viernes, 15 de mayo de 2026

152.- DON PEDRO CASALDÁLIGA,OBISPO

 

 Introducción:

Siempre me ha fascinado la grandeza humana y cristiana de algunas personas. Una de elles es el obispo Pedro Casaldáliga, al que quiero dedicar unas cuantas reflexiones, como homenaje de afecto fraternal en Cristo y de gratitud por su testimonio.


1.¿Quién es Pedro Casaldáliga? 
Nació en Balsareny, un pueblecito catalán de la provincia de Barcelona, el día 16 de febrero de 1928; es el menor de cuatro hermanos: José, Carmen, María y Pedro. Ingresó en al Congregación de los Padres Claretianos y fue ordenado sacerdote el 31 de Mayo de 1952 en el Congreso Eucarístico de Barcelona.                                    Profesor en Sabadell: Profesor en el colegio claretiano de Sabadell desde 1952 hasta 1958, simultaneando su labor docente con el apostolado en la Congregación Mariana y con los Cursillos de Cristiandad, a los que se vinculó muy fuertemente.

Estableció contacto con el mundo obrero y los inmigrantes castellanos, murcianos y andaluces que en aquella época malvivían en los barrios pobres de Sabadell, quedando muy impresionado porque “soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar”.                                                                                                      En Barcelona: De Sabadell fue destinado a Barcelona, encargándose de la dirección del local de la juventud claretiana, por el que desfiló una legión de desheredados, pobres, delincuentes, parados, enfermos... Era un hombre de acción que no podía soportar la miseria apiñada a las puertas del centro sin intentar algo para remediarla. Organizó una escuela nocturna y una bolsa de trabajo con listas de empresas para conseguir empleo a los inmigrantes. En esta etapa de Barcelona, no sólo no se olvido de los Cursillos de Cristiandad, sino que trabajó intensamente para su difusión. En 1960, fue enviado a la colonia española de Guinea con un equipo de religiosos y el encargo de implantar allí los Cursillos. Se enfrentó con algunos representantes de las fuerzas vivas de la colonia para lograr que los cursillos fueran mixtos, blancos y negros juntos; su consigna fue: “O café con leche o nada”.

Sobre esa experiencia escribió más tarde: “Sentí fuertemente la realidad y la llamada del Tercer Mundo. Cuando regresé llevaba para siempre a África en mi corazón, al tercer Mundo, a los Pobres de la tierra y a esta nueva Iglesia, la Iglesia de los pobres, como se llama después del Concilio”. A su carácter tenaz y trabajador infatigable se añadió, para siempre, su dedicación a los pobres.

En Barbastro: En 1961, los superiores le destinaron a Barbastro (Huesca), en calidad de Prefecto del Seminario Claretiano. Durante dos años lo transformó en una institución menos tradicional. “Quemé todas las flores de plástico, retiré algunos santos acumulados en el pequeño altar de la capilla y revolucioné horarios y costumbres, plegarias, lecturas, orientación y perspectivas”.

En Madrid: En el verano de 1963, nuevo destino, Madrid, en calidad de director de la centenaria revista claretiana Iris de Paz. Durante cuatro años puso en práctica su vocación periodística. Alrededor de la revista se consolidó un grupo de claretianos jóvenes, con voluntad modernizadora, unidos por una fuerte amistad que serían muy importantes en su posterior etapa misionera.

Tras el Concilio Vaticano II, el grupo de Casaldáliga empezó a usar el clergyman y presionó a su Congregación con una carta dirigida a su Superior General . “O la congregación aceptaba el Vaticano II o nosotros deberíamos intentar otros caminos”, escribió Pedro más tarde. El efecto de la carta no se hizo esperar. A finales de 1967, la Congregación Claretiana celebró en Roma un Capítulo General de renovación, en el que se aceptó la línea marcada por el Concilio Vaticano II. Además, se decidió abrir nuevas misiones en Brasil y en Bolivia.

Mientras tanto, en la Revista Iris de Paz, aparecieron algunas editoriales críticas que molestaron el gobierno franquista, hasta el punto de que el Ministro de Información, Manuel Fraga Iribarne, amenazó con la clausura si no cambiaban de línea editorial. Los acontecimientos se sucedieron con rapidez. Casaldáliga dimitió como director de la revista, renunció al cargo de Superior Provincial de Aragón de la Congregación Claretiana para el que había sido propuesto por sus Superiores y consiguió que le encargaran la fundación de una misión en el Mato Grosso brasileño.

 EN LA MISIÓN DE MATO GROSSO

“Cuando llegué aquí, lo primero que vi fueron los cadáveres de cuatro niños muertos que habían dejado ante el portal de casa”. Dos, supo más adelante que eran hijos de prostitutas.                   Brasil, a finales de la década de los sesenta, era un país pobre, gobernado por una dictadura militar, combinación perfecta para toda injusticia tanto social como política.                                    Pedro llegó a la región el 30 de Julio de 1968, juntamente con Manuel Luzón, otro misionero claretiano. Esta región amazónica se caracteriza por su aislamiento, su miseria y su carencia total de derechos humanos en sus gentes.                                                      Se establecieron en Sao Félix, un pueblo de chozas a orillas del río Araguaia, habitado por unos seiscientos habitantes, sin médico, correo, teléfono o electricidad. La única ley era la "ley del 38", impuesta por los terratenientes contra los pequeños campesinos sin tierra y los pueblos indígenas. En poco tiempo, enterró a mil peones “a menudo sin ataúd y muchas veces sin nombre”. Las distancias son enormes; el ayuntamiento está en Barra do Garsas, a más de 700 kilómetros. Los habitantes, en su mayoría, son inmigrantes del nordeste del Brasil, gente sencilla, cordial e ignorante, que intenta labrar un futuro.                                                                       En su diario, ha escrito Casaldáliga la impresión de su primer contacto: “Gente de carga, traída por la ola de la pobreza, de la soledad y del crimen, propio o ajeno, gente sencilla, gente que lleva la cruz... Estos son los pobres del Evangelio”.                  Había encontrado lo que tanto buscó, a los pobres del Evangelio y, en ellos, una misión a la que dedicar su vida.        ¡Ora et labora! (Reza y trabaja) ¡Cuánta luz arroja esta frase sobre su obra evangelizadora! El “ora et labora” de San Bernardo, se hizo patente, una vez más.

Para enfrentarse a las dificultades acudió a la reflexión espiritual. Tal vez, a alguien pueda sorprender que un misionero tan activo dé tanta importancia a la oración. “Nunca dejé de rezar el breviario (la oración de las horas de los sacerdotes), aunque me cayera muerto de sueño. Desde que llegué aquí, he orado siempre y da muy buenos resultados”.                                              Durante los primeros meses de estancia en Sao Félix intentó confraternizar con todos, quería ganarse la confianza de la gente pobre y mantenía contactos con los grandes y poderosos terratenientes. Pronto se dio cuenta del enfrentamiento que existía en la región: a un lado, los terratenientes; al otro, los peones, los campesinos y los indios.

Él debía escoger.

En 1969, fue invitado a la Hacienda Suia Missú, que tiene una extensión mayor que toda Cataluña. Aterrizaron en la pista de la Hacienda más de veinte aviones, uno con el Ministro del Interior de Brasil. Se celebró un banquete pantagruélico.                   Aquella misma tarde, Pedro visitó a los peones que llegaban en busca de trabajo, encontró a doce enfermos, uno de los cuales había intentado suicidarse.

1. La opción radical y definitiva por los pobres: El contraste entre ambas realidades fue muy duro, tanto que la situación se le hizo insoportable. Esta fue la primera y última vez que Casaldáliga confraternizó con los terratenientes. Optó, de forma radical, por los pobres.

¿De dónde le viene a Pedro esa opción por los pobres? La opción de Casaldáliga proviene de su radical seguimiento e identificación con Jesús de Nazaret. En el evangelo de Mateo leemos: « Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino… porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregriné, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; preso, y vinisteis a verme….En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 34-40)

En esta perspectiva podemos valorar las palabras de Casaldáliga: “Los pobres son la niña de mis ojos, a mí siempre se me ha quebrado el corazón ver la pobreza de cerca. Me he llevado bien con la gente excluida. Soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo vivir con tres camisas, por qué voy a necesitar diez en el armario. Los pobres de mi Prelatura viven con dos, de quita y pon”.

“Señor, no sé si he sabido hallarte en todos, pero siempre te he amado en los más pobres”.

Y trata de asegurarse de que al morir no se le honre con una sepultura lujosa: “Cuando me muera, me enterráis junto al río Araguai donde yo he enterrado a tantos indígenas, a tantos peones perseguidos o huidos de Haciendas y a tantos niños sin caja. Oidlo bien: como un pobre más, siete palmos de tierra, una crucecita de palo y… la resurrección”.

Esta opción por los pobres le originaría en el futuro muchísimos problemas y le creó enemigos muy poderosos, y también amigos muy fieles.

A Sao Félix llegaban los inmigrantes buscando su futuro y se encontraban con la alternativa de rotular un trozo de selva, asentarse en él y cultivar arroz, mandioca o café o trabajar como peones en la Hacienda de un terrateniente. Ambas alternativas conducían al riesgo y a la miseria. Los terratenientes hacían y deshacían a su antojo, sin rendir cuentas a nadie; compraban el silencio, amparados en la corrupción de la dictadura militar. Tenían pistoleros a sueldo para mantener a los peones en un régimen casi de esclavitud y para evitar que otros se instalasen en las tierras de la Hacienda.“Morir o matar es más fácil aquí, está al alcance de todos”.

La ley no llega a un rincón tan apartado. La única ley vigente es la impuesta por las armas. Los terratenientes obran a su antojo, sin rendir cuentas a nadie; tampoco nadie se las pide.

