miércoles, 20 de mayo de 2026

161.8.- LLAMANDO A TU PUERTA . VIDA Y MUERTE DE LOS APÓSTOLES

 

ANDRÉS 

Es hermano del apóstol Pedro (Mt 4,18), ambos hijos de Jonás (Mt 16,17) y naturales de Betsaida, pequeña localidad al lado del mar de Galilea (Jn 1,44), eran pescadores de profesión (Mt 4,18.  El nombre de Andrés proviene del griego νδρέας, pues, en Galilea la lengua y la cultura griegas estaban bastante presentes y era costumbre poner nombres griegos a los hijos. La Iglesia Ortodoxa le denomina Πρωτόκλητος, Protocletos, por ser el primer apóstol llamado para seguir a Jesús.

Andrés conoce a Jesús: Andrés era uno de los discípulos de Juan el Bautista, lo que indica que era un hombre de fe y de esperanza; el Bautista, viendo pasar a Jesús, le señaló y dijo: “He aquí el Cordero de Dios. Los dos discípulos que le oyeron, siguieron a Jesús. Viendo que le seguían, se volvió y les dijo: ¿Qué buscáis?                                                                                                   Le dijeron: Maestro,¿dónde vives? Les contestó: Venid y ved. Y vieron dónde moraba y permanecieron con Él aquel día” (21)(Jn 1, 36-37.39)                                                                                                     Esta invitación de Jesús cambió para siempre la vida de los dos discípulos de Juan el Bautista. Andrés quedó impactado con lo experimentado junto a Jesús y corrió a su casa para contárselo a su hermano.                                                                                                      El encuentro con Jesús es una gran experiencia que ha dado sentido a la vida de muchas personas.                                            Andrés conduce a su hermano Pedro ante Jesús: Andrés dijo a su hermano: “Hemos encontrado al Mesias...Le condujo a Jesús, que, fijándo en él la vista, dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro” (Jn 1, 41-42.   Pedro no habría conocido a Jesús si no se lo hubiese presentado su hermano. Todavía muchos no conocen a Jesús porque nadie se lo ha presentado.                                                     Jesús llama a Andrés: Jesús va caminando “junto al mar de Galilea, ve a dos hermanos: Simón, que se llama Pedro, y Andrés, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues eran pescadores; y les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron” (Mt 4, 18-20)                                                                   Andrés, junto a los demás discípulos, presenció los milagros hechos por Jesús y escuchó su predicación. Aparece, en los Evangelios, como un discípulo muy vinculado a Jesús:                        Es Andrés el primero que sigue a Jesús, tras oir decir a Juan el Bautista: He aquí elCordero de Dios.                                            Es Andrés el que hace que Pedro conozca a Jesús..                Es Andrés, en la multiplicación de los panes y los peces, el que dijo a Jesús que un muchacho tenía cinco panes y dos peces (Jn 6, 8-9). Andrés se dió cuenta del problema y buscó la solución.                                                                                                          * Unos griegos quieren ver a Jesús y se lo piden a Felipe y éste se lo dice a Andrés y ambos  se lo dicen a Jesús (Jn 12,20-22).    Andrés y Felipe usan su cercanía a Jesús para presentarle a los griegos que desean conocerle.

Andrés predicador del Evangelio: La tradición dice que Andrés, durante el resto de su vida después de Pentecostés, fue el apóstol del mundo griego. El historiador Eusebio de Cesarea dice que Andrés predicó en Escitia (22) . Otros autores indican que lo hizo, además, en Tracia y en Acaya. La tradición dice que, en el año 38 d.C., fundó la sede episcopal de Bizancio (después llamada Constantinopla y luego Estambul), y que puso como obispo a Estacio. Esta diócesis pasó a ser posteriormente el Patriarcado de Constantinopla y Andrés y Estacio sus santos patronos.

Martirio de San Andrés: Se suele representar a San Andrés crucificado en una cruz en forma de aspa. Según la tradición fue martirizado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia, el 30 de Noviembre del año 63, bajo el imperio de Nerón. Amarrado a la cruz, estuvo tres días predicando a los que se acercaban.                                                                                                        Es venerado como santo por las tres religiones que coexisten en Patrás: la Iglesia Católica, la Ortodoxa y la Anglicana. Sus restos fueron llevados de Constantinopla a Amalfi (Italia) en 1206 durante la Cuarta Cruzada por el cardenal Pedro de Capua. En Septiembre de 1964 el Papa Pablo VI devolvió, desde la Basílica de San Pedro en Roma a la catedral de Patrás, el craneo del santo mártir. Su fiesta se celebra el 30 de Noviembre.

BARTOLOMÉ 

Su primer nombre fue Natanael a quien Jesús llamo “verdadero israelita, en quien no hay doblez” (Jn 1,47). El nombre de Bartolomé aparece en las listas de los apóstoles: en Mt,10,3; en Mc 3,18; Lc 6,14 y en Hch 1,13. La Biblia no da más noticias de San Bartolomé y lo poco que nos ha llegado es a través de tradiciones de dudosa fiabilidad. Parece que predicó en Phrygia, Hierápolis, Armenia y en la India, donde tradujo el evangelio  según San Mateo a una de sus lenguas. Allí mismo encontró la muerte siendo decapitado.

FELIPE 

Nació en Betsaida a comienzos del siglo I d.C. Felipe es nombrado en quinto lugar en las listas de los apóstoles de los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). San Juan es quien más menciona a Felipe: describe su elección: “Al salir Jesús hacia Galilea, encontró a Felipe y le dijo: Sígueme” (Jn 1,43); después Felipe se encuentra con Natanael y le dice: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, de Nazaret" (Jn 1, 45). Ante el escepticismo de Natanael-”¿De Nazaret puede salir algo bueno?- , Felipe responde: “Ven y lo verás” (Jn 1,46)     Felipe se comporta como un verdadero “testigo” de Jesús; primero le anuncia y después sugiere a Natanael que vaya a verle.

Jesús escogió a los Doce para que “estuvieran con Él” (Mc 3,14), compartieran su vida, aprendieran quién era, conocieran su verdadera identidad y luego le anunciaran. En el episodio de los griegos que “se acercaron a Felipe y le rogaron: señor, queremos ver a Jesús ” (Jn 12,21), Felipe hace de “intermediario”, se une a Andrés y ambos los presentan a Jesús.                                        Jesús había dicho: “Yo y el Padre somos una misma cosa” (Jn 10,30) y “si me habéis conocido, conoceréis también a mi Padre” (Jn 14,7); Felipe, un tanto confuso, le dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta” (Jn 14,8) y Jesús le responde: “Felipe,¿todavía no me habéis conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9) 

Seguramente Felipe no comprendió del todo las palabras de Jesús hasta que el día de Pentecostés fue iluminado por el Espíritu Santo. A partir de ese instante, entregó su vida a la predicación del evangelio en Grecia y Frigia, en cuya capital, Hierápolis, según algunos fue crucificado y según otros, lapidado.

JUAN EVANGELISTA

 Nació sobre el año 6 d.C. en Betsaida; hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de Santiago el Mayor. Juan, en hebreo Yohanan, (el Señor es misericordioso) fue el más joven de los Apóstoles. Se le atribuye la autoría del evangelio que lleva su nombre.

