miércoles, 20 de mayo de 2026

161.5: LLAMANDO A TU PUERTA. JESÚS Y LOS POBRES


1.- ¿Fue pobre Jesús?

Leemos en el evangelio de San Lucas que María dio a luz a su hijo “le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en el mesón” (Lc 2,7) La cuna donde fue acostado el Niño Jesús fue un pesebre de una cuadra (12)que es donde se pone el heno o la paja a los animales.                        Llama la atención la expresión: “porque no había sitio para ellos en el mesón”. Para ellos, no; para otros, sí. Para ellos, es decir, para María y José, no había sitio en el mesón porque eran gente sencilla y humilde que no tenían el dinero suficiente para pagar una estancia en el mesón. Si hubiesen llavado una bolsa con denarios, el mesonero les habría dado alojamiento, pero….¡Cada uno de nosotros es un mesonero que decide si, en su vida y en su corazón, hay lugar para Jesús!

“Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la ley de Moisés, llevaron el niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor. Ofrecieron también en sacrifi cio, como dice la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones” (Lc 2, 22-24). Ahora bien, esta ofrenda era la propia de las familias pobres, como sabemos por el Levítico 12, 6-8: “Mas si a ella no le alcanza para presentar una res menor, tome dos tórtolas o dos pichones...”.

San José era carpintero y ganaba lo suficiente para mantener la familia y poco más; era, por tanto, una familia de economía humilde. Aquí dejo el enlace a este artículo que escribí hace algunos años sobre el Nacimiento,

infancia y adolescencia de Jesús  VER

Jesús comenzó a predicar el Reino de Dios:  “A Dios nadie le vio jamás” (Jn 1,1) Jesús, por su condición de Dios-hombre, sí ha visto al Padre, nos lo ha dado a conocer. “Quien me ve a mí , ve al Padre” (Jn 14,9) El rostro de Dios que revela Jesús es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Tenía Jesús entre 27 y 30 años cuando empezó a predicar la llegada del Reino de Dios.                                                                                                         Abandonó su casa, su familia, su medio de vida y se convirtió en predicador itinerante, al que sigue la gente sencilla y algunas mujeres que proveen lo necesario para el sustento. El reino o reinado de Dios predicado por Jesús es la Buena Noticia, la salvación liberadora que ofrece a todos, pero que tiene a los pobres como destinatarios prioritarios. Jesús sabe que ha sido enviado a evangelizar a los pobres. Anunciarles la Buena Noticia será la parte central y esencial de su misión. Examinemos tres episodios evangélicos:

1º En la sinagoga de Nazaret, después de la lectura de Is 61, 1-2, Jesús declara cumplida en él mismo la profecía leída: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos, y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19)

2º Jesús declaró: “Bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de Dios” (6,20). Esta bienaventuranza no quiere decir: Pobres, aceptad vuestra pobreza que más tarde esa injusticia os será compensada en el reino de Dios. Cuando Jesús declara bienaventurados a los pobres es porque el reino de Dios ya ha comenzado, es decir, son bienaventurados porque la llegada del reino pondrá fin a su pobreza creando un mundo fraterno.

3º En el llamado juicio de las naciones (Mt 25, 31-46) se establece como criterio decisivo de salvación la relación solidaria con los más pobres. Sin duda, se está refiriendo a los pobres reales: los que tienen hambre o sed, los que están desnudos, los forasteros no acogidos... Y en ellos, a los crucificados de la historia, cualquiera que sea su situación subjetiva; en ellos se comprueba si el mensaje de Jesús se vive o no con coherencia.

Jesús se hizo pobre y compartió la vida de los pobres: En un mundo donde la pobreza y la marginación de muchos contrastaba con la riqueza y los privilegios de unos pocos, Jesús vivió el amor universal, sin excluir a nadie, pero mostró sus preferencias por los desheredados, se comprometió de forma decidida a favor de la causa de los pobres; les ofreció la salvación y se hizo pobre en solidaridad con ellos y por amor a ellos. Jesús no ama la pobreza injusta impuesta por el hombre, ama al pobre y comparte su vida para liberarle de susituación injusta.