2. La vivienda de don Pedro: La casa en la que se instaló el grupo tenía poco más de treinta metros cuadrados. La iglesia era una choza de barro con techo de uralita. En Sao Félix coexistían con otros misioneros, adventistas, pentecostales y baptistas, con los que era bastante difícil el diálogo.                                                            Con el paso de los años y después de treinta, ha cambiado algo la casa. No es un palacio; puede ser la de cualquier trabajador del pueblo. Pequeña, de una planta; en la trasera una galería que sirve de cocina y un patio, más una capilla con un altar de madera y unos troncos para sentarse.                                            Ya en Sao Félix hay electricidad y teléfono. En la casa hasta hay una nevera. Pedro no la quería porque “si los pobres no tienen nevera, yo tampoco”; pero, al final, la aceptócomo regalo de su gente cuando cumplió setenta años. La llevaron a escondidas, sin que se enterara.

3. Actividad misionera: Después de volver la espalda a los terratenientes y representantes de la dictadura militarPedro Casaldáliga quiso ganarse la confianza de los peones, los campesinos sin tierra y los indios. Para darse a conocer decidió visitarlos en sus casas.                                                                                   Las “visitas pastorales” están unidas a largos viajes a las colonias y campamentos de emigrantes del interior. Conocía a la gente y conocía el territorio. En ceremonias colectivas, bautizaba a 50 ó 60 niños, unos pequeños, otros de meses y otros hasta de seis o siete años.                                                                También celebraba matrimonios, en los que, por cierto, debía estar muy atento y poner mucho cuidado para no casar a los que ya estaban casados, entre tanta promiscuidad, amancebamientos, uniones y desuniones.                                             Quedó sorprendido por dos cosas: la problemática de los matrimonios y la facilidad con que se muere y se mata en esta región. Estaba habituado a un mundo de mucha apariencia.

Durante su infancia, ¿quién podría imaginarse un divorcio? Aquí, en cambio, los matrimonios se hacen y deshacen con mucha facilidad; se casan muy jóvenes y algunos ya lo han estado antes con otro u otra; esto les sirve para madurar mientras encuentran al compañero o compañera y forman un hogar firme y seguro.

Puso en marcha las campañas misioneras, que consistían en tres meses de permanencia del equipo de la Prelatura en un lugar determinado. El equipo se había ampliado con la llegada de varios sacerdotes, un grupo de monjas y otro de seglares, comprometidos todos hasta dejarse la piel. Desde el pueblo elegido irradiaban su actividad a toda el área rural, a pesar de las largas distancias y la inexistencia de carreteras, compartiendo las actividades estrictamente religiosas con otra de alfabetización, de asistencia sanitaria y de creación de asociaciones y comunidades de base.

4. La experiencia de Serra Nova: En Brasil hay una ley que otorga la propiedad de una tierra sin dueño al que la ocupe y la trabaje. Es la ley de posse. Amparados en ella, han nacido muchos pueblos “posseiros”. Uno fue Serra Nova. Pedro recorrió más de setenta kilómetros a caballo para llegar a un claro de selva donde unos trescientos “posseiros” querían construir un pueblo, con escuela e iglesia. Lo primero era plantar los mangos para tener sombra y frutos en abundancia.                                          El primer día concluyó con una misa en una choza de paja y troncos levantada por la mañana para servir de iglesia y de lugar de reunión. Fue una celebración tensa, en un ambiente de dolor y de esperanza, de fundación y de riesgo. El futuro de Serra Nova estaba amenazado por los terratenientes de las grandes fincas vecinas, quienes no querían que el puñado de posseiros se multiplicase y fueran una amenaza. La Hacienda Bordón, de la que uno de los principales accionistas era el Ministro de Hacienda de Brasil, decidió que la tierra donde habitaban los posseiros era suya y la cercó con una valla; esta era la manera de ahogar a los campesinos.

2. DOS ESCRITOS DE PEDRO CASALDÁLIGA

1º. “Esclavitud y feudalismo en el norte de Mato Grosso” Es un informe en el que denunciaba la situación de esclavitud y explotación de la región. Lo envió a las principales autoridades del país, al Presidente de la conferencia Nacional de los Obispos y al Nuncio del Papa en Brasilia. Este informe significó un paso que le hacía imposible el retorno, “sentía que había firmado mi sentencia de muerte, en todo caso, acababa de firmar un desafío”. Desde entonces, ha sido llamado “comunista” y “agente extranjero”; todavía puede que alguien le considere un “obispo comunista”.

Intento de asesinato: Los terratenientes, tras la lectura del informe y corriendo el  rumor de que podía ser nombrado obispo, intentaron eliminarlo. Para ello, contrataron a un pistolero y le entregaron un revólver del 38, un billete con destino abierto y mil cruceiros, una cantidad considerable en aquel tiempo y en aquel sitio. El pistolero era católico y le pareció muy fuerte matar al “padre”. Se arrepintió y fue a contárselo a un sacerdote del equipo, quien le aconsejó que pusiese una denuncia ante la policía. Esta es la denuncia que puso y firmó el pistolero ante la policía:

“Yo, Vicente Paulo de Oliveira, peón de la compañía Bordón, declaro que el capataz Benedito Teodoro Soares, de sobrenombre Boca Quente, disparó contra tres hombres (Benedito de Silva, Gerardo y Vicente Paulo) porque no estaban conformes con la paga recibida. Benedito Boca Quente me pidió que matara al padre Pedro asegurándome que si lo hacía me daría mil cruceiros, un revólver del 38 y un pasaje para donde yo quisiera. Me pidió insistentemente que lo matara y me avisó que, si lo descubría, me mataría”.

La tensión era cada vez mayor. Por una parte, los terratenientes y sus pistoleros, por otra, los posseiros de Serra Nova y, en medio, los peones a sueldo del latifundio Bordón. Casaldáliga necesitaba ayuda y la encontró en el grupo de sacerdotes y monjas y en unos exseminaristas claretianos que se agregaron al equipo. Uno de estos exseminaristas era Moura, el cual abandonó sus estudios de periodismo en Sao Paulo y se vino para hacer de maestro de campesinos. Lo principal era ganarse su confianza y, a fe que lo hicieron porque “vivíamos con ellos, comíamos lo mismo que ellos, que era bien poco, nunca he pasado tanta hambre, días enteros con sólo un poco de arroz”.

2.- Casaldáliga elevado al servicio de obispo: En el verano de 1971 se confirmó el rumor y Casaldáliga era nombrado obispo de Sao Félix. Escribió una carta de renuncia, pero, antes de echarla al correo, llegó al pueblo el obispo de Goiás, Tomás Balduino, quien le pidió que no renunciase, porque “yo siempre lo he visto como un obispo de la más clara tradición de la Iglesia”. Decidió consultarlo con los sacerdotes del equipo y todos le pidieron que aceptase. Y aceptó.                                         “Procuraré ser siempre un obispo servidor y pobre”, sin mitra, ni báculo, ni anillo. Aún ahora, treinta y tres años después, calza las chanclas que usan los campesinos de la región.                     Fue consagrado obispo el 23 de octubre de 1971, no en una catedral, sino en la orilla del río Araguaia. Ofició la ceremonia el arzobispo de Goiania, Don Fernando asistido por varios obispos, uno de ellos, Tomás Balduino, obispo de Goiás.                                   Sus amigos de España le regalaron una copia del anillo que Pablo VI regaló a los obispos que participaron en el Concilio. Pedro no quiso ponérselo; se lo envió a su madre a Balsareny. Ahora lleva un anillo, regalo de los indios tapirapé, hecho de hueso de palmera. Dice que “hay que dar testimonio de anticonsumismo”.

3. Primera Carta Pastoral: “Una Iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social”. Consta de 123 páginas de documentación precisa, con nombres, apellidos y cantidades de los diferentes conflictos de tierra y de otros problemas vigentes en la Prelatura,como puede verse pinchando en el enlace.                                                                                 Ninguna editorial aceptó su publicación, se hizo en dos imprentas clandestinas. El arzobispo, don Fernando dijo: “Me sorprendió su valor; era la primera vez que alguien se atrevía a hacer una denuncia pública. Se atrevió a decir lo que todos los obispos sabíamos y vivíamos. Era una declaración de guerra”.

La carta Pastoral tuvo mucha más repercusión que el informe sobre la esclavitud; entonces era un sacerdote, ahora se trataba de un obispo. “Estoy totalmente seguro, de no haber sido obispo, me habrían cortado la cabeza”. A pesar de la censura, llegó a todo el país.                                                                                        Repercusión de la Carta Pastoral: El documento daba la puntilla a la complicidad histórica de una Iglesia con los poderosos de este mundo. Y sobrevino lo que acaso nadie esperaba: la alarma, el escándalo y la persecución. Todos: gobierno, policía y hasta el mismo Nuncio le pidieron que no lo publicara en el extranjero. Hasta cinco veces estuvo a punto de ser expulsado del pais. Pero Pablo VI intervino:“Tocar a Pedro es tocar al Papa”. Y se evitó la expulsión.

La Jerarquía eclesiásticas brasileña aprobó la publicación de la Carta, los sectores más progresistas le mostraron su elogio y solidaridad. El Gobierno militar y los terratenientes le acusaron de guerrillero; algunos intentaron que un médico le declarase loco. La policía federal adoptó una postura intimidatoria, con diversas presiones al grupo de sacerdotes y maestros de la Prelatura.

3.- EL VIETNAM DEL MATO GROSSO

La repercusión de la Carta Pastoral se hizo pronto patente en Santa Teresina, un pequeño pueblo al norte de la Prelatura de Sao Félix. En su mayor parte, estaba dentro del territorio que la Codeara, una empresa del Banco de Crédito Nacional, consideraba suyo, pues había comprado cuatrocientas mil hectáreas de terreno, aprovechando las facilidades dadas por la dictadura militar. El pueblo era un nido de esclavos blancos, el mayor en toda la historia de Brasil, si exceptuamos la esclavitud de los negros de otros  tiempos. La Codeara levantó vallas y garitas con gente armada para proteger lo que consideraba suyo. Era la forma de controlar a más de quinientos posseiros y a la comunidad indígena tapirapé, que vivían en la zona ayudados por un sacerdote francés, el padre Jentel y unas monjas de la comunidad de Foucauld.