Juan es testigo ocular: En el evangelio hay unas decisivas palabras de un testigo ocular: “El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, él sabe que dice verdad para que también vosotros creáis” (Jn 19,35).                                                         A este testigo ocular, en varios sitios del evangelio, se le llama “el discípulo a quien amaba Jesús”, pero no dice su nombre. El cardenal Ratzinger, después Benedicto XVI, comenta estos versículos y escribe: “es obvio que mantiene el secreto a propósito” (23) El mismo autor del evangelio se denomina al final como “el discípulo a quien amaba Jesús” (Jn 21,20)

Disponemos de cinco escenas en las que aparece la expresión “discípulo amado”:                                                                                      “Uno de ellos, el amado de Jesús, estaba recostado en el seno de Jesús” (Jn 13,23) El hecho de “recostarse” indica la familiaridad de que se goza. Los judíos, según la usanza griega comían recostados sobre el lado izquierdo en cojines, alrededor de una mesa baja.                                                                                          Jesús está clavado en la cruz y “viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, dijo a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Jn 19,26-27)                                 En la mañana de Pascua, María Magdalena anuncia “ Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba” que la tumba está vacía (Jn 20,2). Ambos corren hacia el sepulcro, el otro discípulo llega antes y espera a Pedro, el cual entró el primero en el monumento, después “entró el otro discípulo y vio y creyó” (Jn 20,8)                                                                                                                Jesús resucitado se aparece a sus discípulos a orillas del mar de Tiberiades. Ellos están en la barca pescando, y el discípulo amado es el primero en reconocer a Jesús (Juan 21, 1-7).             Pedro pregunta a Jesús qué sucederá con el discípulo amado (Jn 21,20-21).

El pequeño círculo: Juan, su hermano Santiago y Pedro forman el pequeño círculo de mayor confianza de Jesús; con él aparecen en ocasiones especiales: cuando cura a la suegra de Pedro (Mc 1,29), en la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37); en la transfiguración de Jesús (Mc 9,2) y en la oración en el huerto de Gersemaní (Mc 14,33).                                                       San Pablo dice que estos tres apóstoles “pasan por ser las columnas” de la Iglesia (Gal 2,9)

¿Qué hizo Juan después de Pentecostés? Por los Hechos de los Apóstoles sabemos que Juan acompañaba a Pedro: cuando va a orar en el templo ((3,1); cuando predica al pueblo (4,1); cuando habla ante el Sanedrín (4,1-21); cuando van los dos a predicar en Samaría (8,14); cuando asistió al Concilio de Jerusalén en el año 50 (Gál 2,9).                                                                                             Poco antes de la ruina de Jerusalén el año 70, Juan se estableció en Éfeso, donde muchos judíos se refugiaron más tarde para huir de la guerra judeo-romana. Éfeso era la tercera o cuarta metrópoli del Imperio romano; era la sede del culto a la divinidad asiática Artemisa; además, en ella el culto al emperador, que se hacía llamar Domitianus dominus et deus (Domiciano señor y dios), era un aspecto muy significativo en la vida de la ciudad.                                                                                     Los escritores cristianos antiguos señalan a Domiciano como el segundo emperador romano que persiguió a los cristianos, según Tertuliano “casi igualó a Nerón en crueldad” (24)               En esta época San Juan redactó el libro del Apocalipsis, en el que escribió: “Εγω ειμαι το Α και το Ω, αρχη και τελος, λεγει ο Κυριος (Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor”) (Ap 1,8). Era la forma de manifestar con toda claridad la existencia de “un solo Señor”. Tertuliano afirma que Juan sufrió el martirio metido en un caldero de aceite hirviendo, pero que no llegó a morir; que esto aconteció en Roma entre los años 91 y 95; que el emperador Domiciano consideró tal hecho como magia y, en vez de ejecutarlo, lo desterró a la isla de Patmos (25)

Diversos textos de los Padres Apostólicos afirman que Juan fue desterrado a la isla Patmos en Grecia, durante el gobierno de Domiciano (14 de Octubre del 81 a 18 de Septiembre del 96) y que “después de la muerte del tirano, regresó de la isla de Patmos a Éfeso” (26) Tras una prolongada estancia en Éfeso, fallecio de muerte natural el año 101, en el tercer año de gobierno del emperador Trajano. Los ritos romano, anglicano y luterano celebran su festividad el 27 de Diciembre.

JUDAS ISCARIOTE

 Se conocen pocos detalles de la vida de Judas Iscariote. El evangelista San Juan cuenta la escena de la “unción en Betania”. Jesús, una semana antes de la Pascua, está en casa de Marta, LáZaro y María; ésta aprovechó la ocasión para ungir los pies del Señor con un ungüento de nardo legítimo de gan valor. Al verlo, Judas Iscariote dijo: “¿Por qué no se vendió este ungüento por trescientos denarios y se dio a los pobres? (Jn 12,5) (27)       A simple vista parece justo el pensamiento de Judas Iscariote; pero San Juan añade: “Decía esto, no por amor a los pobres, sino porque era ladrón y, llevando él la bolsa, hurtaba de lo que en ella echaban” (Jn 12,6) A veces, las cosas no son como parecen, porque las palabras no expresan la verdad.

La traición de Judas: La cuentan los tres evangelios sinópticos: “Entonces uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y preguntó ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Así que le asignaron treinta monedas de plata (28). Desde entonces Judas buscaba una ocasión para  entregarle” (Mt 26,14-16); Mc 14, 10-11; Lc 22, 3-6)

La ocasión llegó después de la Última Cena, cuando Jesús estaba orando en el huerto de Getsemaní: “Llegó Judas, uno de los doce, y con él un tropel con espadas ygarrotes, de parte de los escribas y de los ancianos. El traidor les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es ; prendedle. Llegó y se le acercó, diciendo: Rabbi, y le besó. Ellos le echaron mano y le prendieron” (Mc 14,43-46)

Arrepentimiento y muerte de Judas Iscariote: Según el Evangelio de San Mateo: “Viendo Judas cómo Jesús era condenado, se arrepintió y devolvió las 30 monedas a los príncipe de los sacerdotes y ancianos, diciendo: He pecado entregando sangre inocente… y arrojando las monedas en el templo, se retiró, fue y se ahorcó” (Mt 27, 3-5)

JUDAS TADEO

Mateo y Marcos, en sus listas, lo llaman“Tadeo” (Mt 10,3 y Mc 3,18), Lucas, en su lista, lo llama “Judas de Santiago (Lc 6,16 y Hch 1,13), Juan le llama: “Judas, no el Iscariote” (Jn14,22) para distinguirlo del Judas que traicionó a Jesús.                                    No se sabe de dónde viene el nombre de Tadeo.

Durante la última cena Judas Tadeo preguntó a Jesús: “Señor, qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y pondremos en él nuestra morada” (Jn 14,22-23)                                                            Jesús solo se manifiesta a los que quieren recibirlo, a los que le abren su vida porque quieren vivirla con Él; no se manifiesta al mundo que le niega, que le cierra el corazón y no le deja entrar. Respeta la decisión de cada persona, Él ofrece y no impone. A Judas Tadeo se le considera autor de la carta que lleva su nombre. Se presenta como “siervo de Jesucristo y hermano de Santiago” el Menor (Jds 1.1). No se sabe de cierto ni los destinatarios de la carta, ni el lugar, ni la fecha en que fue escrita. Según la tradición occidental Judas Tadeo evangelizó Mesopotamia y junto con Simón el Cananeo predicaron varios años en Persia y allí fueron martirizados: Simón, aserrado por medio y Tadeo, decapitado con un hacha, aproximadamente en el año 62.

MATEO

Nació en Judea, en fecha desconocida y falleció probablemente en Etiopía el año 74. San Marcos (2,14)y San Lucas (5,27) le llaman Leví o Leví de Alfeo; se supone que el mismo Jesús le impuso el nombre de Mateo, que significa “don del Señor”. Ejercía de recaudador de impuestos (29) para el rey Herodes  Antipas. “Jesús le vio ante el telonio y le dijo: Sígueme, y él, levantándose, le siguió y le invitó a comer en su casa” (Lc 5, 27-29).

Conviene destacar la rapidez de Mateo en responder a la llamada de Jesús, lo que implicaba abandonar todo por seguirle y, con gran generosidad, le invitó a comer. “Muchos publicanos y pecadores estaban recostados con Jesús y con sus discípulos” (Mc 2,15). Los fariseos y los escribas criticaron a Jesús por comer con los pecadores; pero, Jesús les dijo: “No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores” (Mc 2,17)

Según Eusebio de Cesarea, San Mateo predico el evangelio durante quince años en Judea, donde escribió su Evangelio. La tradición dice que evangelizó Palestina y, más tarde, Arabia, Etiopía y Persia.                                                                                     Algunas tradiciones afirman que fue martirizado en Etiopía. Una fuente apócrifa dice que sufrió el martirio por oponerse al matrimonio del rey Hirciaco son su sobrina Ifigenia, que se había convertido al Cristianismo.                                                                     La Iglesia Católica celebra su fiesta el 21 de Septiembre.

