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Jorge Mario Bergoglio, jesuita argentino de 76 años, se ha convertido en el Papa 266 de la Iglesia católica
y el primero de América Latina, y se ha puesto el nombre de Francisco.
Nació el 17 de diciembre de 19 36 en el seno de
una familia modesta de la capital argentina; Mario,
el padre de Jorge, fue empleado ferroviario y en una fabrica textil;
su madre, Regina, fue ama de casa.
Jorge Mario asistió a la escuela
pública, adquiriendo el título de técnico químico; a los 22 años ingresó en la Compañía de
Jesús, donde obtuvo una Licenciatura en Filosofía y, tras estudiar Teología,
fue ordenado sacerdote en 1969.
El 31 de julio de 1973 ,
a los 37 años fue designado
superior “Provincial” (responsable nacional) de los jesuitas argentinos, cargo
que desempeñó durante seis años.En marzo
de 1986, se trasladó a Friburgo
(Alemania) y obtuvo el grado de Doctor en Filosofía.
Volvió a la actividad
pastoral como simple sacerdote en la ciudad de Mendoza (1.100 km al oeste de Buenos Aires). En
mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Buenos Aires; el 13 de junio de 1997 fue nombrado arzobispo coauditor de
Buenos Aires y arzobispo el 28 de febrero de 1998 .
En
febrero de 2001, se convirtió en el primer jesuita primado de Argentina
vistiendo la púrpura de cardenal.
¿Cómo era el Cardenal Bergoglio?
Así le
recuerdan los vecinos de Flores, el barrio del centro-oeste de la capital
argentina donde Jorge Mario nació y vivió.
Osvaldo Dapueto, de
68 años, uno de sus amigos de la niñez dice:
"Éramos muy buenos vecinos. Era un
chico muy estudioso. A veces compartía algo de tiempo con nosotros, pero se
dedicó siempre a estudiar mucho, no era un vago como nosotros". “No se
llega a Papa siendo revoltoso. Pero es un Papa de barrio, el Papa de
Flores", "un hombre de una lucidez extraordinaria y de una capacidad
increíble, con un altísimo vuelo intelectual”.
Marta, otra vecina de la
infancia, coincide en recordar que el pequeño Jorge "no
era de estar tanto en la calle jugando", como los otros chicos del
barrio, "sino más bien más estudioso”.
El domingo, 17 de marzo, iba
a celebrar misa para las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia en el colegio, a una cuadra de su casa
natal, donde hizo el jardín de infancia y tomó la primera comunión. No ha
podido ir.
¿Qué dicen de él las Hermanas?:
“Cuando murió la hermana Dolores, que era la maestra que lo había
preparado para la primera comunión, estuvo toda la noche arrodillado en oración
en la capilla, al lado de ella", aseguró
la hermana Marta.
“Es sencillo. Siempre
viene en ómnibus. El siempre fue así, una persona muy sencilla", atestigua la hermana Teresa, si
se toma un té con ellas, luego hasta lava él mismo la taza. Se le podía ver
celebrando Misa con cartoneros (personas que buscan metales, botellas y
cartones en la basura para revenderlos).
El arzobispo de Buenos Aires llegó a
Roma viajando en clase económica, con los zapatos que le había regalado la
viuda de un sindicalista. Pese a su meteórica carrera en la jerarquía católica,
sigue siendo un "hombre muy sencillo”.
Su rutina comienza a las cuatro y media
de la mañana, tres horas de meditación y a las siete comienza a recibir a la
gente, a las doce y media toma un almuerzo rápido y termina la jornada a las 21
horas. Bergoglio suele comer y cenar a solas en las curia. Casi nunca se va de
vacaciones, sólo viaja cuando es estrictamente necesario acudir a Roma.
Es el
adalid de la lucha contra la pobreza en los barrios más míseros de Buenos Aires.
Es un jesuita recto, dialogante, sencillo, gran lector, amante de la ópera y
socio del club de fútbol San Lorenzo.
Sumamente austero, se desplaza en metro o
bus por Buenos Aires y no le gusta que le llamen “eminencia”. Cuando le
preguntan cómo han de llamarle, contesta: padre Bergoglio.
Perfil de Papa Francisco
Es un
hombre tímido y de pocas palabras que goza de un gran prestigio entre sus
seguidores, que aprecian su total disponibilidad y su forma de vida, alejada de
toda ostentación. Goza de prestigio por sus dotes intelectuales y dentro del
Episcopado argentino es considerado un
moderado, a mitad de camino entre los prelados más conservadores y la minoría progresista.
Destaca por su “sencillez,
humildad y cercanía": Sorprendió
al mundo entero la noche de su presentación, desde el balcón de la Basílica de
San Pedro: vestido sólo con
sotana blanca, no llevaba la estola con bordados de oro, ni la esclavina roja,
ni los zapatos rojos, ni colgaba de su pecho la cruz de oro sino la cruz de
plata, que tenía cuando salió de Buenos Aires. Instó a los 1.200 millones
de católicos del mundo a “emprender un
camino de fraternidad, de amor y de “evangelización” y rindió tributo a Benedicto
XVI, que renunció al cargo el pasado 28 de febrero, en un gesto sin precedentes
en siete siglos. Desde el mismo balcón, ante los miles de personas que le
miraban, tuvo el gesto humilde de inclinarse y pedir oraciones por él: “Hagamos en silencio esta oración, ustedes y
yo”. Y se despidió como si se tratase de un grupo de amigos: “buenas noches y buen reposo”.
Según el padre Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, el Papa
Francisco después de haber sido elegido, cuando los demás cardenales
le saludaron y prometieron obediencia, Francisco no se sentó en el sitial y ellos no se arrodillaron, como es la
costumbre, sino que se quedó de
pie igual que los demás.
Para volver a la Residencia Santa
Marta en la que se hospedaban todos los cardenales electores, Francisco
lo hizo en autobús con los demás y no usó el automóvil oficial especialmente
destinado a él. Cenó con todos y hasta les hizo reír, al decirles: “Que
Dios los perdone por lo que hicieron”.
Había dicho que iría a rezarle a la Virgen. Al día siguiente a las 8.05 de
la mañana llegaba a la basílica de Santa María la Mayor y la sorpresa fue mayúscula, pues llevaba
un séquito pequeño, viajaba en un auto común de la guardia vaticana y no entró por la puerta principal sino por la lateral.
Cuando los guardias
intentaron cerrar las puertas para que los fieles no incomodaran al pontífice,
Francisco les dijo que no era necesario y saludó a cuantos se le acercaron:
sacerdotes, fieles, personal de la iglesia, periodistas y unos escolares que
pasaban.
El colmo de la sencillez fue cuando, ya de vuelta, quiso acercarse a la Casa Internacional del Clero, donde se había hospedado
antes de que comenzara el cónclave, se bajó del coche y, entrando, recogió sus cosas y pagó la factura.
¡¡Todo un ejemplo!! ¡¡Despunta una aurora de esperanza!!
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