1.- El padre Jentel: Estaba allí antes de ir Casaldáliga, quien dijo de él: “Fue el primero que hizo una escuela en la región, consiguió la primera máquina de limpiar arroz, montó la primera cooperativa y trajo el primer tractor..”                                     Los primeros años los pasó solo y aislado, después se unió al equipo de la Prelatura. En febrero de 1972 la Codeara incendió una calle entera del pueblo con el pretexto de que había sido construída sin permiso. Jentel no se acobardó. Decidió construir un pequeño ambulatorio, al lado de la iglesia, para atender a los campesinos y a los indios tapirapé. Cuando estaba casi terminado, fue destruido con un tractor de la Codeara, bajo la mirada complaciente de los policías. Jentel se lo contó a Casaldáliga y le pidió su opinión. Ambos decidieron no presentar recursos infructuosos a las autoridades, sólo una reclamación al juez de la comarca. Jentel se volvió a Santa Teresina, reunió a los posseiros y les comunicó la decisión de volver a construir el ambulatorio. La respuesta fue unánime: “Podéis empezar, nosotros os protegeremos”.

El 3 de mayo de 1972, cuando ya estaban las obras muy avanzadas, llegaron dos capitanes de la policía y cinco soldados, e hicieron una lista con los nombres de los campesinos y los de la Prelatura que lideraban la protesta y las acciones contra el latifundio; después se unieron a los empleados de la Codeara que se dirigían a destruir el ambulatorio.                                        Llegaron todos fuertemente armados, pero antes de que pudieran tocar una sola piedra, fueron recibidos a tiros con viejas escopetas de caza por unos cuarenta posseiros escondidos tras unos bananales cercanos. El padre Jentel estaba con los posseiros. El enfrentamiento duró unos cuarenta minutos, hasta que los policías y los empleados de la Codeara emprendieron la huída tan aprisa que se dejaron la lista con los nombres de los que pretendían detener. Nadie sufrió daños de gravedad, sí algunos leves por el impacto de los perdigones. La policía dio orden de búsqueda y captura de Jentel y de los cuarenta posseiros. Este fue el primer enfrentamiento con armas que se produjo en la región. Los posseiros se escondieron en la selva y Jentel viajó a Sao Félix para explicar lo sucedido al obispo Casaldáliga. Éste envió al padre Canuto a Santa Teresina para que ayudase a las familias de los escondidos.                                                                          Los diarios criticaron a Casaldáliga y le acusaron de instigador. “Yo estoy en contra de todas las armas y, si pudiera, eliminaría todas las fábricas de armamento. Pienso que ésta debería ser una de las actitudes fundamentales de las iglesias y de lasreligiones: atacar de frente la fabricación de armas. Estoy también en contra de la violencia de cualquier tipo, pero nunca pediré a un posseiro o a una familia de posseiros, perseguida y amenazada por unos pistoleros, que no se defienda”.

2. Represión, condena y engaño: El régimen incoó un proceso contra Jentel al que consideraba como principal responsable. Fue juzgado por un tribunal militar y los escondidos volvieron a sus casas. La condena fue decidida por instancias superiores que querían condenar en él a la Prelatura, a toda una iglesia puesta al lado de los derechos de los campesinos y de los indígenas. El juez Martins, único civil entre los jueces militares, manifestó que a Jentel, en vez de una condena, se le tendría que dar un premio.                                                                           No obstante, la sentencia fue de años de prisión. A la Codeara no se la consideró culpable, a pesar de las muchas irregularidades y delitos que había cometido.

Casaldáliga redactó un nuevo documento: “Condena y testimonio del padre Francisco Jentel, Misionero de la Prelatura de Sao Félix, Mato Grosso”, el cual, a pesar de la censura, fue ampliamente difundido y llegó a la opinión pública con resonancia en todo Brasil. La Codeara tuvo que ceder y fue obligada por el gobierno a reconocer que la tierra pertenecía a los posseiros y a los indios, además tuvo que retirarse de Santa Teresina.

A pesar de la condena y prisión del padre Jentel, el Gobierno militar no estaba contento, pues quería, a toda costa, expulsarlo a Francia. La propia embajada francesa consideraba que esto era lo más conveniente para todos. En los primeros días de julio de 1973, el ambiente en Sao Félix cambió radicalmente. “Enviaron tropas del ejército, de aeronáutica, de la marina, de la policía y hasta bomberos. Aquellos días celebrábamos nuestras misas rodeados de gente armada”.

La noche del 8 al 9 un grupo de oficiales de paisano irrumpió en la casa del obispo Casaldáliga y se llevó detenidos a cuatro sacerdotes: Eugenio, Canuto, Leopoldo y Pedro Mari. Interrogaron al obispo para conocer el paradero del resto del equipo, pretendiendo que delatase a Pontín y Moura, que se habían escondido en el río, y a Leo y a Pedrito que habían salido para avisarlos. Los cuatro sacerdotes detenidos fueron atados, humillados y golpeados. Eugenio llegó a vomitar sangre a causa de los golpes. Finalmente, los dejaron en libertad, pero Moura y siete seglares que trabajaban en la Prelatura fueron detenidos. “Nos interrogaron durante tres días - recuerda Moura - . Nos ponían una capucha y nos desnudaban. El primer día, echados sobre el suelo y los dos siguientes sobre un colchón, para que no resultasen visibles las marcas de las torturas. Nos aplicaron descargas eléctricas.”

A los tres días fueron enviados a la prisión, donde estaba el padre Jentel y allí pasaron cuarenta días. “Cuando el ejército   abandonó Sao Félix se dejó en un bidón todos los papeles en los que estaban escritas las órdenes. Los rasgaron pero se olvidaron quemarlos. Los recogimos y pasamos tres días y tres noches reuniéndolos y pegándolos. Así supimos cómo clasificaban los lugares, qué órdenes tenían, e incluso los nombres que nos daban. A mí me llamaban “el palito eléctrico”, supongo que por mi delgadez”.                                                             La represión del ejército generó un amplio movimiento de solidaridad entre los obispos, los sacerdotes y comunidades cristianas de todo Brasil. El Secretario de la Conferencia Episcopal de Brasil hizo gestiones a favor de los presos y protestó enérgicamente por la detención y los malos tratos.      El Ministro del Ejército, Osvaldo Geisel, quería expulsar a Jentel y a Casaldáliga a quien consideraba el máximo responsable.  La Iglesia brasileña se puso al lado del obispo y su equipo. El 19 de agosto, festividad de la patrona de Sao Félix, celebraron una misa a orillas del río, con la presencia de diecinueve obispos y la adhesión de otros dieciocho. Al día siguiente, Moura y los seglares detenidos fueron puestos en libertad; sólo Jentel quedó en la prisión, fracasando todos los intentos de revisión del caso. Al cabo de un año, tras un pacto en la sombra entre la Nunciatura, la Embajada francesa y el Gobierno militar, Jentel fue absuelto por el Tribunal Militar Superior y puesto en libertad.

Pero fue engañado. “Su madre tenía ochenta y dos años y estaba enferma. Él quería ir a verla y todos, nunciatura, embajada y Gobierno, le dieron las máximas garantías para que volara a Francia. El problema vino después. Cuando regresó a Brasil, la policía federal lo detuvo y lo volvió a enviar a Francia, después de maltratarle”. Casaldáliga se afianzó en su decisión de no viajar nunca a España. “Además de haber tomado la determinación de no salir de Brasil, en aquellos momentos yo sabía que, si me iba, a mi regreso no les costaría mucho impedirme la entrada. Expulsarme suponía una decisión del Presidente de la República, mientras que no dejarme entrar era un acto de policía. Era mucho más fácil”.

Geisel seguía tramando la expulsión de Casaldáliga. La amenaza era constante. El Presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil se reunió con el Presidente del Gobierno para tratar de impedir la expulsión. El Cardenal de Sao Paulo, Evaristo Arns, viajó al Vaticano y se entrevistó con el Papa Pablo VI, quien dijo al Cardenal que “anunciara públicamente que los que trabajábamos en estas regiones éramos verdaderos héroes y que tocar al obispo de Sao Félix era como tocarle a él...” La tormenta había pasado, al menos de momento.

4.- LOS INDIOS TAPIRAPÉS

A treinta kilómetros de Santa Teresina se levanta el poblado de los indios tapirapés. Son una docena de chozas grandes de barro y madera, formando un círculo, en cuyo centreo se celebran las reuniones y celebraciones rituales de la tribu. Hay muchos niños y  a Casaldáliga le llaman “Txeramunha”, abuelo. Los niños van desnudos y no paran de reír. En todo el poblado no hay ningún signo religioso, aunque hace más de cuarenta años que se instaló allí la misión de las Hermanitas de Foucauld, que trabajan con el padre Jentel en Santa Teresina. En el poblado viven dos religiosas, sor Odile y sor Genoveva; ésta fue la primera que llegó y ha vivido de cerca los conflictos de los tapirapés con el Gobierno para que respete y marque el territorio donde ellos han vivido siempre.

Las dos monjas viven en una choza del poblado, hacen sus oraciones en un rincón habilitado como capilla. Son monjas contemplativas, pero su estado de vida les lleva a estar siempre atentas al servicio de los demás. Si alguien entra en la choza, abandonan la oración y corren para atenderle. Han ido al poblado a compartir. Están convencidas de que no pueden ni quieren enseñar nada a nadie; que la gente debe aprender viendo y observando. “Nosotras, dice sor Genoveva, queremos respetar y no imponer”.

Es una presencia misionera de testimonio y de plena encarnación o de inculturación, como se dice ahora, cuya necesidad fue asumida por la Iglesia mucho tiempo después de ser practicada por estas Hermanitas de Foucauld.

