¿Alguien se acuerda de Martin Luther King? Fue uno de los personajes más emblemáticos de la lucha por los derechos humanos del siglo XX. Dedicó su vidaa la causa de la igualdad, la justicia y el cambio social sin violencia; firme defensor de los derechos humanos y la dignidad de toda persona frente a la opresión, la discriminación y la injusticia. «Tengo un sueño». Es la frase de Luther King en la que me he inspirado. ¿Cual era el sueño de Luther King? «Sueño que mis cuatro hijos vivan un día en na nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por su carácter».
Yo también tengo un sueño: El de poner mi pequeña colaboración para mejorar el mundo, de tal forma que:
Donde haya violencia, reine la paz; donde haya rencor, llegue el perdón y la reconciliación; donde haya egoísmo, nazca la generosidad y donde haya odio, crezca el amor.
¿Cuándo tuve este sueño? El 30 de diciembre de 2019 me llevaron a Urgencias del Hospital Gregorio Marañón de Madrid por unas afecciones bastante serias del hígado, vesícula biliar y páncreas; de Urgencias me pasaron a sala y quedé ingresado. Tras unos días de tratamiento, empecé a recuperarme y, entonces, me vino a la mente el sueño. Un día y otro, una noche y otra, no podía quitármelo de la cabeza.
Entonces pensé, ¿qué puedo hacer yo, en estas circunstancias? Recordé el axioma que dice «si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiarte a ti mismo».
Se hizo la luz en mi mente y decidí dos cosas para empezar a cumplir mi sueño:
1ª Tratar de aplicarme a mí mismo todo lo que fuese descubriendo que considerase positivo para lograr mi sueño. Así desapareció la utopía y quedó un sueño posible y realizable en mi propia vida; aunque lleno de dificultades por la envergadura del cambio a realizar.
2ª Pensé: lo que es bueno para mí, también puede serlo para los demás; tengo que escribir la «receta» y ponerla a disposición de los que decidan usarla.
Durante los últimos días en el hospital (salí el 10 de enero), esbocé un serie de títulos (de alguno incluso un primer esquema), que creí iban en la dirección correcta para la consecución del sueño. Ya en casa, a la vez que me recuperaba físicamente, me sentí urgido mentalmente a poner en práctica práctica las dos decisiones. Mi mente y mi ordenador echaban humo. Aproveché todos los minutos; sentía una profunda necesidad de escribir. No dejé de hacerlo cuando llegó la pandemia del Covid- 19; aunque lo sufrí, no fue nada especial; unos pinchacitos, unos días de reclusión y tan fresco; incluso tuve más tienpo para escribir. Así puedo decir, con toda verdad, que mis artículos «fueron concebidos en el hospital y dados a luz en la pandemia y postpandemia». Ahora estoy en una carrera contra reloj, pues es mucho lo que bulle en mi mente y no sé de cuánto tiempo dispongo.
Estoy firmemente convencido de que el único camino para lograr mi sueño es aceptar el proyecto que ofrece (no impone) Jesús de Nazaret con su persona, obras y palabras. Es imposible conocer a Jesús y no amarle; amarle y no imitarle. Por eso necesito ofrecer a los demás la posibilidad de conocerlo.
Los artículos forman un todo, aunque cada uno tiene su propia entidad. La idea fundamental del conjunto es llevar al conocimiento de Cristo, y, como lógica consecuencia, provocar en el lector su respuesta personal.
INTRODUCCIÓN
Los exploradores de los siglos pasados iniciaron su ruta como una gran aventura, animados por el deseo de descubrir y precavidos ante los peligros que tendrían que afrontar.
En esa misma tesitura me encuentro en este momento. Me imagino que yo no soy yo, un individuo, sino que represento al colectivo de la Humanidad y, como tal, voy a emprender la aventura de descubrir “El designio de Dios para los seres humanos”.
Estoy en la línea de salida de la aventura humana, nervioso, inquieto e ilusionado. No conozco ni la ruta ni el destino; pero, sé que Él me ha precedido con mucha antelación y ha dejado las señales, huellas o indicaciones, visibles o escondidas, que yo deberé encontrar y seguir para culminar mi aventura.
Todos los seres humanos, alguna vez en la vida, nos hemos preguntado: ¿De dónde vengo? ¿Qué hago aquí? ¿Cual és mi destino después de la muerte? Son tres preguntas clásicas a las que la Filosofía, la Biología y la Religión han tratado de dar respuesta.
Está fuera de mis pretensiones responder a las preguntas bajo el punto de vista filosófico y biológico; pero, sí voy a hacerlo desde el punto de vista religioso cristiano. Doy por sentado tanto la existencia de Dios y que Él es el gran planificador y creador del Universo y de todo cuanto contiene; que Él lo planificó todo para todos, incluído el hombre.
Por tanto, todo hombre, por el mero hecho de existir, tiene un quehacer y un destino acordes con el plan maestro de Dios.
Todo “hombre” debería preguntarse, ¿cuál es su quehacer? ¿Para qué ha venido a este mundo? La respuesta está en otra pregunta, ¿por qué Dios le ha traído a la existencia?
