se gozan a una» (1 Corintios 12, 26)  
    Las obras buenas son el mejor ejemplo, la mejor predicación y el mejor apostolado para que los demás, según dijo Jesús «viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos» (Mateo 5,16).  

Para finalizar vuelvo al principio.  
    ¿Qué significa la sigla O.A.M.D.G.? 
San Pablo escribe a los corintios esta frase de tan largo alcance: «Ya comáis, ya bebáis o hagáis otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1Corintios 10,31).  

De este texto de San Pablo, en latín, está tomada la sigla:  

Omnia Ad Maiorem Dei Gloriam.  
(Todo a la mayor gloria de Dios). 

lunes, 25 de mayo de 2026

162.0.- SIGUIENDO LAS HUELLAS: YO TAMBIÉN TENGO UN SUEÑO


¿Alguien se acuerda de Martin Luther King? Fue uno de los personajes más emblemáticos de la lucha por los derechos humanos del siglo XX. Dedicó su vidaa la causa de la igualdad, la justicia y el cambio social sin violencia; firme defensor de los derechos humanos y la dignidad de toda persona frente a la opresión, la discriminación y la injusticia. «Tengo un sueño». Es la frase de Luther King en la que me he inspirado.                              ¿Cual era el sueño de Luther King? «Sueño que mis cuatro hijos vivan un día en na nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por su carácter».

Yo también tengo un sueño: El de poner mi pequeña colaboración para mejorar el mundo, de tal forma que:

Donde haya violencia, reine la paz; donde haya rencor, llegue el perdón y la reconciliación; donde haya egoísmo, nazca la generosidad y donde haya odio, crezca el amor.

¿Cuándo tuve este sueño? El 30 de diciembre de 2019 me llevaron a Urgencias del Hospital Gregorio Marañón de Madrid por unas afecciones bastante serias del hígado, vesícula biliar y páncreas; de Urgencias me pasaron a sala y quedé ingresado. Tras unos días de tratamiento, empecé a recuperarme y, entonces, me vino a la mente el sueño. Un día y otro, una noche y otra, no podía quitármelo de la cabeza.

Entonces pensé, ¿qué puedo hacer yo, en estas circunstancias? Recordé el axioma que dice «si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiarte a ti mismo».

Se hizo la luz en mi mente y decidí dos cosas para empezar a cumplir mi sueño:

Tratar de aplicarme a mí mismo todo lo que fuese descubriendo que considerase positivo para lograr mi sueño. Así desapareció la utopía y quedó un sueño posible y realizable en mi propia vida; aunque lleno de dificultades por la envergadura del cambio a realizar.

Pensé: lo que es bueno para mí, también puede serlo para los demás; tengo que escribir la «receta» y ponerla a disposición de los que decidan usarla.

Durante los últimos días en el hospital (salí el 10 de enero), esbocé un serie de títulos (de alguno incluso un primer esquema), que creí iban en la dirección correcta para la consecución del sueño. Ya en casa, a la vez que me recuperaba físicamente, me sentí urgido mentalmente a poner en práctica práctica las dos decisiones.                                                                     Mi mente y mi ordenador echaban humo. Aproveché todos los minutos; sentía una profunda necesidad de escribir. No dejé de hacerlo cuando llegó la pandemia del Covid- 19; aunque lo sufrí,  no fue nada especial; unos pinchacitos, unos días de reclusión y tan fresco; incluso tuve más tienpo para escribir. Así puedo decir, con toda verdad, que mis artículos «fueron concebidos en el hospital y dados a luz en la pandemia y postpandemia». Ahora estoy en una carrera contra reloj, pues es mucho lo que bulle en mi mente y no sé de cuánto tiempo dispongo.

Estoy firmemente convencido de que el único camino para lograr mi sueño es aceptar el proyecto que ofrece (no impone) Jesús de Nazaret con su persona, obras y palabras. Es imposible conocer a Jesús y no amarle; amarle y no imitarle. Por eso necesito ofrecer a los demás la posibilidad de conocerlo.

Los artículos forman un todo, aunque cada uno tiene su propia entidad. La idea fundamental del conjunto es llevar al conocimiento de Cristo, y, como lógica consecuencia, provocar en el lector su respuesta personal.

INTRODUCCIÓN

Los exploradores de los siglos pasados iniciaron su ruta como una gran aventura, animados por el deseo de descubrir y precavidos ante los peligros que tendrían que afrontar.

En esa misma tesitura me encuentro en este momento. Me imagino que yo no soy yo, un individuo, sino que represento al colectivo de la Humanidad y, como tal, voy a emprender la  aventura de descubrir “El designio de Dios para los seres humanos”.

Estoy en la línea de salida de la aventura humana, nervioso, inquieto e ilusionado. No conozco ni la ruta ni el destino; pero, sé que Él me ha precedido con mucha antelación y ha dejado las señales, huellas o indicaciones, visibles o escondidas, que yo deberé encontrar y seguir para culminar mi aventura.

Todos los seres humanos, alguna vez en la vida, nos hemos preguntado: ¿De dónde vengo? ¿Qué hago aquí? ¿Cual és mi destino después de la muerte? Son tres preguntas clásicas a las que la Filosofía, la Biología y la Religión han tratado de dar respuesta. 

Está fuera de mis pretensiones responder a las preguntas bajo el punto de vista filosófico y biológico; pero, sí voy a hacerlo desde el punto de vista religioso cristiano. Doy por sentado tanto la existencia de Dios y que Él es el gran planificador y creador del Universo y de todo cuanto contiene; que Él lo planificó todo para todos, incluído el hombre.