PEDRO

 (Betsaida, finales del siglo I a.C- Roma, 67 d.C.) Hijo de Jonás, un pescador del lago de Tiberiades. Fue presentado por su hermano Andrés a Jesús, quien, “fijando la vista en él, dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que quiere decir piedra (Pedro)” (Jn 1,42), para significar el puesto eminente que le daría en la Iglesia. En el Antiguo Testamento, el cambio del nombre por lo general implicaba la encomienda de una misión (Gén 17, 5)                                                                              Ambos hermanos fueron los primeros en seguir a Jesús cuando les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron” (Mt 4,19-20)

Pedro tiene una personalidad arrolladora, es sencillo, generoso, impulsivoso, sincero y noble. Un día preguntó Jesús a los discipulos: ¿Quién dicen los hombes que es el Hijo del hombre?.. ¿Y vosotros, ¿quién decís que soy? Contestó Pedro y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 15-16) Esto es, Tú eres el Mesías esperado por Israel; pero, además, eres el Hijo de Dios vivo. A juicio de los israelitas, lo primero no implicaba lo segundo, porque estaban muy lejos de conocer la verdadera naturaleza del Mesías. Pedro la conoció y Jesús le alabó diciendo: “Bienaventurado tú, Simón Bar Jona, porque ni la carne ni la sangre te han revelado esto sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Jn 16,17-18).

Tres metáforas, roca, llaves y atar o desatar, que manifiestan la primacía de Pedro en la futura Iglesia de Jesús. El evangelio de San Juan cuenta que, después de la multiplicación de los panes (Jn 6, 1-12) “conociendo Jesús que iban a venir para proclamarle rey, se retiró al monte Él solo” (Jn 6,15). Después les habló

diciendo: “Yo soy el pan de vida, bajado del cielo, si alguno come de este pan, vivirá para siempre y el pan que le daré es mi carne, vida del mundo” (Jn 6, 51) “Desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían” (Jn 6,66) porque esperaban a alguien que restaurara el Reino de Israel, no a uno que decía: yo doy mi carne a comer. 

Las palabras de Jesús, ciertamente, eran difíciles de entender.   “Dijo Jesús a los doce: ¿Queréis iros vosotros también?l Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,66-70)

Negación y arrepentimiento de Pedro: Después de la Última Cena, Jesús y sus discípulos se dirigen al huerto de Getsemaní, Pedro dice a Jesús: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré” (Mt 26,35)                                                                               Llegamos al episodio más triste de la vida de Pedro: Jesús acaba de ser arrestado en el huerto de los olivos, todos los discípulos le han abandonado, Pedro le siguió de lejos y, no pudiendo entrar en la casa del sumo sacerdote, se quedó en el atrio calentándose, pues hacía mucho frio. Fue reconocido por dos criadas y por un siervo del pontífice; pero, él lo negó, hasta tres veces, y “comenzó a maldecir y a jurar:                                                    ¡Yo no conozco a ese hombre!” (Mt 26,74)

Al pasar Jesús miró a Pedro; la mirada de Jesús, llena de dulzura y comprensión, taladró el corazón de Pedro y, “saliendo fuera, lloró amargamente” (Lc 22, 61-62). La dulzura de esta mirada le acompañará y guiará toda la vida, para cumplir fielmente su misión.                                                                                                 Durante la tercera aparición a los Apóstoles, junto al lago de Tiberiades y después de haber comido, entre Jesús y Pedro se produce una escena emocionante y bellísima. Jesús quiere rehabilitar a Pedro y confirmar ante sus compañeros que sigue siendo el “pastor” de sus ovejas. “Jesús le preguntó:                       -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?                                 - Sí, Señor, tú sabes que te amo.                                                               - Apacienta mis corderos.                                                                      Por segunda vez:                                                                                         -Simón, hijo de Juan, ¿me amas?                                                             - Sí, Señor, tú sabes que te amo.                                                             -Apacienta mis ovejas.                                                                           Por tercera vez:                                                                                             -Simón, hijo de Juan, ¿me amas?                                                  Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo:                                                                                              -Señor, tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo.                        Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”

Hay en este episodio un juego de dos verbos griegos muy significativo: “fileo” que expresa el amor de mistad, tierno pero no total; “agapao” que significa al amor sin reservas, total e incondicional.                                                                                              La primera vez, Jesús pregunta a Pedro, ¿me amas (agapas-me) con un amor sin reservas, total e incondicional?

Antes de la triple negación, Pedro habría contestado: Sí, Señor, tú sabes que te amo (agapô-seincondicionalmente. Al acordarse de la triple negación, Pedro contestó con humildad: Señor, tú sabes que te quiero (filô-se)", es decir, "te amo, tal como soy. Jesús insiste, por segunda vez, ¿me amas (agapas-me) ? Y Pedro repite su respuesta anterior: Tú sabes que te quiero (filô-se).

Por tercera vez, Jesús le preguntó: ¿Fileîs-me? ¿Me quieres? Jesús cambia de verbo, ya no emplea el incondicional agapas-me, sino el fileîs-me, adaptándose a la capacidad de amar de Pedro, que le contesta: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se). Jesús miró a Pedro y le dijo: “ Apacienta mis ovejas. Sígueme” (Jn 21,17.19).

Las dos miradas de Jesús: Jesús y Pedro se cruzan en el atrio del sumo sacerdote. Pedro, avergonzado por su triple negación, baja los ojos; Jesús mantiene fija la mirada, ofreciéndole perdón y misericordia. Es la llamada del retorno, la que abre los brazos en señal de bienvenida. Es muy grande el pecado de Pedro, pero es mucho más grande la misericordia de Jesús.                                          ¡Todos los delitos humanos comparados con la misericordia de Dios son como una gota de agua frente a todos los acéanos!

La segunda mirada es cuando, tras haberle preguntado por tres veces si le amaba, Jesús dice a Pedro: “Sígueme” (Jn 21,19) Es la llamada de la confianza. Tres veces le ha dicho: Apacienta mis ovejas. Esta será su misión; cuando Él falte, Pedro apacentará al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

Desde aquel día Pedro siguió y amó a Jesús con todo su corazón y firmó el testimonio con su propia muerte. Fue la cabeza indiscutible de la primera comunidad cristiana; empezó a predicar el evangelio en Jerusalén (Hch 2,14ss), con tanta fe y amor al Señor que, en el año 44, el rey Herodes Agripa quiso darle muerte para complacer a los judíos; pero, escapó milagrosamente (Hch 12, 3ss)30 y “ se fue a otro lugar” (31); abandonó Jerusalén para ir a predicar el Evangelio por Siria, Asia Menor, Grecia y Roma.

Muerte de Pedro: Veladamente, Jesús le había anunciado su muerte: “Cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras. Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios” (Jn 21,18-19)                Varios Padres Apostólicos escribieron sobre la muerte de Pedro: Tertuliano (160-220): “Pedro soportó una pasión como la de su Señor” (32). Orígenes (184-253): “Después de haber venido a Roma, fue crucificado cabeza abajo”. San Jerónimo (340-420: “De mano de Nerón, Pedro recibió la corona del martirio, siendo clavado a la cruz con su cabeza hacia el suelo y sus pies hacia arriba, asegurando que él no era digno de ser crucificado del mismo modo que lo había sido su Señor”. Eusebio de Cesarea: “Está registrado que Pablo fue decapitado en la misma Roma y que Pedro fue crucificado bajo Nerón”. En la carta de Dionisio (33), obispo de Corinto, a Timoteo,  dice: “¿Cómo oír sin llorar la publicación de aquellas sentencias en las que se decretaba la muerte de Pedro por crucifixión y de Pablo por dogollación?”

