martes, 11 de agosto de 2026

165 LA SEXUALIDAD CLERICAL: CAP.2.- CLÉRIGOS CASADOS


Vocación al matrimonio y vocación al sacerdocio

Vocación viene del latín vocatio, del verbo vocare que significa “llamar”. Toda vocación es un don de Dios que llama a vivir ese estado de vida.

“Tener vocación” al matrimonio o al sacerdocio es sentirse llamado a esos estados de vida. El matrimonio y el sacerdocio no se excluyen entre sí. Solamente son dos carismas distintos. “El Espíritu distribuye {sus dones} a cada uno según quiere” (1 Cor 12,11).

Hay personas que tienen solamente una de las dos vocaciones: Desde el principio del mundo, la inmensa mayoría de personas solo han sentido y vivido su vocación al matrimonio; por otra parte, están los llamados a vivir célibes toda la vida y están, también, los que han sentido las dos vocaciones y a las dos han respondido; aunque el papa emérito Benedicto XVI piensa que «no es posible consumar ambas vocaciones (sacerdocio y matrimonio) de forma simultánea».

Lo realmente importante no es tener una o dos vocaciones, sino el modo de vivirlas. Dios llama a todos a santificarse en el ejercicio de su vocación. 

De nada sirve al sacerdote o a la monja su vocación al celibato si no lo viven con el gozo de unirse más a Cristo y con la generosidad de ser más útiles a los demás. De nada sirve a los esposos su vocación al matrimonio si no lo viven con armonía, respeto y mutua entrega.

En una misma persona pueden coincidir las dos vocaciones, al matrimonio y al sacerdocio; la Iglesia Católica latina lo confirma al admitir en su seno varias excepciones del celibato:

1ª Los sacerdotes casados de ritos orientales: Los maronitas libaneses y los coptos egipcios.

2ª Los sacerdotes casados de la Iglesia greco-católica de Ucrania. Es una Iglesia católica de rito oriental, que se unió a Roma por el tratado de Brest-Litovsk en el año1696 con tres condiciones: que se respetase su liturgia, su tradición y su disciplina.

Un testimonio: "En Ucrania un cura casado tiene más credibilidad entre la gente que un célibe. Ofrece más garantías, porque da ejemplo no solo a nivel personal, sino también familiar. A los curas célibes se les acepta con dificultades" (1)

3ª Los sacerdotes casados de la confesión anglicana o episcopaliana, que aceptaron sucesivamente Juan Pablo II en 1980 y Benedicto XVI en el 2009.

Para todos estos sacerdotes casados, el sacerdocio no conlleva la obligación del celibato.

Sacerdotes reducidos al estado secular

Se estima que en el mundo hay casados 100.000 sacerdotes de la Iglesia católica romana, de los cuales 6.500 pertenecen a España. Ante esta realidad, son muchas las voces que piden una revisión de la disciplina del celibato.

El Papa Francisco, en el Sínodo de la Amazonía, invitó a opinar; se discutió la posibilidad de ordenar hombres casados y la aceptación fue abrumadora. 

Los teólogos conservadores de la Iglesia, incluido el Papa emérito Benedicto XVI, han manifestado su disconformidad.

El mismo Papa Francisco ha dicho sobre el celibato: “Al no ser dogma de fe, siempre está la puerta abierta”.

Jesucristo nunca dijo que sus discípulos tenían que ser célibes. De hecho, Pedro, el elegido por Jesús como cabeza de su Iglesia, estaba casado y seguramente varios de los demás apóstoles, pues iban acompañados por sus esposas en sus viajes para predicar el evangelio. “¿Por ventura [...] no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?” (1Co. 9,5).

En los primeros siglos de la Iglesia, los sacerdotes e, incluso, los obispos eran casados o solteros, indistintamente. San Pablo solo les pide a los obispos que "sean hombres de una sola mujer" (1Tim 3,2 y Tito 1,5). Y añade: “Quisiera que todos los hombres fueran como yo (célibes); pero cada uno tiene su propio don...si no pueden guardan continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse” (1 Cor 7,7.9)

Es pura lógica. El consejo paulino debería estar siempre en vigor. El celibato se impone en la Iglesia católica de rito latino, mientras que en la Iglesia católica de rito oriental y en todas las demás confesiones cristianas: protestantismo, anglicanismo e Iglesia ortodoxa rige el celibato opcional.

Todas las demás cuestiones pueden y deben ser resueltas. No hacerlo es vivir en pura contradicción.

La Iglesia está obligada, por mandato del Señor, a predicar el evangelio: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Mc 16,15) «La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 37-38) Hay un mandato expreso del Señor: «Id por todo el mundo….» y hay una realidad: «Mucha mies y pocos obreros». 

Unidos todos: Jerarquía, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, en sincera oración de discernimiento, roguemos al Señor que envíe obreros a su mies. Roguemos para que el Espíritu Santo ilumine a la Jerarquía para que, a la hora de tomar las decisiones, abandonen todo clericalismo, ejerzan la fraternidad cristiana y traten a los «Renatos», no como apestados sino como obreros del Señor, que solamente desean santificar sus vidas en su doble vocación al sacerdocio y al matrimonio, como otros muchos lo están haciendo tras haber obtenido la dispensa del celibato.