Por tanto, todo hombre, por el mero hecho de existir, tiene un quehacer y un destino acordes con el plan maestro de Dios. 

Todo “hombre” debería preguntarse, ¿cuál es su quehacer? ¿Para qué ha venido a este mundo? La respuesta está en otra pregunta, ¿por qué Dios le ha traído a la existencia?   

BREVE DESCRIPCIÓN DE LOS ARTÍCULOS      

Siguiendo las huellas que comprende los números 162.0 a 162.18. Es un recorrido por el  Antiguo   Testamento buscando los textos que dan pistas sobre el designio divino de salvación de la humanidad.

Llamando a tu puerta,  abarca los números 161.0 a 161.19.  Persigue la finalidad de dar a conocer a Jesús de Nazaret, para que a través del conocimiento nazcan el amor y el seguimiento. 

Del Calvario al Sagrario, número 160, muesta que los dolores físicos y   morales de Jesús tuvieron un "por qué" y "un para qué".                                                                                                                

El dolor y el sufrimiento, número 159, respnde a las preguntas: ¿Tiene algún sentido el sufrimiento humano? ¿Cómo descubrirlo?                                                                                                

Los cuatro evangelios, número 158, son el mejor libro de la historia y el mejor para el que desee conocer a Jesús de Nazaret.

En las seis entradas siguientes, números 156-151, contemplo las respuestas dadas a la llamada de Dios por seis personas: tres santos, un Pastor protestante, un obispo católico y un hindú).

De las tinieblas a la Luz,  Número 150, es un bosquejo de la realidad del mal en el mundo. El abanico del mal es muy grande y tenía donde escoger, me decidí por estos cuatro temas:  el infanticio,la situación de la mujer, la esclavitud y la vida de los gladiadores romanos.  ¿Qué hubiera sucedido si Cristo no hubiese nacido?

Ocúpate y despreacúpate. Número 149 ¿Qué postura adoptar   ante los problemas y dificultades de la vida?

La paz interior. Número 148. La superación del mal es un largo camino que dura toda la vida. Lo podemos recorrer con profunda  paz interior porque Cristo está siempre a nuestro lado.

Con otros ojos.  Número 147.  En nuestro caminar hemos descubierto una nueva visión el mundo a través del Amor. Vivir 
esta nueva forma es gozar de la presencia de Dios que nos acompaña.  

 Para una mejor la comprensión he puesto, a continuación,  unas “Cuestiones previas”.

 1ª Cuestión: “Y dijo Yavé...” 

Muchísimas son las veces que aparece esta frase en el Antiguo Testamento. ¿Cómo hay que interpretarla? ¿Dios (Yavé) hablaba con los personajes como una persona habla con otra? Parece serque no.                                                                                 ¿Qué sucedía entonces? Entramos en el "tema de la inspiración". Todos los libros de la Sagrada Escritura tienen a Dios como autor principal y a un ser humano como autor secundario. Dios, como autor principal, "inspira", es decir, da a conocer al autor secundario lo que concierne a su designio sobre el hombre. En este punto no cabe error, Dios es siempre el mismo y no se equivoca. El autor secundario, para poner por escrito lo que Dios le ha inspirado se vale de sus luces, estilos y conocimientos humanos; aquí sí tiene cabida el error. Así se puede comprender el estilo directo de“Y dijo Yavé”.

2ª Cuestión: Los tiempos de la revelación

Dios podía haber revelado todo su designio desde el principio; pero, no lo hizo, sino que quiso adaptarse al nivel comprensivo del “hombre” en cada momento de su historia. Así Dios revela  al hombre su designio de forma gradual y progresiva. Es la pedagogía de Dios, quien, igual que los buenos maestros, dosifica el mensaje y se adapta a las condiciones intelectuales de los hombres.

La Sagrada Escritura habla a cada “hombre” en su vida concreta e ilumina su camino. Dios, en la Sagrada Escritura, se da a conocer Él mismo y su designio para que el “hombre” entre en comunión con Él. No se trata de una lectura fría, intelectual e impersonal, sino de una actitud de escucha en una comunión de persona a persona.

“En el principio creó Dios el cielo y la tierra “(Gen, 1,21). El acto creador de Dios marca el inicio absoluto del tiempo, y Dios va a desarrollar en el tiempo su designio amoroso hacia el “hombre”. La historia sagrada está jalonada por acontecimientos, que son como etapas del designio divino, y que están orientados a un fin, en el que el tiempo de espera alcanzará su término y su    plenitud. Todo el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia) tiene la finalidad, exclusivamente religiosa, de asentar las bases del monoteísmo, elección del pueblo de Israel, como pueblo de Dios, y hacer de Israel el instrumento a través del cual llegue a las naciones el designio divino de salvación, desde su comienzo hasta la plena manifestación en Jesús.  

Hay mucho recorrido desde Adán a Jesucristo. Con Jesús llegó el fin hacia el que estaban orientados los tiempos preparatorios del Antiguo Testamento. Como dice San Pablo:“Al llegar  la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo”(Gal 4,4) El nacimiento de Jesús corona la esperanza milenaria del pueblo judío, centrada en la expectativa del Mesías, Hijo de David. Un camino plagado de manifestaciones de Dios, más o menos claras: La creación, los primeros seres humanos, los patriarcas, los jueces, los reyes, los profetas y, finalmente, Jesucristo, el enviado del Padre, su completa y perfecta revelación.