 Las comidas de Jesús: Jesús se sentó a la mesa con publicanos y pecadores :”Estando Jesús sentado a la mesa en casa de Mateo, vivieron muchos publicanos y pecadores a sentarse con Jesús y sus discípulos ”(Mt 9,10) “Se acercaban a Él los publicanos y pecadores para oírle y los fariseos y escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y comE con ellos” (Lc 15,1) 

Jesús acoge a publicanos y pecadores, prostitutas y adulteros.  Jesús acoge, comprende y perdona, hasta defender a una mujer pública en contra de la opinión del fariseo Simón. En lugar de condenar, como implícitamente le pedían los judíos más puritanos, salva y rehabilita a la mujer adúltera. Pone también como modelo de oración la súplica contrita de un publicano. Y se aloja en casa de Zaqueo y come a su mesa; ese detalle puede parecer trivial a una mentalidad occidental, pero entre los  orientales era signo de la mayor amistad. Sentarse juntos en una mesa es participar igualitariamente del mismo banquete, integrar a los que estaban excluidos y marginados y poner en valor la acogida, la reciprocidad, el servicio, el compartir la vida, la fraternidad… Jesús derriba todas las barreras opuestas a compartir. 

El compromiso solidario con los pobres de este mundo hace posible el encuentro con Dios. Lo decisivo no está en saber que Jesús fue pobre y que su vida estuvo comprometida con los pobres y su causa. Lo decisivo es vivir en consecuencia con este saber, siguiéndole a Él, caminando tras sus huellas.

2.- ¿Quienes son los pobres?                                                                     Hay pobres-pobres y ricos-pobres. Me explico:  Los pobres-pobres son los hambrientos: Los desnudos, enfermos, emigrantes, perseguidos y marginados. Son personas a las que les falta algo, frecuentemente les falta mucho, incluso lo necesario; pero no les falta TODO, porque conservan la dignidad de hijos de Dios que nada ni nadie les puede quitar.               Como suele suceder en casi todas las épocas, la pobreza económica lleva aparejada la pobreza social; no sólo se carece de dinero, sino de amistades, de prestigio y de influencia. Ser pobre no es fruto del destino sino consecuencia de las malas decisiones tomadas en el pasado y del egoísmo cerrado de los que no quisieron  comprometerse. 

¡Cuántos pobres salieron de su pobreza porque, en el momento preciso, recibieron el apoyo y la ayuda compartida de los que vieron en ellos la imagen de Cristo pobre! 

Jesús se identifica con cada uno de ellos,  hasta el punto de decir: “lo que hagáis a estos mis hermanos, a mí me lo hacéis” (Mt 25,40) Jesús no sólo está de parte de los pobres-pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte; para Él no son números, sino hermanos y hermanas con los cuales comparte el sufrimiento y alivia su malestar y marginación, devolviéndoles la dignidad perdida y asegurándoles la necesaria inclusión social.   Se le acercó un leproso y de rodillas le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús, enternecido, extendió la mano, le tocó y dijo: Quiero, sé limpio.Y al instante desapareció la lepra” (Mc 1,40-42) Dijo a un paralítico: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Mc 2,11) Jesús no condenó a la mujer sorprendida en    adulterio. “Mujer, dónde están {los que te acusaban}? ¿Nadie te ha condenado? Nadie, Señor. Tampoco yo te condeno; vete y no peques más” (Jn 8, 10-11).

  Los ricos-pobres son los “ricos epulones”: Los que, para aumentar su propia riqueza material, contratan al “pobre lázaro” con contratos sucesivos de unos meses y con un sueldo miserable. Ricos-pobres son todos los ricos que, por amor al dinero, han endurecido su corazón hasta el punto de no querer ver y mucho menos remediar la miseria de los pobres-pobres.   Ricos-pobres son los, teniendo dinero, les falta TODO lo demás. Se marcharán de este mundo “con las manos vacías”, porque el dinero es un bien terrenal que no tiene pase de circulación a la eternidad.                                                                                                   Las riquezas materiales, en sí mismas consideradas, no son ni buenas ni malas. Todo depende del buen o mal uso que de ellas se haga; así, unos las usan para, por ejemplo, crear puestos de trabajo y dar de comer a muchas familias, y otros las emplean exclusivamente para aumentarlas más y más o para gastarlas en sus propios lujos y excentricidades, sin tener en consideración las necesidades de los demás.

