No fue fácil vivir bajo el control del reino persa; pero, gozaron de libertad para practicar el culto a Yavé en el reconstruído Templo de Jerusalén y para estudiar la Ley de Moisés e ir adaptando su conducta a los mandamientos divinos.
Se organizaron en una comunidad cuya identidad era la aceptación de Yavé como único Dios y, por tanto, el rechazo de toda idolatría; esto produjo un notable fervor religioso y un apego tenaz a la Ley de Moisés.















