martes, 19 de mayo de 2026

CAP.11º: LLAMANDO A TU PUERTA. EL RESTO DE ISRAEL

 

1.- Significado de la palabra “resto”

El concepto primitivo de resto no es de origen religioso ni cultual, sino político y militar. En las guerras no siempre se aniquilaba completamente al enemigo, sino que quedaba un pequeño resto. Así Israel habla en sentido politico y militar del “resto de Edom” (Am 9,12), del “resto de los Refaim” (Jos 13,12), del “resto de los amorreos” (2 Sam 21,2), del “resto de Asdod” (Jer 25,20).

Los restos podían constituir un peligro para Israel y Yavé amenaza con su desaparición total: “el resto de Babilonia” (Is 14,22; Jer 50,26), el “resto de Moab” (Is 15,9), el “resto de Aram” (Is 17,3), el “resto de los filisteos” (Is 14,30; Am 1,8) Israel es un instrumento en manos de Yavé, su existencia depende de las promesas que Yavé hizo a los patriarcas.                                            El “resto” es un grupo reducido de personas con el que se sugiere una selección espiritual y una predilección por parte de Yavé. Los profetas desarrollan la idean religiosa del “resto”, que   se encuentra ya en el libro del Génesis: Noé y sus hijos son un resto (Gén 6, 18); Lot y su familia salvados de la destrucción de Sodoma, son un resto (Gén 14); Jacob divide a sus gentes y sus bienes en dos campamentos para que, si ataca Esaú, se salve al menos uno (Gen 32,8); José fue enviado a Egipto delante de sus hermanos “para que quedara un resto en el país” y salvaran su vida (Gen 45,7).                                                                                                La idea de “resto” adquiere en los profetas sentidos diferentes:

Los que se libran de ser deportados: Para los profetas del periodo asirio, Amós, Isaías y Miqueas, el resto está formado por los judíos dejados en Palestina por los conquistadores caldeos, Salmanasar, Sargón y Senaquerib.

Los exiliados que vuelven del destierro y forman un nuevo Israel serán el “resto” para Jeremías, Sofonías y Ezequiel; esta pequeña comunidad de repatriados edificaron en Judea el nuevo Estado (Zac 8,6-11; 13,8ss.; Esd 9, 8.13-15).                             En cada época, el “resto” es el número de hombres y mujeres que escaparán al peligro de ese momento. Es una porción del pueblo que disminuye sucesivamente a lo largo de las diversas crisis que jalonan la historia de Israel a partir del siglo VIII a. C.  El mensaje profético denuncia la depravación moral del pueblo de Israel, manifestada en la injusticia, el lujo desmedido, la opresión del pobre, la mentira y la idolatría. Esta corrupción moral de Israel es la consecuencia directa de su apostasía religiosa.                                                                                                         Será grande el castigo que Yavé permite que se inflija a su pueblo: El profeta Ezequiel (55), en una visión, conoce el castigo sobre Israel. Yavé envía a los ministros de su justicia para que la ejecuten sobre Jerusalén. Un escriba va marcando con una tau en la frente a todos los que se duelen de las abominaciones que se cometen, le siguen los ministros de la justicia que van exterminando a todos los no marcados con la tau. Los  marcados con la tau serán el “resto” que permanecerá. “Sólo sobrevivió un resto” (Is 10,12), un manojo de espigas  en la siega o unas cuantas olivas después del vareo (Is 17, 5-6)