Historia de los tapirapés: Según los antropólogos que los han estudiado, en 1910 había más de un millar repartidos en cinco poblados a lo largo del río Tapirapé. La población se redujo al contacto con los blancos, quienes les contagiaron enfermedades para las que no tenían defensas. Pero, el mayor peligro les vino de los indios kaiapó, agresivos y belicosos, que eran el terror de toda la región. A finales de los años cuarenta del pasado siglo, los tapirapé estaban al borde del exterminio, no tenían ningún poblado y los pocos que sobrevivían estaban diseminados y ocultos en la selva. Era una situación terrible, compartida por muchas tribus indígenas, se calcula que, en el siglo XX, han desaparecido unas ochenta. El Servicio de Protección del Indio, una organización gubernamental de la época, pudo reunir a unos cuarenta y los agrupó a orillas del lago Tapirapé. En 1949, los misioneros dominicos de Conceisao de Araguaia pidieron a las Hermanitas de Foucauld que fundaran una misión en el poblado de los tapirapé. Así llegaron las dos hermanitas para cumplir su misión de vivir con los más desamparados.

El tabú de los tapirapés: Venía de antiguo y decía que “no pueden tener tres hijos del mismo sexo”. Con horror de las dos monjas, el tabú era practicado, a pesar de estar en una situación demográfica tan desesperada. Las religiosas, fieles a su estilo, no censuraron este comportamiento, sino que decidieron hacer algo para eliminarlo: Una vez ganada su confianza, les dijeron que les gustaría tener un hijo. “Tomad marido y tendréis hijos”, les respondieron. No hubo forma de hacerles entender que ellas no se podían casar. Se enteraron que una mujer embarazada ya tenía dos hijos varones, la visitaron y trabaron amistad con ella. En el nacimiento, comprobaron que era otro varón y, por tanto, según el tabú, debía morir. Sor Genoveva pidió muy insistentemente que, en vez de matarlo, se lo entregaran a ellas. Era un desafío a toda la tribu, pero, al final, les fue concedido. La misma madre se acercó a la choza de las monjas para amamantarlo y a los pocos días, se lo llevó a la suya. Se acabó el tabú. Ahora los tapirapé tiene cinco poblados, tienen vida y vida en abundancia.

”Tanto las Hermanitas como yo queremos que estos indios conozcan a Jesús cada vez más, de una manera libre, adulta, y que puedan vivir cristianamente, pero como tapirapés”. Después de cincuenta años de misión, ni uno solo se ha bautizado.

¿Es un fracaso? “Europa fue inculturada por el cristianismo, pero Asia, África y América han sido evangelizadas como una forma de colonización, sin asumir las culturas locales, que se han ido destruyendo. Es una evangelización superficial porque no dialoga con la cultura.Queremos ser un instrumento al servicio de los indios, por eso, defendemos sus intereses más vitales: su tierra, su autonomía, su lengua, y su cultura. No buscamos la integración sino la interintegración. Debemos conseguir que la civilización occidental se acerque a la civilización indígena”.

5.- UN OBISPO PELIGROSO Y PERSEGUIDO

Tras el conflicto armado de Santa Teresina y la publicación de la Carta Pastoral y otros documentos varios, Casaldáliga se convirtió en un obispo en extremo molesto y peligroso para la dictadura militar gobernante. Su expulsión fue parada por la intervención personal de Pablo VI, como ya queda dicho. No hubo expulsión, pero las amenazas eran numerosas e insistentes, hasta el punto de que un grupo de terratenientes aparecieron en la prensa, con nombres y apellidos, pidiendo la muerte de Casaldáliga.                                                                              El obispo no se arredró, sino que siguió denunciando las ilegalidades que se cometían.                                                                    El servicio de Protección del Indio había finalizado la demarcación del territorio de los indios bororo. La zona era codiciada por los grandes propietarios colindantes, quienes decidieron matar al indio Simao Cristino y al padre Rodolfo Lunkenbein, salesiano de 37 años, amigo de Casaldáliga. Era su forma de asustar a los indios y conseguir las tierras.                                                                                                       Actuaron con toda impunidad, protegidos por la complicidad de amplios sectores del gobierno militar. El funeral fue muy emotivo. Casaldáliga celebró la misa en el poblado bororo, en un ambiente cargado de tensión y de rabia.                                Puse toda mi alma en aquella misa – escribió - . Entregué al cacique Eugenio el remo-báculo que los indios bororo me habían ofrendado en mi consagración episcopal. Con ella daba a los mártires y a los bororo mi tesoro más preciado”.

1.- Asesinato del jesuita Joao Bosco: Casaldáliga invitó al padre Joao Bosco, jesuita de la región de Diamantino, a que le acompañase en una visita pastoral al pueblo de Riberao Bonito, distante unos 300 kilómetros de Sao Félix y que el 12 de octubre celebraba la festividad de su patrona, Ntra. Sra. Aparecida. Casaldáliga inauguraría las obras de la futura iglesia. El pueblo estaba tomado por la policía militar. Alguien había matado a un soldado que tenía fama de terrible por su brutalidad. En la comisaría estaban interrogando a la hermana y la nuera de un campesino al que la policía consideraba culpable del asesinato.                                                                                  Llevaban detenidas más de veinticuatro horas y Casaldáliga, convencido de que las estaban torturando, fue a interesarse por ellas. Y Joao Bosco se ofreció para acompañarle.                     Desde fuera se oían los gritos de dolor y, desde la puerta abierta, se contemplaba, una escena dantesca: las mujeres tenían la cara marcada por los golpes, de rodillas, con los brazos en cruz y con alfileres bajo las uñas de los dedos.                    Antes de que entrasen en la comisaría, llegó un vehículo con dos cabos y dos soldados que no eran de la zona. Se presentaron, pero como Bosco era mayor e iba bien vestido, mientras que Casaldáliga llevaba pantalones, camisa y alpargatas, como era su costumbre, los confundieron.                    Empezaron a insultarlos y amenazarlos y Joao Bosco les dijo que pensaba denunciar a sus superiores las brutalidades que hacían con aquellas mujeres. Entonces, uno de los soldados le dio un bofetón y le pegó un tiro en la cabeza. Sus últimas palabrasfueron: “Don Pedro, hemos terminado nuestra labor”.   Un piloto de avioneta confesó al obispo que “unos días antes ha bía llevado a un agente que le había dicho que buscaba al obispo para matarle”. “A veces, tengo la impresión de vivir de propina, porque he escapado de la muerte muchas veces y quizá Joao Bosco murió en mi lugar. Sé perfectamente por qué me amenazan y sé que las causas que defiendo son más importantes que la propia muerte que me pueda llegar”.       Poco después de los asesinatos del indio Simao, de Rodolfo y de Joao Bosco los obispos bralileños celebraron su asamblea anual, cerca de Sao Paulo.

2.- El arzobispo Sigaud acusó a Casaldáliga: Muchos estaban comprometidos con la Teología de la Liberación, pero no todos pensaban igual. El arzobispo de Diamantino, Geraldo Sigaud era el más destacado de los conservadores. Sigaud se enfrentó a Casaldáliga, le acusó de poner en peligro las relaciones entre la Iglesia y el Estado, de ir contra la propiedad privada, de sublevar a los indígenas y, lo más grave, de ser el responsable directo de la muerte de los dos sacerdotes. Además, redactó un informe y lo envió al nuncio para su entrega a la Santa Sede. Más aún, hizo pública la denuncia el 26 de febrero de 1977 en el Jornal do Brasil.

La denuncia provocó un nuevo intento de expulsión. Casaldáliga declaró: “Sólo saldré de aquí muerto”. Y redactó un documento contestando a las acusaciones de Sigaud, lo envió a la prensa y a las autoridades eclesiásticas.                                                                  Las acusaciones de Sigaud no produjeron ningún resultado grave. La expulsión no pasó de amenaza. El Vaticano siguió apoyando a Casaldáliga, después de que éste y el obispo Tomás Balduino escribieran una carta a Pablo VI explicando su postura y rebatiendo las acusaciones de Sigaud, quien tuvo que matizar sus críticas y rectificar la petición de expulsión.

6. LA LUCHA POR LA TIERRA

La lucha por la tierra es una constante en todo Brasil. La Prelatura de Sao Félix está ocupada, en su mayor parte, por latifundios de hasta dos mil kilómetros cuadrados. Los dueños son empresas multinacionales o particulares que viven a miles de kilómetros, en las grandes ciudades del país.              La colonización del Gobierno: A partir de los años sesenta, el Gobierno brasileño decidió fomentar la colonización de la selva amazónica vendiendo grandes lotes de la llamada “tierra de nadie”, sin contar que muchas de estas regiones estaban de hecho ocupadas por indios y campesinos, que habían cultivado esas tierras durante varias generaciones. De la noche a la mañana, cosechas, casas, iglesias, escuelas, y pueblos enteros pasaron a ser propiedad (¿legal? de los latifundistas, cuyo objetivo no es otro que la especulación inmobiliaria y la deforestación de la selva. Este es el origen de la lucha por la tierra en esta región del Mato Grosso, sostenida entre los terratenientes y los trabajadores, en sus diversos escalones.

Los posseiros: Son los pequeños campesinos que, aprovechando le ley de posse, se establecieron aquí, ocupando pequeñas parcelas. Su situación era harto precaria: sin luz eléctrica, ni agua corriente, ni teléfono, trabajando en medio de la selva en condiciones insalubres; dado el lamentable estado de las carreteras, donde las hay, no pueden comercializar los pocos excedentes que consiguen por el excesivo coste que ellorepresentaría.                                                                                       Al no tener el título de propiedad de la tierra porque el Gobierno no se molestó en dárselo cuando ocuparon sus tierras, no tiene ahora acceso a los préstamos de los bancos ni a las ayudas gubernamentales. En suma, aunque han mejorado algo su situación, siguen malviviendo con el miedo a ser engullidos por los latifundios vecinos, que quieren sus tierras.

Los asalariados: Algunos tienen un contrato para trabajar en las grandes fincas. Lo hacen de sol a sol, por un sueldo mensual que no cubre sus necesidades básicas, en pésimas condiciones de seguridad e higiene y soportando un trato vejatorio y graves abusos en sus derechos laborales. Otros carecen de contrato. A las males condiciones de los asalariados hay que sumar la carencia de documento alguno de identidad, por lo que son personas que no existen a efectos legales y se convierten fácilmente en carne de cañón para los patrones, los capataces y los pistoleros.