SANTIAGO EL MAYOR

Es el hermano mayor de Juan, ambos hijos de Zebedeo y Salomé, eran pescadores residentes en Betsaida. La tradición cristiana le conoce como Santiago el Mayor para distinguirlo delotro apóstol también llamado Santiago (el Menor) hijo de Alfeo.                                                                                                                Fue llamado por Jesús cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto con su hermano (Mc 1,19)                                             Las cuatro listas de los Doce mencionan a dos personas con el nombre de Santiago; uno, hijo de Zebedeo y el otro hijo de Alfeo, comunmente conocidos como Santiago el Mayor y Santiago el Menor.                                                                                          El nombre de Santiago es una variante del nombre hebreo Ya'akov del patriarca Jacob, en griego se dice Iákobos, y en español hay hasta ocho variantes: Jacobo, Jacob, Iago, Yago, Jaime, Tiago, Diego y Santiago.                                                                   Santiago, Pedro y Juan forman el grupo de Apóstoles más cercanos a Jesús, que le acompañan en la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37), en la transfiguración en el monte Tabor (Mc 9,2) y en la oración en el huerto de Getsemaní (Mc 14,33) .

La tradición medieval: Santiago, según una tradición que se remonta al menos a San Isidoro de Sevillapredicó el evangelio en Hispania (actuales España y Portugal) e hizo algunos discípulos, siete de ellos continuaron su misión evangelizadora, son los llamados Varones Apostólicos y sus nombres son Torcuato, Tesifonte, Hindalecio, Eufrasio, Cecilio, Hesiquio y Segundo.                                                                                                          Según la tradición, hacia el año 40, la Virgen María se apareció a Santiago en Caesaraugusta (Zaragoza) sobre una columna, conocida después popularmente como “el Pilar”.

Muerte de Santiago el Mayor: Santiago murió decapitado por orden del rey Herodes Agripa (34) , en Jerusalén entre los años 41-44 (Hch 12,2) La tradición sostiene que los restos hallados en Santiago de Compostela a principios del siglo IX por el obispo Teodomiro son los del apóstol Santiago; por lo que ese lugar se convirtió en objeto de gran veneración y sigue siendo meta de numerosas peregrinaciones.

SANTIAGO EL MENOR

 Fueron sus padres Alfeo-Cleofás (Mc 3,18) y María la de Cleofás. Al pie de la cruz de Jesús agonizante están tres mujeres llamadas María: María, la Madre de Jesús; María de Cleofás, madre de Santiago el Menor y la  María Magdalena (Jn19,25).

Papías de Hierápolis confirma los nombres de los padres de Santiago el Menor cuando escribe: María, madre de Santiago el Menor y de José, esposa de Alfeo(a quien  San Juan llama Cleofás), era la hermana de María, la madre del Señor, ” (35). San Mateo en su lista de los Apóstoles cita a Santiago, el de Zebedeo y a Santiago, el de Alfeo (Mt 10,2-3); lo mismo hace San Marcos en 3,17-18 y lo repite San Lucas en 6,14-15. También lo confirma Flavio Josefo que escribe: “Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento   propicio. El procurador Festo había fallecido y el sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, hermano (36) de Jesús quien era llamado Cristo, y a algunos otros. Les acusó de haber transgredido la Ley y les entregó para que fueran apedreados” (37) . De paso, Flavio Josefo nos ha dicho que Santiago murió lapidado, en el año 52.

El libro de los Hechos de los Apóstoles subraya el papel destacado de Santiago en la Iglesia de Jerusalén: en el concilio apostólico celebrado el año 50, afirmó que los paganos podían ser aceptados en la Iglesia sin tener que someterse a la circuncisión (Hch 15, 13-21). Esta resolución puso fin a la difícil relación entre los cristianos de origen judío y los de origen pagano y estableció una convivencia de mutua estima y respeto. San Pablo habla de Santiago el Menor en su carta a los Gálatas: “Pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro permanecí con él quince días; pero no ví a ningún otro apóstol, sino a Santiago, el hermano del Señor ” (Gál 1,18-19) y lo define como “columna” de la Iglesia, juntamente con Cefas y Juan (Gál 2,9).

Santiago escribió la carta que lleva su nombre en la que, entre otras cosas, dice: “la fe sin obras es una fe muerta” (St 2,26). Las obras son el fruto normal de la fe, “todo árbol bueno da frutos buenos” (Mt 7,17)

Con otra frase de gran profundidad nos exhorta a poner nuestros proyectos en las manos de Dios, y decir “si el Señor quiere” (St 4,15). Esta frase es el reflejo de la profunda fe y del gran amor del apóstol al Señor Jesús.

SIMÓN EL CANANEO

Es un apóstol del que no tenemos noticias, salvo que, junto a los demás apóstoles, participó en una misión encomendada por Jesús: “No vayáis a los gentiles ni penetréis en ciudad de   samaritanos, id a las ovejas perdidas de la casa de Israel; en vuestro camino predicad diciendo: El reino de Dios está cerca” (Mt 10,5-7). Es citado en las listas de los apóstoles de los tres evangelios sinópticos y en los Hechos de los apóstoles (Mt 10,4; Mc 3,18; Lc 6,15; Hch 1,13). Mateo y Marcos lo llaman “el Cananeo”, Lucas y los Hechos lo definen “el Zelotes”, Según el Papa Benedicto XVI “los dos calificativos son equivalentes, pues significan lo mismo: en hebreo, el verbo qanà’significa “ser celoso, apasionado”. Una tradición católica afirma que Simón fue aserrado vivo.

TOMÁS

Su nombre figura en las cuatro listas de los Apóstoles (Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,15 y Hechos 1,13).

El nombre deriva de una raíz hebrea “ta'am”, que significa “mellizo”, el mismo significado tiene la palabra griega “Δίδυμο”. Aparece en varios pasajes del evangelio de San Juan:                        1.- Lázaro acaba de morir, y los discípulos se resisten a la decisión de Jesús de volver a Judea, donde los judíos lo esperan para apedrearlo. Jesús está decidido, pero es Tomás quien dice la última palabra: "Vamos también nosotros, a morir con él" (Jn 11,16). Antes, Jesús había dicho lo que tenía que sucederle. “Subimos a Jerusalén y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacercdotes y a los escribas, que le condenarán a muerte” (Jn 10,33)                                                                          Tomás expuso su determinación ejemplar que revela la total entrega a seguir a Jesús hasta el final.

2.- Durante la última Cena, Jesús predice la inminencia de su muerte y anuncia que va a preparar un lugar para los discípulos “para que donde yo esté estéis también vosotros, pues donde yo voy, vosotros conocéis el camino. Tomás le dijo:: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 3-5)

3.- Aunque a Tomás se le anuncia la resurrección de Jesús, él se niega a admitirla: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré" (Jn 20,25)                                                                    Tomás quiere reconocer a Jesús por las llagas que le causó su amor a los hombre. Las llagas testificarán su identidad. Ocho días después, Tomás toca con sus propias manos las heridas de Jesús en las manos y en el costado. Jesús le recrimina haber necesitado ver para creer. Y Tomá reacciona con una preciosa profesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío! “ (Jn 20 28)                  San Agustín comenta estas palabras y dice: “Veía y tocaba al hombre, pero confesaba su fe en Dios, a quien ni veía ni tocaba. Pero lo que veía y tocaba lo llevaba a creer en lo que hasta    entonces había dudado” (In Iohann. 121, 5).

Tomás predicador del evangelio: El Martirologio Romano, que combina varias leyendas, afirma que predicó el Evangelio a los partos, medos, persas e hircanios, y que después fue a la India donde sufrió el martirioel 3 de Julio del año 72.