 3ª Cuestión: La unidad de la Sagrada Escritura

Ya lo decía san Agustin: “Novum in Vetere latet et in Novo Vetus patet”. (El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, y en el Nuevo se manifiesta el Antiguo). Por muy diferentes que sean  los libros que la componen, la Biblia es una en razón de la unidad de su autos principal (Dios) y de su designio sobre el hombre. No cabe en ella ningún error referido al designio de Dios. En cuanto a las palabras que los autores han empleado para manifestarlo, es natural que los haya porque cada autor secundario usó sus luces y conocimientos que, por supuesto eran limitados.

 


162.1.- SIGUIENDO LAS HUELLAS: ADÁN...NOÉ...ABRAHAM

 

1.- Empieza la aventura:

Estoy en una especie de selva virgen, un jardín maravilloso, lleno de árboles floridos, de los que penden frutas muy diversas que, al menos, a la vista, son espectaculares. Ansioso por emprender mi aventura, he madrugado y ya me encuentro en la línea de salida esperando que llegue la hora. Recordando el verso de Machado que dice “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, inicio la etapa.

Me abro camino con el machete y, a los pocos metros, me topo con una pareja que intenta ocultarse. Me acerco a su escondite.

Son una mujer y un hombre. Ruborizados me cuentan que se llaman Eva y Adán, que hasta no hace mucho, vivían muy felices, pero que ahora, víctimas de la curiosidad de Eva, ha aquella felicidad desaparecido  y su Señor está enfadado con ellos por haberle desobedecido. Seguro que nos castigará y nos hará pagar con la muerte el precio de nuestra desobediencia, me dicen entre sollozos. Me despedí de ellos y, deseándoles buena suerte, seguí haciendo mi camino. A los pocos pasos tropecé con una serpiente enroscada cerca de un manzano del que colgaban unas reinetas sabrosísimas. En el tronco del manzano había un cartel que decía: “pongo enemistad entre tí y la mujer, entre tu linaje y el suyo, éste te aplastará la cabeza”. (Gén 3,15)

Me costó descifrarlo; al final, deduje que Alguien con autoridad sobre la mujer y la serpiente, se compadecía de aquélla y castigaba a ésta; deduje también que un descendiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente.

Entendí que era el Señor que, aunque enfadado, se había compadecido de la pareja y para manifestarles su perdón y su amor, se proponía iniciar un designio de salvación que, si cooperaban, les facilitase recobrar la amistad perdida.

La primera señal indicadora de mi ruta era un tanto misteriosa y enigmática, pero tenía una parte muy clara: Era designio del Señor que un descendiente de Adán y Eva traería la salvación a la Humanidad. 

Yo seguí mi camino y Adán y Eva el suyo. Tuvieron dos hijos que se llamaron Caín y Abel, que eran uno labrador y el otro pastor. Ambos hicieron ofrendas al Señor. Las ofrendas de Caín no agradaron al Señor, sí las de Abel, lo que llevó a Caín a matar a su hermano. Este es el primer homicidio que presencié como Humanidad.

Los hombres y mujeres se multiplicaron sobre la tierra y tanto creció la maldad que el Señor decidió exterminarlos por medio de un diluvio. El Señor encontró un hombre justo y perfecto llamado Noé y le libró del diluvio a él, a su mujer y asus hijos. 

Estoy ante una nueva señal en mi ruta que me dice cómo es el Señor; por una parte, es un juez justo que castiga a los malvados y por otra, es bondadoso con los que siguen caminos de justicia y rectitud.

Siguiendo mi camino, descubrí que los hijos de Noé fueron Sem, Cam y Jafet. Pasan nueve generaciones, la Humanidad crece, todos engendran hijos e hijas. Me encuentro con Téraj, un  descendiente de Sem, que vive en Ur de los caldeos con su mujer y sus hijos Abrán, Najor y Harán.

Otra señal: Un día el Señor llamó a Abrán y le ordenó salir de Ur e ir a la tierra que Él le mostraría porque quería hacer de él una gran nación. Abrán, que era justo como su antecesor Noé, no se lo pensó dos veces; tomó a Saray, su mujer y a Lot, hijo de su hermano Harán y se pusieron en camino, acampando finalmente en el Negueb.

A causa de una hambruna, Abrán y su familia bajaron a Egipto para poder sobrevivir. Saray era muy hermosa y fue llevada al palacio del Faraón, y éste, creyendo que era hermana de Abrán, la tomó por mujer y obsequió a Abrán con ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos. Pasados los días, el Faraón descubrió el entuerto y dijo a Abrán: “Qué has hecho conmigo? ¿Por qué no me avisaste que era tu mujer? Aquí tienes a tu mujer, tómala y vete” (Gén 12,18-19)

Nueva señal: El Señor se sirve del Faraón para que Abrán y su familia salgan de Egipto y se instalen en la tierra de Canaán.

Transcurrieron diez años y Saray no concebía porque era estéril; pero conocía la norma (1) que dice: la mujer estéril puede dar a su marido una esclava por mujer, perdiendo él su derecho a repudiarla.

Saray tomó a su esclava Agar y se la entregó a Abrán, éste la poseyó y Agar dio a luz un hijo al que llamó Ismael.

El Señor, como nueva señal de su designio, selló este pacto con Abrán: “ Esta es mi alianza contigo: Serás padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás más Abrán, tu nombre será Abraham... Circuncidad a todo varón, ésa será la señal de mi pacto entre vosotros...A Saray, tu mujer, ya no la llamarás Saray, sino Sara. Yo la bendeciré y ella también te dará un hijo,... le pondrás por nombre Isaac” (Gén 17, 4-5.11. 15.19. Y así sucedió.

2.- La prueba de Abraham:

Probó el Señor a Abraham diciéndole: “¡Abraham, Abraham! Toma a tu hijo, a tu unigénito, al que tanto amas, a Isaac, vete a la tierra de Moriab y ofrécemelo allí en holocausto” (Gen 22,1-2).

