Hay un texto en la Sagrada Escritura que da mucha luz sobre lo que debería ser el acontecer diario de cada persona. Lo he resumido en la frase que da título a este artículo, pero es algo más largo:
“No os preocupéis diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o con qué nos vestiremos? Pues la vida es más que la comida y el cuerpo más que el vestido. Mirad a los cuervos: no siembran ni siegan; no tienen despensa ni granero y sin embargo Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que esas aves! ¿Quién de vosotros podrá alargar una hora al tiempo de su vida a fuerza de agobiarse? Si no podéis hacer lo que es más simple, ¿cómo os preocupáis por otras cosas? Mirad a los lirios: cómo crecen. No hilan ni tejen y os digo que ni siquiera Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba que hoy florece y mañana se quema, ¡cuánto más hará por vosotros, hombres de poca fe! No os preocupéis buscando qué comeréis o qué beberéis; por todas estas cosas se preocupan los gentiles, pero vuestro Padre sabe lo que necesitáis; buscad, pues, su Reino y todo esto se os dará por añadidura» (Lc 12, 22-31)
“No os inquietéis por el mañana, porque el día de mañana tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán”(Mt 6,34)
Ciertamente, los cuervos no siembran ni siegan y los lirios no hilan ni tejen; pero, los hombres deben sembrar-segar e hilar-tejer si quieren comer y vestirse. Y han de hacerlo sin el agobio que les vuelve esclavos de la producción y del consumo.
Las preocupaciones
El hombre se siente agobiado, fundamentalmente, por dos preocupaciones: la comida, necesaria para la supervivencia, y el vestido, necesario para su presentación, su apariencia en la sociedad. La preocupación es un problema para el hombre que le agobia e intranquiliza y al que debe dar respuesta.
La vida humana transcurre en dos planos: El del agobio y la preocupación y el de la confianza en la Providencia divina. El hombre vislumbra su abanico de posibilidades y, al mismo tiempo, se siente agobiado ante la tarea de encontrar su puesto en la vida dentro de una sociedad egoísta que, con harta frecuencia, le cierra la puerta y le obstruye el camino.
Pero, Dios ama al hombre y no le abandona en sus preocupaciones, no le deja solo en la lucha por los bienes limitados de la tierra, sino que se hace presente y le da la fuerza y la gracia para que pueda vivir bajo su cuidado y en paz construir el reino de Dios.
Es un hecho que muchas personas de buena voluntad viven atenazadas por sus preocupaciones, intranquilidades y miedos. El futuro les agobia y no les deja vivir y disfrutar del presente. La preocupación se ha instalado en su mente. Todo les preocupa.
Contra esto, apoyándome en el texto bíblico anterior, propongo: Ocúpate y despreocúpate.
OCÚPATE
Es la traducción práctica del “buscad evangélico”.
El "ocúpate" incita a trabajar, a no permanecer mano sobre mano esperando que otros resuelvan nuestros problemas, a no rendirnos nunca ante las dificultades.
El “ocúpate” es un “buscad” activo, ilusionante, esperanzador. Todo el que trabaja con honradez, aún sin darse cuenta, esta buscando el reino de Dios.
El “ocúpate” es emprendedor, ajeno a todo conformismo y opuesto a todo fatalismo.El “ocúpate” está lleno de vida y dinamismo. No descansa hasta poder decir que ha hecho todo lo que está en sus manos.
El “ocúpate” es eminentemente positivo, la negatividad no está en su alforja.
El “ocúpate” es el presente, aunque sin despreciar el pasado ni el futuro. El pasado para aprender de la historia, incrementar las cosas buenas y no repetir los errores . El futuro, siempre actual en la mente, es la meta a conseguir.
Esto no es tan fácil hacerlo como decirlo; pero, en la cotidianidad es donde las personas muestran su carácter y personalidad, su valía o su desgana, su afán o su desinterés ante las dificultades de la vida.
Llegados a este punto, cuando alguien pueda decir, con toda verdad, que ha hecho lo humanamente posible (sin heroicidades) para solucionar un problema, es cuando debe plantearse una cuestión fundamental:
No tiene sentido vivir angustiado por algo que no depende de mí.
Si me he ocupado, ¿por qué tengo que vivir intranquilo? Lo que no dependa de ti, lo que no puedas solucionar, lo que esté fuera de tu alcance, no debe nunca perturbar tu vida, intranquilizar tu existencia e impedir tu felicidad.
Adoptar este principio como norma de vida saludable es un antídoto contra el estrés, la angustia, el miedo y tantas otras cosas que arruínan la salud y la vida de muchas personas.
Y DESPREOCÚPATE
Ocúpate y despreocúpate. Dos actitudes que parecen contradictorias y que, para los creyentes, deben ir siempre juntas. Las palabras del evangelio de San Lucas citadas al principio son todo un canto a la providencia de Dios, una certeza de que el Padre vela por nosotros, que valemos más que las aves del cielo o los lirios del campo.
¡Somos sus hijos!
La coherencia de la fe
Después de “ocuparme”, la coherencia de la fe exige al creyente trasladar a Dios sus preocupaciones. Por la fe puede decir: “En Tí confío. Tú eres mi Dios. En tus manos están mis destinos” (Salmo 31, 15-16) Creo que el Padre se ocupa de mí, porque me ama (Juan 16, 27) y conoce mis necesidades, ”el Padre sabe que tenéis necesidades” (Lc 12,30).
Sé que Él es fiel y no me fallará. Los padres humanos, a pesar de nuesta buena voluntad, solemos fallar alguna vez. Creo que Jesús se ocupa de mí. Es el buen pastor que me ama, me conoce, me busca cuando estoy perdido y se alegra cuando me encuentra (parábola del buen pastor, Jn 10,11-16).
Le invocaré, cuando me encuentre en algún peligro. “Señor, sálvame, que perezco” (Mt 8, 25).
Le invocaré con toda confianza porque quiere que acuda a Él cuando esté atribulado, “venid a mí todos los que estáis atribulados y yo os aliviaré” (Mt 8, 28). Ya no tendré miedo, porque me ha dicho: “Soy yo, no temas” (Mt 14,27)
Creo que la Virgen María, mi Madre espiritual, se ocupa de mí. Como todas las madres. Ella está en todo. Como en la boda de Caná sacó del apuro a los novios intercediendo ante Jesús: “no tienen vino” (Jn 2,3), así lo hará conmigo ante mis carencias y necesidades que son muchas y Ella las conoce. Al trasladar a Dios mis preocupaciones sigo la recomendación del apóstol San Pablo: “Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo presentad a Dios vuestras peticiones” (Filp 4,6)
Conclusión
Ocuparme sin escatimar esfuerzos y, hecho esto, despreocuparme y poner toda mi esperanza en mis valedores. No hay lugar para el miedo ni el desaliento porque, cuando yo hago todo lo que está en mi poder, el Padre celestial, Jesús y mi Madre espiritual se ocupan de mi y de mis asuntos. Así se llega al gozo de la paz interior y no se vive amargado ante las dificultades der la vida. Esta certeza me anima y fortalece.
Ya lo decía Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante; quien a Dios tiene, nada le falta; solo Dios basta”.
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