miércoles, 20 de mayo de 2026

161.6: ARRESTO, JUICIO, MUERTE Y SEPULTURA DE JESUS

1.- Arresto

Jesús lo había anunciado durante la última cena: “uno de vosotros me entregará” (Mt 26,21) Y así sucedió. Judas Iscariote se presentó a los sacerdotres y les dijo: “¿Qué me queréis dar y os lo entrego? Convinieron en treinta monedas de plata; desde entonces buscaba ocasión psara entregarlo” (Mt 26, 15-16) La ocasión llegó estando Jesús con los demás discipulos en el huerto de Getsemaní, “llegó Judas y con él una gran turba, armada de espadas y garrotes, enviada por los príncipes de los sacerdotes. Judas les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es; prendedle. Y, acercándose a Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó” (Mt 26, 47-49)  

  2.- Juicio

En casa del pontífice Caifás: Jesús fue arrestado y llevado a casa del pontífice Caifás, donde estaba reunido el Sanedrín: pontifice, escribas y ancianos. He aquí los tres pasos del interrogatorio:                                                                                              1º “Buscaban falsos testimonios contra Jesús para condenarle a muerte, pero no los hallaban” (Mt 26,59)                                       2º “Al final, se presentaron dos, que dijeron: Este ha dicho: Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días edificarlo” (Mt 26, 6o-61) . Jesús callaba.                                                                            3º “El pontífice le dijo: ¿Nada respondes? ¿Qué dices a lo que éstos testifican contra tí? Jesús callaba y el pontífice le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que me digas si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le dijo: Tú lo has dicho.. El pontífice rasgó sus vestiduras, diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oir la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron: Reo es de muerte” (Mt 26, 62-66)

 Ante Pilato: Al día siguiente, muy de mañana, se reunió de nuevo el Sanedrín para dar valor legal a lo actuado en la sesión de la noche. Y “atado Jesús, le llevaron y entregaron al gobernador Pilato” Mt 27, 2). He aquí la sucesión de los hechos:

Pilato les preguntó: “Qué acusación traéis contra este hombre? Dijeron: Si no fuera un malhechor, no te lo traeríamos. Díjoles Pilato: Tomadle y juzgadle según vuestra ley. Contestaron: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie” (Jn 18, 29-31) (13)

Pilato, llamando a Jesús, le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús: Tú lo has dicho” (Mt 27,11) Jesús no respondió a las acusaciones que le hacían los sacerdotes y ancianos.

Pilato estaba maravillado hasta tal punto que dijo a los judíos:”Yo no hallo en este hombre ningún delito”(Jn 18,38).

Intentó ponerle en libertad presentándole junto a un bandolero famoso llamado Barrabás, pero los judíos gritaron: “¡No, a ése no, sino a Barrabás!” (Jn 18, 40).

“Pilato mandó azotar a Jesús. Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura y, acercàndose a Él le decían: ¡Salve rey de los judíos! Y le daban bofetadas. Otra vez salió fuera Pilato y les dijo: Aquí os le traigo para que veáis que no hallo en él ningún   crimen….ellos gritaron: ¡Crucifícale, crucifícale! Pilato les dijo: Tomadlo vosotros y cricificadle, pues yo no hallo delito en Él. Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley y, según la ley, debe morir, porque se ha heccho Hijo de Dios” (Jn 19, 1-7).

“Pilato buscaba librarle; pero los judíos gritaron: Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César” (Jn 19,12).

“Pilato dijo los judíos: Ahí tenéis a vuestro rey. Pero ellos gritaron: ¡Quita, quita! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro rey he de crucificar? Contestaron: Nosotros no tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que le crucificasen” (Jn 19,14-16).  

Jesús fue atormentado cruelmente (¿por qué Pilato mandó azotar a Jesús sabiendo que era inocente?) y clavado en una cruz, en medio de dos bandidos. Los soldados romanos se   quedaron haciendo guardia.

Reflexión sobre el juicio contra Jesús: En el tiempo de la predicación de Jesús, los sacerdotes judíos le tendían trampas y buscaban la ocasión par matarle. Una vez apresado pasan a la acción y, habiéndole condenado previamente a muerte, montan un juicio lleno de irregulariddes; tanto es así que el mismo Pilato intentó, varias veces, ponerle en libertad, persuadido de su inocencia, que también proclamó varias veces. Al final, Jesús fue acusado de proclamarse el Mesías, rey de Israel, lo que desafiaba la autoridad romana y Pilato accedió para que no le acusasen a él de traicionar al César.

 ¡Algo inaudito! Escuchar a los representantes del pueblo judío: ¡No tenemos más rey que el César! La realidad es que estaban hartos del Imperio Romano y le combatían.

3.- Muerte

Pasaron unas seis horas, y a las tres de la tarde Jesús dijo: “Todo está consumado e inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19,30) La crucifixión, se cree que tuvo lugar el 7 de abril del año 30 la víspera de la Pascua judía, el día 14 del mes de Nisan. La Pascua de ese año 30 fue el 15 de Nisan, 8 de abril. Poncio Pilato fue prefecto - procurador de la Judea del año 26 al 36.                La Ley, en Deuteronomio 21,23, declara maldito el cadáver de los ajusticiados y debe quitarse del madero antes de ponerse el sol. Con mayor razón, esto debía hacerse si se trataba, como era el caso, de la víspera de la Pascua. Para acelerar la muerte de los ajusticiados, los judiós pidieron a Pilato que los rompiesen las piernas. Así lo hicieron los soldados con los dos ladrones; pero, “al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron     las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 33-34)

¿Estaba Jesús realmente muerto? Volvamos a las citas del capítulo 1º: Publio Cornelio Tácito: “Cristo, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato”.                                               La Guemara: “La vigilia de la fiesta de Pascua, Yeshu, el Nazareno, fue colgado”. Flavio Josefo: “Delatado por los principales de los judíos, Pilato lo condenó a la crucifixión”.     Incluso el escéptico John Dominic Crossan dice que Jesús vivió y murió. “Que Jesús fue crucificado es tan seguro como cualquier hecho histórico puede llegar a ser“.                                 No hay relatos históricos de cristianos, romanos, o judíos que discutan la muerte de Jesús o su sepultura. La fuerza de los HECHOS relatados conduce a la evidencia de que Jesús fue una persona real, que fue condenado, murió y fue sepultado.

4.- Sepultura

José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús, “lo envolvió en una sábana limpia, lo depositó en su propio sepulcro que había excavado en la roca y cerró la puerta con una piedra grande” (Mt 27, 59-60).                                                                                             Es un hombre rico (Mt 27,57), miembro del Sanedrín (Mc 15,43; Lc 23,50); discípulo de Jesús, pero, igual que Nicodemo, lo mantenía en secreto por temor a los judíos (Jn 19,38); esperaba el Reino de Dios y no había dado su consentimiento a la conna de Jesús (Lc 23,51).                                                                            Valiéndose de su cargo de miembro del Sanedrín, “se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús” (Lc 23,52); porque “era el día de la Parasceve y estaba el sábado para comenzar” (Lc 23,54). Pilato se maravilló de que ya hubiese muerto y llamó al centurión para cerciorarse y, una vez confirmado, entregó el cadáver de Jesús a Jose de Arimatea (Mc 15,44-45).                           Pero él solo no pudo bajar de la cruz el cuerpo de Jesús, ¿quién le ayudó? San Juan escribe: “Llegó Nicodemo, el que había venido a Él de noche al principio..... y tomaron el cuerpo de Jesús” (Jn 19,39-40). Entre los dos tomaron de la cruz el cuerpo de Jesús y lo pusieron “en un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido enterrado” (Jn 19, 41), San Mateo añade que José de Arimatea: “lo depositó en su propio sepulcro ... y corriendo    una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue” (Mt 27,60).

