jueves, 23 de mayo de 2019

143.- DE ADÁN A JESUCRISTO. CAPíÍTULO 16: ALIANZA DE YAVÉ CON ABRAHAM

Dios quiere llevar a los hombres a una vida de comunión con Él. Esta es la idea fundamental de la Alianza, que dirige todo el pensamiento religioso del Antiguo Testamento y que, en el Nuevo, alcanzará su plenitud.

Berit, diatheke, testamento
Berit, palabra hebrea que significa “pacto” o “alianza”. La palabra berit se escribió en los libros del Pentateuco y sobre las tablas de piedra (Ex 34,28) indicando la relación de amor entre Yavé y su pueblo (Ex 19,5-6.
Yavé hace su pacto con los patriarcas y lo confirma con Moisés y después con David. A este pacto los profetas, sobre el 600 a.C., contrapusieron la “nueva alianza”, escrita no sobre la piedra sino en el corazón de las personas (Jer 31,33; Ez 36,26).
Diatheke, es la traducción al griego de la palabra berit con el significado de “última voluntad”. 
Testamento, es la traducción al latín de la palabra diatheke. Así hablamos del Antiguo y el Nuevo Testamento para significar la Antigua y la Nueva Alianza.

Preparación de la elección
Yavé prepara la elección de Abraham con una serie de preferencias anteriores:
A Yavé le agrada la ofrenda de Abel y no la de su hermano Caín (Gen 4,4); Noé es elegido porque “sólo tú has sido hallado justo en esta generación” (7,1); agradó a Noé la conducta de su hijo Sem y le bendijo diciendo: “Bendito Yavé, Dios de Sem” (9,26).

Yavé hace la Alianza con Abraham
Tras muchos años y generaciones, la Sagrada Escritura nos habla de Abraham, un descendiente de Sem, que ha sido elegido por Dios. Yavé, dueño y señor de todos los pueblos, escoge a Abraham para que sea el origen de Israel, el pueblo de Dios, con el que establecerá su Alianza y por el cual hará que todos los pueblos conozcan su designio de salvación. La iniciativa soberana de Yavé otorga a Israel una condición singular, un destino diferente al de los demás pueblos.
Sal de tu tierra y de tu parentela, de la casa de tu padre para ir a la tierra que yo te mostraré” (12,1).
He aquí mi pacto contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos (17,4), mi pacto eterno de ser tu Dios y el de tu descendencia (17,7), os circuncidaréis y esa será la señal de mi alianza entre yo y vosotros” (17,11).

La fórmula fundamental de la alianza es “Yo soy vuestro Dios y vosotros sois mi pueblo”
El pueblo de Israel debe su existencia a la elección de Dios (Dt 7,7), una elección por amor (7,8). Israel depende de Dios y esta dependencia le acompaña en su toma de conciencia como pueblo.
La figura de Abraham es la de un hombre al que Dios atrajo hacia sí y le probó, antes de hacerle padre de un pueblo innumerable. La vocación de Abraham es ser padre, su grandeza está en su descendencia. Sólo los descendientes de Abraham, en cuanto tales, participarán en las promesas de la Alianza
Dios repite sus promesas a Isaac (26,3ss) y a Jacob (28,13ss) y éstos las transmiten como herencia, de modo que, cuando están en apuros en Egipto, “Dios oye sus gemidos y se acuerda de su Alianza con Abraham, Isaac y Jacob” (Ex 2,24) .

Confirmaciones de la Alianza
Josué la renueva en Siquem y el pueblo reitera su compromiso (Jos 8, 30-35).
Yavé otorga su alianza a David y a su dinastía (Sal 89,4ss), con la condición de que guarden la alianza del Sinaí (Sal 132,11-12).
Salomón enlaza con las alianzas de David y de Moisés en la oración y bendición del Templo (1 Re 8,14-29).
El rey Joás hizo alianza con Yavé (2 Re 11,17).
El rey Josías hizo alianza con Yavé (2 Re 23,3).
Esdras lee el libro de la Ley ante el pueblo, con plena aceptación: “Todo el pueblo respondió: Amén, amén, y adoraron a Yavé, rostro en tierra” (Neh 8,6).