 Aún queda esperanza, porque subsiste al menos un resto. Este resto salvado por juicio divino constituye un elemento esencial de la esperanza bíblica. El castigo no es el exterminio total de Israel, existe un rayo de esperanza: “Buscad el bien y no el mal, para que viváis.. Aborreced el mal y amad el bien y haced justicia en las puertas; quizá Yavé tenga piedad del resto de José” (Am 5,14-15)                                                                                      Se subraya la idea de esperanza en la promesa, pues Yavé no extermina del todo a su pueblo, sino que deja con vida una pequeña parte que será el germen de la nueva nación. Un “resto” purificado (Miq 4,7) que “será en medio de numerosos pueblos como rocío de Yavé, como lluvia sobre la tierra” (Miq 5,6); fuente de bendición o de maldición, “bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan” (Gén 12,3).        La descendencia de Abraham, de crisis en crisis, se ha ido reduciendo a un pequeño grupo que, animado por la fe, es portador de las más grandes esperanzas.                                           El resto escatológico-mesiánico: Al final se manifiesta la ternura de Yavé, que no ha dejado de amar a su pueblo y ha mantenido las promesa de la Alianza. Los integrantes del “resto” son los que renueban interiormente la alianza y adecúan a ella su conducta. El resto de Israel es el receptor de las promesas y será su beneficiario en los últimos tiempos de la salvación (Sof 3,12; Jer 23,3; 31,7; Am 3,12; 9,8 ss.)                                                             A partir del destierro se perfila la naturaleza de este resto. Habrá separación entre el resto y los rebeldes, “separaré de vosotros a lo rebeldes, a los que se apartaron de mí” (Ez 20,38). Las pruebas del exilio no garantizaban la pertenencia al “resto”, el núcleo limitado en número llamado por Dios a continuar su designio de salvación, esta misión se reservaba al grupo más purificado, los pobres de Yavé.

2.- Los pobres de Yavé

Los años del exilio en Babilonia, las pruebas, el recuerdo del pasado y el esfuerzo de los profetas suscitaron que, con el tiempo, surgiera un grupo selecto de fieles“ un resto humilde y modesto que esperará en el nombre de Yavé” (Sof 3,12ss), que “vivirá por la fe” (Is 7, 9), que “será llamado santo” (Is 4,3), que“no se apoyará en el que le hirió sino en Yavé” (Is 10,20).          Este resto humilde clama a Yavé en tiempo de sufrimiento y “hasta Yavé llega el clamor de los pobres” (Job 34,28).                    “Alégrate, tierra...porque Yavé ha consolado a su pueblo y se ha compadecido de los pobres” (Is 49,13). Por el exilio de Babilonia habían perdido sus bienes de Judea, casa, tierras, Templo y patria. Todo.                                                                                                En la era mesiánica formarán parte del resto “todos los pueblos y lenguas” (Is 66,18); “serán también un resto perteneciente a nuestro Dios” (Zac 9,7)

El siervo de Yavé: En medio de este grupo religioso emerge la figura del “Siervo de Yavé”,“en quien Dios se glorifica” (Is 49,3) que tiene una misión que cumplir con relación a todo Israel,“te he puesto para ser luz de las gentes, para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra” (Is 49,6); esta salvación la realiza con su muerte redentora (Is 52,13-53,12).

3.- El “Resto” en el Nuevo Testamento

Este resto “será llamado santo” (Is 4,3), “no se apoyará en el que le hirió sino en Yavé” (Is 10,20), y “vivirá por la fe” (Is 7, 9).       San Pablo explica que el resto es el pequeño número de judíos que reconocieron a Jesús deNazaret como Mesías y se hicieron así partícipes de las promesas mesiánicas de salvación (Rom 9,27-29; 11,5).                                                                                                  Estos forman el verdadero Israel, no el de la carne y la descendencia de Abraham, (Mt 3, 9) sino el del espíritu, que   se apropia la fe de Abraham, y se constituye así en el Israel de Dios (Gál 6,16), el del reino mesiánico “porque muchos son los llamados y pocos los escogidos” (Mt 22,14); “porque no es judío el que lo es en lo exterior, ni es circuncisión la circuncisión exterior de la carne, sino en lo interior, en la circuncisión del corazón, según el espíritu, no según la letra” (Rom 2, 28-29).   Este resto es la Iglesia de Cristo, en cuyo seno tienen cabida todos los pueblos.                                                                                  Vemos, pues, que en la idea del resto hasta la venida de Jesús de Nazaret existe una reducción numérica progresiva.                 Al principio está la humanidad entera; luego, sólo el pueblo de Israel, después el resto de Israel y, finalmente, el Siervo de Yawé, el Hijo del Hombre, Jesús de Nazaret, quien, como Mesías, es el redentor de Israel (Rom 11,26), y de la plenitud de las naciones (Rom 11,25).                                                                                    Del conjunto de la humanidad pecadora, Dios se elige libremente al pueblo de Israel como portador de la esperanza salvadora. Cuando este pueblo no cumple su misión por sus reiteradas infidelidades, Dios preserva de en medio de él un pequeño “resto”, que purificado con pruebas y castigos, hará posible la salvación prometida por Dios. Este “resto” se reduce en definitiva a un solo hombre, Jesús, que con su muerte en la cruz realiza lo que no pudo hacer ni el pueblo de Israel en su totalidad, ni el pequeño “resto de Israel”.                                     Jesús, antes de su ascensión junto al Padre, fundó la Iglesia, como nuevo “resto” de los hijos de Dios en el mundo para que sea signo y vehículo de salvación.