 Testigos presenciales de la sepultura de Jesús: Hay testigos presenciales de la sepultura de Jesús:                                                   Las mujeres: “María Magdalena y María la de José estaban sentadas frente al sepulcro (Mt 27,61) y “miraban dónde le ponían” (Mc 15,47).                                                                                   Los guardias del sepulcro: Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos pidieron a Pilato que pusiera guardia al sepulcro, Pilato accedió y “ellos fueron y pusieron guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra” (Mt 27,66) (14) “Los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen. Vinieron los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; pero llegando a Jesus, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con su lanza” (Jn 19, 31-34)        La lanza fue hundida en el costado de Jesús por el soldado romano para que el centurión pudiese certificar ante Pilato por qué no le habían roto las piernas como a los dos ladrones. Este testimonio de los guardias es de suma importancia pues los guardias del sepulcro de Jesús eran soldados romanos.           San Juan: Aunque oculta su nombre, San Juan escribió en el versículo siguiente de su evangelio: “El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis” (Jn 19,35)

5.- Estado anímico de los apóstoles y discípulos                                  Jesús había anunciado a los apóstoles lo que iba a suceder: “Os echarán de la sinagoga; pues llega la hora en la que el que os quite la vida pensará que presta un servicio a Dios” (Jn 16,2) “Llegada la hora, os dispersaréis cada uno por su lado y me dejaréis solo” (Jn 16,32).                                                                       Después de la última cena, mientras caminaban hacia el Monte de los Olivos, “Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” (Mt 26,31). Yasí sucedió: Después del arresto de Jesús “todos los discípulos le abandonaron y huyeron” (M26,56)                                                                       Sabemos que Pedro se mezcló con la gente, pero fue reconocido y negó, por tres veces, conocer a Jesús (Mt 26,69ss). También sabemos que Juan estuvo al pie de la cruz mientras agonizaba Jesús (Jn 19, 26-27) De los demás apóstoles y discípulos no tenemos noticias, es de suponer que, ocultos entre la gente, siguieron los acontecimientos.                             Para los apóstoles de Jesús es el momento de mayor amargura, dolor y desilusión. Ya han perdido la confianza en que Jesús había sido enviado por Dios. 

¡Todo ha terminado!

“Ellos esperaban que Jesús rescataría a Israel” (Lc 24, 21)15, y ya han pasado tres días desde que Jesús murió y fue sepultado. Los dirigentes judíos han logrado su objetivo. La muerte del Maestro ha hecho perder la esperanza a los discípulos. Además, los príncipes de los sacerdotes y los escribas les acusan de haber robado el cuerpo de Jesús. Desilusionados, cabizbajos y perdida toda esperanza, se reúnen, “cerradas las puertas por    miedo a los judíos” (Jn 20,19). Algunos, vuelven a su aldea (Lc 24,21); otros, reanudan su faena de pescadores (Jn 21,1ss)

CITAS

13 Roma había reservado a su representante el derecho de imponer la pena de muerte. Sin su aprobación el fallo del Sanedrín judío no tendría valor jurídico.

14 El sepulcro de Jesús no era una hoya, sino una cámara excavada en la roca con unos poyos en el interior sobre los que se depositó el cadaver fajado. La puerta se cerraba y abría con una losa gruesa que se hacía rodar a un lado.

161.7.- LLAMANDO A TU PUEETA. EL SUCESO MÁS IMPORTANTE DE LA HISTORIA


LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (16)

 1.- Los hechos según los Evangeliosen 9 puntos  

1.- “ALGO” sucedió y “los guardias temblaron de miedo y quedaron como muertos ((Mt 28,4). Después, algunos de los guardias comunicaron a los príncipes de los sacerdotes lo sucedido, éstos les dieron bastante dinero y les dijeron: “Decid que vinieron los discípulos de noche y robaron el cuerpo mientras dormíamos” (Mt 28,13).

2.- Las mujeres(17), al salir el sol en el primer día de la semana (ahora diríamos Domingo de Pascua), fueron al sepulcro de Jesús y se encontraron con “un joven” que los dijo: Jesús no está aquí. Y añadió: “HA RESUCITADO”. Id y decid a sus discípulos que Jesús ha resucitado de entre los muertos y que os precederá a Galilea, allí le veréis” (Mt 28, 6-7)

3.- Las mujeres “partieron, llenas de temor y de gran gozo, corriendo a comunicarlo a los discípulos”(Mt 28,8)

4.- Jesús les salió al encuentro, les saludó y les dijo: No temáis; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán (Mt 28,8-10)

5.- Las mujeres “se lo dijeron a los apóstoles, pero a ellos les parecieron desatinos y no las creyeron” (Lc 24,11)

6.- No obstante, Pedro y el otro discípulo fueron al sepulcro y vieron las fajas y el sudario y creyeron; después, se volvieron a casa (Jn 20, 2-10), “admirados de lo ocurrido” (Lc 24,12)

7.- Tienen lugar las cuatro primeras apariciones de Jesús Resucitado.

8.- “Los once discípulos se fueron a Galilea” (Mt 28,16)

9.- Suceden las últimas apariciones de Jesús Resucitado.

2.-Evidencias de la resurrección de Jesús

La resurrección de Jesús, ¿podría haber sido simplemente un mito que creció con el tiempo o se basa en evidencias sólidas?  Si es cierto que Jesús resucitó de entre los muertos, el hecho certifica la veracidad de su persona, de su mensaje y de su propio destino después de la muerte. Si es mentira que Jesús resucitó de entre los muertos, entonces, como dice San Pablo, vana es nuestra fe y el cristianismo se basa en un engaño. 

Las evidencias circunstanciales reseñadas en los evangelios están basadas en la veracidad de los testigos y en la credibilidad de sus relatos.

El comportamiento de los guardias que custodiaban el sepulcro:

“ALGO” sucedió y “los guardias temblaron de miedo y quedaron como muertos” (Mt 28,4). Cuando los guardias que custodiaban el sepulcro volvieron en sí y vieron la tumba vacía“fueron algunos a la ciudad y comunicaron todo lo sucedido a los príncipes de los sacerdotes” (Mt 28,11).                                           Los dirigentes judíos se sorprendieron con el relato de los guardias y. en vez de aceptar la realidad, inventaron una mentira, fruto de su incredulidasd y corrupción.

“Reunido el Sanedrín, tomó bastante dinero y se lo dio a los soldados, diciéndoles: Decid que, mientras dormíamos, vinieron los discípulos de noche y robaron el cuerpo” (Mt 28,12-13)       Nos podemos preguntar:

A).- ¿Qué sucedió para que los guardias romanos que eran unos profesionales de la guerra, temblasen de miedo hasta perder el sentido? Sin duda, fue algo que no pudieron entender por caer fuera de su capacidad de comprensión.

B).- ¿Por qué los miembros del Sanedrín actuaron de esa forma? Se dejaron llevar por su mala fe, su aturdimiento y su precipitación, cayendo en la mentira y la corrupción.                    La tumba estaba vacía, era evidente que el cuerpo de Jesús había desaparecido. Según los dirigentes judíos eran los discípulos de Jesús los que habían robado su cuerpo. Esta  hipótesis fue reforzada con el hecho palpable de que los discípulos de Jesús se habían escondido. Nadie se puede creer que los guardias, no uno sino todos, se habían dormido y facilitado la ocasión para que alguien robara el cuerpo de Jesús. 

Además, si hubiesen estado dormidos, ¿cómo habrían visto que los discípulos robaban el cuerpo de Jesús? Los guardias eran profesionales y respondían con su vida ante sus superiores. Ejemplo de esto lo tenemos en el año 44 d.C. cuando el rey Herodes Agripa, enfurecido porque el apóstol Pedro había desaparecido de la cárcel, “sometió a juicio a los guardias y los mandó ejecutar” (Hch 12, 19).

Además, los guardias custodiaban un sepulcro “que estaba sellado” (Mt 27,66). ¿Quién pudo rompre el sello en presencia de los guardias y exponiéndose a la pena capital?

Es más, en el supuesto de que los discípulos de Jesús hubiesen robado el cuerpo, en algún sitio lo habrían ocultado. Los poderosos miembros del Sanedrín tenían los medios necesarios para encontrarlo, ¿por qué no lo hicieron? Al no hacerlo, desaprovecharon la ocasión más propicia para desenmascarar definitivamente a Jesús; les habría bastado con encontrar su cadáver y presentarlo en público para echar por tierra la resurrección y todos, ante la evidencia del cadáver, les habrían creído. 

Prefirieron inventar una mentira antes que rendirse a la evidencia. Los miembros del Sanedrín cayeron en corrupción, porque compraron con dinero el silencio de los soldados. Con dinero pretendieron tapar el HECHO que más temían.