El caso más extremo es el de los que trabajan como esclavos, una práctica todavía muy habitual en la cuenca del Amazonas. Con promesas de buenos salarios y mejores condiciones de vida son captados en los barrios marginales de ciudades lejanas y llevados a las haciendas del interior de la selva, donde es muy difícil el acceso, una vez allí, comienza su vida de esclavos, trabajando como animales, vigilados por pistoleros al servicio del terrateniente. Les pagan poco y les cobran mucho por “atender” a su alojamiento y manutención.                                        Al final de cada mes descubren no sólo que no cobran nada, sino que están en deuda con su patrón. Así quedan encadenados al trabajo por una deuda que crece cada mes y que no podrán nunca pagar. Si intentan escapar son cazados como conejos, sus cuerpos abandonados en la selva y nadie lesechará de menos. A veces, son devueltos a la ciudad más cercana, a muchos kilómetros de su lugar de origen, con los bolsillos vacíos y con la amenaza de muerte si se van de la lengua. En algunas ocasiones, la ejecución masiva de toda la plantilla es el método escogido para eliminar el riesgo de denuncia.                                                                                                           Al miedo a denunciar se una la pasividad y complicidad de las autoridades; los terratenientes tienen el apoyo de policías, civiles y militares. La misma policía, a veces, vende presos a los terratenientes para este trabajo de esclavos. El mismo gobierno militar fomentaba la impunidad, hasta el punto de que todos, el obispo, los posseiros, los asalariados e indios se han acostumbrado a convivir con la desgracia, la violencia y lamuerte.

Los gauchos: Desde principios de los ochenta se han instalado en el Mato Grosso pequeños propietarios procedentes del sur, son los gauchos, descendientes de italianos y alemanes. Son gente cualificada que ha invertido sus ahorros en tierras y ganado, contribuyendo a la transformación de la región. Antes, sólo había dos bandos: por un lado, los indios, posseiros y peones y por otro los terratenientes. Ahora, los gauchos son como una clase media incipiente.

7.- LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN (TL)

Introducción: En unas reflexiones sobre Pedro Casaldáliga es imprescindible incluir, aunque sea brevemente, la Teología de la Liberación (TL), de la que es uno de los impulsores y, sobre todo, un obispo prototipo de su práctica.                                                    En la década de los sesenta la Iglesia Católica celebró el Concilio Vaticano II con la finalidad de poner de manifiesto el verdadero rostro de la Iglesia de Cristo. A su finalización, un aire renovador invadió todos los estamentos eclesiales y el optimismo prendió en gran parte de los obispos, teólogos y pueblo de Dios. Pero, no pasó mucho tiempo en aparecer la decepción en muchos viendo la ralentización e incluso la marcha atrás en muchas de las ideas proclamadas por el Concilio.     América Latina vivía, en aquellos tiempos, un resurgir económico potenciado y favorecido por los EEUU mediante la invasión de sus empresas multinacionales y su modelo económico, que fue la causa principal de la concentración del capital en manos de unos pocos, dejando a la mayoría de excluidos en el desempleo y provocando una emigración masiva.                                                                                                              El modelo económico del capitalismo más despiadado explotó los recursos naturales de los diversos países y creó enormes latifundios, todo ello favorecido por las dictaduras militares en el poder o regímenes autoritarios que, bajo el pretexto de seguridad nacional y defensa de la amenaza comunista, sostenían una fuertemilitarización, cometían los crímenes más horrorosos y daban cobijo en las esferas gubernamentales a personas corruptas que sólo buscaban su propio enriquecimiento, y lo peor es que lo lograban impunemente.

1.- Nacimiento de la Teología de la Liberación: El Concilio Vaticano II propició primero un gran impulso y después una gran decepción. En América Latina, un grupo de jóvenes teólogos, que llevaban tiempo trabajando con los pobres, oprimidos y marginados de sus países, observaron que laforma de actuar de la Iglesia era de espaldas a la realidad y pusieron en marcha otra forma de vivir el mensaje del Evangelio.Se solidarizaron con el pueblo, con sus necesidades y luchas, en medio de la gran pobreza en que todos estaban inmersos. Verdaderas puntas de lanza de la teología, estos intrépidos teólogos crearon un nuevo concepto de Iglesia de los Pobres, con un mensaje vivo y adaptado a la realidad hiriente.

2.- Teólogos más importantes de la TL: Muy brevemente, destaco algunos nombres relevantes:

Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano, considerado como el padre de la TL. Fue llamado al orden por la Curia Romana, en 1983. Sus escritos han sido traducidos a más de quince idiomas y sintetizan las ideas de la TL.

Leonardo Boff, nacido en Brasil, se hizo fraile franciscano y se doctoró en Teología en la Universidad de Munich, bajo la dirección del gran teólogo alemán K. Rahner. En 1985, la Curia romana le impuso el “silencio obsequioso”, es decir, la prohibición de enseñar teología y de publicar nada; además, debía salir del país y encerrarse en un convento de Filipinas o Corea. Acató la censura hasta 1992. “No dejaré la Iglesia, sino una función dentro de ella”, dijo, y abandono el estado clerical y, ya laico, sigue como teólogo y escritor, ostenta la cátedra de Ética y Filosofía de la Religión en la Universidad de Río de Janeiro y da múltiples conferencias por las universidades y colegios de todo el mundo.

Ignacio Ellacuría, jesuita nacido en España en 1930, afincado en El Salvador donde era rector de la Universidad Centroamericana (UCA). Participó activamente, como mediador, en el conflicto guerrillero del país. Expuso sin temor sus ideas y recibió por ello múltiples amenazas. Sus escritos, sus críticas y su pertenencia a la TL le condujeron a ser asesinado, junto a otros compañeros, en el recinto de la Universidad, el 19 de noviembre de 1989.

Jon Sobrino, vasco y salvadoreño de adopción, compañero de Ellacuría, es uno de los teólogos más brillantes de América Latina. Pertenece a la segunda generación de teólogos de la TL.

Dos grandes Obispos que apoyaron el movimiento de la TL:

Oscar Romero, arzobispo de El Salvador, asesinado en 1980 mientras celebraba la santa misa. Su figura y su legado generan simpatía y cariño entre todos los pobres de América Latina, no así entre los poderosos que siempre le persiguieron. Mártir del amor a los pobres, es invocado como San Romero de América.

Dom Helder Cámarael obispo rojo

¿Quién fue Dom Helder Cámara? Como homenaje particular a este hombre de Dios, quiero dejar constancia de dos de sus grandes virtudes: Un hombre de fe que vio a Dios en los pobres.  Algunos biógrafos le han llamado “el pajarillo de Dios”, comparándolo con otro pajarillo, la Madre Teresa de Calcuta. Ambos tenían en común su menudez física y su grandeza espiritual, ambos plantearon su vida entera al servicio del prójimo más necesitado.                                                                               El arzobispo de Récife (Brasil) presentó ante los obispos del Concilio Vaticano II el clamor del tercer mundo, dio voz a los pobres ante la prensa mundial y denunció, con voz implacable, las injusticias de los poderosos. No es extraño que muchos de estos últimos le calificasen de rojo marxista y demonio, mientras el pueblo cristiano y muchos obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos lo consideraban un hombre de Dios y hasta un santo.                                                                                           Su actitud y su forma de actuar era la del amigo de los pobres, cercano a sus problemas y vidas, defensor de sus derechos frente a la tiranía política, económica y social. No fue un teórico del amor a Dios, ni del amor al prójimo; fue un hombre de fe,que vio a Dios encarnado en cada hombre o mujer y en ellos encontró a Dios. Su fe fue comprometida en la defensa de los derechos humanos, en la opción permanente por los pobres. El fue un comprometido, un implicado para hacer posible el Reino de Dios manifestado en el Evangelio. Lo suyo no fue la filosofía marxista, sino el claro y limpio evangelio de Jesús.                      Eso es todo lo que Dom Helder tuvo de obispo rojo. Con cierta gracia, solía decir: “Si doy comida a los pobres, me llaman santo; pero si pregunto por qué los pobres no tienen comida, me llaman comunista”.

Refiriéndose a la Iglesia de los pobres, decía: “Optar por los pobres no significa despreciar a los ricos. No tenemos derecho a despreciar (y ni siquiera a olvidar) a nadie. ¿Por qué la preferencia por los pobres? Los ricos suelen creer que no tienennecesidad de nosotros. Nosotros debemos ayudarles fraternalmente, sin juzgarlos y sin condenarlos, a abrir sus ojos, sus oídos, su conciencia...Pero ellos no nos piden nada. Por su parte los pobres y los oprimidos sí que tienen necesidad de nosotros.                                                                                                           Cuando Jesús habla de la bienaventuranza de los pobres, no está hablado de la bienaventuranza de la miseria. ¡De ningún modo! ¡La miseria es un insulto al Creador!”.

Dom Helder fue un obispo crítico e incómodo, por lo que quienes no veían con buenos ojos su forma de proceder le calificaron de demonio rojo. Fue un hombre de Dios que se empleó firmemente en denunciar las injusticias y poner todos los medios a su alcance para tratar de paliarlas. No murió violentamente como el arzobispo Romero que fue tiroteado mientras celebraba la Santa Misa en su catedral de El Salvador. Ambos aportan un testimonio de vida larga y ejemplar en la defensa de los oprimidos.

Un hombre de intensa vida espiritual. Es el segundo rasgo esencial para comprender su figura. Él mismo confesó que, desde muy joven, se levantaba a medianoche para hacer dos horas de oración por su pueblo. La oración de Dom Helder era una oración comprometida y equilibrada entre la vida espiritual y la lucha social. En ella encontraba las fuerzas del Espíritu para servir a sus hermanos necesitados.                                                Supo encontrar, cosa harto difícil, el fiel de la balanza entre la acción apostólica y la oración íntima, reconfortante y abierta a los demás. Decía que el ideal cristiano consiste en tener las manos de Marta y el corazón de María, en alusión al pasaje evangélico. Le era fácil orar al Señor contemplando la sonrisa de un niño, la salida del sol o el vuelo de un reactor. Todo le servía para acercarse a Dios.                                                                                El 28 de agosto de 1999 recibió la corona inmarcesible de la gloria este titán de los derechos humanos. La fuerza de su testimonio, clave en el siglo XX, permanecerá para siempre. 

