sábado, 16 de mayo de 2026

156.- SAN DAMIÁN DE MOLOKAI


Datos biográficos

Jozef de Veuster nació el 3 de enero de 1840  


 en Tremelo (Bélgica), hijo de un matrimonio de granjeros, llamados Joannes Franciscus (“Frans”) de Veuster y Anne Catherine (“Cato”) Wouters.

Estudió en un colegio católico, y posteriormente ingresó en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Su hermano Augusto, de la misma congregación, fue destinado a la misión en las islas Hawái; pero, afectado por el tifus, no pudo viajar y Damián se ofreció para reemplazarlo.

Misionero en Hawai

Emprendió el viaje en noviembre de 1863 y llegó a Honolulú el 19 de marzo de 1864. Allí mismo, el 21 de mayo, fue ordenado sacerdote y ejerció su ministerio sacerdotal en varias parroquias de la isla de O’ahu. Sin demora, se entregó en cuerpo y alma a la vida de misionero en favor de los indígenas de Hawai, la isla más grande del archipiélago. En 1866, para frenar la propagación de la lepra, el gobierno hawaiano decidió trasladar a Kalaupapa, en la isla de Molokai, a todos los contagiados por la enfermedad, en aquel entonces incurable.

Había seiscientos leprosos viviendo en Kalaupapa, viéndose forzados a pelear unos contra otros para lograr sobrevivir. Kalaupapa era «la colonia de la muerte». La negligencia gubernamental contribuyó a sembrar el caos por la escasez de los recursos alimenticios y médicos necesarios.

Pide ir a Molokai

El Padre Damián pidió a sus superiores que lo enviasen a Molokai, donde llegó el 10 de mayo de 1873. Su llegada fue el punto de inflexión para la comunidad. Impulsado por el deseo de aliviar el sufrimiento de los leprosos, se interesó por los progresos de la ciencia. Experimentó en sí mismo nuevos tratamientos, que compartía con sus enfermos. Día tras día, cuidaba de los enfermos, vendaba sus heridas hediondas, reconfortaba a los moribundos, enterraba a quienes habían terminado su calvario.

 "Hago lo imposible —decía— por mostrarme siempre alegre, para levantar el ánimo de mis enfermos". 

Bajo su liderazgo, las leyes básicas se restablecieron, se pintaron las casas, se volvió a trabajar en las granjas y se convirtieron algunas de ellas en colegios. Todos se sentían invitados a compartir su alegría de vivir, a superar, con la fe, los límites de su miseria y angustia. Damián concebía su presencia en medio de los leprosos como la de un padre entre sus hijos.

"El infierno de Molokai", impregnado de egoísmos, desesperación e inmoralidad, se transformó gracias a él en una comunidad que causaba admiración incluso al Gobierno.

Orfanato, iglesia, viviendas, equipamientos colectivos: todo se realizaba con la ayuda de los menos impedidos. Se amplió el hospital, se acondicionaron el desembarcadero y sus caminos de acceso, al mismo tiempo que se tendía una conducción de agua. Damián abrió un almacén en el que los enfermos podían aprovisionarse gratuitamente. Alentaba a su gente a cultivar la tierra y plantar flores. 

Para entretenimiento de sus leprosos, organizó incluso una banda de música. Así, Damián hacía redescubrir a los leprosos que a los ojos de Dios todo hombre es algo precioso, porque los ama como un padre.

Condecorado:

El rey David Kalakaua I otorgó al Padre Damián la medalla de Caballero Comandante de la Real Orden de Kalākaua I. Las crónicans reflejaron que cuando la Princesa Lydia Lili’uokalani visitó Molokai para entregar la condecoración, se conmovió de tal manera, y sintió como si se le rompiera el corazón, que le resultó imposible leer su discurso. Una vez repuesta, compartió esta experiencia con el mundo, aclamando los esfuerzos del Padre Damián, cuyo nombre y trabajos fueron ampliamente divulgados. Nunca se colgó la medalla; sí que se la pusieron a su derecha en su lecho de muerte.

El Padre Damián leproso:

En diciembre de 1884, tenía unas heridas en los pies y al meterlos en agua caliente no notó el calor; en ese instante se dio cuenta de que se había contagiado.

A pesar del descubrimiento, según contaron los residentes, el Padre trabajó incansable construyendo cuantas casas pudo y planificó la continuación del programa para cuando él se hubiera ido. Con plena confianza en Dios, declaró en esos momentos:  

"Estoy feliz y contento, y si me dieran a escoger la salida de este lugar a cambio de la salud, respondería sin dudarlo: Me quedo con mis leprosos toda mi vida".

Su muerte llegó cinco años después, el 15 de abril de 1889, con 49 años de edad. Su restos mortales fueron trasladados en 1936 a Bélgica y reposan en la cripta de la iglesia de la congregación de los Sagrados Corazones en Lovaina.

Repercusiones:

La noticia de su enfermedad en 1885 y su muerte impresionó profundamente a sus contemporáneos. Desde su desaparición, fue considerado como un modelo y un héroe de la caridad.

León Tolstói hizo referencia a «las hazañas del Padre Damián» en su libro El reino de Dios está en vosotros, como parte de su extensa argumentación para enfatizar «la contradicción entre nuestra vida y nuestra conciencia cristiana.

Gandhi declaró que el padre Damián fue una inspiración para sus campañas sociales en la India, que lograron la libertad de su pueblo y aseguraron la ayuda para los necesitados.

Fue beatificado en Bruselas por el Papa Juan Pablo II el 4 de junio de 1995 y canonizado por el Papa Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009.

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