Cosas que hacen reflexionar

Hay escasez de sacerdotes, pero, por exigir el celibato, se impide el ejercicio sacerdotal a 100.000 sacerdotes casados y se dejan sin sacerdote a miles de creyentes. El Papa Pablo VI, como queda dicho más arriba, no se atrevió a dar personalmente la dispensa del celibato al joven sacerdote Renato y tampoco lo hizo la Congregación para la Doctrina de la Fe. 

Y yo me pregunto: ¿Cuántos «Renatos» habría en estos 100.000 casados a los que se les ha impedido el servicio sacerdotal?        La respuesta es: Muchos miles.

Y me sigo interrogando: ¿Es más importante la obligatoriedad del celibato sacerdotal que el servicio que pueden y quieren prestar estos miles de sacerdotes?

Dejo la respuesta al amable lector. La mía es: ¡Cuántos talentos se desperdician por conservar una norma eclesiástica! ¡Cuántos sufrimientos causados a estos «Renatos» que, no lo olvidemos, siguen siendo sacerdotes en virtud del sacramento del Orden  recibido!

Cualquiera podría pensar que hay abundancia de sacerdotes; pero la realidad es otra: Hay escasez, han disminuido las vocaciones y es muy grande el envejecimiento del clero actual.

Por las excepciones comentadas más arriba, se da la paradoja de que en una misma población coincidan sacerdotes célibes de la Iglesia Católica romana y sacerdotes casados de la Iglesia greco-católica de Ucrania, de los maronitas libaneses o de los exsacerdotes anglicanos. Ante la desigualdad entre ellos por causa del celibato, ¿qué pueden pensar tanto ellos como los feligreses?

Lo mismo sucede en las universidades pontificias y en los seminarios diocesanos, donde los aspirantes al sacerdocio son de las procedencias anteriores.

Son hechos que existen realmente y que merecen una profunda reflexión, tanto por parte de la Jerarquía, como de las comunidades cristianas y de los aspirantes al sacerdocio. No se trata de eliminar el celibato, que es un regalo del Espíritu Santo y por el que siempre daremos gracias a Dios. Siempre habrá sacerdotes célibes y ¡ojalá sean muchos! Se trata de ¡aceptar con toda normalidad!, la existencia de sacerdotes casados en la Iglesia romana; sin que ello suponga la existencia de 1ª y 2ªclase. Se trata de que todo sacerdote que, en cualquier momento de su trayectoria, no se sienta con fuerzas suficientes para seguir con el celibato y desee ardientemente seguir su vocación sacerdotal, pueda solicitar la dispensa del celibato (que debería ser concedida en corto plazo y no tardar años y años).

NOTAS

1 Oleksandr Dorykevych, sacerdote ucraniano

165 LA SEXUALIDAD CLERICAL: CAP.3 CLÉRIGOS CON BARRAGANA

 ¿Qué es la barraganía?

Es la unión o enlace de un hombre soltero, clérigo o seglar, con una mujer soltera; a ésta se la llamaba barragana.

A principios del siglo XI existían numerosos clérigos casados o amancebados; los matrimonios eran válidos, pero ilícitos. A partir de entonces, como contrapartida, se extendió una práctica preexistente : el concubinato.

Los cuatro concilios de Letrán (1º en 1059, 2º en 1139, 3º en 1179 y 4º en 1215) prohibieron el matrimonio a los clérigos. El 4º estableció penas económicas, pues el fácil perdón obtenido con la confesión no era suficiente para frenar a los incontinentes. Sin embargo, admitía que en ciertos países los clérigos vivían en  legítimo matrimonio (1).

Además, en el caso de España, el clero no estuvo dispuesto a someterse a una disciplina eclesiástica que amenazaba a una de sus peculiares instituciones, la barraganería. 

Se celebraron varios sínodos (Valladolid, 1228; Salamanca, febrero de 1229; y Lérida, marzo de 1229) donde se legisló contra la barraganería clerical, considerada pecaminosa en contra de los fueros particulares hispanos. Pero poco pudieron hacer estas leyes frente a una costumbre que gozaba de la aceptación popular. El legado pontificio Juan de Abbeville llegó a afirmar que el mal más acusado del clero español era “su pasión por las mujeres” (2).

En el Concilio I de Lyon  de 1245 Inocencio IV renunció a toda esperanza de reforma de la Iglesia hispana, revocando las diferentes sentencias de excomunión y suspensión contra todos los clérigos concubinarios. Lo extendido de la práctica  hubiera podido dejar a la Iglesia española sin sus ministros.

Especialmente importante para esta cuestión fue el concilio nacional de Valladolid en agosto de 1322, donde se condenó el concubinato público clerical y se impusieron una serie de penas de acuerdo con el orden sacerdotal del culpable y las    características de las concubinas (3).

Es curiosa la pena que impone Don Gil Álvarez de Albornoz, arzobispo de Toledo, en el sínodo de 1342: «Establecemos que si alguna o algunas concubinas públicas de clérigos o laicos entrasen en la catedral o en otra iglesia mientras en ella se celebran los divinos oficios, los porteros y monaguillos de la catedral..., el sacristán y los monaguillos de las otras iglesias desnuden a dichas concubinas y se queden con sus ropas» (4).  Este castigo se hizo común en toda Europa.