Esto, ahora, nos parece y es una barbaridad, pero, en aquel tiempo eran frecuentes los sacrificios humanos.

Abraham se puso en camino con su hijo Isaac, al que cargó con la leña del holocausto y él tomó el fuego y el cuchillo. Hay aquí un diálogo enternecedor entre ambos:

-¡Padre!

- ¿Qué quieres, hijo mío?

- Llevamos el fuego y la leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?

-El Señor proveerá, hijo mío.

Llegados al lugar, Abraham construyó el altar, dispuso la leña, ató a Isaac y lo puso sobre el ara, encima de la leña. “Tomó el cuchillo para degollar a su hijo, pero un ángel del Señor le gritó:

¡Abraham! ¡Abraham! Él contestó: Aquí estoy. Y el ángel añadió: No alargues tu mano sobre el niño, no le hagas nada, ahora ya sé que eres temeroso del Señor, pues no has perdonado a tu único hijo. Abraham vio un carnero enredado en un zarzal, lo tomó y lo sacrificó en lugar de su hijo” (Gén 22,10-13).

Es realmente suprema la prueba a la que Abraham es sometido. Nada menos que sacrificar a su hijo único, Isaac, que había sido tan deseado por sus padres y, una vez nacido, en él tenía  puestas todas sus esperanzas porque en él se realizarían las promesas.

¿Cómo pudo Abraham aceptar el sacrificio de su hijo? Porque se dejó guiar por la fe, la obediencia y la confianza en el Señor. El patriarca Abraham será para siempre ante la Humanidad el  modelo de fe y de obediencia. El Señor recompensó a Abraham colmándole de bendiciones y multiplicando su descendencia.

Abraham buscó esposa para su hijo Isaac: Dijo Abraham al más antiguo de sus siervos: Ve a mi tierra, a mi parentela, a buscar mujer para mi hijo Isaac. El siervo se dirigió a Aram Naharaím,      región comprendida entre el curso superior del río Eufrates y su afluente, el Jabor; en medio de esta región se halla Harán o Jarán, la ciudad de Najor.

A las afueras de Harán, junto a un pozo, se encontró con Rebeca que iba a sacar agua. El siervo dijo a Rebeca: Dame, por favor, un poco de agua de tu cántaro. Ella le dio de beber y también a los camellos y le confesó que era hija de Batuel, hijo de Melca, la mujer de Najor, hermano de Abraham. El siervo cayó en la cuenta de que Rebeca era prima de Isaac, en segundo grado, por ser nieta de Najor, el hermano de Abraham y le puso el arillo en la nariz y los brazaletes en los brazos y, tras las presentaciones y conformidad de la familia y de ella misma, partió con Rebeca hacia la casa de Isaac.

Éste la tomó por esposa y la amó. “Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca” (Gén 25,20).

Muerte de Sara: Murió Sara en Quiriar Arbá, que es Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham hizo duelo por Sara y la lloró” (Gén 23,2) Muerte de Abraham: “Abraham murio, en buena ancianidad, viejo y lleno de días y fue a reunirse con su pueblo. Sus hijos, Isaac e Ismael, le sepultaron en la cueva de Macpelá… con Sara, su esposa” (Gén 25, 8-10)

3.- Genealogía desde Adán hasta Isaac

Hijos de Adán: Caín, Abel y Set.(2)

Generaciones desde Set a Noé: Set, Enós, Cainán, Mahalcel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec y Noé.

Hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet.

Hijos de Sem: Arfacsad, Selaj, Heber, Peleg, Reú, Serug, Najor y Teraj.

Hijos de Teraj: Abraham, Nojor y Harán.

Hijo de Abraham: Isaac

Esta es, a grandes rasgos, la historia del Patriarca Abraham, cuya fe ha sido y será siempre alabada por todos los creyentes en el único Dios.

 1 Del Código de Hammurabi

2 En negrita la línea de transmisión genealógica que hay que seguir porque en ella está oculto el designio del amor de Dios.  

162.2.- SIGUIENDO LAS HUELLAS: EL PATRIARCA JACOB

 

1.- Nacimiento de Esaú y Jacob.

Isaac se casó con Rebeca que era estéril, pero Yavé le fue propicio y concibió dos mellizos:

Esaú y Jacob. Esaú, el primogénito, llegó a ser un cazador experto, un hombre de campo, mientras que Jacob era apacible y muy casero. Isaac prefería a Esaú porque le gustaba la caza y Rebeca prefería a Jacob porque era más tranquilo y casero. (Gen 25,24-27).

2.- Esaú vende su primogenitura

Un día Esaú llegó del campo muy cansado y dijo a Jacob: Dame de tu guiso para comer, que estoy desfallecido. 

-Véndeme tu primogenitura, le contestó Jacob.                        

¿Qué  me importa la primogenitura?, replicó Esaú.     

-Júramelo, dijo Jacob.                                                                                 

-Lo juro, dijo Esaú. Y se comió el guiso de lentejas que le entregó Jacob. (Gén 25,30-34)

3.- Isaac pillado “in fragranti”

Isaac se estableció en Guerar, tierra de Abimelec, rey de los filisteos. Rebeca era muy hermosa y los filisteos preguntaban por ella a Isaac; él les decía “es mi hermana” (Gen 26,7). La  mentira se aclaró cuando Abimelec pilló a los esposos “in fragranti”. Llamó a Isaac y le dijo: 

- ¡Con que es tu mujer! ¿Por qué dices que es tu hermana?         

