miércoles, 20 de mayo de 2026

161.6: ARRESTO, JUICIO, MUERTE Y SEPULTURA DE JESUS

1.- Arresto

Jesús lo había anunciado durante la última cena: “uno de vosotros me entregará” (Mt 26,21) Y así sucedió. Judas Iscariote se presentó a los sacerdotres y les dijo: “¿Qué me queréis dar y os lo entrego? Convinieron en treinta monedas de plata; desde entonces buscaba ocasión psara entregarlo” (Mt 26, 15-16) La ocasión llegó estando Jesús con los demás discipulos en el huerto de Getsemaní, “llegó Judas y con él una gran turba, armada de espadas y garrotes, enviada por los príncipes de los sacerdotes. Judas les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es; prendedle. Y, acercándose a Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó” (Mt 26, 47-49)  

  2.- Juicio

En casa del pontífice Caifás: Jesús fue arrestado y llevado a casa del pontífice Caifás, donde estaba reunido el Sanedrín: pontifice, escribas y ancianos. He aquí los tres pasos del interrogatorio:                                                                                              1º “Buscaban falsos testimonios contra Jesús para condenarle a muerte, pero no los hallaban” (Mt 26,59)                                       2º “Al final, se presentaron dos, que dijeron: Este ha dicho: Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días edificarlo” (Mt 26, 6o-61) . Jesús callaba.                                                                            3º “El pontífice le dijo: ¿Nada respondes? ¿Qué dices a lo que éstos testifican contra tí? Jesús callaba y el pontífice le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que me digas si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le dijo: Tú lo has dicho.. El pontífice rasgó sus vestiduras, diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oir la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron: Reo es de muerte” (Mt 26, 62-66)

 Ante Pilato: Al día siguiente, muy de mañana, se reunió de nuevo el Sanedrín para dar valor legal a lo actuado en la sesión de la noche. Y “atado Jesús, le llevaron y entregaron al gobernador Pilato” Mt 27, 2). He aquí la sucesión de los hechos:

Pilato les preguntó: “Qué acusación traéis contra este hombre? Dijeron: Si no fuera un malhechor, no te lo traeríamos. Díjoles Pilato: Tomadle y juzgadle según vuestra ley. Contestaron: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie” (Jn 18, 29-31) (13)

Pilato, llamando a Jesús, le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús: Tú lo has dicho” (Mt 27,11) Jesús no respondió a las acusaciones que le hacían los sacerdotes y ancianos.

Pilato estaba maravillado hasta tal punto que dijo a los judíos:”Yo no hallo en este hombre ningún delito”(Jn 18,38).

Intentó ponerle en libertad presentándole junto a un bandolero famoso llamado Barrabás, pero los judíos gritaron: “¡No, a ése no, sino a Barrabás!” (Jn 18, 40).

“Pilato mandó azotar a Jesús. Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura y, acercàndose a Él le decían: ¡Salve rey de los judíos! Y le daban bofetadas. Otra vez salió fuera Pilato y les dijo: Aquí os le traigo para que veáis que no hallo en él ningún   crimen….ellos gritaron: ¡Crucifícale, crucifícale! Pilato les dijo: Tomadlo vosotros y cricificadle, pues yo no hallo delito en Él. Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley y, según la ley, debe morir, porque se ha heccho Hijo de Dios” (Jn 19, 1-7).

“Pilato buscaba librarle; pero los judíos gritaron: Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César” (Jn 19,12).

“Pilato dijo los judíos: Ahí tenéis a vuestro rey. Pero ellos gritaron: ¡Quita, quita! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro rey he de crucificar? Contestaron: Nosotros no tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que le crucificasen” (Jn 19,14-16).  

Jesús fue atormentado cruelmente (¿por qué Pilato mandó azotar a Jesús sabiendo que era inocente?) y clavado en una cruz, en medio de dos bandidos. Los soldados romanos se   quedaron haciendo guardia.

Reflexión sobre el juicio contra Jesús: En el tiempo de la predicación de Jesús, los sacerdotes judíos le tendían trampas y buscaban la ocasión par matarle. Una vez apresado pasan a la acción y, habiéndole condenado previamente a muerte, montan un juicio lleno de irregulariddes; tanto es así que el mismo Pilato intentó, varias veces, ponerle en libertad, persuadido de su inocencia, que también proclamó varias veces. Al final, Jesús fue acusado de proclamarse el Mesías, rey de Israel, lo que desafiaba la autoridad romana y Pilato accedió para que no le acusasen a él de traicionar al César.

 ¡Algo inaudito! Escuchar a los representantes del pueblo judío: ¡No tenemos más rey que el César! La realidad es que estaban hartos del Imperio Romano y le combatían.

3.- Muerte

Pasaron unas seis horas, y a las tres de la tarde Jesús dijo: “Todo está consumado e inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19,30) La crucifixión, se cree que tuvo lugar el 7 de abril del año 30 la víspera de la Pascua judía, el día 14 del mes de Nisan. La Pascua de ese año 30 fue el 15 de Nisan, 8 de abril. Poncio Pilato fue prefecto - procurador de la Judea del año 26 al 36.                La Ley, en Deuteronomio 21,23, declara maldito el cadáver de los ajusticiados y debe quitarse del madero antes de ponerse el sol. Con mayor razón, esto debía hacerse si se trataba, como era el caso, de la víspera de la Pascua. Para acelerar la muerte de los ajusticiados, los judiós pidieron a Pilato que los rompiesen las piernas. Así lo hicieron los soldados con los dos ladrones; pero, “al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron     las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 33-34)

¿Estaba Jesús realmente muerto? Volvamos a las citas del capítulo 1º: Publio Cornelio Tácito: “Cristo, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato”.                                               La Guemara: “La vigilia de la fiesta de Pascua, Yeshu, el Nazareno, fue colgado”. Flavio Josefo: “Delatado por los principales de los judíos, Pilato lo condenó a la crucifixión”.     Incluso el escéptico John Dominic Crossan dice que Jesús vivió y murió. “Que Jesús fue crucificado es tan seguro como cualquier hecho histórico puede llegar a ser“.                                 No hay relatos históricos de cristianos, romanos, o judíos que discutan la muerte de Jesús o su sepultura. La fuerza de los HECHOS relatados conduce a la evidencia de que Jesús fue una persona real, que fue condenado, murió y fue sepultado.