CITAS

21 Estos dos discípulos fueron Andrés y Juan

22 En los autores clásicos, so conocen como Escitia: Las regiones de Kazajistán, Sur de Rusia y Ucrania. La región del Norte del Cáucaso, con Acerbaiyán, Sarmacia, Ucrania, Bielorrusia y Polonia. La Escitia Menor que ocupaba el sur de Ucrania y el Bajo Danubio 

23 Ratzinger, Joseph (Benedicto XVI) (2007). Jesús de Nazaret. Editorial Planeta (Buenos Aires). p.447

24 Citado por Eusebio de Cesaréa. Historia Eccesiar, III, 18,1

25 Citado por Eusebio de Cesaréa. Historia Eccesiar, III, 20.

26 Clemente de Alejandria. Citado por Eusebio de Cesaréa. Historia Eccesiar, III, 23.6

27 Un denario era el salario de un obrero por un día de trabajo. “El dueño de la viña convino con ellos en un denario al día” (Mt 20,2)

28 Se piensa que eran 30 siclos. El siclo, shéqel, en hebreo, es una antigua unidad monetaria usada en Oriente Próximo y en Mesopotamia. Según Martinez Gallego, José Mª (2014), Las monedas de la traición, “la moneda con la que se pagó a Judas eran siclos de plata de 14,4 gramos cada uno, lo que hace un total de 432 gramos de plata”.

29 Los publicanos recaudaban impuestos que el Imperio Romano imponía a los habitantes de las provincias ocupadas. Estaban muy mal vistos por la población que los consideraba “ladrones, injustos y adúlteros” (Lc 18,11)

30 Precisamente por esta fuga de Pedro de la cárcel el rey mandó degollar a los guardias que lo custodiaban.

31 Una antigua tradición, atestiguada por muchos Padres Apostólicos, dice que fue a Roma en los primeros años del emperador Claudio (41-54)

32 Es el testimonio más antiguo, año 67.

33 Dionisio de Corinto (primera mitad del siglo II – 178). Murió mártir en el año 178.

34 Este Herodes, hijo de Aristóbulo y nieto de Herodes el Grande, recibió el reino del emperador romano Calígula el año 40 y murió el año 44, segúnJosefo “de graves e intensos dolores abdominales”.

35 Papías de Hierápolis,Exposiciones de los Oráculos del Señor

36 Los hermanos de Jesús: Aparecen citados en: Mt 12, 46 y 13, 55; Mc3, 31 y 6, 3; Lc 8, 19; Jn 2, 12 y 7,3.5; Hech 1, 14; 1 Cor 9,5 y Gal 1, 19. La palabra “hermano”es traducción de la griega adelfos y de la hebrea ‘ah. En hebreo y en arameo no hay término equivalente a primo y el vocablo ‘ah' tiene el sentido amplio de pariente, primo, sobrino, además del específivo de hermano. A Lot se le llama “hermano de Abraham” (Gen 4,14), cuando realmente es su sobrino (Gen 12, 5); a Jacob se le llama “hermano de Labán” (Gen 29, 15, y realmente era su tío (Gen 29, 13) porque Labán era hermano de Rebeca, madre de Jacob (Gen 25, 20). Nada tiene de extraño que, en las catequesis del primer siglo, se llamase hermanos a los primos y parientes de Jesús y que los traductores lo tradujesen por adelfos.

37 Flavio Josefo. (Antigüedades judías, 20.9.1.

martes, 19 de mayo de 2026

161.9.- LLAMANDO A TU PUERTA. VIDA Y MUERTE DE SAN PABLO

 

 1.- El nombre



Los judíos que vivían fuera de Palestina solían tener dos nombres, uno judío y otro griego o romano.

Su nombre judío era Saulo, en hebreo moderno Sha'ul (invocado, llamado), es el nombre del primer rey de Israel (1 Sam 10) Su nombre romano era Paulus (Pablo): No se sabe de dónde le viene este nombre; es posible que esté relacionado con la ciudadanía romana que poseía la familia por habitar en Tarso (38), capital de la provincia romana de Cilicia, en la actual Turquía.

2.- Formación

Saulo nació entre el año 5 y el 10, de nuestra era, en el seno de una famiia acomodada, recibió la educación inicial en la misma ciudad de Tarso y, en los primero años de su juventud, fue enviado a Jerusalén donde ingresó en la escuela del maestro de la Ley, el rabino Gamaliel, allí adquirió una sólida formación   teológica, filosófica, jurídica y lingüística (hablaba hebreo, arameo, griego y latín), lo que sugiere que se preparaba para ser rabino.                                                                                                               Saulo era fariseo, él mismo lo dice: “[Soy] hebreo e hijo de hebreo; y, según la Ley, fariseo y por el celo de ella, perseguidor de la lglesia” (Flp 3,5-6); “todos los judíos conocen mi vida… y pueden testificar que yo he vivido como fariseo conforme a la secta más estricta de nuestra religión” (Hch 26, 4-5)                      Durante la crucifixión de Jesús debió encontrarse fuera de Jerusalén, pues, en caso contrario, su desconocimiento del hecho no se explicaría. Sí estuvo presente en la lapidación del diácono Esteban, pues custodió la ropa de los lapidadores en prueba de conformidad.

3.- Perseguidor de los cristianos

La formación recibida de la rígida observancia de las tradiciones farisaicas, le llevó a convertirse en perseguidor de los cristianos. La lapidación del diácono Esteban fue el inicio de “una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén...Saulo devastaba la Iglesia, entrando en las casas, arrastraba a hombres y mujeres y los hacía encarcelar” (Hch 8, 1.3)                                                   “Saulo respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor” (Hch 9,1); “perseguí de muerte esta doctrina... yo era el que encarcelaba y azotaba en las sinagogas a los que creían en Él” (Hch 22, 4.19) ; “Muchas veces, por todas las sinagogas, los obligaba a blasfemar a fuerza de castigos y, loco de furor, los perseguí hasta las ciudades extrañas” (Hch 26,11)

En el año 36, los príncipes de los sacerdotes, accediendo a una petición suya, le encomendaron la misión de buscar y encarcelar a los cristianos de Damasco (Hch 9, 2-3)

1.- De perseguidor a perseguido

Lucas, como historiador ofrece el relato de la conversión de Saulo: “Cuando estaba de camino, al acercarse a Damasco, se vio de repente rodeado de una luz del cielo y, al caer a tierra, oyó una voz que decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?. Él contestó: ¿Quién eres, Señor? Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que has de hacer” (Hch 9, 1-6) (39)

Es importante destacar que este “encuentro con Jesús” es real, que vio a Cristo resucitado (1 Cor 9,1); no fue un sueño o una visión, “[Cristo] se me apareció también a mí” (1 Cor 15,8) Los que viajaban con Saulo vieron la luz, pero no escucharon a Cristo hablar (Hch 22,9). Saulo perdió la visión y sus acompañantes tuvieron que guiarlo hasta la ciudad (Hch. 22,11).                     Como fruto de esta aparición de Jesús, en Saulo se produce un cambio radical: de perseguidor pasa a ser creyente, apóstol, predicador incansable de la fe cristiana y, finalmente, testigo de esta fe, muriendo decapitado.                                                               La “conversión” para los judíos significaba abandonar los ídolos y creer en el Dios verdadero; y para Pablo significaba aceptar que la esencia de la fe judía estaba, precisamente, en reconocer a Jesús como el Mesías que había de venir; Pablo no se convirtió al cristianismo que entonces no existía como religión, sino al reconocimiento de Jesús.                                         Ya en Damasco, “estuvo tres días sin ver y sin comer mi beber” (Hch 9,9), al cabo de los cuales se le presentó Ananías y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hch 9, 17); “el Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad y vieras al Justo y oyeras la voz de su boca” (Hch 22,14)

Pasados unos días, Saulo “se dio a predicar en las sinagogas diciendo que Jesús es el Hijo de Dios” (Hch 9,20) Predicó en Damasco y en “Arabia (40) y de nuevo volví a Damasco”(Gál 1,17) Los judíos estaban muy extrañados, porque sabían que había ido a Damasco para descubrir y encarcelar a los cristianos. Ante tal cambio, considerándole un traidor, decidieron matarle (Hch 9, 23). Habiendo llegado la resolución de los judíos a oídos de  los cristianos, “tomándole de noche lo bajaron por la muralla descongándole en una espuerta” (Hch 9, 25)                              Llegó a Jerusalén y se encontró con el recelo de los creyentes que le conocían como perseguidor;  Bernabé le presentó a los Apóstoles Pedro y Santiago el Menor, a los que contó todo lo que le había sucedido y ellos le contaron sus propias vivencias. Durante algún tiempo se dedicó a predicar en Jerusalén, junto con los Apóstoles. “Hablaba y disputaba con los judíos helenístas (41) , que intentaron quitarle la vida, pero los hermanos le llevaron a Cesárea y de allí le enviaron a Tarso” (Hch 9, 29-30)                                                                                               Bernabé fue a Tarso en busca de Saulo y juntos partieron hacia Antioquía de Siria donde predicaron durante un año logrando que la ciudad se convirtiese en centro de los cristianos que venían de la gentilidad.                                                                       Entre los años 41 al 48, siendo Alejandro gobernador de Judea, se produjo una gran hambruna y los cristianos de Antioquía enviaron “socorros a los hermanos de Judea, cada uno según sus facultades, por medio de Saulo y Bernabé” (Hch 11, 29-30). “Cumplido el encargo, se volvieron a Antioquía, llevando consigo a Marcos” (Hch 12, 25).