La generalidad con que los fueros civiles y los sínodos religiosos hablan de las barraganas, prueba cuan universal era la costumbre de tenerlas. Algunos fueros prohibían a los legítimamente casados tener barraganas en público (en privado eran consentidas), pero esta prohibición no obligaba a los solteros (no olvidemos que los clérigos, por principio, son solteros) porque no se consideraba indecoroso que los  solteros tuvieran públicamente esta relación. La situación no creaba ningún malestar ni para la barragana, ni para el clérigo, ni para la sociedad que aceptaba de buen grado la situación del clérigo.

Al final del siglo XV, Cisneros, siguiendo una vía más pastoral, eliminó en sus sínodos de 1497 y 1498 todas las penas y  censuras impuestas sobre los clérigos públicos concubinarios, sustituyéndolas por la amonestación y en último término la  detención.

 NOTAS

1  OREVILLE , R., Letrán I, II, III et Letran IV, Paris, Editions de l'Orante, 1965, p. 354.

2  LINEHAN , P., La iglesia española y el papado en el siglo XIII, Salamanca, Universidad Pontificia de Salamanca, 1975, p. 25. GONZÁLEZ JIMÉNEZ , M., «Nivel moral del clero sevillano a fines del siglo XIV», en «Archivo Hispalense», 1977, no 60 (183), pp. 199.

3  SÁNCHEZ HERRERO, JOSÉ: Las diócesis..., pp.158-159.

4  SÁNCHEZ HERRERO, JOSÉ: Concilios Provinciales y Sínodos Toledanos..., X, 7, pp. 208-209.

165.- LA SEXUALIDAD CLERICAL: CAP. 4 CLÉRIGOS CON DOBLE VIDA

LA DOBLE VIDA

La barraganería pública acabó por extinguirse con el paso de los siglos; eso no quiere decir que se haya acabado con los concubinatos privados de algunos clérigos que llevan una doble vida.

Por una parte, ejercen su sacerdocio plenamente allí donde están destinados; en nada se diferencian de los demás sacerdotes; todo, en la parroquia, colegio o lugar de trabajo parece normal.

Por otra parte, mantienen, escondida o semiescondida, una relación íntima plena con una mujer, soltera o casada.

Es muy conocida la historia del fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel, que llevó una doble vida durante muchos años en la que, según miembros de su fundación, tuvo una amante y, al menos, un hijo.

“Maciel fue acusado por varios de sus antiguos seminaristas de abusos sexuales durante las décadas de los cuarenta y cincuenta, cuando ellos eran niños de 10 años.

La insistencia en las acusaciones durante toda su carrera provocó que Maciel renunciara al liderato de la orden en 2004 y después de décadas negando los hechos, el Vaticano confirmó su veracidad y fue procesado” (1)

La doble vida no es exclusiva de algunos clérigos, pues se da y en un % mucho mayor en el mundo de los laicos.

Generalmente las dobles vidas empiezan sin planear, surgen las ocasiones de múltiples maneras y simplemente las aprovecha. Llega un día en el que el clérigo concubinario se encuentra con dos vidas independientes. El clérigo concubinario ha perdido su dignidad, pero no su conciencia que, una y otra vez, le avergüenza su conducta. ¿Qué puede hacer?

Opciones del clérigo concubinario

A) Si quiere seguir ejerciendo el servicio sacerdotal, deberá pedir a la Santa Sede la dispensa del celibato y, si le es concedida, podrá ejercer su doble vocación al sacerdocio y al matrimonio.

B) Si no se le concede la dispensa, pedir a la Santa Sede la reducción al estado laical. Es lo que hicieron unos 100.000 sacerdotes tras el -Concilio Vatiano II. Con esto no quiero decir que los 100.000 fuesen concubinarios; sin duda, muchos tuvieron otros motivos para solicitar la reducción al estado laical.

Me acuerdo de uno que, comentando la frase paulina “es mejor casarse que abrasarse”, me dijo con toda la sencillez y humildad de su corazón: “Prefiero ser un buen padre de familia antes que un mal sacerdote”. Actuó con plena coherencia. Pidió y le fue concedida la reducción al estado laical. A los pocos años, se casó y, efectivamente, es un buen padre de familia.

C) Olvidarse de la Santa Sede, seguir con la doble vida: ejercer el sacerdocio públicamente y, más o menos en privado, tener una concubina. Esto está sucediendo en algunos lugares de Hispanoamérica y Europa central.

Comentario:

En Hechos de los apóstoles 15,28-29, leemos: “Porque ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna otra carga más que estas necesarias: que os abstengáis de las carnes inmoladas a los ídolos, de sangre, de lo ahogado y de la  fornicación, de lo cual haréis bien en guardaros. Salud“.

En la frase quiero destacar no imponeros ninguna otra carga más que las necesarias. En la historia de la Iglesia ha habido momentos en los que, por el desmadre sexual del clero, diversos concilios impusieron el celibato obligatorio. 

El paso del tiempo ha cambiado la visión del celibato. Si, en diversos momentos de la historia, su obligatoriedad pudo ser adecuada, después del C. Vaticano II, pasó a ser desafortunada, debido al cambio de mentalidad social o porque son distintas las circunstancias de las personas implicadas.