- Respondió Isaac: Pensé que podría morir por su causa.

La envidia de los filisteos: Isaac prosperó y se hizo muy rico. Los filisteos, llevados por la envidia, cegaron con tierra todos los pozos abiertos en tiempo de Abraham. Los siervos de Isaac  excavaron nuevos pozos. Vinieron desde Guerar, Abimelec, Ajuzat y Picol y dijeron a Isaac: Queremos hacer contigo alianza de no hacernos mal. Isaac les preparó un banquete, comieron y  bebieron y, a la mañana siguiente, se juraron unos a otros y se despidieron en paz.

4.- Jacob suplanta a Esaú

Tenía Esaú 40 años cuando se casó con Judit y con Besemat. Un día le llamó su padre, que había envejecido y no veía bien, y le dijo: “Sal al campo, caza una pieza y luego me haces un guiso  como sabes que a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma, después te bendeciré antes de morir”(Gen 27,3-).  Rebeca escuchó la conversación, llamó a Jacob y le dijo: Vete al rebaño y tráeme dos cabritos hermosos. Haré un guiso, como le gusta a tu padre, tú se lo llevarás para que lo coma y te bendiga antes de morir (9-10). 

Jacob dijo a su padre: “Soy tu primogénito Esaú. Siéntate y come de mi caza, para que me bendigas” (Gén 27,19). “Le acercó la caza y comió” (Gén 27,25) y le bendijo.

Mientras tanto, llegó Esaú de la cacería, hizo el guiso para su padre y se lo presentó, diciéndole: “Come de mi caza, para que me bendigas”(Gén 27,31).

Isaac descubrió el engaño, pero no pudo bendecir a Esaú y éste odió tan profundamente a Jacob, que quería matarlo, pero Jacob, aconsejado por su madre, huyó a Jarán, a la casa de su tío Labán.

Jacob en casa de su tío Labán: Jacob, obedeciendo a sus padres que no querían que tomase mujer de entre las hijas de Canaán, marchó a Padán Arán para tomar allí mujer de entre las hijas de  Labán. (Gen 28,2). En el campo divisó un pozo y a tres pastores con sus ovejas; les preguntó si conocían a Labán, contestarón que sí, y añadieron: mira, ahí viene su hija Raquel con su rebaño (Gén 29,2.6)

Jacob hizo saber a Raquel que era sobrino de Labán e hijo de Rebeca. Raquel corrió a contárselo a su padre, Labán vino al encuentro con Jacob, le abrazó, le besó y le llevó a su casa. (Gén 29,12-13).

Esaú se casa con Majalat: Viendo Esaú que su padre había bendecido a Jacob en su lugar y que no quería que tomase mujer de Canaán, fue a Ismael, que era cananeo, y tomó por mujer a su hija Majalat, llevando la contraria a su padre Isaac.(Gén 28,6-9).

5.- Lía y Raquel

Tenía Labán dos hijas: Lía, la mayor y Raquel, la menor. Jacob se enamoró de Raquel y dijo a su tío: “Te serviré siete años por Raquel” (Gen 29,18).

La forma del matrimonio era la “compra de la novia”, sistema que aún está vigente en algunos pueblos. Cumplidos los siete años, Jacob pidió a Labán que le diese a Raquel; pero éste le  engañó entregándole a Lía por la noche. Por la mañana, vió Jacob que era Lía y se quejó ante Labán: ¿Por qué me has hecho esto? Labán respondió:”No es costumbre en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor” (29,26). Sírveme otros siete años y te daré también a Raquel. Así tuvo Jacob dos esposas: Lía (acompañada de su sierva Zelfa) y Raquel (acompañada por su sierva Bala).

Jacob vuelve a Canaán: Llamó Jacob a Raquel y a Lía y les dijo: Vuestros hermanos me acusan de haberme apoderado de todo lo de vuestro padre y él mismo ya no me mira como antes.         El ángel de Yavé me ha dicho: “Levántate, sal de esta tierra y vuelve a la tierra de tu parentela” (Gen 31,13).           Respondieron las mujeres: ¿Acaso tenemos nosotras herencia en la casa de nuestro padre? ¿No nos ha vendido y comido nuestro precio? Haz lo que Yavé te ha mandado. Salió Jacob de  Padán Arán con sus mujeres, sus hijos y todas las riquezas que había adquirido, para irse junto a su padre Isaac en Canaán.

Robo de Raquel: Raquel robó los ídolos de su padre, que eran venerados junto a Yavé por los hebreos poco escrupulosos, como dioses protectores de la familia.(Gen 31,19), pero Jacob no supo nada del robo.

Labán persigue a Jacob: Se enteró Labán de la marcha de Jacob y del robo de los ídolos por lo que salió en su persecución durante siete días, hasta que lo alcanzó. Labán registró todas las tiendas de Jacob y no encontró nada porque Raquel había escondido los ídolos debajo de la albarda de un camello. Labán y Jacob hicieron un pacto de amistad. Labán besó a sus hijas, las bendijo y se volvió a Padán Arán, Jacob prosiguió su camino hacia Canaán.

Jacob lucha contra un ángel. Esta lucha es un punto culminante en la historia de Jacob que libra la batalla decisiva con Esaú sobre la primogenitura. El ángel es el ángel de Esaú que  defiende su causa, el orden natural de la primogenitura y trata de impedir que Jacob entre en Canaán y tome posesión de la tierra de las promesas. La lucha se inclina a favor de Jacob.