4.- Viajes de San Pablo

En Pablo, que no perteneció al círculo inicial de los Doce Apóstoles, se dieron una serie de circunstancias: Su fuerte personalidad judía, su cultura helénica y su ciudadanía romana, que le sirvieron para fundar varias de las primeras comunidades cristianas y anunciar a Jesucristo tanto a los judíos como a los gentiles. Él mismo describe los avatares que soportó en sus viajes: “En peligros de muerte he estado muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez fui apedreado; tres veces padecí naufragio; un día y una noche pasé en el abismo. Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en la ciudad; peligros en despoblado; peligros en el mar; peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias” (2 Cor 11. 23c-28).

Es digno de admiración el esfuerzo físico y mental que soportó para predicar a Cristo Resucitado y compartir su “experiencia personal”, tanto con los judíos como con los gentiles. Durante su predicación, Pablo se presentaba en las sinagogas de las diversas comunidades judías; pero, casi siempre, terminaba en fracaso, pues muy pocos hebreos se convertían a la fe en Cristo, por el contrario, eran muchos los gentiles que la abrazaban.

Primer viaje misionero de Pablo: Pablo, en compañía de Bernabé y de Marcos, iniciaron el primero de sus viajes misioneros; salieron de Antioquía de Siria y visitaron estas ciudades: Salamina y Pafos, en la isla de Chipre, y en el continente, Perge, Antioquía de Panfilia, Iconio, Listras y Derbe.                               Saulo abandonó el nombre judío de Saulo y empezó a usar el nombre romano de Paulus, tal vez, considerándolo más oportuno para su predicación a los gentiles. Recorrieron varias regiones de Asia Menor: Desde Pafos, la última ciudad de Chipre, donde se convirtió el procónsul romano Sergio Paulo, navegaron hasta Perge de Panfilia, allí los dejó Marcos, que se volvió a Jerusalén, y ellos se fueron a Antioquía de Pisidia, donde durante dos sábados predicaron la palabra de Dios. “Muchos de lo judíos y prosélitos adoradores de Dios siguieron a Pablo y Bernabé” (Hch 13, 43), pero otros, “ se llenaron de envidia y les insultaban y contradecían” (Hch 13, 45) Pablo y Bernabé les respondían: “A vosotros os teníamos que hablar primero la palabra de Dios, como la rechazáis… nos volveremos a los gentiles” (Hch 13, 46) “La palabra del Señor se difundía por toda la región, pero los judíos… promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé y los arrojaron de sus términos” (Hch 13, 49-50). Ellos se fueron a Iconio, donde se repitió el mismo esquema: predican en la sinagoga; algunos judíos se rinden a la palabra predicada y la aceptan, pero la mayoría la rechazan y se revuelven contra el predicador al ver sus éxitos entre los prosélitos y gentiles y oír la doctrina predicada por Pablo y Bernabé sobre la igualdad de todos en Jesucristo, con la supresión de los privilegios de la nación escogida y promueven tumultos, “pretendiendo apedrear a los apóstoles que huyen a las ciudades de Licaonia, Listra y Derbe y a las regiones vecinas, donde predican el Evangelio” (Hch 14,5-7).

En Listra curaron a un cojo y la gente los tomó por dioses y querían ofrecerles sacrificios. Ellos no lo permitieron, diciéndoles: “Somos hombres iguales a vosotros” (Hch 14, 15) Pero, llegaron unos “judíos que venían de Antioquía e Iconio, y sedujeron a las turbas, que apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad,  dejándole por muerto” (Hch 14,19) Los discípulos cuidaron a Pablo y, “junto a Bernabé, al día siguiente, salió camino de Derbe, donde hicieron “muchos discípulos” (Hch 14, 20-21) Aquí terminó el primer viaje misionero de Pablo y Bernabé. Iniciaron el camino de vuelta por las mismas   ciudades en las que antes habían predicado, Listra, Iconio, Antioquía de Pisidia, Perge y Antioquía de Siria, aprovechando cada estancia para animar y exhortar a los fieles y constituir presbíteros por la imposición de las manos. “Llegados, reunieron la iglesia y contaron cuanto había hecho Dios con ellos y cómo habían abierto a los gentiles las puertas de la fe” (Hch 14, 27)                                                                                                             Después del primer viaje, Pablo y Bernabé residieron algún tiempo en Antioquía de Siria. Estando allí, asistieron al Concilio de Jerusalén.                                                                                                El Concilio de Jerusalén: Es el primer concilio y va a tener gran importancia en la historia de la Iglesia. En las comunidades recién fundadas vivían juntos y en igualdad de derechos los cristianos que procedían del judaísmo [judeo cristianos] y los que venían de la gentilidad. La circuncisión era considerada como señal de pertenencia al pueblo judío y de separación de los gentiles (Gén 17,10).                                                                      Algunos [judeo-cristianos] que habían bajado de Jerusalén a Antioquía enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme a la Ley de Moisés, no podéis ser salvos” (Hch 15,1) Se produjo cierta agitación y Pablo y Bernabé decidieron ir a Jerusalén para consultar a los Apóstoles. Fueron muy bien acogidos y “contaron lo que Dios había hecho con ellos” (Hch 15, 4); pero, algunos que procedían del fariseísmo, dijeron: “Es preciso que se circunciden y guarden la Ley de Moisés” (Hch 15, 5) Pretendían imponer la circuncisión y la Ley para incorporar al judaísmo a los gentiles convertidos y, sólo después, podían ser admitidos en la fe cristiana.                                                          Tras una larga deliberación entre los Apóstoles y los presbíteros; habló Pedro y dijo: “...Dios ha testificado en su favor, dando a los gentiles el Espíriu Santo igual que a nosotros y no haciendo diferencia alguna entre nosotros y ellos” (Hch 15, 8-9). Hablaron Pablo y Bernabé, para referir “cuantas señales y prodigios había hecho Dios entre los gentiles por medio de ellos” (Hch 15,12). San Pablo añadiría, más tarde, en la carta a los gálatas: “Santiago, Cefas y Juan, que pasan por ser las columnas [de la Iglesia], nada me impusieron de más; antes al contario, cuando vieron que se me había confiado el evangelio de los incircuncisos, como a Pedro el de la circuncisión, reconocieron la gracia que se me habia dado y nos dieron la mano a mí y a Bernabé en señal de aprobación, para que nosotros nos dirigiésemos a los gentiles y ellos a los circuncisos” (Gál 2, 6-7). Habló finalmente Santiago el Menor diciendo: “Mi parecer es que no se inquiete a los gentiles que se conviertan a Dios” (Hch 15, 19)

Al final, escribieron una carta a los cristianos de Antioquía de Siria, que fue llevada por Pablo y Bernabé, en la cual, en resumen, les decían: “Ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna otra carga más que estas necesarias: que os abstengáis de las carnes inmoladas a los ídolos, de sangre y de lo ahogado y de la fornicación” (Hch 15, 28-29) (42)                 La decisión del concilio significó un avance significativo de apertura a todas las gentes. Pablo denunciará más tarde la inutilidad de las prácticas cultuales del judaísmo, como la circuncisión (Gál 6,12) y demás observancias impuestas por la Ley (Gál 4,10) porque la justificación no es fruto de la observancia de la Ley sino un don gratuito de Dios, otorgado por el sacrificio de Cristo.                                                                        La Ley de Moisés, buena y santa en sí (Romanos 7, 12), hizo que el hombre conociera la voluntad de Dios, pero sin comunicarle la fuerza interior para cumplirla; por lo mismo, no consiguió más que hacerle consciente de su pecado y de la necesidad que tiene de la ayuda de Dios (Gálatas 3, 19-22; Romanos 3,20). Pues bien, “ al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, para que recibiésemos la adopción” (Gál 4,4-5). Cristo nos libró de la servidumbre de la Ley y nos dio   por la fe en Él la justicia interior y la dignidad de hijos que nos hace sentinos hijos de Dios y llamarle Padre.