San Pablo vio el tema muy claramente, por eso aconsejó: «Si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse» (1Cor 7,9) San Pablo dio este consejo a todos los creyentes; creemos que es especialmente válido para aplicarlo a los miembros del clero.

Sea bienvenido el celibato sacerdotal cuando su práctica es una liberación para entregarse más libremente al servicio de Dios y de los hombres. Pero, tengamos en cuenta que con los años se evoluciona, las personas cambian y adquieren nuevas experiencias y conocimientos. La vida humana es toda ella un aprendizaje que ayuda al crecimiento personal. Nadie se queda estancado en lo que pensaba a los veinte o treinta años. Todos hemos cambiado.

La práctica del celibato clerical, en la Iglesia de rito latino, ha pasado por circunstancias muy diversas. ¿Cuántos de los cien mil sacerdotes que pidieron la reducción al estado laical después del C. Vaticano II, lo hicieron por el celibato? Solo Dios sabe el porcentaje.

Resumiendo: Hay circunstancias personales que obligan al sacerdote a querer liberarse del voto de celibato. El camino correcto y plenamente consecuente con la doctrina católica es el indicado en las opciones A y B.

La opción C parece, y creo que es, un pulso al Vaticano. No me parece el mejor camino, carece de coherencia con la doctrina católica. El tiempo lo dirá.

1 Josemari Lorenzo Amelibia, Clérigos amancebados. Periodista Digital, 6 octubre 2010


lunes, 10 de agosto de 2026

165.- LA SEXUALIDAD CLERICAL: CAP.5.- CLÉRIGOS PEDÓFILOS Y PEDERASTAS


ÍNDICE

1. Definiciones

2. Clérigos pederastas.......................................................................1

3. Medidas adoptadas contra la pederastia...................................2

4. Opiniones sobre la pederastia.....................................................2

5. Por qué un hombre es pederasta................................................3

6. Puede curarse la pederastia........................................................3 

7. Recuperación de un pederasta....................................................4

1. Definiciones

    Pedófilo y pederasta son dos términos que se suelen confundir a pesar de significar cosas distintas.

    ¿Qué es un pedófilo? El término viene del griego παις, παιδος, páis-paidós, (muchacho o niño) , y φιλíα, filía, (amistad, amor o afecto espiritual). Lo podemos definir “adulto que siente atracción por los niños”.

    ¿Qué es un pederasta? También viene del griego παῖς, παιδός y ἐραστής, erastēs, (amante). Su definición es “hombre que comete abuso sexual con niños”.

    Por sus definiciones fácilmente se aprecia que pedófilo y pederasta no son dos términos sinónimos, sino que entre ambos hay una gran diferencia. El pedófilo siente “atracción sexual” por los niños y el pederasta no sólo siente la atracción sino que la lleva a la práctica pasando al abuso sexual. Gráficamente se pude decir que el pedófilo recorre medio camino y el pederasta recorre el camino entero.

    Por norma general, “todos los pederastas son pedófilos; pero, no todo los pedófilos llegan a ser pederastas”.

En la antigua Grecia, era una práctica comúnmente admitida que los púberes y

adolescentes tuvieran relaciones sexuales con sus maestros para promover los lazos entre ambos.

2. Clérigos pederastas

    Hace unos años todas las gentes de bien se sintieron abrumadas y horrorizadas por los múltiples despachos de prensa que sacaban a la luz pública los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes católicos en Estados Unidos; después fueron saliendo los de Irlanda, Chile, Alemania, etc.

    Había historias recientes y antiguas, cuyos autores, a lo sumo, habían sido trasladados de parroquia o de colegio; pero que, pasado algún tiempo, habían vuelto a las andadas. La prensa destapó el enorme desaguisado y puso en un brete a los Obispos, responsables.

    El escándalo alcanzó tal magnitud que el mismo Papa, Juan Pablo II, dirigió a los cardenales de Estados Unidos y a los representantes de su Conferencia Episcopal, las siguientes palabras: En el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para quienes añan a los jóvenes”.

3. Medidas adoptadas contra la pederastia

    La Conferencia Episcopal Norteamericana aprobó los Estatutos para la protección de niños y jóvenes (1), en los que recoge las medidas a tomar, que resumo y comento:

Todo sacerdote a quien se le prueben abusos sexuales, aunque solo sea un caso, debe ser apartado inmediatamente del ejercicio del ministerio sacerdotal.                                      Comentario: Ante un presunto pederasta hay que proceder con gran cautela para evitar la difamación de un posible inocente (2). Cuando el Obispo o el Superior del presunto tenga pruebas para inculparle, deberá, en primer lugar, comunicarlo a la Santa Sede para iniciar el enjuiciamiento según el Código de Derecho Canónico y, en segundo lugar, ponerlo en conocimiento de la Justicia civil para que se inicie el proceso civil.

El inculpado debe recibir asistencia médica para evitar que reincida, una vez secularizado.                                            Comentario: No creo que la asistencia a los pederastas deba ser médica, a base de medicamentos; mejor sería psicológica o psiquiátrica.

Ofrecer a las víctimas de los abusos ayuda profesional, médica y espiritual.                                                                Comentario: Y también asistencia jurídica canónica y civil.