2.- La tumba estaba vacía

Además de los guardias hay otros testigos que vieron la tumba vacía. Como veremos más abajo, la vieron María Magdalena, María de Santiago y Salomé; también Pedro y Juan vieron que la tumba estaba vacía (Jn 20,3-8). Tenemos, por tanto, testimonios de los guardias, de las mujeres, de Pedro y de Juan sobre estos dos HECHOS:                                                                         1) que la piedra de la puerta estaba corrida,                                         2) que la tumba estaba vacía.

3.- Las apariciones de Jesús                                                                       Si una persona ha fallecido, su cadáver ha sido sepultado y después aparece viva, es evidente que ha resucitado.

Apariciones en Judea: Los Evangelios indican hasta cinco apariciones en Judea de Jesús Resucitado.                                     1ª.- “El primer día de la semana, en cuanto salió el sol María Magdalena, María de Santiago y Salomé fueron al sepulcro de Jesús. Se decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada?. Y mirando, vieron que la piedra estaba removida” (Mc 16, 2-4). Jesús se hizo el encontradizo con las mujeres cuando éstas volvían del sepulcro. San Mateo dice: “Jesús les salió al encuentro, les saludó y les dijo: No temáis; id y decid a mis  hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán” (Mt 28,8-10). San Marcos cita esta aparición en 16, 9-11. San Lucas no la nombra y San Juan en 20, 11-18, pone a María Magdalena como protagonista de esta aparición, lo que no descarta que fuera acompañada.

2ª.- Las mujeres “contaron a los apóstoles lo sucedido, pero a ellos les parecieron desatinos y no los creyeron. Pero Pedro se levantó y corrió al momumento” (Lc 24,10-12) Es el momento en el que Jesús se aparece a Pedro, según contaron los demás apóstales a los discípulos de Emaús: “El Señor en verdad ha resucitado y se ha aparecido a Simón”(Lc 24,34). San Pablo corrobora esta aparición: “Jesús resucitó al tercer día y se aparició a Cefas, luego a los doce (1 Cor 15,5)

3ª.- Día de Pascua por la tarde. Jesús se apareció a dos discípulos que iban camino de Emaús. (Lc 24, 13-35)

4ª.- Día de Pascua por la tarde. Es la primera aparición a diez apóstoles mientras estaban sentados a la mesa. San Mateo no cita esta aparición. San Marcos dice que Jesús “les reprendió su incredulidad y dureza de corazón. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16, 14-15). San Lucas en 24,36ss añade dos detalles, les enseñó sus manos y sus pies (con las llagas de los clavos) y comió con ellos. San Juan en 20,19-25, dice que Jesús les mostró las manos y el costado y les envió a predicar. Es el único evangelista que refiere el detalle de que Tomás no estaba presente y, cuando se lo contaron, no los creyó.

5ª.- Tiene lugar ocho días más tarde. Esta vez está Tomás y Jesús le dijo: “Alarga acá tu dedo y mira mis manos, tiende tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo sino fiel. Respondió Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 26-28). Después de esto, “los once discípulos se fueron a Galilea” (Mt 28.16)

Aparición en Galilea: Citada por San Mateo (28,16-17), “Viéndole, se postraron, aunque algunos vacilaron”. San Juan da todos los detalles de esta importantísima aparición: Sucedió “junto al mar de Tiberiades” (Jn 21,1), mientras los discípulos estaban pescando. “Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos” (Jn 21,1,14)

Nueva aparición en Jerusalén: Es la aparición de la Ascensión. San Mateo y San Juan no la citan. San Marcos dice: “El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fue elevado a los cielos ” (Mc 16,19) San Lucas la describe en su evangelio: “Los llevó cerca de Betania, los bendijo y, mientras los bendecía, fue elevado al cielo” (Lc 24,50-51). Y la vuelve a describir en los Hechos de los Apóstoles: “Comiendo con ellos, les mandó no apartarse de Jerusalén...ellos le preguntaron: Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel? Él les dijo: No os toca a vosotros conocer el tiempo y el momento fijado por el Padre; recibiréis el Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el extremo de la tierra. Diciendo esto, fue arrebatado de su vista y una nube del cielo le sustrajo a sus ojos” (Hch 1,4-9) Después se volvieron a Jerusalén y “todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús” (Hch 1,14)

Otras apariciones: Comentando San Pablo la resurrección de Jesús, dice: “Os he transmitido lo que yo mismo he recibido que Cristo murió...que fue sepultado, que resucitó al tercer día, que se apareció a Cefas y a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos, de los cuales muchos viven todavía... y después de todos se me apareció también a mí” (ICor 15,3-8)

4.- El comportamiento posterior de los Apóstoles

En el capítulo 4º hemos visto el estado anímico de los Apóstoles y discípulos tras la muerte y sepultura de Jesús. Creían que Jesús iba a restaurar el reino de Israel; pero con Jesús muerto y sepultado

¡¡TODO HABÍA TERMINADO!!

Se puede decir que, en ese momento de la historia, el movimiento creado por Jesús ha muerto con Él en la cruz y sus seguidores están en desbandada temiendo por sus vidas. La muerte y sepultura de Jesús han quedado atrás; ya han pasado cincuenta días, pero los apóstoles siguen con miedo, confundidos e inseguros, a pesar de las múltiples apariciones de Jesús, y se han reunido en un lugar buscando la propia seguridad en la oración y mutua compañía. Con los apóstoles están María, la Madre de Jesús y algunass mujeres.

1.- El día de Pentecostés

Pentecostés era una fiesta judía que se celebraba siete semanas después de la Pascua. En esta ocasión sucedió que “estando todos los apóstoles juntos... aparecieron unas lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les otorgaba expresarse. Residían en Jerusalén judíos varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo y, habiéndose corrido la voz, se juntó una muchedumbre, que se quedó confusa al oirles hablar cada uno en su propia lengua” (Hch 2, 1-6) Todos los reunidos fueron bautizados por el Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diversas lenguas. Desapareció el miedo y empezaron a predicar la Buena Noticia.

 ¿Qué significó para los Apóstoles la recepción del Espíritu Santo?: Los Apóstoles “sabían” muchas cosas sobre Jesús, su persona y sus enseñanzas, no en vano habían convivido con Él durante tres años: pero, en sus mentes, todo era como un puzle en el que no encajan las piezas.

Los dos discípulos que caminan hacia el pueblo de Emaús lo dicen con tada claridad: “Nosotros esperábamos que sería Él quien rescataría a Israel” (Lc 24,21) No les encajaban las piezas, porque esperaban un rey temporal que devolviera a Israel su antiguo esplendor; pero Jesús no puede ser ese rey porque está muerto. Han sido testigos de la resurrección de Jesús, le han reconocido, le han visto varias veces, hasta han comido con Él. Sí, ahora saben que Jesús está vivo, pero… las piezas siguen sin encajar. Los Apóstoles ahora “saben” más cosas de Jesús, pero todavía “caminan en tinieblas y no saben por dónde van” (Jn 12,35), por eso, “todos perseveran unánimes en la oración, con María, la Madre de Jesús” (Hch 1,14)

El desconcierto de los Apóstoles me recuerda una escena familiar: Está toda la familia cenando, el salón está bien iluminado, todo está en orden, niños, jóvenes y mayores disfrutan del menú y de la conversación,  pero….en un momento dado, se va la luz y todo queda a obscuras. ¡Qué fácilmente el nerviosismo se apodera de todos! Unos se levantan para buscar una vela y tropiezan con todo, otros en la mesa, buscan las cosas a tientas, y derraman los vasos. En fin, un desastre. Todo termina cuando vuelve la luz eléctrica. Esta escena familiar ayuda a entender la conducta de los Apóstoles que “caminaban en tinieblas y no sabían por dónde iban” porque les faltaba la Luz que iluminase sus mentes; sin esa Luz no podían encajar las piezas.                                                 Pidieron la Luz reunidos en oración, y recibieron la Luz, en Pentecostés.

Con la llegada del Espíritu Santo, sus mentes se abrieron y entendieron, sus corazones palpitaron, el puzle encajó en todas sus piezas y, como fruto de la apertura, desapareció el miedo a los judíos, desapareció la ignorancia, y empezaron a “hablar en lenguas extrañas, según el Espiritu les otorgaba expresarse” (Hch 2,4). Los Apóstoles empezaron a predicar y “Pedro con los Once, en alta voz, les habló: Judíos y todos los habitantes de   Jerusalén, apercibíos y prestad oídos a mis palabras” (Hch 2, 14) «A Jesús de Nazaret lo ha resucitado Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.                                                                   ¡Qué importante es abrir la mente y el corazón al Espíritu Santo!