4: La Iglesia, nuevo “resto” de los hijos de Dios

1.- La voluntad de Dios sobre la salvación universal

“El Padre eterno creó el mundo universo por un libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y de su bondad y decretó elevar a los hombres a la participación de su vida divina... Determinó convocar a los creyentes en Cristo en la Santa Iglesia” (56) que está prefigurada en el “resto de Israel” a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Una vez superado el antiguo “resto” de Israel con la llegada del Mesías, aparece el “nuevo resto”, la Iglesia fundada por el Mesías, Jesucristo y Señor nuestro.

2.- Jesús anuncia la fundación

Antes de su ascensión a los cielos, Jesús fundó la Iglesia para que continuase su obra de implantación del Reino de Dios en la tierra. Preguntó Jesús a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los profetas. Y Él les dijo:Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Jesús, respondiendo, dijo: Bienaventurado tú, Simón bar Jona, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 13-18)    Simón bar Jona, por revelación del Padre celestial, dice que Jesús es el Mesías, el esperado por Israel; y, además, el Hijo de Dios vivo (57) Ya en el primer encuentro, Jesús le había cambiado el nombre: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que significa Pedro (piedra)” (Jn 1,42).                   El evangelio de San Juan no dice por qué se operó el cambio de nombre; sí lo aclara el evangelio de San Mateo, cuando dice sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, Jesús está diciendo que Pedro está destinado a ser la piedra angular de la Iglesia que va a fundar.

3. Fundación de la Iglesia

Cristo fundó su Iglesia sobre los Doce apóstoles, con Pedro como cabeza y piedra angular. “Designó a doce para que le acompañaran y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14); “designó a otros setenta y dos y los envió {a predicar}, delante de sí a toda ciudad y lugar adonde Él había de venir” (Lc 10,1).                   Pedro en los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles aparece destacado sobre lo demás apóstoles.  Después del apresamiento de Jesús en el huerto de los olivos, fue conducido a la casa del pontífice Caifás; allí se produjo la triple negación de Pedro (Mt 26, 69-75), diciendo que no conocía a Jesús.               No obstante, Jesús, en una de sus apariciones después de la resurrección, confirmó a Pedro como pastor delegado sobre su Iglesia; sólo le pidió una triple confesión de su lealtad antes de confirmarle como cabeza de los apóstoles y pastor de todos los fieles, diciéndole: “Apacienta mis corderos” (Jn 21,15),“apacienta mis ovejas” (Jn 21,17).

4.- La Iglesia santificada por el Espíritu Santo

“Consumada la obra que el Padre confió al Hijo en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara a la Iglesia” (58) “Un viento impetuoso invadió toda la casa en que residían. Aparecieron lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de llos, quedando todos llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 2-3)                                                                     El día de Pentecostés los Apóstoles, por boca de Pedro, se manifestaron públicamente y empezaron la predicación del Evangelio entre las gentes. “Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret….fijado (en la cruz) por medio de hombres sin ley, le disteis muerte… A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hch 2, 22-23. 32) “Al oírle, se sintieron compungidos de corazón y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer, hermanos? Pedro les contestó: Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo…..Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel día unas tres mil almas. Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles en la comunió, en la fracción del pan y en la oración” (Hch 2 , 37-38 y 41-42)

55 La visión está narrada en el libro de Ezequiel, capítulo 9

56 Concilio Vaticano II . Constitución dogmática sobre la Iglesia,2.

57 Por confesar esto mismo, Jesús será condenado a muerte. “Le preguntó al pontífice: Te conjuro por Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Díjole Jesús: Tú lo has dicho. El pontífice rasgó sus vestiduras, diciendo: Ha blasfemado...¿Qué os parece? Ellos respondieron: Reo es de muerte” (Mt 26, 63-66)


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