No aceptar ningún acuerdo monetario con las víctimas a cambio de su silencio.                                                                  Comentario: Todo acuerdo monetario con las víctimas a cambio de su silencio es un soborno y, por tanto, un delito que debe ser perseguido por la justicia.

Evaluar mejor la idoneidad de los candidatos al sacerdocio.      Comentario: Es un deber ineludible de los Obispos y Superiores religiosos. Ahora sufren las consecuecias de su praxis errónea.

Abrir una Oficina, en la sede central de la Conferencia Episcopal, para la protección de niños y jóvenes.              Comentario: Yo añadiría “y para prestar a las víctimas de abuso sexual toda la ayuda y el apoyo que necesiten”.

 4.- Opiniones sobre la pederastia

La pederastia es un mal de la sociedad que se da en todas las profesiones, en mayor o menos porcentaje. Aquí solamente contemplo la ejercida por clérigos.

La opinión de un experto: A la pregunta que todos, y en especial los católicos, nos hemos hecho, responde Philip Jenkins (3), un sociólogo no católico, profesor de la Universidad de Pensylvania. En su libro Los sacerdotes y la pedofilia, saca tres conclusiones que incitan a reflexionar:

“De 2232 sacerdotes que ha considerado a lo largo de treinta años, solo uno es pedófilo.

“La pedofilia exclusiva, es decir, la atracción de un adulto hacia niños o niñas preadolescentes, es un fenómeno extremo y raro.

“Una tercera parte de los hombres homosexuales tienen la atracción pedófila”.

Comentario: Supongo que cuando dice que “de 2232 sacerdotes, solo uno es pedófilo”, según las definiciones anteriores, tendremos que interpretar que “solo uno es pederasta”. De todas formas, no me parece un cálculo conforme con la realidad estadounidense antes indicada en la que salieron a la luz miles de pederastas.

La opinión de una revista católica: En la revista católica Crisis, editada en Washington, se puede leer: “La pedofilia (yo diría la pederastia) es una forma particular de desorden sexual compulsivo, en el que un adulto, hombre o mujer, abusa de niños o niñas preadolescentes. Es extremadamente rara entre sacerdotes, pues afecta al 0,3 % del clero estadounidense. Algunos piensan que la homosexualidad no tiene relación con la pedofilia; eso es falso, los homosexuales tienen tres veces más probabilidades de ser pedófilos que los heterosexuales. La seducción de jóvenes adolescentes por hombres homosexuales es un fenómeno muy bien documentado. Esta forma de conducta desviada es la más común de abuso sexual clerical y está directamente conectada con la homosexualidad”.

Esta opinión de la revista Crisis concuerda perfectamente con la medida 6ª, tomada por la Conferencia episcopal: “Evaluar mejor la idoneidad de los candidatos al sacerdocio”; leyendo entre líneas, podemos añadir, “para que no se cuelen candidatos con tendencia homosexual”.

5. Por qué un hombre es pederasta

Primera vía: Parece demostrado que la pedofilia, la pederastia y la homosexualidad tienen mucho en común. Philip Jenkins lo confirma cuando dice, que “una tercera parte de los hombres homosexuales tienen la atracción pedófila”; de esta tercera parte, según la práctica de la homosexualidad, podemos deducir que una parte (no sabemos el %) de los clérigos pederastas son homosexuales.

También parece demostrado que“los homosexuales tienen tres veces más probabilidades de ser pedófilos que los heterosexuales”.

La homosexualidad de una persona es muy fácil de ser descubierta y, por tanto, los Rectores de los Seminarios de formación de los futuros sacerdotes y los Superiores de los religiosos deben rechazar a los candidatos al sacerdocio que presenten esta cualidad.

Segunda vía: ¿Cómo llegan a ser pederastas el resto de clérigos pedófilos que son heterosexuales? Creo que se debe a varios factores:

.- Los pederastas son personas dotadas de un gran impulso o energía sexual (por lo menos en su imaginación).

.- Tienen reprimida esa energía sexual porque se mueven en un ambiente en el que no la pueden satisfacer por los cauces comúnmente admitidos para los seglares: el matrimonio o la prostitución. Causaría un gran escándalo que un clérigo    frecuentase un prostíbulo.                                                             Donde los clérigos célibes encuentran gozo, alegría y paz al sublimar su sexualidad por el bien superior de “unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres”; donde los clérigos casados encuentran su gozo, alegría y paz en su doble entrega y camino hacia Dios, como clérigo y como esposo; el clérigo pederasta reprimido solo encuentra soledad, amargura y deseo insaciable.

.- La insatisfacción puede alcanzar niveles muy altos; tales que, aunque en todas las otras áreas de su vida se conduzca con plena normalidad y brillantez, en la esfera sexual pierde el control y puede llegar a cometer todo tipo de abusos sexuales  para satisfacerse.

.- El reprimido insaciable, que está rodeado de niños en la parroquia o el colegio, tiene todas las posibilidades para elegir a sus víctimas y, además, sin gastar un euro.