2.- ¿Cómo se puede explicar un cambio tan repentino y profundo?                                                                                                      Si descartamos los tres hechos referidos - resurreccion, apariciones y bautismo en el Espíritu Santo - no hay explicación posible. Nadie ha podido explicarlo, ¿por qué once apóstoles, acobardados, miedosos y desesperanzados, estarían dispuestos a sufrir torturas y la misma muerte por una mentira que ellos mismos habrían inventado?                                                                  Los hombres están dispuestos a morir por lo que creen que es verdad, aunque en realidad sea falso; pero jamás están dispuestos a morir por una mentira inventada por ellos.    Forzoso es concluir que el cambio se debió a los tres acontecimientos citados.                                                                         La veracidad del testimonio de los Apóstoles de la resurrección de Jesús adquiere una enorme fuerza al contemplar sus vidas y sus muertes. Todos los Apóstoles dedicaron su vida a la predicación de las enseñanzas de Jesús y, con la excepción de San Juan que murió de muerte natural, todos los demás, incluído San Pablo, sufrieron el martirio al ser crucificados o decapitados. Entregaron sus vidas como testimonio de la verdad que predicaban. 

¡Nadie da la vida por una mentira inventada por él!

5.- ¿Cómo murieron los Apóstoles?

PEDRO: Crucificado boca abajo en una cruz invertida.

ANDRÉS : Crucificado en una cruz en forma de aspa.

JUAN: De muerte natural.

SANTIGO EL MAYOR: Decapitado.

MATEO: Apuñalado y decapitado.

BARTOLOMÉ: Decapitado.

SANTIAGO EL MENOR: Lapidado o crucificado.

FELIPE: Hay dudas entre ahorcado o crucificado.

SIMÓN CANANEO: Aserrado vivo. 

JUDAS TADEO: Decapitado

TOMÁS: Martirio, sin especificar.

(Más detalles en el capítulo sigiente).

6.- ¿Cómo se puede explicar la difusión del Cristianismo?

En una de sus apariciones Jesús dijo a sus discípulos: “Id, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obsevar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 19-20). Este encargo del Señor ha sido practicado en todos los tiempos desde los primeros momentos de la Iglesia; Él está siempe presente en su Iglesia, animándola con la luz del Espíritu Santo. Esta es la razón fundamental de la expansión del Cristianismo.

1.- Otras razones que podemos denominar coyunturales:

1ª.- Durante los primeros siglos del Cristianismo fueron muy numerosos los creyentes en Jesús que dieron su vida en testimonio de su fe; sin odio ni rencor, sino perdonando a sus verdugos. Su testimonio hizo que la semilla de la fe creciese y abundase, tanto entre los judíos como entre los gentiles. El teólogo y Padre de la Iglesia, Tertuliano (c.160 - c.220 d.C.) lo expresó, con suma claridad, cuando dijo: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

2ª.- La diáspora de los judíos favoreció la expansión del Cristianismo; los Apóstoles, en sus viajes, predicaban siempre en las sinagogas y muchos se convertían.

3ª.- La llegada al poder del emperador Constantino (306-337) allanó el camino para un rápido crecimiento. El año 313 promulgó el Edicto de Milán por el que se establecía, en todo el Imperio romano, la libertad de religión y se ponía fin a las persecuciones, que habían sido tan numerosas con los emperadores precedentes. La aplicación del Edicto multiplicó los lugares de reunión y de culto. 

El Edicto de Milán tuvo un antecedente en el Edicto de Tolerancia de Nicomedia, promulgado el año 311 por el emperador Galerio (305-311), para las provincias del Danubio y los Balcanes. Este fue el primer reconocimiento histórico-legal del Cristianismo que pasó a ser una religión permitida.

3.- El pensamiento de tres ateos

Frank Morrison, ateo y escritor del siglo XX, investigó cada detalle bíblico sobre la muerte y resurrección de Jesús y llegó a esta conclusión: “Estoy convencido de que ningún grupo de hombres o de mujeres podían predicar en Jerusalén con regularidad una doctrina que involucraba a la tumba vacía si realmente no estaba vacía. Los hechos eran recientes… y no podrían haber conseguido el silencio ni la impresionante unanimidad sobre la resurrección. Solo la verdad misma, en toda su simplicidad podría lograr esto” (18)

Beltrand Russell escribió. «Creo que cuando muera me pudriré, y nada de mi propio ego sobrevivirá«. (19) Russell obviamente no creía en las palabras de Jesús.

R. C. Sproul lo expresa así: “El reclamo de la resurrección es vital para el cristianismo. Si Cristo ha sido resucitado de entre los muertos por Dios, entonces Él tiene las credenciales y la certificación que ningún otro líder religioso posee. Buda está muerto, Mohamed está muerto. Moisés está muerto, Confucio está muerto. Pero, según el cristianismo, Cristo está vivo” (20).

COMENTARIO: Hasta aquí he seguido el relato que hacen los cuatro evangelistas, a los que se les debe dar, por lo menos, la misma credibilidad que se otorga a cualquier autor no creyente de su época.

El Judaísmo y el Islam aceptan la existencia de la resurrección. Para el Cristianismo, la Resurrección de Jesús es el pilar de su fe, como escribe San Pablo: «Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación, vacía es también nuestra fe» (1 Cor 15, 14)

El “ALGO” que dejé en suspense al principio del capítulo es exactamente

¡¡LA RESURRECCIÓN DE JESÚS!!


CITAS

16 Resurrección, [del sustantivo latino resurrectĭo,; derivado del verbo resurgo (resurrexi, resurrectum): levantarse, alzarse, resurgir, renacer] hace referencia a la acción de resucitar, de dar nuevo ser o nueva vida. Es la creencia que sostiene que una persona puede recobrar la vida después de la muerte.

(17) No coinciden los evangelistas en la enumeración de las mujeres que fueron al sepulcro; los cuatro citan a María Magdalena. San Mateo dice “María Magdalena con la otra María”; San Marcos: María Magdalena y María la de Santiago y Salomé; San Lucas: María Magdalena, Juana y María de Santiago y las demás que estaban con ellas; San Juan sólo menciona a María Magdalena. Lo lógico es pensar que fueron un grupo de mujeres y que cada evangelista destaca a una o a varias.        

18 Frank Morrison, Who Moved the Stone. Zondervan Publ. 2002, p. 176

19 Paul Edwards, “Great Minds: Bertrand Russell,” Free Inquiry, December 2004/January 2005, 46.

20 R. C. Sproul, Reason to Believe (Grand Rapids, MI: Lamplighter, 1982), 44.


161.8.- LLAMANDO A TU PUERTA . VIDA Y MUERTE DE LOS APÓSTOLES

 

ANDRÉS 

Es hermano del apóstol Pedro (Mt 4,18), ambos hijos de Jonás (Mt 16,17) y naturales de Betsaida, pequeña localidad al lado del mar de Galilea (Jn 1,44), eran pescadores de profesión (Mt 4,18.  El nombre de Andrés proviene del griego νδρέας, pues, en Galilea la lengua y la cultura griegas estaban bastante presentes y era costumbre poner nombres griegos a los hijos. La Iglesia Ortodoxa le denomina Πρωτόκλητος, Protocletos, por ser el primer apóstol llamado para seguir a Jesús.