BREVE DESCRIPCIÓN DE LOS ARTÍCULOS
Siguiendo las huellas que comprende los números 162.0 a 162.18. Es un recorrido por el Antiguo Testamento buscando los textos que dan pistas sobre el designio divino de salvación de la humanidad.
Llamando a tu puerta, abarca los números 161.0 a 161.19. Persigue la finalidad de dar a conocer a Jesús de Nazaret, para que a través del conocimiento nazcan el amor y el seguimiento.
Del Calvario al Sagrario, número 160, muesta que los dolores físicos y morales de Jesús tuvieron un "por qué" y "un para qué".
El dolor y el sufrimiento, número 159, respnde a las preguntas: ¿Tiene algún sentido el sufrimiento humano? ¿Cómo descubrirlo?
Los cuatro evangelios, número 158, son el mejor libro de la historia y el mejor para el que desee conocer a Jesús de Nazaret.
En las seis entradas siguientes, números 156-151, contemplo las respuestas dadas a la llamada de Dios por seis personas: tres santos, un Pastor protestante, un obispo católico y un hindú).
De las tinieblas a la Luz, Número 150, es un bosquejo de la realidad del mal en el mundo. El abanico del mal es muy grande y tenía donde escoger, me decidí por estos cuatro temas: el infanticio,la situación de la mujer, la esclavitud y la vida de los gladiadores romanos. ¿Qué hubiera sucedido si Cristo no hubiese nacido?
Ocúpate y despreacúpate. Número 149 ¿Qué postura adoptar ante los problemas y dificultades de la vida?
La paz interior. Número 148. La superación del mal es un largo camino que dura toda la vida. Lo podemos recorrer con profunda paz interior porque Cristo está siempre a nuestro lado.
Para una mejor la comprensión he puesto, a continuación, unas “Cuestiones previas”.
1ª Cuestión: “Y dijo Yavé...”
Muchísimas son las veces que aparece esta frase en el Antiguo Testamento. ¿Cómo hay que interpretarla? ¿Dios (Yavé) hablaba con los personajes como una persona habla con otra? Parece serque no. ¿Qué sucedía entonces? Entramos en el "tema de la inspiración". Todos los libros de la Sagrada Escritura tienen a Dios como autor principal y a un ser humano como autor secundario. Dios, como autor principal, "inspira", es decir, da a conocer al autor secundario lo que concierne a su designio sobre el hombre. En este punto no cabe error, Dios es siempre el mismo y no se equivoca. El autor secundario, para poner por escrito lo que Dios le ha inspirado se vale de sus luces, estilos y conocimientos humanos; aquí sí tiene cabida el error. Así se puede comprender el estilo directo de“Y dijo Yavé”.
2ª Cuestión: Los tiempos de la revelación
Dios podía haber revelado todo su designio desde el principio; pero, no lo hizo, sino que quiso adaptarse al nivel comprensivo del “hombre” en cada momento de su historia. Así Dios revela al hombre su designio de forma gradual y progresiva. Es la pedagogía de Dios, quien, igual que los buenos maestros, dosifica el mensaje y se adapta a las condiciones intelectuales de los hombres.
La Sagrada Escritura habla a cada “hombre” en su vida concreta e ilumina su camino. Dios, en la Sagrada Escritura, se da a conocer Él mismo y su designio para que el “hombre” entre en comunión con Él. No se trata de una lectura fría, intelectual e impersonal, sino de una actitud de escucha en una comunión de persona a persona.
“En el principio creó Dios el cielo y la tierra “(Gen, 1,21). El acto creador de Dios marca el inicio absoluto del tiempo, y Dios va a desarrollar en el tiempo su designio amoroso hacia el “hombre”. La historia sagrada está jalonada por acontecimientos, que son como etapas del designio divino, y que están orientados a un fin, en el que el tiempo de espera alcanzará su término y su plenitud. Todo el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia) tiene la finalidad, exclusivamente religiosa, de asentar las bases del monoteísmo, elección del pueblo de Israel, como pueblo de Dios, y hacer de Israel el instrumento a través del cual llegue a las naciones el designio divino de salvación, desde su comienzo hasta la plena manifestación en Jesús.
Hay mucho recorrido desde Adán a Jesucristo. Con Jesús llegó el fin hacia el que estaban orientados los tiempos preparatorios del Antiguo Testamento. Como dice San Pablo:“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo”(Gal 4,4) El nacimiento de Jesús corona la esperanza milenaria del pueblo judío, centrada en la expectativa del Mesías, Hijo de David. Un camino plagado de manifestaciones de Dios, más o menos claras: La creación, los primeros seres humanos, los patriarcas, los jueces, los reyes, los profetas y, finalmente, Jesucristo, el enviado del Padre, su completa y perfecta revelación.
3ª Cuestión: La unidad de la Sagrada Escritura
Ya lo decía san Agustin: “Novum in Vetere latet et in Novo Vetus patet”. (El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, y en el Nuevo se manifiesta el Antiguo). Por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Biblia es una en razón de la unidad de su autos principal (Dios) y de su designio sobre el hombre. No cabe en ella ningún error referido al designio de Dios. En cuanto a las palabras que los autores han empleado para manifestarlo, es natural que los haya porque cada autor secundario usó sus luces y conocimientos que, por supuesto eran limitados.
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