6. Puede curarse la pederastia

Teniendo en cuenta las definiciones dadas de pederastia y pedofilia, creo que la pederastia es curable, pero no la pedofilia.Me explico: El pedófilo no puede dejar de sentir atracción sexual hacia los niños; es algo connatural a él. El pederasta es un pedófilo que ha dado un paso más, ha pasado  a la acción del abuso. Creo que al pederasta se le puede recuperar hasta llevarle a ser solo pedófilo.

7. Recuperación de un pederasta

A pesar de la gran dificultad, me atrevo a indicar una ruta:

1.- El pederasta debe reconocer que tiene un problema y querer salir de él. Este es el punto de partida. Después poner todos los medios a su alcance para solucionar el problema.

2.- El poder de la oración. Si es hombre de oración, como se supone que son los clérigos, debe pedir insistentemente al Señor que le dé las fuerzas necesarias para vencer la tentación, “Pedid y recibiréis” (Jn 16,24) .“Para Dios nada hay imposible” ( Lc 1,37)

3.- El alejamiento. Apartarse de los lugares y profesiones que le inciten al abuso. Un pederasta no debe estar en una parroquia, un colegio o un equipo de deporte donde forzosamente tiene que tratar con niños. Si evita la ocasión, evitará el peligro.

4.-La ayuda especializada. Programar visitas frecuentes al psicólogo para que le guíe y oriente. Todos los clérigos pederastas, en lo más profundo de su ser, son inmensamente desgraciados porque saben que están cometiendo pecados gravísimos de los que darán cuenta a Dios y también delitos por los que la Justicia civil los puede incausar.

NOTAS

1 Dallas. Conferencia Episcopsal , 16 de junio de 2002

2 Código de Derecho Canónico. Canon 1347.1

3 Philip Jenkins, Pedophiles and Priests. Anatomy of a Contemporary Crisis, Oxford University Press, Nueva York-Oxford 1996

domingo, 9 de agosto de 2026

164.- CELIBATO OPCIONAL, LA OPCIÓN DE PABLO VI

  ENIGMA, el blog de Celso Alcaina

25 abr 2010

1.- Opción ambigua. Sí, pero no. Pablo VI lo intentó. Se esforzó. Consultó. Hizo trabajar a la Curia. Lo anunció. Luego, cedió. Se desinfló y desistió. No tuvo arrestos para llegar hasta el final. Ni siquiera para iniciar un camino que estimó el adecuado. Era su habitual proceder. Su mente era lúcida. Sus propósitos, encomiables. Pero su voluntad era débil. A la hora de ejecutar, dudaba. Una duda de sabio. Tímido, más que prudente. Se excedía en las consultas. Y desconfiaba de su propia sabiduría. Una vez más lo recordamos. Juan XXIII lo había calificado de "hamlético".

El tema del celibato sacerdotal había sido excluido por el mismo Pablo VI en la agenda del Concilio Vaticano II. Se lo reservó. El celibato está íntimamente ligado al sexo. Nuestra sociedad occidental se abstiene de hablar abiertamente de sexo. Durante siglos, lo consideró tabú, cuando no pecado. Como cualquier otro clérigo, Montini había sido educado en un ambiente de represión sexual. Además, temía que se airearan conductas inapropiadas o escandalosas de clérigos de entonces o de antes. Consideró prudente hurtar el tema al debate conciliar y restringirlo al estudio discreto y secreto.

Y lo hizo nada más finalizado el Concilio. Porque, Pablo VI, a diferencia de Juan Pablo II, no hacía ascos a la hipótesis de abolir el celibato obligatorio. Es más, anhelaba esta abolición. Como otros pensadores católicos de vanguardia, consideraba la institución del celibato obligatorio una rémora para la evangelización y para la autenticidad del clero. También, un contrasigno y un freno a los derechos humanos.

2.- Opción deseada. Hazlo tú por mi

Entre 1969 y 1971 el Vaticano preparaba el 3º Sínodo de los Obispos. Por sugerencia del mismo Papa, debía tratar del "sacerdocio ministerial". Pablo VI dio instrucciones a la Congregación para la Doctrina de la Fe (Santo Oficio). Recabar la opinión de destacados cardenales y obispos acerca de la oportunidad y conveniencia de un cambio en la disciplina del celibato. Las respuestas, no coincidentes, fundamentalmente abogaban por el mantenimiento de la actual disciplina. 

Los más intrépidos defensores del celibato obligatorio eran los cardenales que regían las más importantes sedes de Italia: Siri en Génova, Pappalardo en Palermo, Ursi en Nápoles, Poma en Bolonia. También los cardenales y obispos del mundo anglosajón.

Septiembre de 1971, pocos días antes del inicio del Sínodo. Desde su ventana del Palacio Apostólico, en alocución dominical, el Papa se refirió al tema del celibato: "El Sínodo que está a punto de comenzar debatirá sobre el celibato del clero. Por mi parte, estoy dispuesto a que varones cristianos casados puedan acceder al sacerdocio, siempre que el Sínodo así lo acuerde".

En los años del postconcilio había ido in crescendo la expectativa de la abolición del celibato obligatorio. Muchos clérigos esperaban y esperaron. Muchos otros, menos pacientes, se lanzaron a solicitar la reducción al estado laical con dispensa del celibato. Era una novísima posibilidad, marca Roncalli. En los diez años siguientes al Concilio, cien mil sacerdotes huyeron.