Andrés conoce a Jesús: Andrés era uno de los discípulos de Juan el Bautista, lo que indica que era un hombre de fe y de esperanza; el Bautista, viendo pasar a Jesús, le señaló y dijo: “He aquí el Cordero de Dios. Los dos discípulos que le oyeron, siguieron a Jesús. Viendo que le seguían, se volvió y les dijo: ¿Qué buscáis?                                                                                                   Le dijeron: Maestro,¿dónde vives? Les contestó: Venid y ved. Y vieron dónde moraba y permanecieron con Él aquel día” (21)(Jn 1, 36-37.39)                                                                                                     Esta invitación de Jesús cambió para siempre la vida de los dos discípulos de Juan el Bautista. Andrés quedó impactado con lo experimentado junto a Jesús y corrió a su casa para contárselo a su hermano.                                                                                                      El encuentro con Jesús es una gran experiencia que ha dado sentido a la vida de muchas personas.                                            Andrés conduce a su hermano Pedro ante Jesús: Andrés dijo a su hermano: “Hemos encontrado al Mesias...Le condujo a Jesús, que, fijándo en él la vista, dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro” (Jn 1, 41-42.   Pedro no habría conocido a Jesús si no se lo hubiese presentado su hermano. Todavía muchos no conocen a Jesús porque nadie se lo ha presentado.                                                     Jesús llama a Andrés: Jesús va caminando “junto al mar de Galilea, ve a dos hermanos: Simón, que se llama Pedro, y Andrés, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues eran pescadores; y les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron” (Mt 4, 18-20)                                                                   Andrés, junto a los demás discípulos, presenció los milagros hechos por Jesús y escuchó su predicación. Aparece, en los Evangelios, como un discípulo muy vinculado a Jesús:                        Es Andrés el primero que sigue a Jesús, tras oir decir a Juan el Bautista: He aquí elCordero de Dios.                                            Es Andrés el que hace que Pedro conozca a Jesús..                Es Andrés, en la multiplicación de los panes y los peces, el que dijo a Jesús que un muchacho tenía cinco panes y dos peces (Jn 6, 8-9). Andrés se dió cuenta del problema y buscó la solución.                                                                                                          * Unos griegos quieren ver a Jesús y se lo piden a Felipe y éste se lo dice a Andrés y ambos  se lo dicen a Jesús (Jn 12,20-22).    Andrés y Felipe usan su cercanía a Jesús para presentarle a los griegos que desean conocerle.

Andrés predicador del Evangelio: La tradición dice que Andrés, durante el resto de su vida después de Pentecostés, fue el apóstol del mundo griego. El historiador Eusebio de Cesarea dice que Andrés predicó en Escitia (22) . Otros autores indican que lo hizo, además, en Tracia y en Acaya. La tradición dice que, en el año 38 d.C., fundó la sede episcopal de Bizancio (después llamada Constantinopla y luego Estambul), y que puso como obispo a Estacio. Esta diócesis pasó a ser posteriormente el Patriarcado de Constantinopla y Andrés y Estacio sus santos patronos.

Martirio de San Andrés: Se suele representar a San Andrés crucificado en una cruz en forma de aspa. Según la tradición fue martirizado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia, el 30 de Noviembre del año 63, bajo el imperio de Nerón. Amarrado a la cruz, estuvo tres días predicando a los que se acercaban.                                                                                                        Es venerado como santo por las tres religiones que coexisten en Patrás: la Iglesia Católica, la Ortodoxa y la Anglicana. Sus restos fueron llevados de Constantinopla a Amalfi (Italia) en 1206 durante la Cuarta Cruzada por el cardenal Pedro de Capua. En Septiembre de 1964 el Papa Pablo VI devolvió, desde la Basílica de San Pedro en Roma a la catedral de Patrás, el craneo del santo mártir. Su fiesta se celebra el 30 de Noviembre.

BARTOLOMÉ 

Su primer nombre fue Natanael a quien Jesús llamo “verdadero israelita, en quien no hay doblez” (Jn 1,47). El nombre de Bartolomé aparece en las listas de los apóstoles: en Mt,10,3; en Mc 3,18; Lc 6,14 y en Hch 1,13. La Biblia no da más noticias de San Bartolomé y lo poco que nos ha llegado es a través de tradiciones de dudosa fiabilidad. Parece que predicó en Phrygia, Hierápolis, Armenia y en la India, donde tradujo el evangelio  según San Mateo a una de sus lenguas. Allí mismo encontró la muerte siendo decapitado.

FELIPE 

Nació en Betsaida a comienzos del siglo I d.C. Felipe es nombrado en quinto lugar en las listas de los apóstoles de los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). San Juan es quien más menciona a Felipe: describe su elección: “Al salir Jesús hacia Galilea, encontró a Felipe y le dijo: Sígueme” (Jn 1,43); después Felipe se encuentra con Natanael y le dice: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, de Nazaret" (Jn 1, 45). Ante el escepticismo de Natanael-”¿De Nazaret puede salir algo bueno?- , Felipe responde: “Ven y lo verás” (Jn 1,46)     Felipe se comporta como un verdadero “testigo” de Jesús; primero le anuncia y después sugiere a Natanael que vaya a verle.

Jesús escogió a los Doce para que “estuvieran con Él” (Mc 3,14), compartieran su vida, aprendieran quién era, conocieran su verdadera identidad y luego le anunciaran. En el episodio de los griegos que “se acercaron a Felipe y le rogaron: señor, queremos ver a Jesús ” (Jn 12,21), Felipe hace de “intermediario”, se une a Andrés y ambos los presentan a Jesús.                                        Jesús había dicho: “Yo y el Padre somos una misma cosa” (Jn 10,30) y “si me habéis conocido, conoceréis también a mi Padre” (Jn 14,7); Felipe, un tanto confuso, le dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta” (Jn 14,8) y Jesús le responde: “Felipe,¿todavía no me habéis conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9) 

Seguramente Felipe no comprendió del todo las palabras de Jesús hasta que el día de Pentecostés fue iluminado por el Espíritu Santo. A partir de ese instante, entregó su vida a la predicación del evangelio en Grecia y Frigia, en cuya capital, Hierápolis, según algunos fue crucificado y según otros, lapidado.

JUAN EVANGELISTA

 Nació sobre el año 6 d.C. en Betsaida; hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de Santiago el Mayor. Juan, en hebreo Yohanan, (el Señor es misericordioso) fue el más joven de los Apóstoles. Se le atribuye la autoría del evangelio que lleva su nombre.

Juan es testigo ocular: En el evangelio hay unas decisivas palabras de un testigo ocular: “El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, él sabe que dice verdad para que también vosotros creáis” (Jn 19,35).                                                         A este testigo ocular, en varios sitios del evangelio, se le llama “el discípulo a quien amaba Jesús”, pero no dice su nombre. El cardenal Ratzinger, después Benedicto XVI, comenta estos versículos y escribe: “es obvio que mantiene el secreto a propósito” (23) El mismo autor del evangelio se denomina al final como “el discípulo a quien amaba Jesús” (Jn 21,20)

Disponemos de cinco escenas en las que aparece la expresión “discípulo amado”:                                                                                      “Uno de ellos, el amado de Jesús, estaba recostado en el seno de Jesús” (Jn 13,23) El hecho de “recostarse” indica la familiaridad de que se goza. Los judíos, según la usanza griega comían recostados sobre el lado izquierdo en cojines, alrededor de una mesa baja.                                                                                          Jesús está clavado en la cruz y “viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, dijo a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Jn 19,26-27)                                 En la mañana de Pascua, María Magdalena anuncia “ Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba” que la tumba está vacía (Jn 20,2). Ambos corren hacia el sepulcro, el otro discípulo llega antes y espera a Pedro, el cual entró el primero en el monumento, después “entró el otro discípulo y vio y creyó” (Jn 20,8)                                                                                                                Jesús resucitado se aparece a sus discípulos a orillas del mar de Tiberiades. Ellos están en la barca pescando, y el discípulo amado es el primero en reconocer a Jesús (Juan 21, 1-7).             Pedro pregunta a Jesús qué sucederá con el discípulo amado (Jn 21,20-21).