Jacob teme encontrarse con su hermano: Enterado Jacob de que Esaú venía a su encuentro con cuatrocientos hombres, se asustó mucho y se llenó de angustia (Gen 32,7-8). Preparó un regalo para su hermano, consistente en “200 cabras y 20 machos cabríos, 200 ovejas y 20 carneros, 30 camellas y sus crías, 40 vacas y 10 toros, 20 asnas y 10 asnos” (Gén 32,15-16). Se decía: ”Le aplacaré con los presentes… quizá me acoja bien”(Gén 32,21). El temor de Jacob era por su conducta anterior con su padre y su hermano.

Encuentro de Esaú y Jacob: Los dos hermanos se vieron a lo lejos y corrieron al encuentro.

Jacob se inclinó siete veces y Esaú se le echó al cuello, le besó y lloró (Gene 33,4).

- Esaú dijo: “¿Qué pretendes con esos hatos que he ido encontrandome?

- Respondió Jacob: “Hallar gracia a los ojos de mi señor”.

- Dijo Esaú: “Tengo bastante, hermano; lo tuyo sea para tí”.

-Replicó Jacob: “De ninguna manera. Si he hallado gracia a tus ojos, acepta mi presente, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Yavé” (Gen 33,8-10). Tanto le insistió, que aceptó. Esaú se volvió a Seír y Jacob emprendió su camino hacia Siquém, en tierra de Canaán.

6.- Yavé cambia el nombre a Jacob

Una vez más, se apareció Yavé a Jacob y le bendijo diciendo: “Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás Jacob; tu nombre será Israel” (Gen 35,9-10).

Nacimiento de Benjamín y muerte de Raquel. Falleció Raquel tras un parto muy difícil en el que dio a luz a Benjamín. Raquél fue sepultada en el camino de Efrata.

Muerte del patriarca Isaac: Jacob fue a Hebrón, donde estaba su padre Isaac. “Isaac murió y fue a reunirse con su pueblo, anciano y lleno de días”(Gen 35,29).

Jacob bendice a cada uno de sus hijos: Pasó un periodo de tiempo en el que se narra la historia de José (será el capítulo tercero de este trabajo), Jacob se había establecido en Egipto, en la tierra de Gosen.

“Jacob llamó a sus hijos y les dijo: Reuníos y escuchad, hijos de Jacob, escuchad a Israel, vuestro padre“ (Gen 49,2). Seguidamente, fue bendiciendo a cada uno y les anunció lo que les sucedería al cabo de los días.

Muerte y sepultura de Jacob: Último encargo de Jacob: Voy a reunirme con los míos. Sepultadme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efróm, en el país de Canaán.   Allí están sepultados Abraham y Sara; Isaac y Rebeca y allí sepulté yo a Lía. Cuando acabó, juntó sus pies en el lecho y expiró, yendo a reunirse con su pueblo.

“José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y le besó” (Gen 50,1). Mandó después que embalsamaran a su padre y, con el permiso del faraón, marchó a Canaán, con toda su familia y   hermanos, a enterrar a su padre. Después de enterrar a su padre, se volvieron todos a Egipto.

7.- Hijos de Jacob

1º Cuatro hijos con Lía: Rubén, Simeón, Leví, Judá (Gen 29,32-35).

2º Dos hijos con Bala, la sierva de Raquel y que ésta entregó a Job, por ser ella estéril: Dan y Neftalí. (30,5-8).

3º Tres hijos con Zelfa la sierva de Lía y que ésta entregó a Jacob: Gad, Aser, Isacar. (30,9-18).

4º Un hijo y una hija con Lía que tuvo a Zabulón y a Dina(30,19-21).

5º Dos hijos con Raquel que fue fértil y concibió a José (30,22-24). Más tarde, dio a luz a su hijo Benjamín y falleció en el parto (35,16-19).

Estos doce hijos de Jacob dieron origen a las doce Tribus de Israel. Al recibir Jacob el nombre de Israel, sus descendientes pasaron a denominarse israelitas o hijos de Israel. Es ciertamente un tanto difícil seguir el designio del amor de Dios en los acontecimientos de este capítulo; pero, lo más importate es que se nos muestra en Judá la línea de sucesión genealógica, la cual nos llevará al que aplastará la cabeza de la serpiente.

domingo, 24 de mayo de 2026

162.3.- SIGUIENDO LAS HUELLAS: EL PATRIARCA JOSÉ

 

1. ¿Quién es el patriarca José?

Es el primer hijo de Raquel y el undécimo de los hijos de Israel (Jacob) nacidos en Padán Arán mientras servía en la casa de su tío Labán. “Israel amaba a José más que a todos sus otros hijos, por ser el hijo de su ancianidad. Le había hecho una túnica de manga larga” (Gen 37,3). La túnica corta era llevada por los trabajadores y la larga por los principales, si tenía mangas era señal de distinción. Esto hizo que sus hermanos llegaran a odiarle.

Los sueños de José: Tanto en el sueño de las gavillas (Gen 37,6), como en el del sol, la luna y las estrellas (Gen 37,9), José dio a entrever que sus hermanos se inclinarían ante él, lo que motivó que sus hermanos aumentasen la envidia y el odio hacia él.                                                                                                                        Los hermanos conspiran para matarle: Israel envió a José a Siquem, donde estaban sus hermanos cuidando las ovejas. Lo vieron de lejos y conspiraron contra él para matarlo” (Gen 37,18). Rubén los oyó e intentó librar a José: “No cometáis ese asesinato sino arrojadle a ese pozo” (Gen 37,22). Hicieron caso a Rubén y cuando llegó José, le despojaron de su túnica talar y le arrojaron al pozo que estaba vacío.