El Sínodo de los Obispos (30 sept. a 6 nov.) debatió, como punto estrella, la disciplina celibataria. Lo hizo con base a un esquema opúsculo - unas cien páginas - redactado por dos teólogos: nuestro Olegario González de Cardedal y el dominico francés Marie J. Le Guillou. El primero había sido llamado a la Comisión Teológica Internacional por sugerencia mía. También yo había intervenido en el encargo de preparar el dicho esquema. González de Cardedal me visitó en el Palacio del Santo Oficio en vísperas del Sínodo. Comentamos el contenido del opúsculo, ya impreso, que iba a ser distribuido a los padres sinodales.

Cuando escuchó de mi que la opinión bastante generalizada de los curiales era la de abolir el celibato obligatorio, Olegario quedó perplejo. No había podido sospecharlo. Él mismo se inclinaba por el celibato opcional. Por el contrario, el esquema iba en la dirección de confirmar la actual disciplina celibataria. Lo novedoso (y escandaloso) para mí fue que Olegario y Le Guillou habían recibido instrucciones de la Secretaría de Estado en ese sentido. Y más incomprensible era que Olegario, en sus considerandos y conclusiones, se hubiera plegado a las directrices de un órgano ejecutivo de Roma en tal documento.

El Sínodo no abolió la obligatoriedad del celibato para el clero latino. Y con una lógica comprensible, se opuso a los propósitos del Papa. Los obispos concluían que la ordenación in sacris de varones casados suponía el principio del fin del celibato obligatorio. Echaron nuevamente sobre las espaldas del Papa el histórico cambio. Y Montini era débil.

Eran siete los argumentos a favor del celibato elencados y expuestos en el esquema Cardedal-Le Guillou. Sólo a dos se le concedió entidad: el económico y el escatológico (anticipación de la futura vida angelical:Mc. 12,25). Se impuso la prosaica realidad. En los obispos europeos pesaba la secular tradición, pero no se oponían tajantemente a un cambio. A los anglosajones sólo les movió el factor económico. No estaban dispuestos a subvenir a las necesidades de familias en vez de individuos.

3.- Opción apremiante. Camboya y Vietnam

Pablo VI tenía una muy aguda sensibilidad misionera. Estaban muy presentes las terribles consecuencias de la todavía vigente guerra de Vietnam y los desastres en la vecina Camboya. Al Vaticano llegaban escalofriantes lamentos. Sacerdotes y religiosos exterminados. Monjas violadas o asesinadas. Obispos expulsados. Iglesias destruidas. Fieles errantes, dispersos. Imposibilidad de importar de Occidente las especies eucarísticas y sacramentales (pan, vino, aceite), tal y como venia haciéndose. Sólo se vislumbraba un rayo de esperanza. 

Algunos catequistas estaban dispuestos a tomar el testigo de la evangelización. Pero el arzobispo de Saigon, Nguyen van Binh, era muy claro. Esos catequistas, solteros o ya casados, no estaban dispuestos a aceptar el celibato.

El Papa trasladó suficiente documentación al Santo Oficio para su estudio. Esperaba, decía, una adecuada solución al problema del clero en Vietnam y Camboya. Parece evidente que auguraba una relajación o excepción en la disciplina celibataria para aquella atormentada región asiática. Yo preparé la "positio". El tema fue estudiado en "Consulta" y debatido en la Plenaria de Cardenales. La conclusión debió de resultar muy decepcionante al Papa. No se podía hacer una excepción porque ello supondría romper la disciplina general en la materia. Si el Papa quería abolir el celibato obligatorio, era su responsabilidad.

4.- Opción improcedente. Senador Montini

El Papa era natural de un pueblo de la diócesis de Brescia. En los años 70 su hermano Ludovico era senador en Roma. En 1973, mons. Benelli, "sostituto" de la Secretaría Papal, hizo llegar al Santo Oficio una carta por "especial encargo del Santo Padre" adjuntando otra larga carta del senador Montini dirigida a su hermano Giovanni Battista.

En dicha carta, Ludovico exponía la situación de Don Renato, un joven sacerdote de Brescia, amigo del

propio senador. Exaltaba sus dotes espirituales, apostólicas y culturales. Don Renato se había enamorado de la presidenta de las jóvenes de su parroquia y planeaba matrimonio. También la chica era una excelente católica. Don Renato quería apurar todos los resortes con tal de no abandonar su sacerdocio. Su vocación era auténtica. Aceptaría restricciones en sus funciones y cambios de domicilio. Su futura esposa podría ser un complemento, no una rémora a su ministerio. El senador pedía un esfuerzo a su hermano para ayudar a su amigo.Fuimos varios los curiales que leímos la carta del senador. 

El prefecto, Cardenal Seper, la envió al archivo vivo de la Sección Matrimonial. Debía ser unida al inminente expediente de reducción al estado laical.

Seguro que la petición de Don Renato estaba a punto de llegar al Palazzo. El Congreso Particular de los lunes (4 altos cargos) ya había acordado la improcedencia de la pretendida excepción. En ese sentido, el Cardenal contestó a Benelli.

5.- Opción interrupta

De todo lo expuesto, parece razonable concluir que Pablo VI pretendió seriamente la abolición del celibato obligatorio. De lo contrario, no se comprende la insistencia en proponer su estudio y debate, opportune et importune.