El pequeño círculo: Juan, su hermano Santiago y Pedro forman el pequeño círculo de mayor confianza de Jesús; con él aparecen en ocasiones especiales: cuando cura a la suegra de Pedro (Mc 1,29), en la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37); en la transfiguración de Jesús (Mc 9,2) y en la oración en el huerto de Gersemaní (Mc 14,33).                                                       San Pablo dice que estos tres apóstoles “pasan por ser las columnas” de la Iglesia (Gal 2,9)

¿Qué hizo Juan después de Pentecostés? Por los Hechos de los Apóstoles sabemos que Juan acompañaba a Pedro: cuando va a orar en el templo ((3,1); cuando predica al pueblo (4,1); cuando habla ante el Sanedrín (4,1-21); cuando van los dos a predicar en Samaría (8,14); cuando asistió al Concilio de Jerusalén en el año 50 (Gál 2,9).                                                                                             Poco antes de la ruina de Jerusalén el año 70, Juan se estableció en Éfeso, donde muchos judíos se refugiaron más tarde para huir de la guerra judeo-romana. Éfeso era la tercera o cuarta metrópoli del Imperio romano; era la sede del culto a la divinidad asiática Artemisa; además, en ella el culto al emperador, que se hacía llamar Domitianus dominus et deus (Domiciano señor y dios), era un aspecto muy significativo en la vida de la ciudad.                                                                                     Los escritores cristianos antiguos señalan a Domiciano como el segundo emperador romano que persiguió a los cristianos, según Tertuliano “casi igualó a Nerón en crueldad” (24)               En esta época San Juan redactó el libro del Apocalipsis, en el que escribió: “Εγω ειμαι το Α και το Ω, αρχη και τελος, λεγει ο Κυριος (Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor”) (Ap 1,8). Era la forma de manifestar con toda claridad la existencia de “un solo Señor”. Tertuliano afirma que Juan sufrió el martirio metido en un caldero de aceite hirviendo, pero que no llegó a morir; que esto aconteció en Roma entre los años 91 y 95; que el emperador Domiciano consideró tal hecho como magia y, en vez de ejecutarlo, lo desterró a la isla de Patmos (25)

Diversos textos de los Padres Apostólicos afirman que Juan fue desterrado a la isla Patmos en Grecia, durante el gobierno de Domiciano (14 de Octubre del 81 a 18 de Septiembre del 96) y que “después de la muerte del tirano, regresó de la isla de Patmos a Éfeso” (26) Tras una prolongada estancia en Éfeso, fallecio de muerte natural el año 101, en el tercer año de gobierno del emperador Trajano. Los ritos romano, anglicano y luterano celebran su festividad el 27 de Diciembre.

JUDAS ISCARIOTE

 Se conocen pocos detalles de la vida de Judas Iscariote. El evangelista San Juan cuenta la escena de la “unción en Betania”. Jesús, una semana antes de la Pascua, está en casa de Marta, LáZaro y María; ésta aprovechó la ocasión para ungir los pies del Señor con un ungüento de nardo legítimo de gan valor. Al verlo, Judas Iscariote dijo: “¿Por qué no se vendió este ungüento por trescientos denarios y se dio a los pobres? (Jn 12,5) (27)       A simple vista parece justo el pensamiento de Judas Iscariote; pero San Juan añade: “Decía esto, no por amor a los pobres, sino porque era ladrón y, llevando él la bolsa, hurtaba de lo que en ella echaban” (Jn 12,6) A veces, las cosas no son como parecen, porque las palabras no expresan la verdad.

La traición de Judas: La cuentan los tres evangelios sinópticos: “Entonces uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y preguntó ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Así que le asignaron treinta monedas de plata (28). Desde entonces Judas buscaba una ocasión para  entregarle” (Mt 26,14-16); Mc 14, 10-11; Lc 22, 3-6)

La ocasión llegó después de la Última Cena, cuando Jesús estaba orando en el huerto de Getsemaní: “Llegó Judas, uno de los doce, y con él un tropel con espadas ygarrotes, de parte de los escribas y de los ancianos. El traidor les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es ; prendedle. Llegó y se le acercó, diciendo: Rabbi, y le besó. Ellos le echaron mano y le prendieron” (Mc 14,43-46)

Arrepentimiento y muerte de Judas Iscariote: Según el Evangelio de San Mateo: “Viendo Judas cómo Jesús era condenado, se arrepintió y devolvió las 30 monedas a los príncipe de los sacerdotes y ancianos, diciendo: He pecado entregando sangre inocente… y arrojando las monedas en el templo, se retiró, fue y se ahorcó” (Mt 27, 3-5)

JUDAS TADEO

Mateo y Marcos, en sus listas, lo llaman“Tadeo” (Mt 10,3 y Mc 3,18), Lucas, en su lista, lo llama “Judas de Santiago (Lc 6,16 y Hch 1,13), Juan le llama: “Judas, no el Iscariote” (Jn14,22) para distinguirlo del Judas que traicionó a Jesús.                                    No se sabe de dónde viene el nombre de Tadeo.

Durante la última cena Judas Tadeo preguntó a Jesús: “Señor, qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y pondremos en él nuestra morada” (Jn 14,22-23)                                                            Jesús solo se manifiesta a los que quieren recibirlo, a los que le abren su vida porque quieren vivirla con Él; no se manifiesta al mundo que le niega, que le cierra el corazón y no le deja entrar. Respeta la decisión de cada persona, Él ofrece y no impone. A Judas Tadeo se le considera autor de la carta que lleva su nombre. Se presenta como “siervo de Jesucristo y hermano de Santiago” el Menor (Jds 1.1). No se sabe de cierto ni los destinatarios de la carta, ni el lugar, ni la fecha en que fue escrita. Según la tradición occidental Judas Tadeo evangelizó Mesopotamia y junto con Simón el Cananeo predicaron varios años en Persia y allí fueron martirizados: Simón, aserrado por medio y Tadeo, decapitado con un hacha, aproximadamente en el año 62.

MATEO

Nació en Judea, en fecha desconocida y falleció probablemente en Etiopía el año 74. San Marcos (2,14)y San Lucas (5,27) le llaman Leví o Leví de Alfeo; se supone que el mismo Jesús le impuso el nombre de Mateo, que significa “don del Señor”. Ejercía de recaudador de impuestos (29) para el rey Herodes  Antipas. “Jesús le vio ante el telonio y le dijo: Sígueme, y él, levantándose, le siguió y le invitó a comer en su casa” (Lc 5, 27-29).

Conviene destacar la rapidez de Mateo en responder a la llamada de Jesús, lo que implicaba abandonar todo por seguirle y, con gran generosidad, le invitó a comer. “Muchos publicanos y pecadores estaban recostados con Jesús y con sus discípulos” (Mc 2,15). Los fariseos y los escribas criticaron a Jesús por comer con los pecadores; pero, Jesús les dijo: “No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores” (Mc 2,17)

Según Eusebio de Cesarea, San Mateo predico el evangelio durante quince años en Judea, donde escribió su Evangelio. La tradición dice que evangelizó Palestina y, más tarde, Arabia, Etiopía y Persia.                                                                                     Algunas tradiciones afirman que fue martirizado en Etiopía. Una fuente apócrifa dice que sufrió el martirio por oponerse al matrimonio del rey Hirciaco son su sobrina Ifigenia, que se había convertido al Cristianismo.                                                                     La Iglesia Católica celebra su fiesta el 21 de Septiembre.

PEDRO

 (Betsaida, finales del siglo I a.C- Roma, 67 d.C.) Hijo de Jonás, un pescador del lago de Tiberiades. Fue presentado por su hermano Andrés a Jesús, quien, “fijando la vista en él, dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que quiere decir piedra (Pedro)” (Jn 1,42), para significar el puesto eminente que le daría en la Iglesia. En el Antiguo Testamento, el cambio del nombre por lo general implicaba la encomienda de una misión (Gén 17, 5)                                                                              Ambos hermanos fueron los primeros en seguir a Jesús cuando les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron” (Mt 4,19-20)

Pedro tiene una personalidad arrolladora, es sencillo, generoso, impulsivoso, sincero y noble. Un día preguntó Jesús a los discipulos: ¿Quién dicen los hombes que es el Hijo del hombre?.. ¿Y vosotros, ¿quién decís que soy? Contestó Pedro y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 15-16) Esto es, Tú eres el Mesías esperado por Israel; pero, además, eres el Hijo de Dios vivo. A juicio de los israelitas, lo primero no implicaba lo segundo, porque estaban muy lejos de conocer la verdadera naturaleza del Mesías. Pedro la conoció y Jesús le alabó diciendo: “Bienaventurado tú, Simón Bar Jona, porque ni la carne ni la sangre te han revelado esto sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Jn 16,17-18).

Tres metáforas, roca, llaves y atar o desatar, que manifiestan la primacía de Pedro en la futura Iglesia de Jesús. El evangelio de San Juan cuenta que, después de la multiplicación de los panes (Jn 6, 1-12) “conociendo Jesús que iban a venir para proclamarle rey, se retiró al monte Él solo” (Jn 6,15). Después les habló

diciendo: “Yo soy el pan de vida, bajado del cielo, si alguno come de este pan, vivirá para siempre y el pan que le daré es mi carne, vida del mundo” (Jn 6, 51) “Desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían” (Jn 6,66) porque esperaban a alguien que restaurara el Reino de Israel, no a uno que decía: yo doy mi carne a comer. 