Segundo viaje misionero: Dijo Pablo a Bernabé: “Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en las que hemos evangelizado la palabra del Señor y veamos cómo están” (Hch 15, 36). Bernabé quería que los acompañase Marcos, pero a Pablo no le pareció bien, por lo que Bernabé y Marcos se embarcaron hacia Chipre y Pablo, llevando consigo a Silas, inició su segundo viaje.                                                                                          Saliendo de Antioquía de Siria, atravesaron Siria y Cilicia, llegaron al sur de Galacia, a las ciudades de Derbe y a Listra, donde se les unió Timoteo (Hch 16,1-3); atravesando Frigia, llegó a Galacia del Norte, donde fundó nuevas comunidades. En este viaje cayó enfermo, como él mismo cuenta: “Bien sabéis que estaba enfermo de enfermedad corporal cuando por primera vez os anuncié el Evangelio” (Gál 4,13)                                                      Partieron de Galacia hacia Misia y llegaron a Tróade, (Troas) donde se supone que se les unió Lucas (43). Pablo decidió ir a Europa, navegaron a la isla de Samotracia y al día siguiente, al puerto de Neápolis (hoy Kavala), y caminaron hasta Filippos, en Macedonia, donde creó la primera comunidad cristiana europea. Allí fueron azotados con varas y sufrieron prisión por parte de los pretores romanos (Hch 16,22-23)                           Siguieron su viaje por Anfípolis, Apolonia y Tesalónica, donde, durante tres sábados, hablaron en la sinagoga; pero los judíos promovieron un alboroto en la ciudad y Pablo y Silas se fueron a Berea, que “recibió con toda avidez la palabra” (Hch 17,11). Enterados los judios de Tesalónica se presentaron en Berea y alborotaron a la plebe; por esta circunstancia, Pablo fue llevado por los hermanos a Atenas, quedando Silas y Timoteo en Berea. En Atenas, Pablo, según su costumbre, “disputaba con los judíos en la sinagoga y en el ágora con los que le salían al paso” (Hch 17,17). Le oyeron algunos filósofos y le llevaron al Areópago donde dijo a todos: “Atenienses, veo que sois sobre manera religiosos; porque al pasar y contemplar los objetos de vuestro culto he hallado un altar en el que está escrito: “Al dios desconocido”. Pues ese que sin conocerle veneráis es el que yo os anuncio” (Hch 17, 22-23) Pablo siguió hablando de Dios; pero, “cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se echaron a reir y otros dijeron: Te oiremos sobre esto otra vez” (Hch 17, 32). Unos pocos se adhirieron a Pablo.                                    Desde Atenas, Pablo marchó a Corinto y se hospedó, durante un año y medio, en la casa de Aquila y Priscila (44) y “como eran del mismo oficio, trabajaban juntos, pues ambos eran fabricantes de lonas” (Hch 18, 3), y se convirtieron en amigos entrañables. Se le unieron, de nuevo, Silas y Timoteo y “testificaban a los judíos que Jesús era el Mesías. Como éstos le resistían y blasfemaban, sacudiendo sus vestiduras, les dijo: Caiga vuestra sangre sobre vuestras cabezas; limpio soy yo de ella. Desde ahora me dirigiré a los gentiles” (Hch 18, 5-6)

Pablo permaneció bastantes días en Corinto, después, acompañado de Aquila y Priscila, navegaron hasta Éfeso, “él entró en la sinagoga y conferenció con los judíos. Éstos le rogaban que se quedase más tiempo, pero no consintió...Partió de Éfeso y, desenbarcando en Cesárea, subió a Jerusalén y saludó a la iglesia, bajando luego a Antioquía” (45)(Hch 18,19-22)

Tercer viaje de Pablo: El tercer viaje Pablo puede ser clasificado como agridulce, pues incluye las tribulaciones que abrumaron al apóstol y las crisis de las comunidades de Galacia y Corinto y, por otra parte, el viaje fue de gran fecundidad en la propagación del Evangelio.                                                                                       Desde Antioquía, “atravesó el país de Galacia (46) y Frigia (47) y confirmaba a todos los discípulos” (Hch 18, 23), siguió hasta Éfeso (48) y fijo en ella su nueva sede de evangelización.                 Durante tres meses habló libremente en la sinagoga; pero, como “algunos empezaron a maldecir el camino del Señor, Pablo se separó de ellos y predicaba todos los días en la escuela de Tirano, durante dos años, de manera que todos los habitantes de Asia oyeron la palabra del Señor, tanto los judíos como los griegos” (Hch 19, 9-10)                                                           En esta época, Pablo escribió la Carta a los gálatas, oponiéndose a los judaizantes que exigían fuesen circuncidados los gálatas que se convertían a la fe. También escribió las Cartas a los corintios, por las que conocemos los múltiples problemas surgidos en dicha comunidad que tuvo que afrontar. Escribio también la Carta a los romanos, pues ya existía allí una comunidad de creyentes a la que Pablo habia querido visitar “desde hace bastantes años, espero veros al pasar, cuando vaya a España” (Rom 15, 23-24)

En ese tiempo realizó una colecta en las diversas comunidades de Macedonia y Acaya para enviar a la comunidad necesitada de Jerusalén y que él mismo llevó en el viaje que ya tenía proyectado.

La estancia en Éfeso duró unos tres años (Hch 20,31). Los Hechos de los Apóstoles cuentan el enfrentamiento de Pablo con los siete hijos exorcistas de un sacerdote judío. Pablo logró que “bastantes de los  que habían profesado las artes mágicas llevasen sus libros y los quemasen en público, llegando a calcularse el precio de lo quemado en cincuenta mil monedas de plata” (Hch 19,19).

Otro suceso muy sonado fue el motín de los plateros: La predicación de Pablo molestó a un platero llamado Demetrio, que hacía en plata templos de Artemisa, obteniendo pingües beneficios. Este fue su alegato: “Bien sabéis que nuestro negocio depende de este oficio; pero estáis viendo y oyendo que no sólo en Éfeso, sino en casi toda el Asia, ese Pablo ha persuadido y llevado tras sí a mucha gente, diciendo que no son dioses los hechos por manos de hombres. Esto no solamente es un peligro para nuestra industria, sino que es en descrédito del templo de la gran diosa Artemisa, que será reputada como nada y vendrá a quedar despojada de su majestad aquella a quien adora toda el Asia y toda la tierra”(Hch 19 25-27)

Pasado el tumulto de los plateros, Pablo se dirigió a Corinto, no por vía marítima sino por tierra, atravesando Macedonia, “exhortando a todos con largos discursos” (Hch 20,2). En Corinto permaneció tres meses; pero, una vez más, por las acechanzas de los judíos de Corinto contra él, decidió atravesar de nuevo Macedonia y volver a Tróade e iniciar su viaje a Jerusalén. Caminó desde Tróade a Asón donde se embarcó con rumbo a Mitilene y Mileto. Desde Mileto mandó llamar a los presbíteros de Éfeso a los que dirigió unas palabras muy  enternecedoras (Hch 20, 18-35). Se despidieron todos “con gran llanto...porque les había dicho que no volverían a  ver su rostro” (Hch 20, 38).                                                                            Se embarcó de nuevo y, pasando por Rodas y Pátara, llegó a Tiro en Siria. Los fieles de Tiro le dijeron que no  subiese a Jerusalén; mas, él embarcó hacia Tolemaida, desde donde fueron caminando hasta Cesárea; allí, una vez más, le dijeron que no subiese a Jerusalén. “No pudiendo disuadirle, pues estaba dispuesto a morir por Jesús, dijeron: Hágase la voluntad del Señor” (Hch 21,14). Así pues, Pablo y sus acompañantes subieron a Jerusalén, donde fueron recibidos con alegría por los hermanos, reuniéndose con Santiago el Menor y todos los presbíteros, les entregó la colecta.

