¡TENGO SED DE TI!
Santa Teresa de Calcuta escribió estas preciosas líneas:
“Mira que estoy a la puerta y llamo” (Apocalipsis 3, 20)
Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aún cuando no estés escuchando, aún cuando dudes que pueda ser Yo, ahí estoy; esperando la más pequeña señal que me permita entrar.
Quiero que sepas que, cada vez que me invitas, Yo vengo siempre, sin falta.
Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos. Vengo con mi misericordia, con mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Vengo deseando consolarte y darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas. Te traigo mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con mi poder, que me permite cargarte a ti: con mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con mi paz, para tranquilizar tu alma.
“Venid a mi todos los que tenéis sed” (Juan 7,37)
Yo te saciaré y te llenaré ¿Tienes sed de amor? Yo te amo más de lo que puedes imaginarte ... hasta el punto de morir en la cruz por ti.
“Tengo sed de ti”. Ésa es la única manera en que puedo describir mi amor. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Ven a mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas.
Te haré una nueva criatura y te daré la paz aún en tus pruebas.
“Tengo sed de ti”. Nunca dudes de mi misericordia, de mi deseo de perdonar, de mi anhelo por bendecirte y vivir mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho.
“Tengo sed de ti”. No importa si te sientes poca cosa a los ojos del mundo.
No hay nada que me interese más en todo el mundo que tú. Ábrete a mí, ven a mí, ten sed de mí, dame tu vida. Confía en mí. Pídeme todos los días que entre y me encargue de tu vida y lo haré. Lo único que te pido es que te confíes plenamente a mí. Yo haré todo lo demás.
Todo lo que has buscado fuera de mí te ha dejado más vacío; así que no te ates a las cosas de este mundo, pero, sobre todo, no te alejes de mí cuando caigas.
No hay nada que yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma. No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida; hay algo que quiero que recuerdes siempre, y que nunca cambiará:
“Tengo sed de ti, tal y como eres”.
No tienes que cambiar para creer en mi amor, tu confianza en ese amor te hará cambiar. Tú te olvidas de mí y, sin embargo, Yo te busco a cada momento del día y estoy llamando a las puertas de tu corazón. ¿Encuentras esto difícil de creer?
Mira la Cruz, mira mi corazón traspasado por ti. ¿No has comprendido mi Cruz?
Escucha de nuevo las palabras que dije en ella:
“Tengo sed”. Sí, tengo sed de ti.
Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que me correspondas. Tú has probado muchas otras cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo?
Cuando me abras las puertas de tu corazón y te acerques lo suficiente, me oirás decir, una y otra vez, no en meras palabras humanas sino en espíritu:“No importa lo que hayas hecho; te amo por ti mismo. Ven a mí con tus miserias y tus pecados, con tus problemas y tus necesidades, y con todo tu deseo de ser amado”.Yo estoy a la puerta d tu corazón y llamo… ábreme, porque tengo sed de ti”.
Reflexionando sobre este texto de Santa Teresa de Calcuta me he preguntado: Si el Señor ama tanto a los hombres y tiene tanta sed de su amor, ¿por qué éstos no le corresponden? Y me ha venido a la mente la queja de Jesús sobre la ciudad de Jerusalén: «Jerusalén, Jerusalén! ¡Cuántas veces quise cobijarte como la gallina cobija a sus polluelos bajo sus alas, y no quisiste! (Mateo 23,37)
Está claro que Jesús no quiere la muerte de nadie, sino que desea que todos vivan. Si Jerusalén había de perecer, como en efecto pereció de una manera terrible bajo los soldados romanos, fue porque no quiso aceptar a Jesús.
Lo que Cristo hubiera querido hacer por los judíos de Jerusalén y no pudo hacerlo porque ellos no le aceptaron, quiere hacerlo ahora, en este instante por mí.
¿Qué significan las palabras de Jesús? Es una comparación muy sencilla, casera, hermosa y conmovedora. La gallina está en el campo con sus pulluelos, ve en el suelo la sombra del halcón, que está suspendido justamente encima; en un instante, produce un cloqueo de alarma y reúne así a su pequeña familia, y los pollluelos están a salvo bajo sus alas protectoras.
El Señor constantemente llama a la puerta de mi corazón y espera que le abra para comunicarme su amor, para protegerme y ayudarme.
¡El Señor tiene sed mí!
El peor error que puedo cometer es creerme autosuficiente, pensar que no necesito a Dios y cerrar la puerta de mi corazón.
Consciente de mi necesidad, desde lo más profundo de mi ser, clamo diciendo:
¡Ven, Señor, ven!
No hay comentarios:
Publicar un comentario