Las palabras de Jesús, ciertamente, eran difíciles de entender.   “Dijo Jesús a los doce: ¿Queréis iros vosotros también?l Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,66-70)

Negación y arrepentimiento de Pedro: Después de la Última Cena, Jesús y sus discípulos se dirigen al huerto de Getsemaní, Pedro dice a Jesús: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré” (Mt 26,35)                                                                               Llegamos al episodio más triste de la vida de Pedro: Jesús acaba de ser arrestado en el huerto de los olivos, todos los discípulos le han abandonado, Pedro le siguió de lejos y, no pudiendo entrar en la casa del sumo sacerdote, se quedó en el atrio calentándose, pues hacía mucho frio. Fue reconocido por dos criadas y por un siervo del pontífice; pero, él lo negó, hasta tres veces, y “comenzó a maldecir y a jurar:                                                    ¡Yo no conozco a ese hombre!” (Mt 26,74)

Al pasar Jesús miró a Pedro; la mirada de Jesús, llena de dulzura y comprensión, taladró el corazón de Pedro y, “saliendo fuera, lloró amargamente” (Lc 22, 61-62). La dulzura de esta mirada le acompañará y guiará toda la vida, para cumplir fielmente su misión.                                                                                                 Durante la tercera aparición a los Apóstoles, junto al lago de Tiberiades y después de haber comido, entre Jesús y Pedro se produce una escena emocionante y bellísima. Jesús quiere rehabilitar a Pedro y confirmar ante sus compañeros que sigue siendo el “pastor” de sus ovejas. “Jesús le preguntó:                       -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?                                 - Sí, Señor, tú sabes que te amo.                                                               - Apacienta mis corderos.                                                                      Por segunda vez:                                                                                         -Simón, hijo de Juan, ¿me amas?                                                             - Sí, Señor, tú sabes que te amo.                                                             -Apacienta mis ovejas.                                                                           Por tercera vez:                                                                                             -Simón, hijo de Juan, ¿me amas?                                                  Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo:                                                                                              -Señor, tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo.                        Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”

Hay en este episodio un juego de dos verbos griegos muy significativo: “fileo” que expresa el amor de mistad, tierno pero no total; “agapao” que significa al amor sin reservas, total e incondicional.                                                                                              La primera vez, Jesús pregunta a Pedro, ¿me amas (agapas-me) con un amor sin reservas, total e incondicional?

Antes de la triple negación, Pedro habría contestado: Sí, Señor, tú sabes que te amo (agapô-seincondicionalmente. Al acordarse de la triple negación, Pedro contestó con humildad: Señor, tú sabes que te quiero (filô-se)", es decir, "te amo, tal como soy. Jesús insiste, por segunda vez, ¿me amas (agapas-me) ? Y Pedro repite su respuesta anterior: Tú sabes que te quiero (filô-se).

Por tercera vez, Jesús le preguntó: ¿Fileîs-me? ¿Me quieres? Jesús cambia de verbo, ya no emplea el incondicional agapas-me, sino el fileîs-me, adaptándose a la capacidad de amar de Pedro, que le contesta: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se). Jesús miró a Pedro y le dijo: “ Apacienta mis ovejas. Sígueme” (Jn 21,17.19).

Las dos miradas de Jesús: Jesús y Pedro se cruzan en el atrio del sumo sacerdote. Pedro, avergonzado por su triple negación, baja los ojos; Jesús mantiene fija la mirada, ofreciéndole perdón y misericordia. Es la llamada del retorno, la que abre los brazos en señal de bienvenida. Es muy grande el pecado de Pedro, pero es mucho más grande la misericordia de Jesús.                                          ¡Todos los delitos humanos comparados con la misericordia de Dios son como una gota de agua frente a todos los acéanos!

La segunda mirada es cuando, tras haberle preguntado por tres veces si le amaba, Jesús dice a Pedro: “Sígueme” (Jn 21,19) Es la llamada de la confianza. Tres veces le ha dicho: Apacienta mis ovejas. Esta será su misión; cuando Él falte, Pedro apacentará al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

Desde aquel día Pedro siguió y amó a Jesús con todo su corazón y firmó el testimonio con su propia muerte. Fue la cabeza indiscutible de la primera comunidad cristiana; empezó a predicar el evangelio en Jerusalén (Hch 2,14ss), con tanta fe y amor al Señor que, en el año 44, el rey Herodes Agripa quiso darle muerte para complacer a los judíos; pero, escapó milagrosamente (Hch 12, 3ss)30 y “ se fue a otro lugar” (31); abandonó Jerusalén para ir a predicar el Evangelio por Siria, Asia Menor, Grecia y Roma.

Muerte de Pedro: Veladamente, Jesús le había anunciado su muerte: “Cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras. Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios” (Jn 21,18-19)                Varios Padres Apostólicos escribieron sobre la muerte de Pedro: Tertuliano (160-220): “Pedro soportó una pasión como la de su Señor” (32). Orígenes (184-253): “Después de haber venido a Roma, fue crucificado cabeza abajo”. San Jerónimo (340-420: “De mano de Nerón, Pedro recibió la corona del martirio, siendo clavado a la cruz con su cabeza hacia el suelo y sus pies hacia arriba, asegurando que él no era digno de ser crucificado del mismo modo que lo había sido su Señor”. Eusebio de Cesarea: “Está registrado que Pablo fue decapitado en la misma Roma y que Pedro fue crucificado bajo Nerón”. En la carta de Dionisio (33), obispo de Corinto, a Timoteo,  dice: “¿Cómo oír sin llorar la publicación de aquellas sentencias en las que se decretaba la muerte de Pedro por crucifixión y de Pablo por dogollación?”

SANTIAGO EL MAYOR

Es el hermano mayor de Juan, ambos hijos de Zebedeo y Salomé, eran pescadores residentes en Betsaida. La tradición cristiana le conoce como Santiago el Mayor para distinguirlo delotro apóstol también llamado Santiago (el Menor) hijo de Alfeo.                                                                                                                Fue llamado por Jesús cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto con su hermano (Mc 1,19)                                             Las cuatro listas de los Doce mencionan a dos personas con el nombre de Santiago; uno, hijo de Zebedeo y el otro hijo de Alfeo, comunmente conocidos como Santiago el Mayor y Santiago el Menor.                                                                                          El nombre de Santiago es una variante del nombre hebreo Ya'akov del patriarca Jacob, en griego se dice Iákobos, y en español hay hasta ocho variantes: Jacobo, Jacob, Iago, Yago, Jaime, Tiago, Diego y Santiago.                                                                   Santiago, Pedro y Juan forman el grupo de Apóstoles más cercanos a Jesús, que le acompañan en la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37), en la transfiguración en el monte Tabor (Mc 9,2) y en la oración en el huerto de Getsemaní (Mc 14,33) .

La tradición medieval: Santiago, según una tradición que se remonta al menos a San Isidoro de Sevillapredicó el evangelio en Hispania (actuales España y Portugal) e hizo algunos discípulos, siete de ellos continuaron su misión evangelizadora, son los llamados Varones Apostólicos y sus nombres son Torcuato, Tesifonte, Hindalecio, Eufrasio, Cecilio, Hesiquio y Segundo.                                                                                                          Según la tradición, hacia el año 40, la Virgen María se apareció a Santiago en Caesaraugusta (Zaragoza) sobre una columna, conocida después popularmente como “el Pilar”.

Muerte de Santiago el Mayor: Santiago murió decapitado por orden del rey Herodes Agripa (34) , en Jerusalén entre los años 41-44 (Hch 12,2) La tradición sostiene que los restos hallados en Santiago de Compostela a principios del siglo IX por el obispo Teodomiro son los del apóstol Santiago; por lo que ese lugar se convirtió en objeto de gran veneración y sigue siendo meta de numerosas peregrinaciones.

SANTIAGO EL MENOR

 Fueron sus padres Alfeo-Cleofás (Mc 3,18) y María la de Cleofás. Al pie de la cruz de Jesús agonizante están tres mujeres llamadas María: María, la Madre de Jesús; María de Cleofás, madre de Santiago el Menor y la  María Magdalena (Jn19,25).