5.- Prisión de Pablo

Unos judíos venidos de Asia vieron a Pablo en el templo y le acusaron de violar la Ley y profanar la santidad del Templo, provocaron una revuelta e intentaron matarle; intervino el tribuno romano, que le libró de los judíos y se lo llevó encadenado. Pablo pidió que le permitiese hablar al pueblo, el tribuno se lo concedió y Pablo les contó toda su historia; pero al final, los judíos gritaron: “Quita a ése de la tierra, que no merece vivir… en vista de esto, ordenó que lo azotasen y diesen tormento para conocer por qué causa gritaban así contra él” (Hch 22,22-24)

Pablo, dando muestras de gran habilidad, “preguntó al centurión: ¿Os es lícito azotar a un romano sin haberle juzgado?” (Hch 22,25) Al oír esto el centurión se lo dijo al tribuno y éste se cercioró de que verdaderamente Pablo era ciudadano romano y ordenó que le quirasen las cadenas. Al día siguiente hizo que se reuniese el Sanedrín y se presentó con Pablo, quien, en uso de la palabra y con habilidad, planteó la cuestión de la resurrección, enfrentando a fariseos y saduceos, de tal modo que el tribuno ordenó a los soldados que   arrancasen a Pablo de en medio de los judíos para evitar que le despezazasen (Hch 23, 10)                                                                   Una vez más, los judíos se confabularon para matar a Pablo, pero se enteró un sobrino de éste y se lo contó al tribuno, diciendo: “Los judíos han concertado pedirte que mañana lleves a Pablo ante el Sanedrín, alegando que tienen que averiguar con más exactitud algo acerca de él. No les creas, porque se han conjurado contra él más de cuarenta hombres de entre ellos y se han obligado por anatema a no comer ni beber hasta  matarle, ya están preparados a la espera de que les concedas lo que van a pedirte” (Hch 23,20-21)                                 El tribuno decidió enviar a Pablo al procurador de la provincia romana de Judea, Marco Antonio Félix, que residía en Cesárea Marítima, al norte de la región de Samaría. Cinco días después fueron a Cesárea el sumo sacerdote Ananías y algunos ancianos para acusar a Pablo, quien volvió a defenderse. El procurador, oídas ambas partes, postergó el juicio y dejó a Pablo en prisión durante dos años; al cabo de los cuales llegó el nuevo procurador, Porcio Festo.                                                                  Festo convocó a los judíos ante su tribunal y mandó traer a Pablo, que fue, otra vez, acusado por los judíos, replicando Pablo “que ni contra la Ley de los judíos, ni contra el Templo, ni contra el César había cometido delito alguno” (Hch 25,8). Festo le prgunto si quería subir a Jerusalén para ser juzgado, a lo que Pablo contestó: “Estoy ante el tribunal del César; en él debo ser juzgado….nadie puede entregarme a ellos. ¡Apelo al César!... Festo respondió: Has apelado al César; al César irás” (Hch 25, 10.11.12) (49)

El rey Agripa fue a Cesárea para saludar a Festo y éste le habló del preso y, queriendo el rey conocerle, se le presentó. Pablo les expuso en detalle todo lo sucedido. “Levantándose el rey y el procurador, se decián uno al otro: Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte o la prisión. Agripa dijo a Festo: Podría ponérsele en libertad si no hubiera apelado al César” (Hch 26, 31-32).

6.- Viaje a Roma

Pablo viaja como prisionero en manos de un centurión llamado Julio. Tras una travesía llena de peligros se vieron obligados a detenerse en la isla de Malta, donde fueron muy bien recibidos por los malteses, que “encendieron fuego y nos invitaron a todos a acercarnos a él, pues llovía y hacía frio” (Hch 28,2)

Pasados tres meses, embarcaron hacia Siracusa, donde permanecieron tres días; después, pasando por Regio y Pozzuoli, llegaron Roma, donde Pablo estuvo sujeto a arresto domiciliario, “con un soldado que tenía el encargo de guardarle… durante dos años” (Hch 28,16.30), del 61 al 63 d.C.

Queda sin dilucidar si durante la custodia domiciliaria o después de ella, Pablo pudo llevar adelante su proyecto de viajar a Hispania. Tanto quienes piensan que Pablo llegó a Tarragona, como los que piensan que nunca llegó, admiten que por el momento no es posible llegar a una conclusión clara y definitiva sobre el tema.

7.- Muerte de San Pablo

Poco antes de morir escribió: “A punto estoy de derramarme en libación, siendo ya inminente el tiempo de mi partida. He combatido el buen cmbate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Por lo demás, ya me está preparada la corona de la justicia, que me otorgará aquel día el Señor, justo juez, y no sólo a mí, sino a todos los que aman su manifestación” (Hch 2Tim 4,6-8)

Sucedió en Roma, bajo el emperador Nerón y fue una muerte violenta. Eusebio de Cesarea describe: "está registrado que Pablo fue decapitado en la misma Roma, y que Pedro también fue crucificado bajo Nerón”.                                                    Tertuliano dice que San Pablo murió decapitado, como Juan el Bautista. San Jerónimo escribe en su obra De viris illustribus, cap 5: “Pablo fue decapitado en el decimocuarto año de Nerón y fue enterrado en la vía Ostia en Roma”.

CITAS

38 Julio César había concedido a los ciudadanos de Tarso la ciudadanía romana por la ayuda que le prestaron en la guerra civil.

39 El mismo Pablo da dos relatos más: ante el pueblo, Hch 22, 4-16 y ante ante el rey Agripa en Cesárea, Hch 26,9-18.

40 No se trata de la actual Arabia saudí sino del reino nabateo cuya capital era la ciudad de Petra.

41 Los helenistas eran los judios de habla griega.

42 La carnes inmoladas a los ídolos se vendían en público y, más tarde, Pablo las declarará permitidas (1 Cor 8, 1ss); comer sangre o carne no sangrada estaba prohibido por la Ley (Gén 9,4); estos dos puntos se abolieron cuando la Iglesia de la gentilidad se desprendió de la sinagoga; la fornicación, el tercer punto de la carta, fue incluída porque entre los gentiles no era considerada falta grave.

43 La suposición se basa en que hasta aquí Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, habla siempre en tercera persona del plural “llegaron”, y a partir de aquí usa la primera persona del plural “navegamos”.

44 Aquila y Priscila eran un matrimonio judeocristiano que habién llegado de Roma en virtud del decreto del emperador Claudio que ordenaba la expulsión de todos los judíos.

45 Allí los creyentes en Cristo empezaron a llamarse “cristianos”. Antioquía de Siria, tercera ciudad en importancia del Imperio Romano tras Roma y Alejandría, fue la base de la actividad misionera de San Pablo.

46 Galacia (tierra de los galos) era una región del centro de Asia Menor; sus ciudades principales eran Tarso, Derbe, Listra, Iconio y Antioquía e Pisidia.

47 Frigia era una región meridional de Asia Menor; sus ciudades principales eran Colosas, Laodicea y Hierápolis.

48 Éfeso era la cuarta ciudad del Imperio romano, después de Roma, Alejandría y Antioquia de Siria. Era un centro extratégico de comunicaciones hacia Oriente.

49 Pablo ejerció su derecho de ser juzgado ante el César porque tenía la ciudadanía romana.