¿Por qué, personas como Helder Cámara, Oscar Romero, Héctor Gallego y tantos otros llaman tanto la atención de creyentes y no creyentes? Porque fueron absolutamente fieles a Dios y al pueblo oprimido.                                                                                            El cambio producido por el Concilio Vaticano II: La Teología, antes del concilio Vaticano II, era una ciencia inofensiva, que trataba de cosas que poco o nada interesaban a la generalidad de las personas, pero tras el mismo y con la aparición de la Teología de la Liberación (TL) desapareció la imagen apacible, regresiva y timorata y se ha convertidoen un huracán que sopla con fuerza y velocidad inusitadas, que remueve las conciencias y urge a optar por los pobres en la cotidianidad de la vida.             La Teología ha vuelto a interesar porque ahora habla de lo que importa a la gente y busca la solución de sus problemas. La Teología de la Liberación es una reflexión sobre la praxis histórica en América Latina, confrontándola con la Palabra de Dios. Sobrepasa los límites de este artículo detallar todos los entresijos de la TL. Sólo quiero destacar dos puntos.

Primero: La TL analiza científicamente la situación real de las personas en América Latina y descubre que hay estructuras económicas de dominio, las cuales son responsables, en su mayor parte, del subdesarrollo y la pobreza de gran parte de la población porque unos pocos se reparten entre ellos toda la tarta.                                                                                                               El primer mundo, el de los ricos y poderosos es el responsable de la pobreza en que viven los pobres del tercer mundo, porque ha creado unas estructuras económicas que imposibilitan la participación de todos en la riqueza producida. Esas estructuras están pensadas y llevadas a la práctica por los poderosos para su propio y exclusivo beneficio. Es verdad que, en última instancia, la responsabilidad de los actos humanos es de las personas. Las faltas y delitos, si los hubiere, los cometen las personas, pero cuando se unen libremente las voluntades discriminadoras de los poderosos se conforma una estructura injusta que, en sí misma, es una estructura de pecado.               No se pueden pedir responsabilidades a las estructuras injustas, sino a los que las establecen y mantienen. En América Latina se mantenía una estructura colonial y, con la invasión de las multinacionales, se legitimó la política desarrollista, lo que trajo gravísimas consecuencias para las mayorías populares. Su situación de pobreza no es producto de la casualidad, ni de la voluntad divina, sino una consecuencia de la configuración social. 

La TL critica por ello a las instituciones que permiten la injusticia y la pobreza y busca un orden distinto en lo objetivo y en la subjetivo para lograr una vida verdaderamente humana.

Segundo: ¿Tiene la Iglesia, en su jerarquía y organización, alguna responsabilidad en el establecimiento y mantenimiento de esas estructuras injustas? La religión católica se planteó, de hecho, como un instrumento de dominación en la conquista española. Al indio se le sometía con la cruz y con la espada, quedando siempre bajo el mando del amo o del sacerdote. La tarea evangelizadora fue un instrumento de sometimiento y de adoctrinamiento de los indios.                                                             Los pobres de América Latina se preguntan sobre la vida mejor que anuncia el Evangelio y cuestionan que la Iglesia participe en el orden que les oprime.

El 26 de marzo de 1967, Pablo VI promulgó la encíclica Populorum Progressio que plantea “la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos”. La misma encíclica reconoce que la situación de marginalidad y desigualdad es injusta. Propone como meta del progreso que todos logren el bienestar del primer mundo. Subraya la necesidad de la solidaridad entre los hombres y los pueblos y pide la constitución de un fondo mundial de solidaridad.

La TL es más contundente que la encíclica papal. El progreso no está en asumir la doctrina del capitalismo, el cual no es el reino de Dios prometido, sino la extensión de la pobreza para la mayoría y la acumulación de la riqueza en unas pocas manos. No basta con denunciar las injusticias de las estructuras del capitalismo, hay que hacer todo lo posible para cambiarlas. La labor de la Iglesia es imprescindible para fomentar la toma de conciencia de los ciudadanos. La Iglesia hace permanentes llamadas a la justicia, la solidaridad y la caridad. Pero, sólo será creíble cuando se baje del carro de los ricos y poderosos y se calce las humildes alpargatas de los pobres.

La Prelatura de Sao Félix: Desde la llegada de Casaldáliga han pasado muchas cosas. La dictadura militar cayó en 1985 y Brasil, poco a poco, va encontrando la luz. En su mayoría, es un pueblo católico. Es una humanidad que camina cargada con la cruz,pero ahora camina en esperanza. La presencia viva de Casaldáliga y el ejemplo de muchos otros, incluso sellando su vida con el martirio, incita a los pobres a seguir trabajando por su causa justa, la causa de los pobres del Evangelio.

3.- El silencio obsequioso: Vimos que la Curia romana impuso el silencio obsequioso al padre Leonardo Boff. No ha sido el único teólogo “distinguido”. La pregunta que nos hacemos todos los creyentes ante tales situaciones es, ¿por qué? En el caso de los teólogos de la liberación hacía tiempo que eran acusados de“insurrectos”, porque decían que desde los despachos, desde la opulencia, desde las alianzas con los poderes, desde el apoyo a la administración de EE.UU que explotaba a los pobres de América Latina, bajo esa perspectiva, el mensaje de Dios predicado por la Iglesia, perdía credibilidad.

El 6 de agosto de 1984, el Vatiano publicó el documento Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, en el que se condenaba a ese movimiento teológico.

Destaco dos puntos brevemente, como corresponde a una simple reflexión. No puedo extenderme más en un análisis pormenorizado de todos los detalles que refuta la Instrucción y las réplicas que hacen los teólogos de la liberación. 

1º.- El desvío de la fe hacia lo terreno: Dice la Instrucción que la TL pone el acento unilateralmente sobre las esclavitudes temporales y terrenas y hace pasar a un segundo plano la liberación del pecado. Queda así establecida la oposición entre la liberación de la esclavitud radical del pecado y la liberación de las esclavitudes de orden terrenal que son consecuencias del pecado.

Comentario crítico: Englobo las esclavitudes terrenas en la pobreza padecida por los pueblos de América Latina. Creo que no basta con rechazar el pecado para saciar el hambre de las personas, hace falta, además, tratar de cambiar las estructuras injustas que provocan esa pobreza. La Iglesia siempre ha combatido la pobreza mediante la caridad, es decir, incitando a los ricos a ejercer la caridad con los pobres. Esto es válido sólo para las personas creyentes y de buena voluntad, pero carece de sentido para los que no creen en Dios o su único dios es el poder o el dinero.

La misma Iglesia, en la encíclica Populorum progressio habla de “los pecados sociales”, aquellos que están en la sociedad y que coinciden, al menos en parte, con los “mecanismos de opresión” y las “ estructuras perversas” de la TL. Concluyo, por tanto, que los pobres son víctimas no sólo del egoísmo de un tercio de la población mundial que copa la riqueza, sino también de las estructuras injustas que permiten y estimulan esa degradación moral.                                                                                                                 El que la TL, como estrategia a seguir, se ocupe de la pobreza de la gente, de sus problemas y necesidades, no quiere decir que olvide lo trascendente. Simplemente, elige otro camino para llevar los hombres a Dios. Tradicionalmente se habla a los ricos de caridad y a los pobres de paciencia y resignación; mientras tanto, aquéllos se enriquecen más y más y éstos se empobrecen. Algo está fallando.                                                              La TL se ocupa de la pobreza y trata de cambiar las estructuras injustas como mejor camino para solucionar la pobreza y hacer viva la presencia de Dios. Los teólogos de la liberación han dado y dan ejemplo vivo de amor a los pobres, hasta el punto de ser odiados por los poderosos, que han llegado a convertir a muchos de ellos en mártires del amor cristiano.                            Por las obras los conoceréis.

2º.- La relación con el marxismo: La Instrucción sostiene que no se puede tomar del marxismo el instrumento de análisis social sin aceptar su ideología marxista, detrás de la cual están el ateísmo, la negación de la persona humana, de la libertad y de sus derechos. Los teólogos de la TL afirman que sólo toman lo que hace relación con el análisis científico de la sociedad.

Comentario crítico: Me cuesta entender por qué el hecho de aceptar un elemento de un sistema fuerce a aceptar necesariamente todo el sistema. El marxismo es una teoría filosófico-sociológica que creo, por supuesto, falsa, sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, pero dentro de esa teoría e inspiradas por ella hay iniciativas de orden económico social y político sujetas a los cambios de las diversas situaciones históricas de los pueblos.

"¿Quién puede negar que, en la medida en que estas iniciativas sean conformes a los dictados de la recta razón e intérpretes de las justas aspiraciones de los hombres, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación?" (Juan XXIII, Pacem interris, nº 153)

Antes de llegar al silencio obsequioso, tal vez haya faltado un poco más de diálogo y comprensión.

8.- LA IGLESIA DESEADA

Todos sabemos que la Iglesia es “una”. Lo confesamos en el “credo” y cuando cantamos “una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre”. La Iglesia la conformamos todo el Pueblo de Dios, dentro del cual hay que situar tanto a la jerarquía como a los laicos.                                                                                              Dentro de nuestra Iglesia hay diversas corrientes y formas de pensar; todas legítimas, seguramente unas más que otras, que coinciden en el credo pero difieren notablemente en el modo de ejercer la función eclesial. Quiero reflexionar hoy sobre la Iglesia que yo amo y deseo.

1º.- Deseo que sea Iglesia de los pobres: “Dios quiere que todos los hombres se salven” (1 Tim 2,4). El mensaje de Jesús se dirige a todo la humanidad, también a los ricos; pero, la predilección es clara: Él vino “para evangelizar a los pobres, anunciar la liberación a los cautivos, a los ciegos la recuperación de la vista y poner en libertad a los oprimidos” (Lc 4,18) Muchos pasajes de las escrituras muestran esta predilección de Dios.   La Iglesia es la institución que, en todo el mundo, mantiene abiertos más centros asistenciales para los necesitados, es, por tanto, quien mejor sustenta la esperanza de los pobres y abandonados de la sociedad. Al mismo tiempo, la misma Iglesia, en su oficialidad, en sus estructuras y en su rutina de vida religiosa, con demasiada frecuencia, ha sido y es piedra de escándalo para los pobres por su estrecha alianza con los ricos.  Esta Iglesia peregrina en el mundo hacia la etapa definitiva junto al Padre y como peregrina le incumbe no sólo la oración y el sacrificio del Cordero sino también llevar la Buena Nueva (evangelizar) a los pobres y la liberación a los oprimidos, no sólo de palabra sino de hecho.