2.- José es vendido por sus hermanos

Divisaron una caravana de ismaelitas que se dirigían a Egipto. Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué sacamos con asesinar a nuestro hermano y ocultar su sangre? Vendámoslo a los ismaelitas.Todos asintieron” (Gen 37,26.27). Cuando los ismaelitas llegaron a Egipto lo vendieron a Putifar, eunuco del faraón y capitán de la guardia, (Gen 37,36). José se ganó su favor y Putifar lo puso al frente de su casa y le confió todo lo que tenía (Gen 39,4).

La tentación: “Era José de hermosa presencia y belllo rostro” (Gen 39,6) y la mujer de Putifar puso sus ojos en él y le dijo “Acuéstate conmigo” (Gen 39,7). José rehusó, pero ella insistía una y otra vez. Un día, ella le cogió por el manto, pero él, dejando en su mano el manto, huyó y salió de la casa (Gen 39, 10-12).Ella empezó a gritar: “Mirad, ha venido a mí para acostarse conmigo, cuando vio que yo gritaba, ha dejado su manto junto a mí y ha huído” (Gen 39,14-15).                               

José es encarcelado: Cuando regresó Putifar, su mujer le repitió lo mismo y Putifar montó en cólera, mandó prender a José y lo metió en la cárcel donde estaban los presos del rey (Gen 39, 19-20). José se ganó al favor del alcaide, que le confió a todos los detenidos y el control de todo lo que allí se hacía.  

José interpreta los sueños: Estaban en la cárcel el copero y el repostero del faraón y tuvieron un sueño que no lograban descifrar. José se lo interpretó y se cumplió exactamente lo que les dijo: Que el repostero seía colgado y el copero repuesto en su cargo (Gen 40,22). El copero, desagradecido, se olvidó de José.

3.- Los sueños del faraón

Dos años más tarde, el faraón tuvo dos sueños: Siete vacas gordas eran devoradas por otras siete vacas flacas y siete espigas lozanas eran dervoradas por otras siete espigas flacas. El faraón llamó a todos los magos y sabios de Egipto, “pero no hubo quien los interpretara” (Gen 41,8). El copero contó al faraón cómo José había interpretado los sueños en la cárcel y cómo todo se había cumplido. “El faraón mandó llamar a José y lo sacaron rápidamente de la cárcel” (Gen 41, 14).

Enterado José de los sueños del faraón, le dijo: Es un solo sueño, las vacas y las espigas gordas significan que van a venir siete años de abundancia y las vacas y las espigas flacas siete  años de escasez. “Busque el faraón un hombre inteligente y sabio y póngalo al frente de la tierra de Egipto. Nombre el faraón intendentes que recojan el quinto de la cosecha en los años de abundancia...y hagan acopio de trigo…, que sirva de reserva para los siete años de hambre” (Gen 41,33-36).

Dijo el faraón: “Puesto que Dios te ha dado a conocer estas cosas, no puede haber entendido ni sabio como tú. Tú serás quien gobierne mi casa.. te pongo sobre toda la tierra de Egipto” (Gen 41,39.-41).Tenía José treinta años cuando fue nombrado primer ministro del faraón, quien le dio como esposa   a Asenet, hija de Putifar y tuvieron dos hijos, Manasés y Efraim.

Siete años de abundancia y siete de hambruna: Llegaron los siete años de abundancia y José almacenó gran cantidad de trigo en las ciudades egipcias. “Cuando el hambre se extendió por toda la superficie de aquella tierra, José abrió losgraneros  y vendía a los egipcios” (Gen 41,56). “De todos los paises venián a Egipto para comprar grano a José, porque el hambre cundía por toda  la tierra” (Gen 41,57).

4.- Los hijos de Jacob bajan a Egipto

También había hambruna en la tierra de Canaán e Israel dijo a sus hijos: “He oído que en Egipto hay trigo. Bajad allí a comprarlo, para que vivamos y no muramos” Gen 42,2). Bajaron a Egipto los hermanos de José, excepto Benjamín al que no se lo permitió su padre, por ser el más pequeño y profesarle un cariño especial. Cuando José vio a sus herm anos, los reconoció, pero no se dio a conocer… les dijo, con dureza: ¿De dónde venís? De la tierra de Canaán para comprar trigo. Vosotros sois espías que venís a ver los puntos desguarnecidos del país. No, señor, contestaron. Somos gente de bien. Éramos doce hermanos, hijos del mismo padre, el menor se quedó en Canaán con él y el otro ya no vive. José replicó: Lo dicho, sois unos espías y uno de vosotros se quedará aquí, en prisión, mientras los demás lleváis el trigo a vuestra casa y me traéis a vuestro hermano pequeño, así podré comprobar si decís la verdad y no moriréis.                                                                                                        Simeón permaneció en prisión. Los hermanos regresan a Canaán: “Mandó José que llenasen de trigo los sacos y que   pusiesen su dinero en el de cada uno” (Gen 42,25). Ellos cargaron sus burros e iniciaron la vuelta a Canaán. Cuando pararon para hacer noche, uno de ellos abrió su saco para dar pienso al burro y encontró su dinero. Se lo contó a sus hermanos y todos se quedaron estupefactos.

Llegaron a Canaán, contaron a su padre todo lo sucedido y, al abrir los sacos, encontraron en todos el dinero de la compra. Padre e hijos se llenaron de temor.