Los pobres tienen mucho para compartir: Los pobres nos permiten redescubrir los rasgos más genuinos del rostro del Señor. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14) Jesús, Verbo encarnado, nos permite ver su rostro en cada pobre y en cada una de sus circunstancias. Es imperioso mirar a cada pobre con mirada trascendente que, ignorando las fronteras de lo natural, las traspase y detrás de la imagen visible de cada pobre, vislumbre la imagen de Cristo en esa misma   circunstancia de necesitado, enfermo, hambriento, etc.

¿Cómo te quedarías si vieses en la calle a Jesús sentado en el suelo y con el cartel PIDO PARA COMER? A Jesús no te lo vas a encontrar físicamente; pero, lo podrás contemplar si miras con los ojos de la fe al pobre sentado en la acera.

La pobreza de los “ricos” puede ser curada con la riqueza de los “pobres”.

La gran pobreza de los “ricos” es que no saben mirar con ojos de fe. Los pobres les ofrecen la oportunidad de curarse. Basta con que se encuentren y se conozcan.                                               ¿Quién es quién? ¿En qué es pobre o rico cada uno?¿Qué significa cada uno para el otro? Los pobres conocen mejor que nadie lo que es la miseria, el dolor, la intemperie, la soledad o la solidaridad. Son verdaderos cristos dolientes con un inmenso caudal de experiencias que, al compartirlas con los demás, pueden mejorarlos como personas.                                                   Los pobres enseñan la generosidad y el compartir; en las grandes catástrofes, son ellos los primeros que acuden para socorrer a los demás y los primeros que comparten lo poco   que tienen.

3.- Los pobres nos estimulan a cambiar                                               Los pobres gozan de la exclusiva de ser la cara visible de Cristo. Los creyentes estamos interpelados por Él para descubrirlo en los pobres y hacer con ellos lo que haríamos con Él. Jesús por boca de San Mateo nos dice: “Lo que hicísteis al más pequeño de estos mis hermanos, a Mí me lo hicísteis” (Mt 25,40) Podemos deducir que el Señor quiere que hagamos a nuestros hermanos pobres lo que haríamos con Él.                                          El Señor nos pide un cambio en nuestra relación con los pobres, un cambio que nos lleve a considerarlos y tratarlos como hermanos, a preocuparnos por su persona, sus carencias y necesidades; un cambio que nos lleve a interesarnos por sus sufrimientos, sus condiciones inhumanas en las que están obligados a vivir; un cambio que nos lleve a prestarles nuestra atención, acogida y ayuda; un cambio que nos lleve a empapanos de la sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.

Dar limosna y/o compartir: Es sabido que la obra de caridad presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad fraterna entre los dos.

Nuestros días están marcados por la pandemia del Covid-19 y sus secuelas de muerte, soledad, sufrimiento y ruína económica. Son muchas las familias afectadas en todos los países del mundo por estas secuelas. La fraternidad está pidiendo a todas las personas de buena voluntad, sean creyentes o no, un compromiso total con la opción por los pobres en todas y cada una de las diversas formas de pobreza.

Los pobres no son números abstractos que algunos Partidos políticos sólo recuerdan en tiempo de elecciones; son personas concretas con necesidades e ilusiones concretas que no pueden llevar a término por sus carencias económicas.                           Esta es una buena ocasión para reflexionar sobre “cuanto quisiéreis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos” (Mt 7,12)”.

Quiero terminar el capítulo con esta cita preciosa de san Juan Crisóstomo: “El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino solo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre solo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémoslo del hambre. […] El      hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los     náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia” (Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 5).

CITAS

(12) En las afueras de Belén, según la Tradición, había unas grutas que servían de cuadra para los animales.

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