Sorprende que, pocos años antes, en 1967, el Papa hubiera publicado la encíclica "Sacerdotalis caelibatus" en la que corroboraba la vigente disciplina celibataria y la valoraba profusamente. A este propósito, es preciso advertir que, salvo excepciones, las encíclicas son obra de la Curia más que del Papa. Éste pone su firma, pero a él no se debe su gestación y redacción.

Alternativamente, es verosímil que en pocos años el Papa hubiera evolucionado y cambiado de actitud. Su conocido carácter indeciso conduce a la credibilidad de esta hipótesis. Los acontecimientos de aquellos años eran vivos y trepidantes. A la vista de los hechos anteriormente relatados, resulta evidente que Pablo VI no consideraba esencial el celibato obligatorio. Ni siquiera muy importante. Lo subordinaba a la función apostólica del clero. Consideraba prioritarios otros valores eclesiales e individuales. Abrigó la esperanza de que sus colaboradores aprobaran y corroboraran su pretensión de modificar paulatinamente la disciplina celibataria.

Por su carácter tímido, por la actual configuración del Papado, por la formación y edad del Episcopado, por el preponderante papel de la Curia, fue incapaz de dar el salto, de pasar del diseño a la ejecución.

6.- Epílogo. Un aborto o un alumbramiento

El celibato opcional fue una realidad en el Cristianismo desde sus orígenes. Data de la época precristiana. Casualmente, una de mis tesis doctorales versa sobre los cenobios en el siglo IX antes de Cristo: "Eliseo y sus discípulos". El fundamento del celibato no es estrictamente de carácter religioso. La filosofía griega - Plotino, neoplatonismo, maniqueísmo - conducían al desprecio de la materia y, por ende, del cuerpo y de la reproducción.

En ese ambiento de desprecio a la materia y de exaltación del Uno, surge paulatinamente la obligatoriedad del celibato. No siempre fueron razones espurias, de índole material o patrimonial. Durante más de un milenio, los obispos eran autónomos. No estaban sometidos a Roma. No eran nombrados por Roma ni dependían de Roma. Cada obispo, o cada concilio regional, dictaba cuanto estimaba más conveniente para sus clérigos y fieles.

España fue una adelantada en imponer el celibato a los clérigos. Detrás de esta imposición podía estar la convicción - acaso errónea, pero coherente - de que ése era el mejor camino para la santidad. Sin duda alguna, se dio la manipulación. Con el pretexto de la espiritualidad y la perfección, afloraron intereses materiales, económicos, políticos, de dominio.

Cuando Gregorio VII, en el siglo XI, proclamó la obligatoriedad del celibato para todos los clérigos, el Papado no estaba consolidado. Los decretos del obispo de Roma no fueron considerados obligatorios en otras diócesis. Eso explica que durante los posteriores siglos, el celibato obligatorio no fuera una práctica habitual. Ni los obispos ni los clérigos se sentían concernidos por la norma gregoriana.

Fue en el Concilio de Trento, siglo XVI, cuando se ratificó el celibato obligatorio. Para entonces, Roma tenía más poder. El incremento y preponderancia de los Estados Pontificios, el dominio sobre emperadores yreyes, la influencia en las colonias de ultramar. Todo ello, sumado a la vieja herencia del Imperio Romano, venía a respaldar la autoridad del obispo de Roma, hasta entonces poco más que un primus inter pares.

Ni siquiera el Concilio Tridentino fue un punto de llegada a la universalización del celibato obligatorio del clero. Sabemos que algunos decretos del Tridentino tardaron siglos en ser aplicados. Eran los reyes quienes daban el visto bueno a esos decretos para la ejecución en sus respectivos territorios.

El celibato obligatorio con carácter universal es muy moderno. Podríamos decir que no ha nacido todavía. Está en fase de aborto. La tolerancia de muchos obispos (conocí a varios) hacia el incumplimiento del celibato del clero. La comprensión del pueblo hacia el mismo incumplimiento. Los esfuerzos fallidos de Pablo VI por neutralizar normas de sus predecesores. Las "dolorosas" previsiones de Juan Pablo II sobre su abolición: "Siento que sucederá, pero que yo no lo vea". La aceptación del clero anglicano casado por parte de Benedicto XVI. Voces de numerosos altos dignatarios eclesiásticos clamando por la opcionalidad del celibato, entre ellas la autorizadísima del Cardenal Martini.

Todo, síntomas de que la normativa del celibato obligatorio está próximo a convertirse en algo histórico. Su abolición será lamentable para unos, positiva para muchos. Pudiera ser -cosa que dudo - un impulso cuantitativo para el clero. La actual estructura jerárquica permanecerá. Previsiblemente, Roma copiará la secular situación de la Iglesia Ortodoxa donde se exige el celibato para acceder al episcopado. El distanciamiento entre obispos célibes y presbíteros casados es más que un temor.

Paradójicamente, retrocederemos al estatus del primer milenio del Cristianismo, en tanto que avanzaremos en la recuperación de la sana libertad. Un pequeño avance, un pasito en la senda de los derechos humanos. Habremos abandonado la puridad del Uno para abrazar la variedad del Todo.