4.- Sepultura

José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús, “lo envolvió en una sábana limpia, lo depositó en su propio sepulcro que había excavado en la roca y cerró la puerta con una piedra grande” (Mt 27, 59-60).                                                                                             Es un hombre rico (Mt 27,57), miembro del Sanedrín (Mc 15,43; Lc 23,50); discípulo de Jesús, pero, igual que Nicodemo, lo mantenía en secreto por temor a los judíos (Jn 19,38); esperaba el Reino de Dios y no había dado su consentimiento a la conna de Jesús (Lc 23,51).                                                                            Valiéndose de su cargo de miembro del Sanedrín, “se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús” (Lc 23,52); porque “era el día de la Parasceve y estaba el sábado para comenzar” (Lc 23,54). Pilato se maravilló de que ya hubiese muerto y llamó al centurión para cerciorarse y, una vez confirmado, entregó el cadáver de Jesús a Jose de Arimatea (Mc 15,44-45).                           Pero él solo no pudo bajar de la cruz el cuerpo de Jesús, ¿quién le ayudó? San Juan escribe: “Llegó Nicodemo, el que había venido a Él de noche al principio..... y tomaron el cuerpo de Jesús” (Jn 19,39-40). Entre los dos tomaron de la cruz el cuerpo de Jesús y lo pusieron “en un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido enterrado” (Jn 19, 41), San Mateo añade que José de Arimatea: “lo depositó en su propio sepulcro ... y corriendo    una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue” (Mt 27,60).

 Testigos presenciales de la sepultura de Jesús: Hay testigos presenciales de la sepultura de Jesús:                                                   Las mujeres: “María Magdalena y María la de José estaban sentadas frente al sepulcro (Mt 27,61) y “miraban dónde le ponían” (Mc 15,47).                                                                                   Los guardias del sepulcro: Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos pidieron a Pilato que pusiera guardia al sepulcro, Pilato accedió y “ellos fueron y pusieron guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra” (Mt 27,66) (14) “Los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen. Vinieron los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; pero llegando a Jesus, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con su lanza” (Jn 19, 31-34)        La lanza fue hundida en el costado de Jesús por el soldado romano para que el centurión pudiese certificar ante Pilato por qué no le habían roto las piernas como a los dos ladrones. Este testimonio de los guardias es de suma importancia pues los guardias del sepulcro de Jesús eran soldados romanos.           San Juan: Aunque oculta su nombre, San Juan escribió en el versículo siguiente de su evangelio: “El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis” (Jn 19,35)

5.- Estado anímico de los apóstoles y discípulos                                  Jesús había anunciado a los apóstoles lo que iba a suceder: “Os echarán de la sinagoga; pues llega la hora en la que el que os quite la vida pensará que presta un servicio a Dios” (Jn 16,2) “Llegada la hora, os dispersaréis cada uno por su lado y me dejaréis solo” (Jn 16,32).                                                                       Después de la última cena, mientras caminaban hacia el Monte de los Olivos, “Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” (Mt 26,31). Yasí sucedió: Después del arresto de Jesús “todos los discípulos le abandonaron y huyeron” (M26,56)                                                                       Sabemos que Pedro se mezcló con la gente, pero fue reconocido y negó, por tres veces, conocer a Jesús (Mt 26,69ss). También sabemos que Juan estuvo al pie de la cruz mientras agonizaba Jesús (Jn 19, 26-27) De los demás apóstoles y discípulos no tenemos noticias, es de suponer que, ocultos entre la gente, siguieron los acontecimientos.                             Para los apóstoles de Jesús es el momento de mayor amargura, dolor y desilusión. Ya han perdido la confianza en que Jesús había sido enviado por Dios. 

¡Todo ha terminado!

“Ellos esperaban que Jesús rescataría a Israel” (Lc 24, 21)15, y ya han pasado tres días desde que Jesús murió y fue sepultado. Los dirigentes judíos han logrado su objetivo. La muerte del Maestro ha hecho perder la esperanza a los discípulos. Además, los príncipes de los sacerdotes y los escribas les acusan de haber robado el cuerpo de Jesús. Desilusionados, cabizbajos y perdida toda esperanza, se reúnen, “cerradas las puertas por    miedo a los judíos” (Jn 20,19). Algunos, vuelven a su aldea (Lc 24,21); otros, reanudan su faena de pescadores (Jn 21,1ss)

CITAS

13 Roma había reservado a su representante el derecho de imponer la pena de muerte. Sin su aprobación el fallo del Sanedrín judío no tendría valor jurídico.

14 El sepulcro de Jesús no era una hoya, sino una cámara excavada en la roca con unos poyos en el interior sobre los que se depositó el cadaver fajado. La puerta se cerraba y abría con una losa gruesa que se hacía rodar a un lado.

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