2º.- Deseo que la Iglesia aparezca pobre en sus manifestaciones externas: Es una institución de servicio a la humanidad, sobre todo a los pobres, pero ya hace muchos siglos que se convirtió en una institución de poder temporal y adoptó, en muchas de sus manifestaciones externas, la ampulosidad en las formas y vestimentas propias más de príncipes terrenales que de humildes servidores del Evangelio. En este sentido, la misma frase “príncipe de la Iglesia”, empleada para denominar a los cardenales, me parece escandalosa. E igualmente, toda la corte de títulos empleados en y por la Curia romana, incluidos los de “Su Santidad” y “Santo Padre”, están más cerca de los usos palaciegos de los emperadores y reyes que de los heraldos de la Buena Nueva.                                                                                         ¿Qué piensan los pobres del boato de la Sede apostólica? A primera vista lo ven como un espectáculo, igual que cuando pasa un cortejo real; pero, en la intimidad, ese boato les es ajeno y lo rechazan por ser contrario a la pobreza predicada por el Evangelio. Los pobres no reconocen a Jesús tocado con mitra, báculo, anillo de oro, vestido y calzado carísimos. El “siervo de los siervos de Dios”, título precioso que ostenta el sucesor de San Pedro, no casa bien con tales símbolos externos, aunque, como es bien sabido, por lo menos los últimos Papas, en su vida privada, han sido verdaderamente sencillos. Pero, no basta con serlo, hay que parecerlo.

3º.- Jubilación y renuncia: Deseo que el Papa, igual que los demás obispos y cardenales, se jubile a los 75 años. La norma debe ser general para evitar agravios comparativos. El Papa, cuando lo aconseje la prudencia y sin que nadie pueda imponérsela, debe tomar la decisión de renunciar. La decisión es sólo suya.

4º.- Deseo una Iglesia más participativa, a todos los niveles. Los dicasterios vaticanos hacen muchas cosas que deberían ser hechas por las  Conferencias Episcopales Nacionales. Hay exceso de centralización, con riesgo de identificar a la Iglesia exclusivamente con el Papa y el Vaticano. Es urgente la reforma de la Curia romana para que sólo coopere con el Papa en el ejercicio de supervisión y no sustituya al Colegio Apostólico.

5º.-La Primacía del Papa y la Colegialidad de los Obispos. El Papa es el sucesor de Pedro, a quien dijo Jesús: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,18) y “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18), “confirma a tus hermanos”. El Nuevo Testamento pone de relieve la preeminencia de Pedro, pero sin olvidar que la dirección de la Iglesia era colegial. Jesús dijo a todos los apóstoles: “en verdad os digo, cuanto atareis en la tierra será atado en el cielo, y cuanto desatareis en la tierra será desatado en el cielo” (Mt 18,18), la dirección colegial la prueban también el Bautismo de Cornelio (Hch 11,1-18), el Concilio de Jerusalén (Hch 15,1-35) y el incidente de Antioquia (Gal 2, 11-14).                            Se debe abrir la puerta a la creatividad de las Iglesias nacionales, sus obispos necesitan más campo y más libertad de actuación, bajo la supervisión del Papa, para poder presentar la fe a los pobres como auténtica Buena Nueva. El obispo diocesano debe dejar definitivamente el “palacio”, signo del poder temporal de otros tiempos, y abrirse a sus sacerdotes y fieles con sencillez de hermano en la fe.

6º.- La democracia en la Iglesia: Cuando se habla de democracia se suele tener como referencia la experiencia de los griegos que fueron los primeros en decidir que, en sus ciudades, los ciudadanos ejercían directamente el poder de decidir, aplicando el principio de la mayoría.                                                                        La democracia ha sido bastante idealizada, pues, realmente, era muy restringida, las ciudades-estado eran pequeñas y solamente un sexto de su población ejercía el derecho otorgado por la democracia, reservado a los ciudadanos libres y excluido a los esclavos, artesanos, extranjeros, inmigrantes y ...mujeres.   La democracia en la Iglesia primitiva: Jesús, al fundar el nuevo Pueblo de Dios en continuidad con el antiguo, lo designó con el nombre bíblico de la asamblea religiosa, la synagoge. La primera generación cristiana lo tradujo por “ekklesia”, tanto porque este término era apto para designar el nuevo Pueblo de Dios como porque incluía la idea del llamamiento de Dios, primero a los judíos y luego a los gentiles, para formar la “convocación santa” de todos los “llamados a ser santos “ (1 Cor 1,2)                 La idea de democracia tiene una equivalencia mucho más profunda en el mensaje y en la práctica de Jesús de Nazaret que en mundo griego. Con Jesús entró en el mundo la fraternidad universal, todos los hombres y mujeres somos hijos de Dios. San Pablo expresa esta fraternidad de modo admirable: “Ahora ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, pues todos somos uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28)                          El resultado de esa fraternidad cristiana fue que esclavos, libres, mercaderes, escribas, soldados, filósofos y un larguísimo etcétera, con independencia de su situación económica, de su sexo o color, se unieron en comunidades de fe (iglesias domésticas) y vivían en plenitud el “ser uno en Cristo Jesús”, la koinonía o comunión.                                                                                La ekklesia que, antes era la asamblea del pueblo para solucionar asuntos profanos, pasó a ser la asamblea del pueblo para dar culto a Dios y para solucionar los asuntos religiosos. La “ekklesia” griega derivó en la “ecclesia” latina y en la “iglesia” en la lengua de Cervantes.

¿Cómo se organizaba la asamblea del pueblo?                    Primero: “Los Apóstoles, con Pedro a la cabeza, atestiguaban la resurrección de Jesús y gozaban todos ellos de gran favor” (Hch 4,33) Esto quiere decir que Pedro era el primero, él presidía y animaba y todos los demás Apóstoles le acompañaban en dar testimonio de la resurrección de Jesús, como punto central de la fe.                                                                                                               No cabe separar la misión de Pedro y la de los demás Apóstoles. Todos tienen encomendada la misma emisión, todos juntos forman en Colegio Apostólico que siempre preside Pedro. Toda la comunidad cristiana de los primeros tiempos de la Iglesia participaba en la toma de decisiones, según aquella ley básica: “Lo que concierne a todos, debe ser decidido por todos”.

Segundo: Los primeros cristianos “todo lo ponían en común” (Hch 4,32) Era la koinonía o comunión más radical, en lo humano, símbolo y expresión de la comunión en el Espíritu. La consecuencia era que “no había pobres entre ellos” (Hch 4,34)

¿La Iglesia de Jesús es una democracia? La actual, está claro que no. Es una monarquía espiritual absoluta organizada al estilo de las monarquías reales, por no faltar nada en la imitación, hasta se da a los cardenales el título de “príncipes”. En esta Iglesia, el sucesor de Pedro gobierna no sólo la Iglesia sino también un territorio, el Estado pontificio, preside la asamblea litúrgica del Pueblo de Dios, custodia el depósito de la fe, nombra a los obispos de todo el mundo y a los cardenales, quienes, a su fallecimiento, se encargarán de elegir a su sucesor, bajo la iluminación del Espíritu Santo.                                                                   No siempre fue así, por ejemplo, antiguamente los obispos eran elegidos por el pueblo entre sus sacerdotes o presbíteros y las mujeres tenían un papel más destacado en las iglesias domésticas.

9.- CASALDÁLIGA Y EL VATICANO

Casaldáliga había tenido problemas anteriormente con el gobierno militar, con los terratenientes y con los sectores más conservadores de la iglesia brasileña, como ya hemos visto, pero no con el Vaticano.                                                                       Viaje de Casaldáliga a Nicaragua:  El viaje de Casaldáliga a la Nicaragua "sandinista", en 1985, en apoyo de la huelga de hambre que realizaba el ministro de Asuntos Exteriores, el sacerdote jesuita Miguel d'Escoto para denunciar la intervención de EEUU, se interpretó en el Vaticano como el mayor desafío al haberse producido semanas después de que  Juan Pablo II viajara a Nicaragua y reprendiera a los sacerdotes involucrados en la revolución sandinista. De entonces es famosa la frase dicha en su presencia por el sacerdote jesuita y ministro de educación sandinista, Fernando Cardenal: "Es posible que esté equivocado, pero déjenme equivocarme en favor de los pobres, ya que la Iglesia se ha equivocado durante muchos siglos en favor de los ricos”.                                                                        El 30 de julio de 1985 el obispo Pedro Casaldáliga dejó bien claro en el diario La Vanguardia de Barcelona el sentido de su gesto evangélico: por la paz, la autodeterminación y la no intervención de EE.UU. en Nicaragua y en América Central.                       "Quería contribuir de alguna manera a sacudir la conciencia del Primer Mundo ante lo que sucede en América Central". Además, veintitrés obispos brasileños, dos pastores evangélicos y más de doscientas entidades y personalidades del país firmaron un comunicado de solidaridad con Nicaragua, redactado por Casaldáliga.                                                                                                      Antes de volver a Brasil, visitó dos países: El Salvador y Cuba.     En el primero sólo estuvo un día para rezar ante la tumba del arzobispo mártir, Oscar Romero. En Cuba permaneció cinco días. Aceptó una invitación de Fidel Castro para participar en la Semana Internacional de la Paz que se celebraba en La Habana, en aquel verano de 1985. Allí se encontró con tres amigos brasileños: Frei Betto, que escribía el libro Fidel y la religión, y los hermanos Boff, Clodovis y Leonardo, conocidos teólogos del movimiento de la TL. Fidel los recibió en el Palacio de la Revolución. Fueron cinco días muy intensos, que crearon una relación muy especial entre el obispo y el dictador, a pesar de las muchas cosas que les separaba, había otras que les unía.

