domingo, 3 de mayo de 2026

1. LOS DOS MANDAMIENTOS

   

1. LOS DOS MANDAMIENTOS

    Un fariseo preguntó a Jesús: «Maestro ¿Cuál es el principal mandamientde la Ley?» (Mateo 22, 36)
    Los judíos tenían 613 mandamientos y todos con el mismo rango de obligatoriedad. Los que eran sinceramente piadosos debían tener sus problemas porque además todos estos preceptos venían con la etiqueta de mandato divino.
    Con la pregunta el fariseo pretendía tender una trampa a Jesús; pero como siempre Él zanjó sagazmente la cuestión.
    Jesús le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y primer mandamiento. El segundo, semejante a éste, es: Amarás al prójimo como a tí mismo» (Mateo 22, 37-39)

Primer mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios….».
    No podemos amar a alguien que no conocemos.  La prioridad de todo cristiano es el conocimiento de Dios, lo más perfectamente posible.
    Jesús dijo: "Nadie puede venir a mí si mi Padre, que me ha enviado, no le trae" (Juan 6, 44). 
    El Padre ha dado el primer paso enviando a su Hijo que, nacido de las entrañas de María, se hizo semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado. Jesús es el camino para ir al Padre porque con su vida y sus enseñanzas, nos lo ha dado a conocer. La unión entre Jesús y el Padre es perfecta, hasta el punto que Jesús dijo:«El que me ha visto a mí ha visto al Padr (Juan 14,9), «Yo y el Padre somos una sola cosa» (Juan 10,30). Quien ama a Jesús ama a Dios.
 
¿Cómo amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente?
    Esta es la parte humana del amor a Dios: Aceptarle y corresponderle.
Amar a Dios con todo tu corazón... significa:
    a) Priorizarlo por encima de todo, aceptarle como el primer valor.
    b) Aceptar un compromiso, una dedicación de la propia vida al amor de Dios.. Es  un compromiso y una dedicación reales, que van más allá de los sentimientos y se manifiestan en la conducta, en las cosas que hacemos y en cómo las hacemos.
«Si me amas, guarda mis mandamientos» (Juan 14,15) 
    Para amar a Dios no hay que hacer grandes cosas; basta con hacer bien las cosas de cada día, en casa, en la profesión, en los momentos de alegría y en los de dolor.
    c) Tener confianza plena en Dios, reconociendo que Él sabe lo que es mejor parmí en cada momento y situación. Es decir «sí» en las diversas circunstancias de la vida, ya sean favorables o adversas, porque el creyente sabe que se puede fiar de Dios.

    El «sí» de María cambió la historia de la Humanidad: «hágase en mí según tu palabr (Lc 1, 38)
    El «sí» de Jesús trajo la redención: «Padre, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42)

    El «sí» del creyente cristiano es aceptar a Dios y tratar de «tener los mismos sentimientos que el Señor» (Filipenses, 2,5) en todas las circunstancias de la vida.
    He aquí tres citas de San Pablo que lo expresan perfectamente:
         «Ya comáis, ya bebáis o hagáis otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1Corintios 10,31). Todas nuestras acciones, grandes o pequeñas, importantes o no, si son buenas, son agradables a Dios y las podemos ofrecer para su mayor gloria.
     "Os ruego….que no os conforméis al patrón de este mundo, sino que os transforméis por la renovación de la mente" (Romanos 12,1-2).
     «Buscad las cosas de arriba….pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierr (Colosenses 3, 1-2). 
    Esto no significa ignorar tus responsabilidades terrenales, sino mantener una perspectiva transcendente en todo lo que hacemos.
    Nuestra vida en la tierra tiene un recorrido limitado con unas necesidadeque deben ser satisfechas. Es un recorrido que procuramos hacer en las mejorecondiciones. Surge así el esfuerzo humano por su subsistencia: trabajar parobtener los medios necesarios, cuidar la salud y disfrutar del merecido descansoTodo esto es necesario y obligatorio; pero ¿con qué perpectiva lo hacemos ? ¿La  de una vida sólo terrenal o la de una vida en dos tramos, el terrenal y el eternio?
    La vida en la tierra es «flor de un día». Hay quien la vive sin tener en cuentsu transitoriedad; lo cierto e inevitable es que a todos nos llegará «el día del fin».
    El sabio Cohelet se hace esta pregunta: «¿Qué provecho saca el hombrde todo por cuanto se afana debajo del sol? (Eclesiastés 1,3)
La respuesta es distinta, según quien la dé:
    Los que no creen en la existencia de otra vida después de la muerte física, dicen que el provecho está en comer, beber y disfrutar todo lo que se puedaporque todo acaba con la muerte.
    Los que tenemos fe en la existencia de otra vida después de la muerte física, decimos que la vida terrenal es transitoria, que es un tiempo de preparación para la verdadera vida, la que no tiene n y que, además de comer, beber y disfrutar, hemos de vivir de tal forma que nuestras obras, por ser buenas, den gloria
a Dios y nos sirvan para la vida eterna. Los que tenemos fe tenemos la esperanza de lograr la vida eterna, por el amor que el Padre y Cristo nos tienen.
 

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