Papías de Hierápolis confirma los nombres de los padres de Santiago el Menor cuando escribe: María, madre de Santiago el Menor y de José, esposa de Alfeo(a quien  San Juan llama Cleofás), era la hermana de María, la madre del Señor, ” (35). San Mateo en su lista de los Apóstoles cita a Santiago, el de Zebedeo y a Santiago, el de Alfeo (Mt 10,2-3); lo mismo hace San Marcos en 3,17-18 y lo repite San Lucas en 6,14-15. También lo confirma Flavio Josefo que escribe: “Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento   propicio. El procurador Festo había fallecido y el sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, hermano (36) de Jesús quien era llamado Cristo, y a algunos otros. Les acusó de haber transgredido la Ley y les entregó para que fueran apedreados” (37) . De paso, Flavio Josefo nos ha dicho que Santiago murió lapidado, en el año 52.

El libro de los Hechos de los Apóstoles subraya el papel destacado de Santiago en la Iglesia de Jerusalén: en el concilio apostólico celebrado el año 50, afirmó que los paganos podían ser aceptados en la Iglesia sin tener que someterse a la circuncisión (Hch 15, 13-21). Esta resolución puso fin a la difícil relación entre los cristianos de origen judío y los de origen pagano y estableció una convivencia de mutua estima y respeto. San Pablo habla de Santiago el Menor en su carta a los Gálatas: “Pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro permanecí con él quince días; pero no ví a ningún otro apóstol, sino a Santiago, el hermano del Señor ” (Gál 1,18-19) y lo define como “columna” de la Iglesia, juntamente con Cefas y Juan (Gál 2,9).

Santiago escribió la carta que lleva su nombre en la que, entre otras cosas, dice: “la fe sin obras es una fe muerta” (St 2,26). Las obras son el fruto normal de la fe, “todo árbol bueno da frutos buenos” (Mt 7,17)

Con otra frase de gran profundidad nos exhorta a poner nuestros proyectos en las manos de Dios, y decir “si el Señor quiere” (St 4,15). Esta frase es el reflejo de la profunda fe y del gran amor del apóstol al Señor Jesús.

SIMÓN EL CANANEO

Es un apóstol del que no tenemos noticias, salvo que, junto a los demás apóstoles, participó en una misión encomendada por Jesús: “No vayáis a los gentiles ni penetréis en ciudad de   samaritanos, id a las ovejas perdidas de la casa de Israel; en vuestro camino predicad diciendo: El reino de Dios está cerca” (Mt 10,5-7). Es citado en las listas de los apóstoles de los tres evangelios sinópticos y en los Hechos de los apóstoles (Mt 10,4; Mc 3,18; Lc 6,15; Hch 1,13). Mateo y Marcos lo llaman “el Cananeo”, Lucas y los Hechos lo definen “el Zelotes”, Según el Papa Benedicto XVI “los dos calificativos son equivalentes, pues significan lo mismo: en hebreo, el verbo qanà’significa “ser celoso, apasionado”. Una tradición católica afirma que Simón fue aserrado vivo.

TOMÁS

Su nombre figura en las cuatro listas de los Apóstoles (Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,15 y Hechos 1,13).

El nombre deriva de una raíz hebrea “ta'am”, que significa “mellizo”, el mismo significado tiene la palabra griega “Δίδυμο”. Aparece en varios pasajes del evangelio de San Juan:                        1.- Lázaro acaba de morir, y los discípulos se resisten a la decisión de Jesús de volver a Judea, donde los judíos lo esperan para apedrearlo. Jesús está decidido, pero es Tomás quien dice la última palabra: "Vamos también nosotros, a morir con él" (Jn 11,16). Antes, Jesús había dicho lo que tenía que sucederle. “Subimos a Jerusalén y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacercdotes y a los escribas, que le condenarán a muerte” (Jn 10,33)                                                                          Tomás expuso su determinación ejemplar que revela la total entrega a seguir a Jesús hasta el final.

2.- Durante la última Cena, Jesús predice la inminencia de su muerte y anuncia que va a preparar un lugar para los discípulos “para que donde yo esté estéis también vosotros, pues donde yo voy, vosotros conocéis el camino. Tomás le dijo:: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 3-5)

3.- Aunque a Tomás se le anuncia la resurrección de Jesús, él se niega a admitirla: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré" (Jn 20,25)                                                                    Tomás quiere reconocer a Jesús por las llagas que le causó su amor a los hombre. Las llagas testificarán su identidad. Ocho días después, Tomás toca con sus propias manos las heridas de Jesús en las manos y en el costado. Jesús le recrimina haber necesitado ver para creer. Y Tomá reacciona con una preciosa profesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío! “ (Jn 20 28)                  San Agustín comenta estas palabras y dice: “Veía y tocaba al hombre, pero confesaba su fe en Dios, a quien ni veía ni tocaba. Pero lo que veía y tocaba lo llevaba a creer en lo que hasta    entonces había dudado” (In Iohann. 121, 5).

Tomás predicador del evangelio: El Martirologio Romano, que combina varias leyendas, afirma que predicó el Evangelio a los partos, medos, persas e hircanios, y que después fue a la India donde sufrió el martirioel 3 de Julio del año 72.

CITAS

21 Estos dos discípulos fueron Andrés y Juan

22 En los autores clásicos, so conocen como Escitia: Las regiones de Kazajistán, Sur de Rusia y Ucrania. La región del Norte del Cáucaso, con Acerbaiyán, Sarmacia, Ucrania, Bielorrusia y Polonia. La Escitia Menor que ocupaba el sur de Ucrania y el Bajo Danubio 

23 Ratzinger, Joseph (Benedicto XVI) (2007). Jesús de Nazaret. Editorial Planeta (Buenos Aires). p.447

24 Citado por Eusebio de Cesaréa. Historia Eccesiar, III, 18,1

25 Citado por Eusebio de Cesaréa. Historia Eccesiar, III, 20.

26 Clemente de Alejandria. Citado por Eusebio de Cesaréa. Historia Eccesiar, III, 23.6

27 Un denario era el salario de un obrero por un día de trabajo. “El dueño de la viña convino con ellos en un denario al día” (Mt 20,2)

28 Se piensa que eran 30 siclos. El siclo, shéqel, en hebreo, es una antigua unidad monetaria usada en Oriente Próximo y en Mesopotamia. Según Martinez Gallego, José Mª (2014), Las monedas de la traición, “la moneda con la que se pagó a Judas eran siclos de plata de 14,4 gramos cada uno, lo que hace un total de 432 gramos de plata”.

29 Los publicanos recaudaban impuestos que el Imperio Romano imponía a los habitantes de las provincias ocupadas. Estaban muy mal vistos por la población que los consideraba “ladrones, injustos y adúlteros” (Lc 18,11)

30 Precisamente por esta fuga de Pedro de la cárcel el rey mandó degollar a los guardias que lo custodiaban.

31 Una antigua tradición, atestiguada por muchos Padres Apostólicos, dice que fue a Roma en los primeros años del emperador Claudio (41-54)

32 Es el testimonio más antiguo, año 67.

33 Dionisio de Corinto (primera mitad del siglo II – 178). Murió mártir en el año 178.

34 Este Herodes, hijo de Aristóbulo y nieto de Herodes el Grande, recibió el reino del emperador romano Calígula el año 40 y murió el año 44, segúnJosefo “de graves e intensos dolores abdominales”.

35 Papías de Hierápolis,Exposiciones de los Oráculos del Señor

36 Los hermanos de Jesús: Aparecen citados en: Mt 12, 46 y 13, 55; Mc3, 31 y 6, 3; Lc 8, 19; Jn 2, 12 y 7,3.5; Hech 1, 14; 1 Cor 9,5 y Gal 1, 19. La palabra “hermano”es traducción de la griega adelfos y de la hebrea ‘ah. En hebreo y en arameo no hay término equivalente a primo y el vocablo ‘ah' tiene el sentido amplio de pariente, primo, sobrino, además del específivo de hermano. A Lot se le llama “hermano de Abraham” (Gen 4,14), cuando realmente es su sobrino (Gen 12, 5); a Jacob se le llama “hermano de Labán” (Gen 29, 15, y realmente era su tío (Gen 29, 13) porque Labán era hermano de Rebeca, madre de Jacob (Gen 25, 20). Nada tiene de extraño que, en las catequesis del primer siglo, se llamase hermanos a los primos y parientes de Jesús y que los traductores lo tradujesen por adelfos.

37 Flavio Josefo. (Antigüedades judías, 20.9.1.