Las cláusulas de la alianza
Yavé otorga su alianza a Israel con unas condiciones que deberá cumplir:
Primera: “No tendrás mas Dios que a mí”(Dt 5,7). Esto incluye el rechazo de toda idolatría (5,8-9).
Segunda: Aceptar la voluntad de Yavé. “Nosotros haremos todo cuanto ha dicho Yavé” (Ex 19,8). Es un compromiso solemne del pueblo de Israel; si lo cumple, recibirá las bendiciones divinas; en caso contrario, él mismo se condena a las maldiciones (Dt 28).

Después de la alianza
Concluida la alianza, diversos objetos perpetuarán su recuerdo: El Tabernáculo, el Arca de la Alianza y las Tablas de la Ley.
El Tabernáculo o Tienda del Encuentro es el santuario móvil construido por los israelitas siguiendo las instrucciones dadas por Yavé a Moisés en el monte Sinaí. Expresa un hecho fundamental para los israelitas: El Tabernáculo es la habitación de Yavé en medio de su pueblo, habitación llena de la gloria de Yavé. Esta es la gloria principal de Israel ante las naciones: ser el pueblo de Dios y ser Yavé el Dios de este pueblo.
El Tabernáculo tenía dos espacios:
El Sancta, donde estaban el candelabro de siete brazos, la mesa para los panes de la proposición y el altar de los perfumes.
El Sancta Santorum, donde estaba el Arca de la Alianza, el cofre sagrado en cuyo interior estaban las Tablas de la Ley.

La Ley
El designio de Dios, en relación con la palabra “ley” recorre tres etapas:
1ª Hasta Moisés: La Ley Natural. Desde su origen el ser humano, en la moralidad de sus actos, se enfrenta a la Ley Natural, grabada en el corazón y que se expresa a través de la conciencia que remuerde cuando se obra el mal y tranquiliza cuando se obra bien. El hombre será justo o malo según su actitud ante esta ley. En este régimen se mantuvo la humanidad hasta la llegada de la ley positiva.
En los primeros capítulos del Génesis el hombre percibe que hay una ley moral que debe cumplir: Así lo siente Caín, tras haber matado a su hermano Abel (Gen 2,8); antes del diluvio, la tierra estaba toda llena de violencia, pues toda carne había corrompido su camino” (Gen 6,11-12). Bajo la Ley Natural, Dios “permitió que todas las naciones siguieran su camino” (Hch 14,16) “ y buscar a tientas” (17,27), “durante el tiempo de la ignorancia” (17,30).
2ª Moisés y la Antigua Alianza. Dios situó a su pueblo bajo un régimen diferente, el de la ley positiva, la Ley que Él mismo reveló a Moisés: La Torah, que está exclusivamente en los cinco libros del Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Una síntesis perfecta la da el Deuteronomio cuando habla del Decálogo (Dt 5,6-21). Y Moisés añade: “(Yavé) las escribió sobre dos tablas de piedra que Él me dio” (Dt 5,6).
La Torah reglamenta la vida del pueblo de Dios en todas las esferas. Hay prescripciones morales, jurídicas y cultuales; nada deja al azar; desborda los límites de las legislaciones humanas.
La Torah está en íntima relación con la Alianza; Yavé, como único Dios elige a Israel como “su pueblo”, le hace sus promesas y le pide que observe sus prescripciones. Durante todo el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel se ve confrontado por la Ley.

3ª Jesús y la Nueva Ley
Esta Nueva Ley la implantará Jesucristo. De ella tratará el próximo capítulo.
Los judíos no aceptaron a Jesús. Cuando nació y después de su predicación, los judíos no creyeron en Él. “Aunque había hecho tan grandes milagros en medio de ellos, no creyeron en Él” (Jn 12,37).

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