martes, 19 de mayo de 2026

CP.13º.- LLAMANDO A TU PUERTA. EL PROBLEMA DEL MAL


1.- La realidad del mal

El “hombre”, a lo largo de su vida, se enfrenta a una serie de realidades, unas que atañen a su ser físico -el propio cuerpo -, otras a su ser mental - temperamento, carácter, etc. - y otras que están fuera de él, como son todos los acontecimientos con los que se cruzará en su vida, tanto los que él personalmente inicie como los que le lleguen de otras personas.

¿Cómo enfrenta el “hombre” estas realidades?: Todas las realidades, situaciones o acontecimientos tienen su repercusión en la vida del “hombre” que las enfrenta. La repercusión será negativa si no es capaz de asumirla o resolverla dentro de los límites de los postulados moralmente correctos. La decisión que adopte determinará si cada realidad concreta es positiva onegativa.                                                                                                Toda elección es un acto moral por su intencionalidad, independientemente del resultado que, con frecuencia, no depende de”hombre”. Se trata de la libertad del “hombre” y el uso que hace de la misma. Ahí está la grandeza de su dignidad. El “hombre” es una realidad moral porque, en el uso de su libertad, puede elegir de un modo moral o inmoral. La vida humana es un desfile constante de opciones a elegir o descartar. La bondad o maldad moral estará determinada por la coherencia o incoherencia entre la opción adoptada y los postulados moralmente correctos.                                                      La maldad moral se instaura por el uso de la libertad sin coherencia con los postulados morales. El mal uso de nuestra libertad puede ir más allá de nosotros mismos y arrastrar a otros individuos, con el ejemplo, la persuasión o la inducción, a una actuación moralmente negativa. Cualquier conducta individual puede generalizarse y adquirir una fuerza y dimensión mucho mayor que cuando es desarrollada por un solo individuo. La conducta adquiere así una dimensión social y colectiva. La historia de la humanidad está llena de sucesos histórico-sociales, producto de la maldad que han llevado al retroceso, o producto de la bondad que han producido una evolución positiva.

 ¿Cuál es la causa última del mal?: Los creyentes partimos de la existencia de Dios creador y causa universal del mundo y de todas las realidades. Dios es causa de que haya una realidad, llamada“hombre”, que puede escoger libremente su propia condición. La libertad es la participación finita en la grandeza e independencia de Dios y, al mismo tiempo, es la causa del mal cuando se usa negativamente.                           Dios no es la causa del mal, pero, ¿acepta el mal? El “hombre”, desde su nacimiento, emprende una vía de desarrollo y crecimiento integral como persona. Las dificultades y problemas juegan un importante papel en el crecimiento integral del “hombre” porque le obligan a buscar las respuestas adecuadas a los conflictos planteados. El mal ofrece la opción de vencerlo, crecer y lograr un bien superior.                                   Se aprende más de los fracasos que de los triunfos. El fracaso da la opción de replantear la situación y buscar la solución adecuada y este esfuerzo implica crecimiento de la persona; los triunfos sean bienvenidos, pero hay que estar alerta para no incurrir en la vanagoria o la pasividad. El hecho de optar no sólo ofrece la posibilidad de crecer sino que da fe de la profunda libertad humana e indica claramente que los “hombres” somos dueños de nuestros actos. Sin este carácter de radicalidad inherente a la libertad humana, permitido por Dios a pesar del sufrimiento que a veces puede acarrear, el ser humano no podría evolucionar, sino que estaría lastrado desde el principio de su existencia

 Dios no acepta el mal, sino que lo permite: Dios respeta la naturaleza del “hombre” como ser que goza de libertad y, en contrapartida, de responsabilidad. Dios permite el mal para que el “hombre”, en pos de su propio crecimiento, venza al mal mediante la búsqueda del bien. Este precisamente ha sido el proceder de Dios en la historia de la humanidad: abrazar el bien y permitir el mal para ofrecer al “hombre” la oportunidad de crecer. Dios respeta la libertad del “hombre” y, en última instancia, pone a su alcance el bien superior y transcendental de la salvación ofrecida por Jesucristo, en su encarnación y redención. 

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