Los hermanos vuelven a Egipto: La hambruna seguía siendo grande en Canaán y se agotó el trigo. Israel dijo a sus hijos: “Volved a comprarnos algo que comer. Judá le contestó: Aquel hombre nos dijo bien claro que no le veríamos si no estaba con nosotros nuestro hermano menor” (Gen 43, 1-3).“Deja ir al niño conmigo….yo te respondo de él” (Gen 43,8-9). Israel, está bien, hacedlo...llevad a aquel hombre un presente de los mejores productos de nuestra tierra, coged dinero de nuevo y devolved el que hallásteis en vuestros sacos, pues quizá haya sido un error. Tomad a vuestro hermano y volved donde ese hombre. ¡Que el Dios omnipotente os haga hallar gracia ante él! (Gen 43,11-14).

“Tomaron ellos el presente, el dinero doble y a Benjamín, bajaron a Egipto y se presentaron a José” (Gen 43,15).

En casa de José: Llegados a Egipto, José quiso que comiesen en su casa; se interesó por su padre y, al ver a Benjamín, les preguntó: ¿Es éste vuestro hermano menor? Los hermanos se sentaron a la mesa frente a José por orden de mayor a menor, y se miraban entre sí muy asombrados. Bebieron y se alegraron en su compañía.

Estratagema de José: José ordenó a su mayordomo que llenase los sacos de trigo, que pusiese encima el dinero de cada uno y que, en el saco del hermano pequeño, colocase su copa de plata. Al alba del día siguiente, los hermanos salieron rumbo a Canaán. No llegaron muy lejos, porque fueron detenidos y acusados de haber robado la copa de plata de José, la cual, tras examinar todos los sacos, apareció en el saco de Benjamín.

Regresaron a la ciudad y, sin excusa posible, oyeron las palabras de José: “Aquel a quien se le ha encontrado la copa será mi esclavo, los demás podéis subir en paz donde vuestro padre” (Gen 44,17). Intervino Judá y dijo: He dado palabra a nuestro padre de volver con el muchacho, permite a este tu siervo que quede como esclavo de mi señor y que el muchacho vuelva con su hermanos. ¿Cómo podré volver a mi padre si no llevo al niño conmigo? ¡No quiero ver la aflicción en que caería mi padre!

José se da a conocer: No pudiendo contenerse más, José estalló en un fuerte llanto. “Les dijo:Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendísteis para que fuese traído a Egipto. ¿Vive todavía mi padre? Pero no os aflijáis, pues Dios me ha traído aquí para vuestra vida” (Gen 45,4-5). “Dios me ha enviado delante de vosotros para dejaros un resto sobre la tierra y haceros vivir para una gran salvación” (Gen 45,7). “Apresuraos, subid a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Me ha hecho Dios señor de todo Egipto, baja a mí sin tardar, habitarás en la tierra de Gosen y estarás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos con tus rebaños, tus vacadas y todo cuanto tienes” (Gen 45,9-10) “Apresuraos a bajar aquí a mi padre” (Gen 45,13). Luego se echó al cuello de su hermano Benjamín y ambos lloraron; besó y abrazó después a todos sus hermanos.

5.- Invitación del faraón

Se enteró el faraón de la venida de los hermanos de José y le dijo: Di a tus hermanos: Id a Canaán, tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, os daré lo mejor de la tierra de  Egipto. Mándalos que lleven de Egipto carros para sus hijos y sus mujeres. Así lo hicieron los hijos de Israel, según la orden del faraón. Llegaron a Canaán, contaron todo a su padre y éste exclamo:  ¡Mi hijo vive todavía! Iré y le verá antes de morir.

Israel y sus hijos en Egipto: Tuvo Israel una visión nocturna en la que Dios le dijo: “ Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te haré un gran pueblo” (Gen 46,2-3). Los hijos de Israel pusieron a su padre y a toda su descendencia en los carros enviados por el faraón y se encaminaron todos a Egipto. “Eran setenta el total de las personas de la casa de Israel que entraron en Egipto” (Gen 46,27)

6.- Encuentro de José con su padre y sus hermanos

Enterado José de la llegada de su padre, salió a su encuentro. “Cuando lo vio, se hechó a su cuello y lloró largo tiempo. Israel dijo a José: Ahora ya puedo morir, después de verte en persona y comprobar que todavía vives” (Gen 46,30).

José dio parte al faraón de que su padre y sus hermanos habían llegado de Canaán y le presentó a cinco de sus hermanos. El faraón dijo a José: “Que residan en Gosen, y si hay entre ellos hombres capaces, hazlos mayorales de mis ganados” (Gen 47,6).

Continúa la hambruna en Egipto y Canaán. José, que tenía los graneros bien abastecidos, cambió trigo por dinero que ingresaba en la casa del faraón. Cuando se terminó el dinero en Egipto y Canaán, les dio trigo a cambio de sus ganados.    También los ganados se terminaron y “José adquirió para el faraón todas las tierras de Egipto… y redujo a servidumbre a todo el pueblo, de uno a otro extremo de Egipto” (Gen 47,20,21).

7.- Últimos días de José

Cuando murió Israel, José y sus hermanos lo llevaron a Canaán y lo sepultaron en Macpelá. Después todos regresaron a Egipto. Los hermanos temían que José les castigase por lo que habían  hecho con él en otro tiempo; pero, José les dijo: “No temáis, yo os mantendré a vosotros y a vuestroa hijos” (Gen 50,19).                                                                                                         José falleció a la edad de ciento diez años; antes de morir dijo a sus hermanos: “ Voy a morir, pero Dios se ocupará sin falta de vosotros y os hará subir al país que juró a Abraham, a Isaac y a  Jacob” (Gen 50,24).

El designio amoroso de Dios tiene muchas señales en esta historia del patriarca José: los hermanos odian a José y le venden, José prospera en Egipto, la hambruna en Canaán, se reúnen en Egipto y la promesa de que Dios se ocuparía de ellos.