Conflictos: Tras las visitas a Nicaragua y Cuba empezaron las dificultades con el Vaticano. Antes, Pablo VI le había defendido contra las amenazas de muerte y de expulsión por los terratenientes y la dictadura militar. Ahora, Juan Pablo II desconfiaba de la TL y empezaron las distancias con los sacerdotes y obispos inmersos en el movimiento. En 1986, el Vaticano, molesto por las visitas efectuadas a Nicaragua y Cuba, pidió a Casaldáliga que fuese a Roma para efectuar la visita Ad Limina junto al grupo de obispos brasileños. Él decidió no aceptar y efectuar la visita por escrito. El 22 de febrero de 1986 redactó una extensa carta y la dirigió a Juan Pablo II.

El Papa Juan Pablo II recibió al grupo de obispos brasileños que hacían la visita Ad Límina, se mostró comprensivo con la TL, levantó el silencio obsequioso impuesto a Leonardo Boff y afirmó que “la TL no sólo es oportuna, sino que también es útil y necesaria”.

Pero, en el Vaticano, los recelos contra la TL no terminaron. 

“Temen que nos hagamos marxistas, comunistas, materialistas y casi ateos. Temen que nos descentralicemos demasiado y escapemos a sus manejos. Nos tienen miedo porque no nos conocen bien. Esto me indigna, porque la TL se inspira en el Evangelio y en el clamor y el grito de los pobres”, escribió Casaldáliga.

1.- La visita Ad Limina de Don Pedro: El 28 de junio de  1988 Casaldáliga realizó la visita Ad Limina del Papa Juan Pablo II. La visita debía haberla hecho Casaldáliga al mismo tiempo que los demás obispos de Brasil pero, por sus especialísimas circunstancias con el Gobierno militar de Brasiltemía que no le permitiesen entrar a su vuelta de Roma y decidió posponerla.

La visita con Juan Pablo II solo duró casi dos horas y no fue plenamente satisfactoria. Fue cordial y, al tiempo, admonitoria. El Papa insistió en que se debía cultivar la comunión, no sólo con él sino también con sus auxiliares de la curia. Casaldáliga insistió en la colegialidad real. Unos meses más tarde recibió una seria advertencia por parte del Vaticano que criticó su apoyo a la causa sandinista y a la "Teología de la liberación".

Tras la visita a Juan Pablo II, Casaldáliga fue interrogado por los cardenales Gantin y Ratzinger, los cuales eran prefectos respectivamente de la Congregación de los Obispos y de la Congregación de la Fe. En el careo también estuvieron monseñor Re y otros monseñores. En ambos interrogatorios se discutió la Teología de la Liberación; la inculturación de la fe por las misas de la causa indígena y de la causa negra escritas por Casaldàliga; sus visitas de solidaridad a Nicaragua y Cuba, el compromiso político de los cristianos, la opinión pública y el pluralismo en la Iglesia.

10.- Viaje a El Salvador

En 1991 hace un viaje muy especial: Va a El Salvador para participar en la celebración del aniversario de la muerte de Monseñor Oscar Romero (1), un hermano en el episcopado con el que siempre estuvo en perfecta sintonía. También acompañó a los jesuitas de la UCA, donde pocos meses antes habían asesinado a Ellacuría y compañeros (2).

11.- Dom Pedro escribe a Fidel Castro

Es posible que a muchos les cueste entender este lenguaje de concordia y acercamiento entre creyentes y no creyentes que practican los “coherentes con su fe” como Dom Pedro como se desprende de esta carta que le dirigía a Fidel Castro en el año1996 respondiendo a una invitación para que visitara Cuba:

"Fidel, a estas alturas de tu vida y la mía y de la marcha de  nuestros pueblos y de las iglesias más comprometidas con el Evangelio hecho vida e historia, tú y yo podemos muy bien ser al mismo tiempo creyentes y ateos. Ateos del dios del colonialismo y del imperialismo, del capital ególatra y de la exclusión y el hambre y la muerte para las mayorías, con un mundo dividido mortalmente en dos. Y creyentes, por otra parte, del Dios de la Vida y la Fraternidad universal, con un mundo humano único, en la Dignidad respetada por igual de todas las personas y de todos los pueblos".

12.- La jubilación

Después de sufrir ocho malarias y aquejado de párkinson, en 2003 Dom Pedro cumplió 75 años y, fiel a su principio de que la norma debe ser igual para todos, presentó su renuncia como obispo, tal como suguiere el Código de Derecho Canónico (3). La renuncia fue aceptada por el Papa, Juan Pablo II. Tras muchas incertidumbres sobre el futuro de  Casaldáliga, dos años después, el 2 de febrero de 2005, el Papa Juan Pablo II nombró obispo prelado de Sao Félix al franciscano Leonardo Ulrich Steiner.                                                                                                   El nuevo obispo, accedió a la decisión de Dom Pedro de continuar viviendo en Sao Felix para poder seguir trabajando con y por los indígenas y campesinos.

13.- Personalidad de Don Pedro

Fue un hombre coherente hasta el extremo; su coherencia le hacía parecer  testarudo y radical. Un hombre portador de la paz. «Un hombre que ardía en caridad, que quemaba allá donde iba».                                                                                                                    El Padre Ángel (de Mensajeros de la paz) ha hecho esta preciosa descripción de Don Pedro Casaldáliga:«La primera vez que vi fue en Roma hace más de 20 años, junto con Enrique Miret Magdalena. Recuerdo que llegaba al Vaticano sin ropa apropiada para ver al Papa, él mismo me contó que le tuvieron que dejar una sotana para verse con Juan Pablo II.   Para mí, es uno de esos hombres-cristo auténticos, de los que creen en Dios y también en los hombres; que se ha jugado la vida varias veces por defender los derechos de los más desfavorecidos y por estar al lado de los que le necesitan y evitar que los terratenientes les arrebatasen sus pequeños trozos de tierra, lo único que tenían allí, en medio de la selva. Don Pedro era un hombre delgado, santo, con una mirada profunda, que sabía y hablaba de Dios. Me impresionó mucho porque era como ver a un Cristo viviente. Los terratenientes y algunos políticos de Brasil intentarono varias veces expulsarle pero él aguantó como un héroe. Atentaron varias veces contra su vida e incluso asesinaron a uno de sus compañeros al confundirle con él; pero él siguió allí, haciendo loque pensaba que debía hacer.                                                                  Pedro Casaldáliga ha dado al mundo el mejor testimonio que puede dar un obispo: Vivir como un pobre, por y para los pobres, jugándose la vida por ellos sin importarle la propia. Este testimonio vivo es el que me emociona. Pedro Casaldáliga es un santo en la tierra. Es un ejemplo de vida para mí y le seguiría a cualquier parte. Verle, tocarle y estar con él es como una bendición del Señor. Nunca me imaginé cómo podrían ser los Santos, pero si me los imagino, pienso en Pedro.                           He ido a visitarle a Brasil. Estuve con él unos días en su casa, allá en la selva, aislado de todo, en una vivienda muy pobre. Este es el “palacio” de Pedro, pensé cuando llegué; este es el lugar que él ha elegido, este es su hogar. Encontré allí a un hombre con muchos problemas de movilidad y de habla. Le oí perfectamente decir: “Estos son mis amigos, tratadlos bien”. Le escuché decir que prefiere morir allí antes que abandonar lo que ha sido toda su vida.                                                                                "Fue emocionantísimo tener delante a un santo en una silla de ruedas, con una manta sobre las piernas, que de vez en cuando nos miraba y nos recitaba de memoria episodios del Evangelio"   A Pedro le llaman el Obispo de los Pobres porque ha estado siempre a su lado, incluso arriesgando su propia vida por defender las suyas. Por eso creo que la Iglesia oficial no supo tratarle como se merecía, quizá porque no acertaron a entenderle.                                                                                                      Creo que Pedro se siente feliz, que ha cumplido el mandato que tenía asignado, que consiguió hacer lo que él quería y como él creía. Me consta que ha hecho feliz a muchísimas personas y lo ha conseguido predicando siempre con el ejemplo. Su familia   son sus pobres, las personas que le han rodeado siempre. Casaldáliga ha escrito mucha poesía y leerla para mí es como rezar dos veces. Me enamoran sus palabras por la espiritualidad que atesoran. Por eso me gustaría terminar con unas palabras del propio obispo de los Pobres: “A Dios le gusta ser transparente. A Dios le gusta salir al encuentro de nuestro propio corazón, en un tú-a-tú amoroso y lúcido. Los derechos de los humanos son los intereses de Dios en última instancia. Imágenes suyas somos como personas, imágenes individuales; imágenes colectivas suyas, como pueblos. De la opción por los pobres, pues, quedan los pobres y queda el Dios liberador de los pobres. Quedan los pobres y Dios”.

14.- Fallecimiento

Don Pedro Casaldáliga falleció el 8 de agosto de 2020 y fué enterrado a orillas del río Araguaia, en el cementerio donde él mismo había enterrado a «cientos de trabajadores e indígenas, a veces sin nombre y casi siempre sin ataúd».

¡¡El Señor ya le ha admitido en su Reino!!


(1) El 24 de marzo de 1980, 24 horas después de haber suplicado a los militares salvadoreños que cesaran la represión, y mientras celebraba la misa en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia, Monseñor Romero fue asesinado ante numerosos testigos por un integrante de un escuadrón de la muerte.

(2) El 16 de noviembre de 1989, un grupo de paramilitares salvadoreños entraba, de madrugada, en la sede de la Universidad Católica Centroamericana José Simeón Cañas (UCA, de la cual Ellacuría era rector. Asesinaron vilmente a Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López. La mala suerte –o la violencia irracional– hizo que los asesinos se toparan también con Elba Ramos, la cocinera, y su hija Celina. También fueron acribilladas.

(3) Cnon 401: «Al obispo diocesano que haya cumplido 75 años de edad se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias».


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